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viernes, 13 de junio de 2014

Las neuras

Toda perseverancia conlleva el riesgo del anquilosamiento, cuando no de la contumacia. El conocimiento, por un lado, y la disponibilidad de farragosas tecnologías que logramos llegar a dominar, por otro, pueden convertirse en losas que sepultan ese brote casi mistérico que es el resultado de la inspiración artística. A veces hay que dar el paso para atrás, volver a lo más limitado para poder seguir adelante. La mayoría de las veces aparece la oportunidad como por ensalmo, cuando en realidad sucede que la propia mente creadora ha seguido explorando hasta que logra hallar el resorte que la rejuvenece, que  logra despojarla de las capas de barro endurecido. Vuelve a su ser. Elástica y flexible, fresca, ella misma.
Algo así le ha pasado a mi mirada fotográfica con el uso (casi obligado) del móvil como cámara y la fortuna de que mi hijo me recomendara un simple programa de edición para los disparos hechos con el teléfono. Así podía terminar el proceso. Y hoy descubro, contenta, que en la limitación del dispositivo, comparada con la casi nula de la cámara y de mi propio ordenador, mi mirada se ha refrescado y vuelve a ser ella misma, casi catorce años después.
También hoy estoy ya segura de que aquellos óleos q pintaba sobre fotografías analógicas cuando aún no existían las cámaras digitales, no constitutían más que postprocesados, ediciones o revelados de los disparos. En un sinquerer, siempre he necesitado revelar.
O quizás todo sean neuras de una.
Título de las fotos (con móvil): Rabbit's road, Palma y Mediodía.

jueves, 4 de abril de 2013

La santísima trinidad

Mis poemas y mis fotografías tienen tres autores. Uno, tú mismo al leerlo; otro, yo; y el tercero, Eso que a ti y a mí nos unen.
La mayor parte de las veces no soy yo la que coloco “ahí” todas las palabras ni sus engarces rítmicos y evocadores. El Lo las coloca por mí para ti e incluso para mí. Luego me hablan, tal vez antes que a ti, lector o mirador, tan sólo porque a mí “de facto” me resulta más fácil el acercamiento que a ti, ese es mi pequeño reducto que se relaciona con el hecho de ser autora en nuestra sociedad: tú no podrás acercarte hasta que yo te lo muestre. Mi deber es conseguir que lo que el Lo ha puesto en la obra te llegue a ti en las mejores condiciones posibles, tan honesta y genuinamente, saber interpretar desde todo mi ser qué es lo que tengo que hacer para que lo verdadero te llegue “tal cual”.
Una obra de arte tiene tres autores siempre. Si no, no es Arte.

martes, 12 de marzo de 2013

Aparte

APARTE

[...] bajarlo del pedestal sólo significa contemplar su humanidad. Contemplándola, puro barro del barro,  puede valorarse su grandeza.
El artista (léase siempre poeta en cualquier lenguaje) como la herramienta inútil sobre esta costra dura de la nomenclatura. Herramienta inútil porque para nada sirve en ella más que para horadarla. Ésa es su negación, su renuncia, y lo que en el fondo nunca se le perdona: la rebeldía. El artista consumido en su propio gesto rebelde, que es el favorecedor de lo que consigue, hacer directo, directo porque gesticula a través de diversos estados estratales hasta llegar al núcleo. Podría haberse decidido por quedarse arriba; pero no fue así. Algo lo impulsó a escarbar. Algo. ¡¿Que es ese algo?, ¿qué?!, el no hay remedio?, la esperanza?, la misma desesperanza, el sin perdón… el detectar, el atisbar, el barruntar… Una vez atisbado resulta imposible, naturalmente imposible, que no necesite lograr trasladarlo a sus semejantes, los seres humanos. El artista es el ser más social que existe. La necesidad de soledad no tiene nada que ver con una insociabilidad…
el arte como veneno
o esencia paradisíaca
la contradicción perpetua
el conflicto
digno de conmiseración
y admiración
siempre valorable
ni por encima ni por abajo,

