miércoles, 28 de noviembre de 2012

Mi mirada

Hay días en los que el hecho de no disponer de cámara me sobrepasa, como hoy. Hormonas, hormonas, siempre hablamos de hormonas, y quizás habría que hablar de hormas. No recuerdo un solo día en mi vida sin cámara, aunque no la usara. Pero los últimos 11 años, además de disponer de ella, su uso ha sido continuo, cotidiano, diario. Podría pensarse que es natural, que me he acostumbrado a mirar el mundo a través de su visor, pero estos últimos días en los que ese peso llega a oprimirme el pecho de verdad, realmente me lo oprime, me he dado cuenta de que no es así, de que como siempre he defendido a lo que me he acostumbrado es a lograr mirarme por dentro con una facilidad pasmosa, a indagarme sin apenas darme cuenta, a escudriñarme y así quizás he logrado disponer de esa mejor parte que cada uno llevamos dentro, la que nos da la fuerza, lo que me ha permitido tal vez disponer de una salud mental casi envidiable por muchos avatares difíciles que las circunstancias de la vida me haya hecho pasar. El caso es que jamás me he sentido como este tiempo en el que ella me falta, por días depresiva hasta terminar llorando sin saber por qué. Apática, sin fuerzas, sin ganas de nada. Lo que nunca he sido.
Algunos me dicen que vivo un duelo por su pérdida, qué tontería, vivir un duelo por la pérdida de una máquina… No, no es la máquina, el duelo lo vivo por no poder dar con….mi….paraíso…imperdible. O costarme la misma vida algunos días.
Yo misma me sorprendo llorando, sabiendo además que probablemente, aunque la tuviera en mis manos no fotografiaría todos los días. Siempre preví esta posibilidad, por eso no me importaba disparar y disparar y no preparar todo lo que recogía. “Para cuando se me estropeé” me decía. Y así es. pero no es lo mismo, no es lo mismo. El acto fotográfico es un suceso completo desde el disparo. Necesito el disparo casi como el comer.
Sí, es cierto, podría usar el móvil de mi hijo…pero no es lo mismo, para nada es lo mismo. Mirar a través del visor era mirarme a mí. Podría usar la pequeñita y compacta que mi hermana me ha prestado... pero no es lo mismo, el visor y la falta de posibilidad de hacerlo todo manualmente. Me sobra todo lo demás en las cámaras actuales. Pido a gritos que fabriquen una cámara digital a secas, sin softwares de efectos y rollos añadidos que en mi caso en particular no me sirven absolutamente para nada. Ni los huelo. Saldrían mucho más baratas. Poder mirar, disparar y verla aquí. La necesito como el comer, como el comer. Mido a ojo, mío, con la ayuda del dial del fotómetro, miro yo, por eso necesito buenas lentes y el hecho del sistema réflex, mido yo, mi ojo se extiende, recogerlo y luego, poder trabajarla aquí, en este mi laboratorio de revelado hasta que ella me devuelve esa mirada que lancé. Y la veo, la veo. Ahora tengo esto pero no dispongo de lo fundamental. Mi mirada. Mi mirada diaria.
No puedo verla.

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El cuarto claro by Sofía Serra Giráldez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial 3.0 España License.