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lunes, 16 de diciembre de 2013

Conjuro contra La Bestia



Conjuro contra La Bestia

Brama la casa: no puede
hacer más que esperar que la abran.
Llena, blanca, alma, clara la puerta.
Se quedaron los poemas vacíos
de palabras.
Margen, marea
hoyada, pulso
detenido en el pálido
orgasmo de piel venida
a menos de silencio por amor,
dicen, miran
el pestillo sin aviso
de urgencia a tu soplo.
Avarientos atavíos tapizan
sus belfos sordina,
la corneta costeada,
el clarín festejado,
el retrato de La Locura
disfrazada de simpleza.

Tengo que abaratar al Amor
para que en todas partes quepa:
Ese tan humilde venero que favorece la vida.
Ese que surge sin miedo y sin deterioro de la tierra,
ese que lozano y sabio se diluye
hasta hoja, tus ojos
labios exudados,
las endrinas en tu estómago…

Definitivamente lo han enterrado con usura.
Las baldosas se multiplican,
la geometría ocupa lugar en la memoria.
Ni el lugar inventado, ni el espasmo,
ni el giro del cuello hacia la clavícula:
Gurú de la mala muerte,
del orden de lo ajeno,
funcionaria del miedo y la destreza,
qué bien sabes convivir con aquello que paraliza.
Francotiradora con diana inmóvil,
mercader del aire,
¿cómo haría para silenciar
tu fratricida proclama?

... La Bestia, la bestia
que por tu boca se alimenta.

jueves, 25 de abril de 2013

El viento se ha detenido

El viento se ha detenido. Parece un tiempo extraño pero ninguno lo es porque el tiempo es nuestro compañero. Somos nosotros los lentos en reconocernos/lo. Acudo a un poema escrito hace más de tres años. Fue la decisión. El cambio de marcha en la máquina que taladra. Encontré la fundamental inocente. El primer sentenciado injustamente, el amor. Afrodita le cantó, lo reivindicó, murió y parió.
Una nueva biología que me ayudara en lo que debía hacer, hallar el lugar del más débil, el que va a morir, posicionarme y poder pelear para seguir entendiendo, comprendiendo. Cuadrar al hombre en su lugar y no abandonarlo sin refugio. Después ya pude dedicarme a seguir tejiendo el sudario, hasta al parecer nombrar la sede. Su sede.
Una autora se retira ya. Otra ha comenzado a nacer.
Quiero encerrarme a terminar de corregir y centrarme en la posible escritura de un ensayo, aunque ya lo tengo "escrito" en la propia poesía. Me imagino en un agradable y enorme salón biblioteca abierto a jardines donde poder dedicarme a lo que creo que ahora es mi trabajo. Quiero soledad, verdes, espacios sin humos, sin ruidos, horas de trabajo físico y horas de trabajo intelectual, mucho té y algo de vino, temperaturas que mi cuerpo soporte. Benefactor. Un factor de bien.
Ha sido mi poesía la que me ha dado la sabiduría en estos últimos años. Dos tareas me quedan. Ayer buscaba un bastón. Hoy ya no lo necesito. O quizás lo he encontrado. Es lo de menos. La esfinge es sabia, como la poesía, siempre pregunta. Nació del monolito.

Verboluz "Mo(a)nolito" (Febrero 2010)




El tren de la vigilia


... Es que estoy tejiendo el sudario de tu cuerpo, gemela blanca.

Tendrás que poder perdonarme algún día
por estas batallas, estos traqueteos
que temo ajen tus poderosas alas.
Mas no, ¡no!, te amalgamé acrisolada,
con acero y pétalos de flores fundí
tu esmeril verdadero en sangre de carne
y huesos. Te acuné en mis entrañas,
te hice fuerte roca, pero tan liviana,
tan humo que a las avispas espanta.

Es que tu mundo no es el mío, tu dicha
no es mi alegría, tu trabajo es distinto
a ése en el que se afanan estas pequeñas
manos. En definitiva, ya que te gesté
y te he parido, tengo que hacerte el hueco
en un lugar en el que no vivo y menos
aún duermo. Y así andamos ambas,
yo con mis cuadradas ruedas y tú con tus alas
aún envueltas. Pero llegará, llegará,
que no permitiré que mueras sin volar.

