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viernes, 20 de marzo de 2015

Aman(i)ta caesarea

Aman(i)ta caesarea

(Al tránsito de Venus ante el Sol la madrugada del 6 del 6 de 2012)

muerto el hombre se domestica
la raíz el agua-fuerte
levanta la tierra
aflora la adormidera huevina,
tanta yema tan naranja
como el bokeh de Venus
cuando esta noche ha pasado
por delante del sol.
Como Afrodita, aunque sin quemarse.

Las tanas me recuerdan de dudas
la siembra de mis añadas mozas,
cuando aprendí a deletrear
m-a-d-r-e-s-e-l-v-a
tras haberme perfumado
en los maitines de mi madre
cuando ella llegaba del trabajo
con su uniforme de enfermera
para echarlo a la lavadora
según yo dudaba y sembraba
pequeñas setas en el aire
de mi habitación a oscuras
hasta hoy.

Si la yema, si la flor sobre la tierra:
un hongo puede ocupar kilómetros
bajo el suelo pero yo no me mido,
encuentro sol y me desnuco.

Así que no soy Venus.

Miro siempre de frente,
¿no veis mi tez morena?


(este poema se haya publicado en "Signos cantores. Selección de poemas 2009-2012", aunque lo he modificado ahora ligeramente. Pertenece a "La exploradora" (Ciclo Suroeste)

jueves, 16 de octubre de 2014

Homenaje a una seta (poema, fotos y notas)

Aman(i)ta caesarea


Muerto el hombre se domestica
la raíz el agua-fuerte levanta
la tierra aflora la adormidera
huevina, tanta yema, tan naranja
como el bokeh de Venus
cuando esta noche ha pasado
por delante del sol.
Como Afrodita, aunque sin quemarse.

Las tanas me recuerdan de dudas
la siembra de mis añadas mozas,
cuando aprendí a deletrear
m-a-d-r-e-s-e-l-v-a
tras haberme perfumado
en los maitines de mi madre
cuando ella llegaba del trabajo
con su vestido de enfermera
para echarlo a la lavadora
según yo dudaba y sembraba
pequeñas setas en el aire
de mi habitación a oscuras hasta hoy.
Si la yema, si la flor
sobre la tierra,
un hongo puede ocupar kilómetros
bajo el suelo y yo no me mido,
encuentro sol y me desnuco.

Así que no soy Venus.

Miro siempre de frente,
¿no veis mi tez morena?

(Del poemario "La exploradora". Este poema se encuentra recogido en libro especie de antología "Signos Cantores". Linden Lane Press, 2012.)






Notas al margen:1. Sobre el poema. Fue escrito antes de que muriera el hombre, el muchacho, por aquel entonces, con el que las descubrí allá por mis 19 años. Ahora releo el primer verso, un motivo más para este miedo y cierto odio que a veces siento por la escritura de poesía. Una especie de "fatum" del que intento desligarme dejándola de escribir.2. Sobre las fotografías. Este delicioso manjar no crece en el campo que habitualmente habito. El ejemplar que protagoniza las fotografías me la regaló un vecino que había ido a la zona apropiada a recogerlas. Si van a recoger setas, NUNCA las arranquen. Corten por el tallo con una navaja. Y nunca las cojan sin abrir. Deberían estar condenadas ciertas prácticas.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Todo nuestro

Ando ordenando apartando abriendo muebles libros lámparas espejos prendas de una vida de una muerte de una caja de mi vida ya leída que ordeno aparto y abro a mi vida y a las propias vidas de los otros que abran la caja al orden de la poesía.
Y su luz.
Ando multiplicando por cuatro buscando el espacio comunicando los vientos permitiendo alhóndiga a tanto tiempo compañero. Y a tanto libro ya leído.
Y a su luz.
No hay herencia ni recuerdos. Todo es y fue de todos.
Todo nuestro.
Con su luz.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Haces hablar a los muertos (The hanging tree)