aparte.
Alma-r-gen

volvemos a lo mismo. No hay pedestal pero sí la linde, el límite, el limes. siempre en el filo del abismo, sin traspasar y traspasando, trayendo, siempre trayendo,
un pie
allí
otro
ahí.
El artista no tiene sitio. Todo lo contrario a la teoría del arte posicionado. Su sitio es el sin lugar pero allá tampoco. Ha de vivir, comer, alimentar el cuerpo para poder sobrevivir físicamente.
Pagado. Debe estar pagado a la vez que resulta contranatural que lo sea.
Solo, siempre la soledad más absoluta, ¿cómo no va a construir torres de marfil?, ¡cómo no va a construir mil casas por cada lugar que vaya si ninguna tiene?, ¿cómo no va abandonarlas constantemente? ¡cómo no va a refugiarse en el calor de las tribus aunque sea de vez en cuando?... ¡cómo, cómo? Pues no, haciéndolo organiza su existencia de poeta, se posiciona, se defiende del abismo, cae en la trampa del miedo, de la comodidad, de la suplantación (humano es), del fraude. En definitiva, de la mentira, el lugar justo opuesto al desde donde parte lo único que le da carta de naturaleza a su ridículo trabajo, horadar, horadar hasta llegar a lo verdadero, llevarlo a, hacer el hueco para la luz, para hacer e-vidente lo invisible.
La capacidad, capaz cualquiera, capaz no cualquiera, la decisión, la voluntad, el esfuerzo y el tendón, el nervio que lo obliga, lo seduce. No hay droga. O el sentido es la razón, la droga, el motivo, el porqué. La ética sin costumbre. No es necesidad. Es instinto. Fuerza natural. Desinercia. Imposible negarse a ella. No existe la nomenclatura “posibilidad”. Ni su negación.
Quien la sigue ha comprado parcela en el infierno. Sin saberlo.
Lo nacieron.

El artista como ente abstracto personificado en un ser humano. el verbo hecho carne. el dios en la tierra.

domingo, 10 de marzo de 2013

De la obra del Arte

No es a la poesía a la que hay que vulgarizar, llevar a tierra, sino al poeta o su concepto. Bajarlo del pedestal. Que el espectador sepa leer, ver y valorar la obra sin relación con el autor.
Bajar del pedestal al artista. Sólo así se puede acceder al arte en toda su dimensión y no degenerar el valor de la obra del Arte.

martes, 11 de diciembre de 2012

En HDI

La conciencia es la que precipita el conflicto del hombre con la esencia, pero también lo que únicamente puede reconciliarlo con ella, con ella y con el mundo.
La conciencia es la primera célula espejo que le nace al hombre, la que le hace poder reflejarse, tomar medida de sí mismo. Fue entonces, al poder medirse, cuando se abrió el abismo bajo sus pies. Pudo contemplarse a sí y, por tanto, contemplar a la esencia desde lejos.

El acto nombró el suceso, un suceso para volverse loco. De hecho el ser humano se volvió loco. Su única salida: el miedo. El miedo anidó dentro de él (¿quién-qué no sentiría miedo ante la presencia de un abismo bajo sus pies?). Sin embargo, su mente sabe que tiene que seguir caminando. Es así como ella misma, el mismo hombre, comienza a construir la costra dura de la nomenclatura ante sus pies, cada paso que da, cada pie que echa hacia delante, una porción de camino de cemento y piedras que aparece, y así en perfecta hélice de progresión geométrica por los tiempos de los tiempos.

Los primeros lo tenía más fácil, iban construyendo la primera capa, la esencia les quedaba más cercana, con un simple pensamiento acorde con la naturaleza, la esencia se les transparentaba. Mientras más alejados de “aquel tiempo” más difícil recordarla, el camino está echado, capa sobre capa, seguimos andando sobre él, es el tiempo que es nuestro compañero. Los huecos para poder observarla nos quedan en los pensamientos, las ideas, el grafos de los anteriores a nosotros, los clásicos de cualquier índole. Ahí en ellos se contempla la esencia, se vuelve a contemplar, el hombre puede seguir mirándola, no perderse de ella a la vez que seguir caminando por “su” tiempo presente.