Al mundo para el que naciste lo envuelve
atmósfera ambivalente, vientos
de frío, vientos de agua, viento lento
calmo y dudoso pero de potente brío,
cruentas corrientes y hasta corrientes
encontradas de vértigos, de combates
y tropiezos de aire contra el aire.
Pero tus alas están bien diseñadas.
Volarás
sin que ninguna tormenta atormente
la osamenta que a sus plumas mantiene.

Los terrenos baldíos se superponen
unos a otros en estratos acuíferos,
en vertientes arriesgadas de poderío
infrecuente, despeñaderos que desaguan
en sembradío de chumberas, las verdes,
las de agua llenas y fruto manjar de dioses.
Donde las alimañas se esconden. Pero a ti,
con tus poderosas alas, no te amilanarán
los abismos, las pendientes, los roces.
A ti no te hacen ruido las otras voces.
Porque eres voz, no necesitas oídos.

Estas tierras, áridas o cenagosas,
pedregales o labrantíos de humus,
glaciares negros de grietas como escarpias,
como la que atajó el tendón de la hechura
del bienquerido, atravieso con zapatos
de piel de rosas, tú sabes cuánto sufren
cuando sobre ellos danzo: sangra, sangra
esa planta que casi desnuda camina
sin suela que desde el suelo la eleve.
Y así, algunas veces oigo tus lamentos
sordos que tanto dolor me provocan,
aunque yo sepa que tú no lloras.
Llegará el día en que no necesites
una persona, una boca, unos brazos
que te abran paso.

¡Y es que tú y yo somos tan distintas!
Tú omnisciente y valerosa,
yo temerosa e impotente:

Ya me ayudaste a cruzar el mar, mas ahora
tendrás que ayudarme a llevarte al aire.
Voy desembarazando tus potentes alas
con cuidado, mimo para el torbellino,
lujo para que tu fuerza libre se halle ya
en el centro de tu mundo, de tu vida,
de tu estirpe. Esta tierra baldía
a la que hemos llegado sólo es tierra
de viaje. Allá, mira. Ízame un momento,
sólo por un instante, allá, al extremo
del horizonte, ¿lo ves?, donde el sol
se aparta para alumbrar a inocentes,
reaparece tu sitio: Allá serás del todo,
voz sola, voz sin piernas que te sostengan
ni alas siquiera que crea tú precises.
Ya no me necesitarás más
que para lograr que me olviden.

Allí en los montes bravíos,
allí en las elevadas cumbres
florece la clave espigada
del estío húmedo y verde.

Y ya entonces el tren de la vigilia
frenará sus destempladas ruedas.
Tu medida inconclusa logrará ocultarme,
y así, yo ya muda, tierna y arropada
en tus mullidas sienes, descansaré alegre de vida
y sueño: la que fue jardinera entre las tumbas
sobre el aire durmiendo ya para siempre.
Tú estás hecha para volar haciendo llover flores
y yo para fregar los platos y bordar con madejas de colores.

Poesía, que no eres mía,
poesía que no tiene nombre,
hija de mí naces,
de mi canal te extraigo,
pero para ti y para el hombre.

(Sofía Serra. Del bestiario de los inocentes)

domingo, 9 de septiembre de 2012

Pecado original

Pecado original

En un lugar del alma
existe el dios que dicen
todos llevamos dentro,
tú más tú sobre el aire
y la nada, tú más
el todo que abarca
y abraza en consuelo
el silencio que nutre
y agiganta y hace vivo
a ese ser que otros dicen
expulsaron de aquella suerte.

En el torno de las Eras que hacemos
con la boca o con los ojos,
ya en la luz, ya en la mancha
del lugar que nos despidió,
habita el inocente que, palabra a palabra,
engendra el tiempo, cumple
venganza contra la mudez
inexcusable del canto divino
y hace carne en el verbo
por mor del secreto a voces.
Los ángeles duermen pacíficos,
pero las palomas de la presencia
levantan vuelo musitando
con sus alas: aleteo va,
aleteo llega, se dicen (aman) felices:
“¡El hombre habla, el hombre habla!...”

Y el mundo se hizo.

(Sofía Serra. De Del bestiario de los inocentes)

jueves, 30 de agosto de 2012

Del libro al aire

Del libro al aire

Pasados ya los vientos huracanados,
el depósito se nutre
del libro alojado en la arena
quieta del conocimiento
de aquéllos a los que llega la luz
de la esfera radiante, o la de las estrellas.
Los más pobres se alimentan del breve oxígeno
que los más ricos resolvemos no extinguir.