Este poema siempre lo recuerdo con , no sólo especial cariño, sino simpatía, casi el guiño que la poesía me hace a mí sobre cierta forma de entender la vida y los sentimientos, el mayor sentimiento, el del amor, y su contrapartida, el del engaño, el autoengaño, la hipocresía y la cobardía.  Por eso lo incluí en "Signos cantores", la especie de antología que Linden Press me publicó. 
Nunca los explico, sería casi un crimen, claro, pero esta vez me permito el lujo. Está inspirado en una canción que me encanta, de una película que adoraba mi madre, por razones evidentes, ella misma, el film,  y el guapísimo actor que la enamoraba, :), y es de los pocos que he compuesto en mi vida al son de su archiconocida canción, rompiéndole el ritmo, a contratiempo de él, como se hace con el pie para meter unas palmas en una sevillana justo así, a contratiempo.
Morir en vida significa amar, dejar de ser, una anulación del ego para apostar por el "tú". La letra de la canción, en inglés, lo dice, y en el poema, intento el juego con el concepto, concepto en el que creo profundamente, como mi madre, que también cuando por algún motivo discutía conmigo o con mi padre, a ambos nos decía: "¡Haces hablar a los muertos, por dios!, calla ya!" (por tocapelotas, por decir verdades, por pesá que una es...;).) Lo escribí para un antiguo amigo con el que se metían mucho porque sus poemas provocaban "escándalo", entre los hipócritas, naturalmente.

Haces hablar a los muertos
(The hanging tree)

Si por quejumbrosa sutileza,
tu voz tierna y clara
es acotada por la ira del entredicho,
la nomenclatura de la supervivencia
o el aura lastimosa del apocamiento
de aquéllos a quienes la luz transparenta
mostrándonos sus vísceras repletas
de contenido nauseabundo,
o, por la vivencia amarga
de la elección errada, soportan sobre su testuz,
como animales de allende las eras, los uros,
o toros de esperma ya extinguido,
la bicéfala corona del engaño,
tú no fallezcas.
Hacer hablar a los muertos
es tarea de poeta encendido,
aún más que vivo, de luminaria
traspasando los arcos voltaicos
que se sufragan a golpe de tendido
orbital entre aquel planeta,
el perdido, y éste,
en acto inmensurable,
sin registro posible más
que en el alma y la amada carne:
las esferas cantando al son del Unídono,
la melodía siempre afinada
de la voz humana más allá del tiempo.
Porque el tiempo sólo existe para los no-muertos.

Para lograr morir hay que saber vivir,
y para vivir hay que morir
en el árbol del ahorcado,
nuestra inilustrable encina eterna,
altar del dios adorado de mi alma mater,
como la que acontece cuando esos ojos,
ebrios de torbellino luminiscente,
miran sonriendo tras el cristal
que nunca desfigura, el verdadero,
desde mi Gary Cooper que está en el cielo.


miércoles, 31 de julio de 2013

Solenostemon I

Solenostemon I

De qué querré yo hablar
que no seas tú.
Para qué nací sino
es hablar de ti.
Por qué acataré sino
es para verte venir
bajo tu camello de estrellas.

un hombre se sitúa en la esquina
opuesta del universo
—es cuadrado, como nosotros—,
habituados a su soliloquio
no lo oímos. Las sienes
se nos abren y nos nacen
agallas sin blindaje:

Bucearemos a pulmón
abierto y libre a-
las sales del
océano
con su efervescente molestia
y superaremos el escozor
de la huella indeleble del atisbo
del centro de la coraza imantada
antes de que naciéramos
sobre este colchón de muelles
herrumbrosos y chirriantes
vértices de la materia
en su aposentadero provisional
camino de la vía de la muerte
en el otro
aire,
sol
en el cuadrado y un nombre
vigoroso y húmedo para las plantas
de nuestro pies
que se posan como plantígradas
osas en la vertiente arenosa
del paraíso en la Tierra.
nuestra labor de humans, baby,
concita esmeraldas fúlgidas,
minas de carbón sellado, conmiseración
traducida en el borde (borde, afuera)
de la envidia nauseabunda, el miedo
feroz y horror vacui en nuestro hemisferio
celeste, qué más, qué más quieres, bendito
hermano que tu hermano a tu lado
y sus ojos respondiéndote
como centelleantes mansardas
donde puedes descansar tus miembros
y tu corazón blando de hombre sin medusa,
sin fehaciente sortilegio
porque piedra jamás podrás ya ser, ni siquiera
habitante de una tierra
media.