El trabajo de los hombres de ciencia, pensadores, filósofos es el de convertir la costra (que ellos mismos echan) en transparente; es el lenguaje discursivo mediante el cual transmiten lo conocido o reflexionado para derramarlo sobre la costra y hacer al otro hombre recordador de aquella esencia o el uno del que provenimos. El de los artistas y poetas, crear los pozos artesianos, en lenguaje cursivo, o cursal (me gusta más esta), es decir, siguiendo el curso de esa esencialidad taladrando la costra, cada uno o cada sección de lo que somos ayudando al hombre a recordar verticalmente, de donde proviene y lo que es.

Después de la primera célula espejo, fueron naciendo las siguientes, claro. Esas que nos devuelven la mirada sobre el otro, esas que nos devuelven la mirada sobre lo que nos rodea, sobre la naturaleza, sobre todo a lo que ponemos nombre. Esas que nos permiten obtener conciencia de que hay algo más que la costra y nosotros y nuestra necesidad de nombrar.

La observación y la vivencia de la naturaleza ayuda a hacer recordar al hombre la esencia, porque a ella, al no poseer conciencia de sí misma, le falta esa célula espejo que nuestra mente desarrolló, se parece a lo que el hombre fue antes que hombre consciente de sí. Pero sólo ayuda a recordar, no es la esencia misma, pues nosotros, incluida esa célula espejo, e incluida la posterior necesidad de construir la costra dura de la nomenclatura, también somos naturaleza. La esencia nos subyace a todos, a la naturaleza y al hombre con su costra dura de la nomenclatura a cuestas o bajo sus pies. La naturaleza es la amiga que puede ayudarnos. De hecho auxilia al poeta y al pensador en su reflexión. Pero si no hay agujeros y transparencia desarrolladas por el arte y el pensamiento, no hay de facto visión total de la esencia. Visión en HDI si se quiere.




jueves, 15 de noviembre de 2012

Por condensación de agropecuarias

Por condensación de... agropecuarias

Paradójicamente, la tesis de Valery (el velo entre el espectador y el autor) ha propiciado el vicio por el personalismo autorial en el arte del siglo XX, es decir, la exacerbada relación obra/autor que el espectador plantea ante el apercibimiento de la primera. Con todo lo que ella ha conllevado: la firma es lo que ha valido.

El sistema espectador-obra -autor tiene que gozar de un equilibrio perfecto.

La tesis del velo podía ser válida para un siglo XIX, o como cima a la que se llega desde que el Renacimiento apostó por la independencia del artista desde el gremio. El problema llega con la multiplicación del medio informativo en el siglo XX. Hoy en día, comenzando el XXI asistimos a la posibilidad del acercamiento excesivo entre el autor y el espectador, proceso que también contribuye al perjuicio del estatus de la obra de arte.

Por ahora es el artista, el de verdad consciente de su quehacer, el que debe (o debería) comprometerse a mantener ese difícil equilibrio “distante en tri-sistema”, pero con la educación debe llegar el momento en que el espectador deba también saber hacerlo.

No sé por dónde tirar, se acumulan demasiadas perdices aleteando alrededor de mi frente. Quebraré este círculo, romperé las jarcias de mis velontades.

Es la obra la que debe decir y decidir. Es la única protagonista. Es el signo, el establecimiento vivo, como aquellas tiendas de barrio, del proceso de comunicación del arte.
Ambos, y como ambos, olvidamos, el artista en su exceso de vanidad y el espectador en su gusto por el morbo fallido de encuentro con el dios-artista, que lo importante del Arte es la obra.

Cada obra es hija de su tiempo y de su velo.

viernes, 5 de octubre de 2012

Mapa de mi poética

Soy una gran amante de la cartografía, de los mapas, creo que en breve me decidiré a insertar algunos que he ido coleccionando. Mientras comienzo con este, un boceto.

Mapa de mi poética

En el devenir poético de mi escritura se contemplan claramente dos registros, aunque puedan estar mediatizados por escalones o matices en la línea que los une. Uno se define por su claridad, una poética clara y muy llana, relatadora, los menos, otro por unos modos sumamente elípticos, los más. Ya hace tiempo que me di cuenta, estudié y analicé el “fenómeno”. Los menos elípticos siempre relatan o poetizan sobre situaciones directamente observadas, vividas o actuales. Los más elípticos son los que nacen de esos que yo llamo recuerdos verticales, una especie de profundización en mi propia forma de sentir las cosas y pensar, los unos relatan experiencias no importa si actuales o pasadas, los otros intentan reflejar el pensamiento, la moral-eja, la conclusión, el llegar.