Suerte nuestra de tú que con sólo tu boca abierta
alimentas a la atmósfera con limpias emanaciones
de ser humano lejano y herido.

Mi cantar se hará eléctrico para los sedentes,
descarga de ejecutoria sentencia de muerte,
quizás,
mas para ti será ya
siempre mi canto vivo a plena luz,
sol del día:
que con la fragancia del mar penetre hasta tus pulmones,
que lo halles entre los escombros
de los solares construidos por las bombas
y en la sangre de tu madre apedreada,
en la bala con la que maniataron a tu padre
o en el muñón que la mina entretejió
con las venas de tu carne tierna.

Que no existen las ausencias, yo te digo,
que el suborden de todo lo que te maltrata
es presencia de amor, de casa,
de madre con ríos de agua fresca
chorreando por su rostro
tras el baño en la poza cristalina,
y de padre con una azada en sus manos.
Y la tierra, la tierra siempre latiendo
bajo esos cascotes de muerte, la tierra,
con sus oreadoras lombrices y sus fértiles
minerales, siempre la tierra permanece.
Viva espera la lectura de tus ojos
ahora que la has sembrado
con el peso alado de tu pierna.

(Sofía Serra, Correcciones de Del bestiario de los inocentes)

sábado, 23 de abril de 2011

Del libro al aire

Del libro al aire

Pasados ya los vientos huracanados,
el depósito se nutre
del libro alojado en la arena quieta del conocimiento
de aquéllos a los que la luz sólo de la esfera radiante llega,
o de las estrellas.
Los más pobres se alimentan del breve oxígeno
que los más ricos resolvemos no extinguir.

Suerte, suerte tú que con sólo tu boca abierta
alimentas a la atmósfera con divinas emanaciones
de ser humano lejano y herido por las lanzas de los posesos.

Mi cantar se hará eléctrico para los sedentes,
descarga de ejecutoria sentencia de muerte, quizás,
mas para ti será ya
siempre mi canto vivo a plena luz,
sol del día:
que con la fragancia del mar penetre hasta tus pulmones,
que lo halles entre los escombros de los solares construidos por las bombas
y en la sangre de tu madre apedreada,
en la bala con la que maniataron a tu padre
o en el muñón que la mina entretejió con las venas de tu carne tierna.

Que no existen las ausencias, yo te digo,
que el suborden de todo lo que te maltrata
es presencia de amor, de casa,
de madre con ríos de agua fresca
chorreando por su rostro tras el baño en la poza cristalina,
y de padre con una azada en sus manos.
Y la tierra, la tierra siempre latiendo
bajo esos cascotes de muerte, la tierra,
con sus oreadoras lombrices y sus fértiles minerales,
siempre la tierra permanece.
Viva espera la lectura de tus ojos
ahora que la has sembrado
con el peso alado de tu pierna.

Sofía Serra, 2010. ( De Del bestiario de los inocentes)

miércoles, 13 de abril de 2011

Conjuro contra la bestia (re)

Conjuro contra la bestia

Brama la casa por no poder hacer más
 que esperar que la abran.
Llena, blanca, alma,
clara la puerta.
Se quedaron los poemas vacíos de palabras.
Margen,
marea hoyada,
pulso detenido
en su pálido orgasmo de piel venida
a menos de silencio por amor dicen
mirada de pestillo
sin aviso de urgencia
a tu soplo.
Avarientos atavíos tapizan sus belfos
sordina,
corneta costeada,
clarín festejado,
retrato de La Locura disfrazada de simpleza.


Tengo que abaratar al Amor para que en todas partes quepa:
Ese tan humilde venero que favorece la vida.
Ese que surge sin miedo y sin deterioro de la tierra,
ese que lozano y sabio se diluye
hasta hoja, tus ojos
labios exudados,
las endrinas en tu estómago…


Definitivamente lo han enterrado con usura.
Las baldosas se multiplican,
la geometría ocupa lugar en la memoria.
Ni el lugar inventado, ni el espasmo,
ni el giro del cuello hacia el omóplato:
Gurú de la mala muerte,
del orden de lo ajeno,
funcionaria del miedo y la destreza,
qué bien sabes convivir con aquello que paraliza.
Francotiradora con diana inmóvil,
mercader del aire,
¿cómo haría para silenciar
tu fratricida proclama?