me claudiqué,
quise cerrar,
cerré. me olvidé
de mí cantarás si grito
a toda voz de tu boca
no resuena sobre cada piedra la escarpada
lumbre, y la cordillera, ya la ves,
cómo se dobla y se extiende a tus pies
adorándote, hombre mío,
¡yo misma hombre!,
yo mismo cordillera…

llorarte me fue regalado
airear tus sales, orear
la flama de tu apéndice
encendido, reventar
en el orgasmo de luces
que al universo deja ciego,
tu abrazo de amor entendiendo
tu miseria de átomo moribundo,
qué digo átomo, quant, ni atisbo
bendecimos, mas sólo
nos tenemos
a nosotros.

amén.

(alguna ligera variación ha sufrido con respecto a la versión publicada en "Signos cantores", nada sustancial. Acababa de escribirlo cuando cerré esa selección que me propuso Carmen Karin Aldrey para sacarla en la editorial de Belkis Cuza Malé, Linden Lane Press. Quise incluirlo como final de ese libro. Con él, sin embargo se inicia Solenostemon, el poemario al que pertenece y que en estos días he comenzado a corregir.)

miércoles, 17 de julio de 2013

Sol naciente

Sol naciente
(la ley del mínimo esfuerzo)

si hubiera pernoctado
el imperio de los ojos limpios
habría dado el vuelco,
los ojos llenos de aire fresco
y luz desentonarían con el resto
del paisaje matutino y la soledad
de la calle se habría interrumpido
con el atasco de automóviles
sanciones sobre la suerte.
La habitual correspondencia
o justicia del agua y la fuente
habrían muerto in fraganti
sorprendidas por la quietud.
No me abarco —ama el agua
el aire—, mas dibujo tu perfil
inasible de manos
para qué os quiero
si eres invisible e intocable
por unos órganos tan poco dados
por nadie. O sólo algunos,
mínimamente algunos.

De ciertas delicias, el compás
de tu oriente sobre el fresco
amanecer de verano
sol-dado a ciertas flores
que practico.

vengan ustedes a dormir
cuando yo me despierto
lozano y rojo
como un manojo
de madreyerbas verdes y dulces.
Japón me autorizó a prevenirme
en verte y no verte venir
en el lucernario
de tu presencia, Tierra azul.

miércoles, 12 de junio de 2013

Aman(i)ta caesarea

Lloré y me lamenté viendo el lugar infrecuentado (Empédocles)

Aman(i)ta caesarea

muerto el hombre se domestica
la raíz el agua-fuerte levanta
la tierra aflora la adormidera
huevina, tanta yema, tan color
como el bokeh de Venus
cuando esta noche ha pasado
por delante del sol.
Como Afrodita, aunque sin quemarse.

Las tanas me recuerdan de dudas
la siembra de mis añadas mozas,
cuando aprendí a deletrear
m-a-d-r-e-s-e-l-v-a
tras haberme perfumado
en los maitines de mi madre
cuando ella llegaba del trabajo
con su vestido de enfermera
para echarlo a la lavadora
según yo dudaba y sembraba
pequeñas setas en el aire
de mi habitación a oscuras hasta hoy.

Si la yema, si la flor
sobre  la tierra,
un hongo puede ocupar kilómetros
bajo el  suelo y yo no me mido,
encuentro sol y me desnuco.

Así que no soy Venus.

Miro siempre de frente,
¿no veis mi tez morena?

domingo, 19 de mayo de 2013

miércoles, 10 de abril de 2013

Signos cantores en un otro suroeste

Seis, casi siete meses entre idas y venidas ha tardado en llegar.
Se escribe para hacer vida y desde haciendo vida. No hay otra forma. Esa es la verdadera lectura, la seria lectura de lo escrito, lo verdadero.
Feliz hoy porque ya esté en tus manos, como un mucho desde tus manos nació.

Foto by El Potro

martes, 15 de enero de 2013

Aman(i)ta caesarea

Éste se lo dedico hoy a una muy querida persona que Manolo Moya conoce bien.