Uso uno y otro según el poema me pide, sí emana solo el modo. No hay nada previsto; pero todos encajan en un poemario unitario con un mensaje exacto. Son tan sólo diferentes formas de acercarme a lo mismo y diferentes modos de intentar que los posibles lectores puedan acercarse a lo mismo.

En mi fotografía sucede igual, en las distintas series se pueden contemplar diferentes formas formales dentro de ellas mismas. Ninguna está definida por un tratamiento común. Por ceñirnos a las categorías más comúnmente asimilables, ni siquiera siguen el patrón del blanco y negro o el color.

Cuando se excava un pozo artesiano (ver la fotografía que aparece al la derecha de este blog, “Retrato de poeta” y la siguiente “Teoría del Arte”) suele darse con diferentes capas de estratos. Unas estarán formadas por capas duras, de rocas como el granito los cuarzos, menos frágiles, más o menos desbastables, algunas metamórficas, otras sedimentarias, diferentes épocas en la geología de la tierra, diferentes fenómenos naturales que determinan la consistencia y características de cada capa de suelo.

El acto del poema y al completo del poemario, es el mismo o se desarrolla por los mismos cauces. Algunas “zonas” obligarán a usar broca de punta triple, otras brocas de punta blanda, algunas más a duplicar la potencia del compresor y hasta en algunos casos enfriar la punta de diamante que taladra. Todo dependerá de lo que se vaya el pocero, la pocera, encontrando.

Algunos poemarios conservan el tono del principio al fin aunque siempre llevan insertadas ciertas notas de color, distintas al común, discordantes. Los más homogéneos (misma cualidades de diferentes subsuelos encontrados) son los tres primeros por un lado, la presencia por la ausencia, Son-ethos,  Canto para esta era, El deshielo, Nueva Biología (más conceptual), Los parasoles de Afrodita (muy cantor). El resto fotografían, esa es la palabra, el paso por cada uno de los estratos que la taladradora se ha ido encontrando, un registro de los distintos ajustes (cambio de broca, camino de velocidad, cambio de ritmo) según el tipo de subsuelo encontrado. El análisis de la trilogía El hombre cuadrado merecería apartado porque ella misma es un viaje de retorno sobre la propia poética, hago poéticamente lo que hago en cada poemario y cada poema, situarme en la costra dura (el muriente), pero en vez de escarbar o taladrar, analizarla, vivirla (la dosis y la desmedida) e intentar asimilarla, reconciliarme con ella (el hombre cuadrado). Los últimos aún no lo tengo tan corregidos como para poder determinar una conclusión sobre su análisis.

La tubería de revestimiento final de cada pozo artesiano se construye desde el principio y desde el final: una especie de cubierta que deja transparentado cada estrato, una tubería que en vez de PVC sólido y opaco es de cristal transparente= necesidad pedagógica, necesidad de mostrar lo que me he ido encontrando. Que todo el mundo conozca lo que hay bajo esta suelo al ir atravesando la costra dura de la nomenclatura imagino que para que así, cualquiera pueda hacer lo mismo que he hecho yo: una guía por un territorio inexplorado. Una especie de mapa.



miércoles, 6 de junio de 2012

Enrique Valdivieso. Recuperación visual del patrimonio perdido

Es que él me trajo al mundo.
Del Arte.
Un hombre que da (a) LUZ.

Hoy lo he sentido emocionado, su tono de voz por teléfono lo decía todo, todo como a él le debo  mi amor por Él, toda mi creencia, mi profunda fe en el Arte (Arte con mayúscula, Arte, referido a cualquier expresión humana que sea capaz de transmitir el ser humano completo que somos). Por él me encaminé en mis estudios hacia esa especialidad y gracias a él sé percibir el Arte.

Y tantos MILES y MILES que a él le debemos esa formación del espíritu que, sin pensarlo, sin comerlo ni beberlo, te hace más sensible dirían algunos, receptiva, diría yo, a lo que significa la expresión artística en el ser humano.