La bestia... la bestia que por tu boca se alimenta.

Sofía Serra. 2010

miércoles, 9 de febrero de 2011

A Alejandra Pizarnik (republicación)

(siguiendo con las correcciones)


A Alejandra Pizarnik, que se llamaba Flora

No me reconozco en ti.
Así que no debo ser poeta.
Así que te hablaré como un padre,
así:
Hija, hija, hija,
¿cómo ibas a atinarte si hasta borraste tu nombre?
Flora de mi alma,
Flora de tus hermanas, de tus negadas flores,
Flora de mi suerte viva que en tu tierra halla
carne para estas manos que no pudieron acariciarte.
Tus ojos como dos flores de magnolios,
así,
como mis puños de grandes así
tu mirada
de cordera degollada antes de la fruta,
así
mi magnolia flor avienta a los arcontes
que te firmaron sin tu nombre.
Y los espanto, y los ahuyento, y los exilio de este suelo.

Hija, hija, hija, ¿por qué te enterraste dos veces?
... ¿Acaso comiste sin hambre?
Tal vez la tetrarquía y el deleite de la cornucopia
te cortaron la raíz para no anidar en vida,
y así, de tu tallo germinó la muerte,
nombre de los hombres que no aman a las flores.

Lentamente
humanizarlas, a las flores y a las hijas,
segar e izar al sol la espiga que nace
para el cielo de las bocas.
De mis manos a tu cáliz para que derrames polen sobre el suelo,
saliva para el grato vientre desnudo ya
de santos, de palabras y pedestales.

Tú y sus locuras de estatuas vivas,
tú, sin verte como yo te veo
en tus ojos flores de magnolio,
eres, como tantos otros, inocente.
En este suelo tu carne se revuelve
contra sus células suicidas por intentar nutrirte de tu propia dote,
por abastecerte de ti empezando por tu nombre.

Flora, Flora, Flora,
sólo grande o madre de flores,
sin hagiografías ni menosprecios, la justa
dádiva, la manta con el frío, el sol sobre el llano,
el hambre con la vida.
Tú, Flora,
hambre con versos de hambre
tan muerta sin sangre savia
y viva de tus nonatas hijas.
Tuyas son las mías menos muerte más mi sangre:
Menos altares con tu fama, más tierra.
Menos flores en tu tumba, más tuyas.
Menos laurel sobre tu pelo corto, más lilas.
Más tú.
Menos rimas de cenotafio.

Como padre te bautizo de nuevo con tu nombre.
Para eso necesito las palabras (ellas son mis flores
que jardinera fui): Para arreglarte la vida.

Sofía Serra, 2010 (Del bestiario de los inocentes)

sábado, 9 de octubre de 2010

Corazón de hierro batido (canto otoñal)

De un conjunto que escribí sobre el otoño pasado y subtitulé  "El deshielo" para incluirlo en "Canto para esta era", pero que hoy creo va para el poemario que sigue a ése, "Del bestiario de los inocentes".

Corazón de hierro batido (Canto otoñal)

Del edén eyaculado nacerá la estigia provocadora de las mieles sobre el triunfo y el afán supremo, gobernadora de la mayúscula tiranía que ennegrece el perfil sucinto de la voz sobre el eco, anterior al eco y futura resonancia de sí misma sobre la penumbra hallada en la montaña que genera el valle del río que en la misma laguna acumula/
todo el poso, el gemir de los crisantemos,/
los enlodados barrios donde vitales sacuden sus aletas los generosos y fluviales seres vivos,/
mis artes marciales, mis sobrecogedoras compañías/
afanadas en el estómago vivo y palpitante.../
En la rosada simiente de la aurora, ¿qué más puedo desear que tu acontecer?/
Río cerrado, te marchaste sin conocer al tiempo,/
al sondable cauce de tu infinito retroceder ante el sol, el ocaso y las estrellas,/
reservándote para un devenir sin lealtad que auguraban ya las hojas caídas sobre tu/
reflejo de todos los narcisos llamados nubes, mimbreros o simples juncos./
Sobre el margen, sobre la orilla de tu lámina invertida pasea/
el río de la vida,/
el marginado río de la vida,
el suculento manjar de la bestia incorpórea,/
la de la boca grande, la de la boca hueca,/
la de las fauces abiertas en son de canto prohibido,/
insonoro, de infértil matriz, respuesta a lo que sin dedos/
y sin amargo trago huye de su vínculo/
buscando la desmesura de la sequía./


