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miércoles, 25 de junio de 2014

Ana María Matute, ángel y diosa

Se me asemeja a una especie de ángel, una especie muy particular. La miro ahora de nuevo y la veo brillar como ella misma, quizás como ahora mismo está. Para mí no se ha ido.
A punto estuve de conocerla en persona, pero al final el acto se desarrolló a puerta cerrada, pienso que como correspondía, ella visitando un colegio que portaba su titularidad, su nombre. No pude disfrutar del honor (y alegría) de darle un beso por mí misma, pero a cambio, mi hermana, la maestra de preescolar que usa la poesía como herramienta de enseñanza, su propia poesía, le entregó de su mano uno de mis poemarios publicados. 
¡Y cuánta belleza al verla ahora!
Pienso que no merecemos ni un dios ni una diosa, ni uno ni una que quisieran serlo siquiera. Aunque algunas lo SON.

(Esta fotografía la usé para una entrada publicada el 16 de Julio de 2011 en el blog "La fuente", que ya cerré y oculté hace bastante tiempo. La fotografía no proviene de disparo de mi autoría.)


martes, 18 de marzo de 2014

Sobre la inefabilidad (El lugar infrecuentado)

Sobre la inefabilidad (El lugar infrecuentado)

Cuando aludimos a lo inefable o a la insondabilidad intentando referirnos a lo que comúnmente podemos entender como ser humano, no evidenciamos pruebas de que efectivamente las característica que nos aparte o destaque del resto de las especies de los seres vivos, calificando una parte de nuestro ser, aquél que al parecer, o al menos históricamente, hemos concluido por llamar espíritu o alma, sea especialmente profunda, o efectivamente insondable, inexplicable o totalmente imposible de entender o analizar en su totalidad, sino que nos referimos, la mayoría de las veces sin percatarnos de ello, a nuestra propia limitación en el hecho o intento de conocernos al completo. Lo único que sucede es que somos conscientes de ello, de esa propia limitación para el hecho de aprehendernos, nuestra “inhabilitación” para con ello. La prueba de esa consciencia es que hemos logrado llegar a verbalizarlo, aunque, singular, y paradójicamente, cada vez que se usen determinados adjetivos para calificar al espíritu humano, se interprete hasta por el propio hablador como el que el ser humano es, como así quisiéramos, como si así lo deseáramos fervientemente, insondable, indeterminable, incalificable en su totalidad.

Tal vez lo sea para nosotros mismos, por esa misma limitación empíricamente demostrada, pero no hay nada que nos pueda demostrar que podemos ser estudiados como especie por un “segundo”, observador, estudioso nuestro, sea o no su existencia posible. El desdoblamiento poético es el único modo asimilable.

Tal vez en las misma autoconciencia del Hombre como especie se halla la misma limitación que, a la vez que nos empuja hacia ese, al parecer infinito, afán cognitivo por nuestras propias características (y por nuestro entorno), nos determina como impedidos para nuestro propio estudio.

Sólo nos queda amar.
Sólo nos queda poder saber amar.
Sólo nos queda lograr la alienación de nosotros mismos.

Pero, ¿quién desearía, o podría, dejar de ser ser humano?

Aquí es donde interviene la poética, aquí es donde halla su lugar como culmen ejercitante del ser de hombre total. Como superación de la contradicción inherente a la propia autoconciencia humana.
Si somos incapaces de sondabilizarnos a nosotros mismos, puesto que no somos más que lo mismo que deseamos sondabilizar, según argumento anterior, sólo un ejercicio que acerque, que inmiscuya la inefabilidad del ser humano, un espacio hallado y donde ser encontrados, puede encontrar sitio en ese proceso, de por sí, imposible.

(Tras releer estos párrafos escritos el 9 de Diciembre de 2009 pienso hoy, 14 de Marzo de 2014 en el famoso para mí "lugar infrecuentado" de Empédocles).

sábado, 25 de enero de 2014

El des-olvido

Mis escritos son poemas, en su mayor parte, no pretendo que nadie los entienda, no están aquí para contar mi vida. Si quisiera hacer eso escribiría en prosa, narrativa, una novela de esas que tanto se venden. Se forrarían editoriales y yo misma, no puede imaginar nadie (casi nadie) hasta qué punto, por datos, circunstancias y dominio de la escritura del relato que poseo. Pero intento en mi vida hacer algo mejor que ganar dinero. Aunque a veces,tantas en mi puñetera vida, pienso si no me estaré equivocando. Ya me lo decía aquel mi mejor amigo de siempre, un tal Fredi, allá por los 19 años: "Sofía, si quieres escribir, dedícate a la novela, que es la que da dinero, olvídate de la puta poesía".
Y yo nunca me he olvidado de ella.