Todos querían asistir a sus clases. Todos asistían, hasta los que no estaban matriculados en su especialidad ni en su horario. Toda la pandilla de La Moneda, todos...

No hace años aunque hayan pasado décadas, no hace ni un instante. Sigo viviendo en lo mismo, sus enseñanzas me permitieron encontrar la puerta para ahondar en lo que desde pequeña me perseguía. Unos enseñan y otros aprendemos, y los que aprendemos, a él le debemos una gran parte de la vida. Y más si esta ha seguido internamente por esos mismos caminos intuidos ya entonces.

Él estaba emocionado hoy. Una empresa magna. Y tan preciosa. Ver la Inmaculada de Murillo, la monumental, esa para la que no consigues imaginar retablo de medidas posibles que pudiera contener al lienzo, recogidita en su contexto... uff, ahora la emocionada soy yo.

Mi profesor, mi querido profesor sobre el que siempre, años ya, pienso en poder escribir en este blog, Enrique Valdivieso. Nunca la entrada me podrá salir, la llevo dentro, la hago todos los días en cada fotografía, en cada poema, e incluso en cada comentario que haya podido dejar por ahí a lo largo de tantos años en este medio.

Todo lo que sé sobre el arte me lo enseñó él. A saber verlo, a saber amarlo y, como ilusa que soy (esto no es culpa de sus enseñanzas, es congénito),  a intentar hacerlo.
Ahora la emocionada soy yo.
Sin poder ni querer evitarlo.

Ser historiador del Arte es ser Enrique Valdivieso. Sé que cualquier compañero de por entonces podría suscribir estas palabras. Sé que cualquier alumno suyo. Sé que cualquier ser humano que haya tenido la fortuna  y el privilegio de pasar por sus enseñanzas, por su magisterio.

Gracias por haberme avisado, Magister.



El lunes próximo, el lunes volveremos a poder vivir una de tus lecciones magistrales. Lleno hasta la bandera, no hay que ser ninguna sorgintxu para augurarlo.

lunes, 20 de febrero de 2012

Majuelos, Proust y yo

Creo que es el único poema, el que abajo transcribo, donde recurro al tan manoseado concepto de la infancia como la edad inocente del ser humano para recrearme en el proceso artístico. Es decir, donde únicamente aludo al hecho del tiempo discursivo (tengo que escribir sobre esta palabra) para referirme a cuestiones artísticas, creativas, comunicativas.
En todo lo demás, Proust y yo disentimos en los términos concretos, salvo en el fundamental: la estructura para una teoría del arte.
Estoy terminando de leer "En busca del tiempo perdido". Una emoción inefable, literalmente porque  me siento incapaz de escribir sobre el particular, se ha ido apoderando de mí estos días al encontrar en su último volumen LA MISMA teoría del arte, y por tanto teoría de la concepción humana y su existencia social, en la que yo creo. Y digo en la que yo creo porque es la que sin proponérmelo, pero sé que necesitándolo (poder autoexplicarme el arte), he ido construyendo a lo largo de muchos años a través de la misma escritura de poemas y la realización de fotografías.
Por coincidir, me he encontrado que hasta nombra al pozo artesiano (ver croquis fotografiado en uno de los gadgets que inauguran este blog, el de la izquierda, y hasta el de la derecha, una máquina hacedora de pozos artesianos).
Donde Proust nombra Amor, yo nombro Arte, donde el nombra sufrimiento yo nombro esfuerzo, donde el nombra tiempo horizontal, yo nombro memoria vertical, donde el nombra esencia, yo nombro paraíso imperdible, donde el nombra nomenclatura, yo nombro costra dura (de la nomenclatura). Tal nuestras "disensiones".
Poéticamente podría decir que donde el nombra "majuelos" yo nombro "intuición" (por cierto, tengo que lograr dar con alguna fotografía de este tipo de flores, no sé a cuáles se refiere, creo que crecen silvestres en los márgenes de los caminos), tal vez ésta sea la mayor "disensión" entre su concepción y la mía.