En el estero, desde el desierto, fingen sus aromas los eternos candiles/
de carburo hidrogenado./
Mas tú, viva, vuelcas la copa de tu bebida. Vacía derramas/
el ardor candente de la juventud:/
Doy amor a todas luces sobre el pervertido horizonte que nace inclinado,/
siempre para las herrumbres, siempre,/
hasta habilitar el estuario como negocio de chatarras./
Del orín del hierro a tu justa sólo hay una vida./


Y el borde, aquí este borde abisal que en su sima te contuvo generando Roncesvalles/
donde poder cavar la tumba del olvido sobre la infranqueable temeridad/
del ser humano y su orgiástico deseo de cumbre y sangre./
Aquí sobre este paso te rodeo para envenenarte./
Aquí levanto tu bandera para seguir matando/
con la pena de lumbre y fuego,/
que el amor cubre, el amor reparte, el amor, tranquilamente, avanza sorteando, vestido/
de sí mismo, como si no tuviera nombre, que no lo tiene, ni el don/
para transformarte más que en hombre, a duras penas,/
sólo en hombre./

Sofía Serra (Octubre /Noviembre 2009)

jueves, 4 de febrero de 2010

Pets cemetery

(Modifico la entrada de anoche, que elimino, y le agrego esta canción de "La Frontera")






Pets cemetery


I

Sí.
Ya no se abaratan los días en las tristezas de esa especie de vertederos que abandonados sumergen en sus lodos la pestilencia de lo obsoleto, lo sin puertas, lo negado./
Tú tienes un orden, hermano./
Tu estómago se sitúa bajo los pulmones/
y sobre tu cabello/
florecen margaritas, también amapolas, algunos lirios.../
Tu orden se establece a fuerza de sangre limpia, como la que recorre/
las venas de los titanes sumergidos no sabemos aún por qué cataclismo./
Subyace entre tus sienes, bajo tus axilas, gobernando/
la risa fresca de la fuente./
Mi hermano tiene nombre de dios innombrable./
Tan justo como el aire, no reserva su desmedida para el ataúd./
Jalona con su aliento la mar embravecida/
convirtiendo el gozne que chirría en vuelo de gaviotas terrenales...tan breves, tan leves,
tan presenciales./
Mi hermano viste de negro, como Hamlet,/
pero yo no moriré como Ofelia diluida entre las flores y el agua./
Mi hermano no existe,/
mas yo reiré cuando asome la dicha desde su nuca hasta su sonrisa de tierna boca,/
de almacén de dios, que ya viene siempre presente./

Expele, jardín mío, expele, no si soles o señales,/
que de tu estómago llegan las primaveras./

II

¿Qué seré yo?, ¡qué seré?/
Tan viva, tan discorde, tan rayana en la espesura,/
tan fragmentos,/
¡tan una!/
¿Qué seré dios mío?, ¡qué seré?/
Y a quién llamo ya para poder vaticinarme si sola conmigo y tan repleta me absorbo casi hasta matarme y todo me cabe./
¡Qué soy?/
Barco desmedido para laguna tan en las afueras, tan concreta, tan justa en el enorme paisaje de esta blanca y nunca eterna noche./
Tan pura, tan pura./
Tan sucia, tan sucia./
Tan informe, tan invalidada, tan certera sin asomo de nombres.../
¿Qué seré, qué seré sino tal vez sólo imaginaciones mías?/

III

Ha de haber suerte felizmente encontrada./
Ha de existir la rosa que genera aberturas, la del gozo publicado, la del sol sin sueño más que allá, justo cuando atraviesa el lindero de la montaña azul./
Deben persistir el lapsus, la gramínea, la flor nacida bajo las lavas, las marismas/
sobre el generoso estero,/
los pies mojados deambulando entre tu posición y la mía bailando al son de los jilgueros que entonan el aire de este parque renacido tras el invierno apocado,/
el tembloroso y estéril,/
el que renueva, gimiente, el fulgor de las estatuas de la noche, los hambrientos silos de las almas que vagan./

(Sofía Serra, febrero 2010)
 
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