Aman(i)ta caesarea

muerto el hombre se domestica
la raíz el agua-fuerte levanta
la tierra aflora la adormidera
huevina, tanta yema, tan naranja
como el bokeh de venus
cuando esta noche ha pasado
por delante del sol.
Como Afrodita, aunque sin quemarse.

Las tanas me recuerdan de dudas
la siembra de mis añadas mozas,
cuando aprendí a deletrear
m-a-d-r-e-s-e-l-v-a
tras haberme perfumado
en los maitines de mi madre
cuando ella llegaba del trabajo
con su vestido de enfermera
para echarlo a la lavadora
según yo dudaba y sembraba
pequeñas setas en el aire
de mi habitación a oscuras hasta hoy.
Si la yema, si la flor
sobre la tierra,
un hongo puede ocupar kilómetros
bajo el suelo y yo no me mido,
encuentro sol y me desnuco.

Así que no soy Venus.

Miro siempre de frente,
¿no veis mi tez morena?

Sofía Serra (De La exploradora)

martes, 27 de noviembre de 2012

Pulmón libre




Tengo, quiero, necesito hacer esta entrada un poco especial. Decirlo, mi madre, mi madre, la mejor lectora que tengo, ¡y no, que no se piense que es porque soy su hija!, no, no, ¡en serio!, ella no es así, si algo no le gusta, y aún más de poesía,  no hay filiaciones que valgan. Cada vez que voy está con Signos cantores allá a su lado, apoyado en el brazo del sofá donde ella se sienta por las mañanas. Sobre la mesa, los mandos de la tele y la radio y el estuche de medirse la glucosa, su copita de agua, una servilleta de papel y el libro, el libro a su lado.

Me contó que lo leyó en dos días. Pero es que después lleva con él como un mes o más en la mano, y relee, relee, por aquí, por allá, curiosamente compruebo ahora que lee poesía como yo. O yo como ella, mejor dicho. De un tirón el libro, y si me llega o me gusta lo dejo cerca, y releo, releo, releo... así puede estar eternamente el libro equis a mi lado, o al suyo.

Ella fue muy buena cantante de zarzuela en sus años mozos, en su colegio donde stuvo interna hasta los 19 años (un hospicio, un orfelinato, nada de familia pudiente), casi estuvo a punto de saltar a la carrera de "artista" a la vez que Raphael, sólo que no quiso aceptar "ciertas" proposiciones de por aquellos años, jaja. Cuando niña (5, 6 años) se iba detrás de los pianillos cantando y bailando y tocando las castañuelas (los palillos en "sevillano") por las calles de Sevilla, tan rubia y con esos ojos tan verdes (ascendencia vikinga, esos hombres del norte que atracaron en el puerto de Sevilla allá por el siglo VIII) ha sido la más "flamenca" de todas. Siempre me cuenta cómo se subía a la reja de la ventana de la academia de baile de Realito allá por la Alameda... e imagino que así fue aprendiendo a bailar, mirando...
Ahora vivo casi al lado de donde ella vivía cuando niña. Calle Alcántara, como su segundo apellido. El puente.

Es de estas personas que son capaces de aprenderse los poemas de memoria y sobre todo recitarlos. Ayer mismo pensaba en cómo hubiera disfrutado con los recitales de poesía que actualmente abundan, con esos escenarios, ese micrófono y pudiendo desplegar su  total carencia de miedo escénico y su arte... todo lo contrario que yo, en nada he salido a ella en ese aspecto, no digamos ya en el rubio de su pelo y sus ojos verdes.

Me emociona por muchos motivo todo esto. En signos cantores incluí un poema dedicado a ella, un poema que escribí nada más llegar aquí un mediodía que venía de vuelta del hospital. Recién venida del campo a esta casa, al llegar septiembre, mi madre enfermó gravemente. Después de tantos años sin ella cerca, cuando volvía, veía que se me iba. De pronto, así, de pronto. Al caminar hacia esta casa por la calle enladrillada pensando en ella me topé con una rama de buganvilla  que asomaba por la tapia del huerto del rey moro, le disparé algunos clicks. Cuando encendí el ordenador, la hice y escribí el poema. Me salió para ella "lógicamente". La verboluz, poema y fotografía.