Intuición

Cuando abarco súbitamente
al dolmen y a la espiga,
algo tuyo y mío queda dentro
de este pecho palidecido
en cantueso de yo no sé,
sólo huelo
ahuyentando
humo.
La calma se hace calma,
la hoja verde se pronuncia en la hoja verde,
la ventana gira sobre sí
y yo puedo contemplar el paisaje.
Todo está en su lugar
sin que el orden lo haya puesto,
sin rodaderas, sin caminos,
sin voy o llego con los pasos.
Sin bicicletas que me atropellen.
Pudiera ser retorno
a la infancia,
a la infancia
antes de ser
accidente
en tu boca.

Sofía Serra ("El muriente")


(aún no he llegado al final de la obra de Proust, unas 100 páginas creo que me quedan)

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Comentario que he dejado en el blog de Crítica feroz

Como ya estoy cansada, más que frustrada, de que se eliminen palabras que una se ha ido tomando la molestia de escribir en aquel blog, copio aquí un comentario que acabo de dejar allí, y lo hago también porque refleja mi posición ante el arte, de la que nunca me he movido ni me moveré.

No corrijo, ni erratas siquiera.
EL COMENTARIO:

Anónimo: refriégate con lejía esa boca antes de hablar, no estás haciendo poesía, estás comentando.

Sr. Administrador: ya sé que no formo parte de este blog, pero al igual que al principio estaban moderados los comentarios de anónimos, creo que al menos debería considerar en esta nueva etapa protagonizada por su "dirección" la posibilidad de impedir los comentarios anónimos con intenciones vejatorias contra las personas que sí dan la cara y por aquí se aparecen. Sólo sugerencia. Ya imagino que como usted tampoco la da, le importará tres pimientos lo que se piense sobre su administración.

Víctor gato y Mayte: Anoche no me habían saltado vuestros comentarios cuando leí la respuesta de Felipe.
Por supuesto que mis palabras no eran respuesta a los que habías hecho vosotros ni diego Trad sobre el poema. No especifiqué nombres porque creo que quedaba de sobra claro por lo mismo que argumentaba: que las críticas deben realizarse con respecto a los poemas, no con respecto a los autores que los escriben. Vosotros sólo comentabais los poemas. No apostabais por la castración del autor ni decíais que para él todas las mujeres fueran putas. Así que pienso que la especie de justificación/ explicación que tenéis la decencia de ofrecer, aunque os honra, no era necesaria, al menos por mi parte.