martes, 23 de julio de 2013

Prosificar

Prosificar

Aún no estoy preparada para escribir en prosa. O hace tiempo que la dejé atrás, no sé bien.
La “cosificación” que implica la prosa, la ralentización en el pensamiento para acoplarlo al discurso escrito me impide dar el salto, hay un escalón más allá que la escritura de la poesía me proporciona, un lugar en paz. La prosa no me permite llegar a él. Es como si mis ruedas patinaran, se recrearan en el barro sin llegar a ningún lado.
Allá por los 20 años recuerdo que comencé una novela, cuando iba por el segundo capítulo tuve que pararla, terminaba llorando por percibir lo que sentía el protagonista, un varón, inventado más o menos. Y de ahí no paso. Escribir prosa lo comparo al hecho de escuchar música, me “relata” las emociones, no consigo traspasar el umbral, tan sólo me quedo, con-mocionada en uno espacio anterior. Tal vez mi propia psicología demasiado empática (sin que esto lo nombre como virtud, la virtud está en saber cuidar de uno mismo, en hacer fácil la vida a tus seres queridos) se riñe con ella. Escribir poesía me permite como una racionalización, como un si no escribiera yo, una especie de “alejamiento”, la conceptualización, la liberalidad en el hecho de las expresiones verbales (ausencia de explicación), la abstracción, me abocan hacia ese espacio que necesito para poder vivir en paz sin dejar de percibir o vivir. Esto me otorga conocimiento, mis ruedas avanzan. La prosa se queda aquí.
La prosa es discursiva, la misma palabra la delata, dis-curso, rompe el curso, o lo frena, que conceptualmente es lo mismo; aunque no el que entendemos como lógico o racional, a simple vista, sí detiene el otro, el que yo entiendo como verdadero, el “curso” del río sin sombra ni cauce de Canto para esta era.
Actualmente, no me interesa la prosa a no ser en su vertiente ensayística. Ni escribirla, ni casi leerla (tras Proust, nada).
Aunque sé bien que lo que no cuente yo, no será relatado por otro.

lunes, 3 de junio de 2013

El poeta es un Factor

Es que la poesía escrita no existe. Existen los versos, los poemas, los poemarios, la más o menos hábil asociación de palabras que la hacen evidente, o la manifiestan, pero no son la poesía en sí. La poesía en sí es un acto, el “traimiento” de lo verdadero a esta costra, el echar la otra mirada a las cosas o el hacer visible lo invisible. Evidenciar, hacer ver lo que no se ve. Ni siquiera el acto poético es poesía, la poesía es posterior y anterior a él, no es la obra, no está en ningún lado, sólo es mientras se percibe, por el creador o por el espectador. Eso es la poesía, un proceso por el que lo verdadero se hace evidente ante unos ojos distintos a, por ejemplo, los del que padece el apercibimiento. Bécquer decía “poesía eres tú”. Sin el tú la poesía no podría ni nombrarse para cada en sí mismo. El cerebro no encontraría accidente que llamar con esa palabra. El tú es la clave poética; por eso el poeta tiene que desdoblarse (honestamente siempre, na-tu-ral-men-te —El poeta no es un actor. El poeta es un factor. Hace—).

jueves, 4 de abril de 2013

La santísima trinidad

Mis poemas y mis fotografías tienen tres autores. Uno, tú mismo al leerlo; otro, yo; y el tercero, Eso que a ti y a mí nos unen.
La mayor parte de las veces no soy yo la que coloco “ahí” todas las palabras ni sus engarces rítmicos y evocadores. El Lo las coloca por mí para ti e incluso para mí. Luego me hablan, tal vez antes que a ti, lector o mirador, tan sólo porque a mí “de facto” me resulta más fácil el acercamiento que a ti, ese es mi pequeño reducto que se relaciona con el hecho de ser autora en nuestra sociedad: tú no podrás acercarte hasta que yo te lo muestre. Mi deber es conseguir que lo que el Lo ha puesto en la obra te llegue a ti en las mejores condiciones posibles, tan honesta y genuinamente, saber interpretar desde todo mi ser qué es lo que tengo que hacer para que lo verdadero te llegue “tal cual”.
Una obra de arte tiene tres autores siempre. Si no, no es Arte.

domingo, 10 de marzo de 2013

De la obra del Arte

No es a la poesía a la que hay que vulgarizar, llevar a tierra, sino al poeta o su concepto. Bajarlo del pedestal. Que el espectador sepa leer, ver y valorar la obra sin relación con el autor.
Bajar del pedestal al artista. Sólo así se puede acceder al arte en toda su dimensión y no degenerar el valor de la obra del Arte.
 
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