Y ahora me emociona pensar que tras tres años, puede estar leyéndolo, en un libro... aunque todo tengo que decirlo, no me ha comentado nada en concreto sobre él. No lee el libro por él. Por su poema, lee porque le gusta. 

Se lo dije ayer y hoy otra vez riéndome a carcajadas: "Mamá, ¡eres mi mejor lectora, jolín, así da gusto escribir! Aunque sólo fuera porque tú me leyeras, ya merece la pena que haga el esfuerzo de poner en papel lo que escribo".

No, no se me fue, no se me fue. Todavía está conmigo.
Y sonrío ahora que puedo. Sonrío y hasta río de alegría ahora que puedo. 
Y lo digo. Ahora que puedo decirlo, lo digo. Quiero decirlo.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Eco-(no)-mi-poesía en “Signos cantores”

Eco-(no)-mi-poesía en “Signos cantores”

—  Por algunos que quiero entregar, me regalan dos naranjos florecidos en pleno Otoño.
— Por otro con el que obsequio me dan tres libros tres que no podría permitirme comprarlos, buenísimos en contenido y de los caros-caros también.
— Por el último, un cartón de ducados, tres latas de atún blanco en aceite de oliva, tres de mejillones en escabeche (de los grandes 4/6 por envase), un lomito ibérico, un conejo de campo y dos juegos de sábanas de invierno.

Para que luego se diga que escribir poesía no es rentable. Si un poeta no se hace rico es tan solo porque no  quiere.

lunes, 15 de octubre de 2012

Signos cantores con Isolda

Tenía que llegarme de ella, que lo tiene to' bonito (el nombre, la cara y, más aún, el espíritu), de Isolda, llegarme la alegría de que Signos cantores tiene materia y existe más allá de estos líos y los otros (editar), que ya tiene una casita donde estar... ay, es que me he deshecho de alegría, siento la entrada tan... pues personal, ;)
Muchísimas gracias Isolda, ¡ah!, y no se te olvide lo que te he dicho en facebook, ¿oook?...:))) Tú léelo, que para bien o mal esos poemas ya no son míos, :).

Qué hermoso lugar lo rodea, y qué preciosa fotografía entre plantas y verdes.


Fotografía  de Isolda Wagner

lunes, 8 de octubre de 2012

Signos cantores ya circulan

Ya está circulando oficialmente Signos cantores,  aquí el enlace a su lugar en Amazon, desde donde puede ser adquirido, pero yo aún no dispongo de ningún ejemplar (las cosas de publicar en Texas, ;), jaja, ¡qué lejos, madre mía!, a ver si me sale un novio texano, pero con rancho, cientos de miles de cabezas de ganado y pozos petrolíferos incluidos, y prometo sacar a España de la bancarrota con la herencia que me deje —estoy segura de que sobrepasará provectas edades, muyyyy mayores que la mía quiero decir— ;)).  Bromas aparte (si no me río termino llorando), en cuanto tenga el mío en las manos haré una entrada más extensa comentando algunos detalles de su hechura... aunque no pueda hacerle fotos, ¡maldita sea mi estampa y toda la casa nikon junta!  :D)
Os dejo mientras la cubierta completa del libro, así como copio aparte el texto de la contra, para que se pueda leer mejor (velo por los presbíticos, entre los que me incluyo creo que ganándoles a todos, :D).
Diseño, by rodax... mi supercuñao (cuñaaaitoooo!), manchego, natural de Tomelloso para más señas, el pueblo que da a luz a los genios (aparte de unos quesos muy ricos). Aquí su blog.

Sofía Serra Giráldez (Sevilla, España, 1962) historiadora del Arte, poeta, fotógrafa. Ha escrito los poemarios: Asesinos de almas (trilogía, 2002), La presencia por la ausencia (2005-2007, Bohodón Ediciones, 2010), Entreterras, Son-ethos, la trilogía Canto para esta era (El paraíso imperdible, Canto para esta era, El deshielo), de la que aquí se muestran algunos poemas, y los siguientes poemarios que es de donde se han extraído los poemas aquí seleccionados: Del Bestiario de los inocentes, Los parasoles de Afrodita, Nueva Biología (publicado por la misma autora en internet bajo el soporte de Blogger), El muriente, La dosis y la desmedida, El hombre cuadrado, Suroeste, La exploradora y Solenostemon, (este, a fecha de esta edición, continúa escribiéndose).
Sus sitios en internet, donde casi a diario puede seguirse su trabajo: El cuarto claro (poesía) y Meridiana claridad (fotografía).