Por otro lado y a quien quiera leerme: esto es un poema. Un puñetero poema. Por supuesto que la defensa de cualquier colectivo merece la mejor artillería posible, pero es que el fin de la Poesía no es la defensa de nada en un lenguaje prosaico. El fin de la poesía es levantar mentes y espíritus, ser capz de conmover, darle la vuelta, subvertir, y en esa función el poeta es muy dueño de hacerlo como realmente le dé la gana, como en cualquier tipo de Arte. Probablemente un poema como este ha hecho más por la defensa de l colectivo femenino que cualquier otro de los millones en los que se canta con dulzura a la figura de una mujer. Lo decía en mi comentario: ¿es que acaso la poesía se hace tan sólo para que la oigan oídos refinados, mentes limpias, corazones capacitados para los sentimientos nobles? La poesía se escribe para cualquier ser humano, y en esta especie existen violadores, asesinos y hasta torturadores, gente que se expresa en términos respetuosos con el hermano y gente que no. ¿qué tipo de poema pensáis que puede llegar mas a una mente digamos que más siniestra?, no se puede generalizar, pero probablemente a un machista sinvergüenza le entre por los oídos mejor este poema que cualquiera de los que usan un lenguaje políticamente correcto o hablan de sucesos también políticamente correctos. Poniéndoles delante la salvajada, y en sus mismos términos, hay más posibilidades de interceptar su mente, y tal vez, sólo tal vez, una vez dentro, el mismo poema los haga, aunque sea mínimamente, recapacitar sobre sus actos.
En mi comentario lo decía, ante este poema, un violador, o un machista pendenciero, tendrá ya dos lecturas de algo que él sólo veía desde su punto de vista. teniendo la visión de la propia víctima, que el mismo autor le ofrece en la segunda parte del poema, se abre una ventana a la posibilidad, y esa justamente esa es el final deseable, o la finalidad deseable de un poema de este tipo.
Yo alabo la valentía del autor que es capz de meterse en el pellejo de dos "personajes", fundirlos en la hechura de un poema y encima hacerlo con un modo de lenguaje que llama precisamente a ese que hace daño y provoca dolor en la sociedad que vivimos..¿a quién hay que intentar cambiar si no? ¿a la víctima o al que hace daño? ¿a qué puerta hay que llamar para conmoverlo, moverlo, hacerlo, o al menos intentar MOVERLO mental y espiritualmente?... y según a qué puerta se pretenda llamar habrá que usar unos modos u otros. Por eso, por poco que personalmente me guste un tipo de lenguaje, éste o cualquier otro más políticamente correcto, siempre defenderé la libertad del autor para elegir el que según su intención y criterio más oportuno resulte con respecto a la finalidad que se propone. No criticaré un tipo de lenguaje porque a mí no me guste sino porque no sea consecuente con la intención final del poema. No defiendo el machismo, no defiendo la violencia contra la mujer (parece entira que haya explicar esto), defiendo a ESTE POEMA por congruente con lo que el autro se propone. No parto de la base, no uso el prejuicio sobre una persona que no conozco (el autor) para atacar su poema.
Es más, y apostaría mi cabeza, a que personalmente su autor es un ser cultivado y con su cabeza poblada de los más altos ideales: un loco idealista. Sólo un loco idealista es capaz de escribir un poema así, tener el valor describir un poema así ante una sociedad, la nuestra, llena de todas las hipocresías posibles.
¿qué pensó la sociedad del siglo XIX cuando baudelaire se dedicó a cantar a satán y toda la corrupción imaginable en sus flores del mal?, ¿qué hacía Baudelaire sino denunciar?, ¿qué se pensó cuando Courbet expuso su "el origen del mundo? ¿cuántos defensores del concepto de mujer de entonces, horrorizados, hipócritamente horrorizados ante la visión para ellos horripilante de lo que hoy contemplamos como natural, como era el hecho de un primer plano del sexo de una mujer?
Lo que defendí en mi comentario, y he defendido siempre y siempre seguiré defendiendo son dos cosas: una, que no se juzgue al autor de una obra de arte, da igual su envergadura (imaginad, pensad que las flors del mal no fueron contempladas como tal cuando se publicaron por primera vez, ni el mismísimo cuadro de courbet, que es el tiempo el que las ha confirmado como tales, nuestra perspectiva histórica) por el tipo de obra que realice. Una cosa es la obra y otra la persona. Y dos, que no se cercene la libertad creativa porque los lenguajes usados no sean o bien los de cada gusto personal o los políticamente correctos del momento, porque entonces estaremos haciéndoles un favor a quienes precisamente toman como bandera el recorte de las libertades con la excusa d pretender una sociedad mejor. Y eso sólo tiene un nombre, y es el general de fascismos, regímenes totalitarios.
Todo lo que sea intento de capar el arte sólo traerá corrimiento de velos, extensión de tabúes, y todo lo que sea pretender el tabú, aunque sus fines pudieran ser loables (defender un colectivo) sólo ocasionará como contrapartida la proliferación de mentes y espíritus poco saludables, con lo cual a las sociedades se le vetará su propia capacidad de regeneración y evolución.
Y la misión del Arte, y por tanto del artista, es justo la contraria.
El arte, la poesía es lo contrario al tabú. El arte es el último reducto del ser humano. La última esperanza. Velar por él, significa velar por su libertad. Velar por su libertad significa velar por la libertad del autor a la hora de crear.
Que guste o no lo que veamos es completamente indiferente.