sábado, 6 de octubre de 2012

Ámame, cincuenta años de un signo cantor

Medio siglo. Love me do sonaba por primera vez. Ella nació para el público dos o tres meses antes que yo (pienso que yo no nací para ser pública). La conocí cuando ya registraba la edad de trece años. Qué feliz me hace unir su aniversario con la aparición en Amazon  del enlace a la posibilidad de que  Signos cantores sea leído por alguien más que yo o las cuatro o cinco personas  que han tenido la ocasión.
Un día de estos iré al campo a por la fotografía auténtica que tengo de Los Beatles con firma de Paul Mac Cartney incluida, a pluma, por supuesto,  para escanearla y publicarla aquí.

Hablamos de poesía, del motivo de la palabra, de su razón de ser (razón de amor, Pedro salinas dixit).
Escribir poesía es, entre otras cosas, intentar que el lenguaje no se desgaste, algunos hablan de intentar "renovarlo", yo suelo concentrarme en su fondo y su forma, un modo más de intentar no perder de vista el motivo por el que me (nos) resulta fundamental, silencio incluido.

Enlace al libro  Signos Cantores






jueves, 4 de octubre de 2012

Signos cantores, nuevo libro


Esta  portada, diseñada por rodax, es el precioso vestido de mi último trabajo, Signos cantores, un conjunto de poemas que he ido seleccionando durante el último  mes y medio a propuesta de una amiga a la que nunca podré expresarle debidamente mi agradecimiento, Carmen Karin Aldrey. Javier Sánchez Menéndez ha tenido la generosidad de prologarlo. El libro lo publica la editorial norteamericana Linden Lane Press. Estará disponible a través de Amazon en unos pocos días.




domingo, 16 de septiembre de 2012

Árbol de Verdad II

¡mi segundo arbolito dibujado con estos cacharros! Hoy soy la mujer más feliz del mundo otra vez,
como ayer con el primero, sino que más, ¡la vida me sonríe!...¿O es que soy yo la que sonrío a la vida?
;)

sábado, 8 de septiembre de 2012

Al través

Al Través

Pequeños signos cantores,
tan mínimos y desfallecidos
como la consigna asediada.

Al terminar, se deduce la escafandra
o la tensión arterial obstaculiza
los privilegios del paso de la sangre
libre por sus regueros de vino:

una prebenda y un pusilánime sentido
del estorbo. La juventud y la luz
sojuzgada por otros destinos,
paradisíacos o no, se sometieron.
Encontrar, más allá, agranda los ojos
de burra tiene los ojos, tan grandes y
francos como los de Platero.

La libre calma abierta a toda duda,
la duda piedra perdida en el río
rueda en la quinta avenida
borbotea
orgasmos a toda pleura.
Quejumbrosos soldados
quedan a medias
hundidos en el limo aceitoso
de la memoria y en el huérfano descuido
que se trabajan lentamente, se horadan,
se inmiscuyen entrambas superficies
por doquier, superficie fundamentada.

No habrá un solo porvenir
al que asomarse si las juntas de hielo
permanecen congeladas.
las barcazas hacen
el tiempo que atravesó el lago
navega rumbo al sol acometido
por las olas de la pregunta
qué mar más bello sino
la eterna pregunta de si
no somos nada, no somos bajío,
ni orilla, ni probable respuesta.
Ni cuestión, nos advierte el mirlo
entonando su canto naranja
de fuego derretido en el mar,
la cuestión, comunicar
aunque se pierda el rumbo.

La quietud en la saliva.
Sí, ¿por qué no?

No te escindí,
una luciérnaga boca pasea
por el lúcido hilo.
Quieta emprende
Quimeras.
Queman.
Pueblan.

Irrumpes, verbo claro
—balanceas—,
al través
de un allá
hasta aquí.

Sofía Serra (De La dosis y la desmedida)
 
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El cuarto claro by Sofía Serra Giráldez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial 3.0 España License.