A Felipe: me parece que el tenso lo eras tú anoche. Sólo en base a eso me explico que hayas cometido la chiquillada de repetir mi comentario para contestarme, ;)

Saludos a tod@s

viernes, 12 de agosto de 2011

Palabras de Proust

Proust ha vuelto a dejarme un gran regalo a la vez que terminaba hace un par de días el quinto volumen de su "En busca del tiempo perdido" (la negrita es mía):


[...] Por ejemplo, aquella música me parecía algo más verdadero que todos los libros conocidos. A veces pensaba yo que se debía a que, al no adoptar la forma de ideas lo que sentimos en la vida, su plasmación literaria, es decir, intelectual, lo expone, lo explica, lo analiza, pero no lo recompone como la música, en la que los sonidos parecen adoptar la inflexión del ser, reproducir esa punta interior y extrema de las sensaciones [...] En la música de Vinteuil, había también esas visiones imposibles de expresar y casi prohibidas, ya que, cuando en el momento de quedarnos dormidos, recibimos la caricia de su irreal encantamiento, en ese preciso momento en en el que la razón nos ha abandonado, los ojos se sellan y, antes de haber tenido tiempo de conocer no sólo inefable, sino también lo invisible, nos quedamos dormidos. Cuando me abandonaba a esa hipótesis según la cual el arte sería real, me parecía que era incluso más que la simple alegría nerviosa de un tiempo hermoso o de una noche de opio que la música puede transmitir: una embriaguez más real, más fecunda, al menos por lo que yo presentía, pero no es posible que una escultura, una música, que infunde una emoción —nos parece— más elevada, más pura, más verdadera, no corresponda a cierta realidad espiritual o, si no, la vida carecería de sentido. [...] Como aquella taza de té, tantas sensaciones de luz, los rumores claros, los ruidosos colores que Vinteuil nos enviaba del mundo en el que componía, paseaban por delante de mi imaginación, con insistencia, pero demasiado aprisa para que ésta pudiera aprehenderlo, algo que pudiese yo comparar con la sedería embalsamada de un geranio. Sólo que en el recuerdo se puedeya que no ahondar— al menos precisar gracias a una determinación de circunstancias que explican por qué cierto sabor ha podido recordarnos sensaciones luminosas, al no proceder las vagas sensaciones de Vinteuil de un recuerdo, sino de una impresión [...] no habría habido que encontrar una explicación material de la fragancia del geranio de su música, sino el equivalente profundo, la fiesta desconocida (de la que su obra parecían fragmentos disyuntos, los pedazos con fracturas escarlatas), modo en el que oía" y proyectaba fuera de sí el universo. En aquella cualidad desconocida de un mundo único y que ningún otro músico nos había permitido jamás radicaba tal vez —decía yo a Albertine— la prueba más auténtica del genio, mucho más que en el contenido de la obra misma. "¿Incluso en la literatura?", me preguntaba Albertine. "Sí, incluso en la literatura." Y al volver a pensar en la monotonía de las obras de Vinteuil, explicaba yo a Albertine que los grandes literatos nunca han hecho sino una sola obra o, mejor dicho, han refractado mediante diversos medios una misma belleza que aportan al mundo.
Marcel Proust. "La prisionera" (En busca del tiempo perdido)




Me llama la atención que Proust, al referirse al arte siempre lo haga, al menos por ahora, a partir de la experiencia vivida a través de la percepción de la música (Vinteuil) o de la pintura (Elstir), aunque en este pasaje tímidamente nombra a la escultura. La literatura, "su arte", la relega al principio a la herramienta de plasmación del análisis, aunque al final se ve que le abre un hueco en ese particular, por propia, de él, teoría del Arte que desde que comencé a leer esta obra veo que va "construyendo" o argumentándose.
Me pregunto si de aquí al final nombrará a la poesía (verbal). Si lo ha hecho antes, me ha pasado desapercibido el supuesto pasaje. 
Estos "provistos por escrito", al menos los de esta mi edad, no son mis "fuentes", como Javier Valls me comentó el otro día, es decir, no extraigo conocimiento esenciales a través de ellas. Estos Provistos por escrito llevan funcionando en mí de otra forma desde hace ya más tiempo del que una desearía. Simplemente me confirman en mis suposiciones o  "creencias". A veces, en el ejercicio de la lectura desde hace bastante más que demasiado tiempo, me siento buscando no la respuesta, sino tan sólo el apoyo, me proveen de compañía mental en el sentido de que encuentro lo mismo que yo pienso, expresado "grafiado" por otros seres humanos. Lo cual significa para mi espíritu un gran consuelo.
Aunque no encuentre nada "nuevo", eso es cierto.
 
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El cuarto claro by Sofía Serra Giráldez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial 3.0 España License.