jueves, 17 de septiembre de 2020

Del amor y otras impotencias

 


Nuevo hombre en la cruz

 

Verte en verde puro quisiera

ausente de tus férreas estampidas,

lenta en un segundo presiento

tiempo al sol de ese tulipán equivalente

que me llama, me pregunta, me requiere:

¿Por qué?, ¿por qué no bebes?

Y tus manos amasando

espinas. Como ya no se te

clavan…

 

Al verde quiero sostenerte:

Flamearás sucediendo en el vacío

hasta que el celo mudo de tu viento,

si es que mientes,

se haga hueco en la cruz de tu pecho.

Y entonces se abrirá el cuero

herrumbroso. Y el manantial borboteará

de las cuatro paredes de tus brazos.

Y el sol del aullido iluminará

las doradas clavijas como si

fueran brotes verdes: verte

como si no te hubieras

zanjado. El campo de cuerdas

de hierro tronará en rasgueo

salvaje

de tu boca que reirá llagando

el aire que hoy permanece

ileso… Como muro, como vano

a la muerte en la que tañes

preso de esa cruz en la que te clavas,

que ya no sé,

yo no sé, no sé

con qué manos

apuntalas esos clavos a

tus palmas.

 

Hombre de cuatro brazos,

mutante de esta tierra

morada por la espada de tu arado

que me llama, me demanda, me pregunta

de qué te sirve ya ese par de alas.


(Sofía Serra, 2010)

domingo, 13 de septiembre de 2020

De excavaciones

 


El tren de la vigilia

 

Y es que estoy tejiendo el sudario de tu cuerpo, gemela blanca.

 

Tendrás que poder perdonarme algún día

por estas batallas, estos traqueteos

que temo ajen tus poderosas alas.

Mas no, ¡no!, te amalgamé acrisolada,

con acero y pétalos de flores fundí

tu esmeril verdadero en sangre de carne

y huesos. Te acuné en mis entrañas,

te hice fuerte roca, pero tan liviana,

tan humo como al que a las avispas espanta.


Es que tu mundo no es el mío, tu dicha

no es mi alegría, tu trabajo es distinto

a ése en el que se afanan estas pequeñas

manos. En definitiva, ya que te gesté

y te he parido, tengo que hacerte el hueco

en un lugar en el que no vivo y, menos

aún, duermo. Y así andamos ambas,

yo con mis cuadradas ruedas y tú con tus alas

aún envueltas. Pero llegará, llegará,

que no permitiré que mueras sin volar.

 

Al mundo para el que naciste lo envuelve

atmósfera ambivalente, vientos

de frío, vientos de polvo, viento lento

calmo y dudoso pero de potente brío,

cruentas corrientes y hasta corrientes

encontradas de vértigos, de combates

y tropiezos de aire contra el aire.

Pero tus alas están bien diseñadas.

Volarás

sin que ninguna tormenta atormente

la osamenta que a sus plumas mantiene.

 

Los terrenos baldíos se superponen

unos a otros en estratos añosos,

en vertientes arriesgadas de poderío

infrecuente, despeñaderos que desaguan

en sembradío de chumberas, las verdes,

las de agua llenas y fruto manjar de dioses

donde las alimañas se esconden. Pero a ti,

con tus poderosas alas, no te amilanarán

los abismos, las pendientes, los roces.

A ti no te hacen ruido las otras voces.

Porque eres voz, no necesitas oídos.

 

Estas tierras, áridas o cenagosas,

pedregales o labrantíos de humus,

glaciares negros con grietas como escarpias

atravieso con zapatos de piel de rosas,

tú sabes cuánto sufren

cuando sobre ellos danzo: sangran

esas plantas que casi desnuda caminan

sin suelas que desde el suelo las eleve

o peso que les conceda huellas.

Y así, algunas veces oigo tus lamentos

sordos que tanto dolor me provocan,

aunque yo sepa que tú no lloras.

Llegará el día en que no necesites

una persona, una boca, unos brazos

que te abran paso.

 

¡Y es que tú y yo somos tan distintas!

Tú omnisciente y valerosa,

yo temerosa e impotente:

 

Ya me ayudaste a cruzar el mar, mas ahora

tendrás que ayudarme a llevarte al aire.

Voy desembarazando tus potentes alas

con cuidado, mimo para el torbellino,

para que tu fuerza libre se halle ya

en el centro de tu mundo, de tu vida,

de tu estirpe. Esta tierra estéril

a la que hemos llegado sólo es tierra

de viaje. Allá, mira. Ízame un momento,

sólo por un instante, allá, al extremo

del horizonte, ¿lo ves?, donde el sol

se aparta para alumbrar a inocentes,

reaparece tu sitio: Allá serás del todo,

voz sola, voz sin piernas que te sostengan

ni alas siquiera que tú creas precises.

Ya no me necesitarás más

que para lograr que me olviden.

 

Allí en los montes bravíos,

allá en las elevadas cumbres

florece la clave espigada

del estío húmedo y verde.

 

Y ya entonces el tren de la vigilia

frenará sus destempladas ruedas.

Tu medida inconclusa logrará ocultarme

y, así, yo ya muda, tierna y arropada

en tus mullidas sienes, descansaré alegre de vida

y sueño: la que fue jardinera entre las  tumbas

sobre la yerba durmiendo ya para siempre.

Tú estás hecha para volar haciendo llover flores

y yo para fregar los platos y tejer con madejas de colores.

 

Poesía, que no eres mía,

poesía que no tiene nombre,

hija de mí naces,

de mi canal te extraigo,

pero para ti y para el Hombre.


(Sofía Serra, 2010)



miércoles, 9 de septiembre de 2020

Love me tender (Ámame tiernamente)

 


Sin huesos

 

He estado cerca del mar tan lejano,

tan mío me parece como los pasos que la ola

ha avanzado para lamer mi cuerpo tan pequeño,

tan inabarcable por sus brazos líquido elemento

con caída de sí y de mí tan mío

como su cercanía y su enormidad

la he abrazado en mi cuerpo

porque tan sólo, tan solo y en su soledad,

me ha avenido dándome la bienvenida

en su sólido seno sin límites ni nombres.

El mar me ha modulado

moldeándose a mi sino

de mujer que lo abraza aunque no lo abarque,

ni mis heridas se han curado

ni su aislamiento de ser de nadie remite

pero ambos fundidos

hemos hablado de amor,

de yeguas, de aire, de mareas

con intemporales tiempos

como sus piedras tiernas

como mi carne tierna y él, tierno,

ha abierto mi cuerpo a su tiempo

sin tiempo, a su sino tan solo

de mar entregado a mis brazos

ya sin orillas que lo marquen

yo sin llagas que haya de sanarme,

él y yo ya transparentes

pero uno siendo

la piel de ambos

como dos mundos entregados

el uno al otro en encuentro perpetuo

a su ritmo y a mi canto.


(Sofía Serra, 2020)


jueves, 3 de septiembre de 2020

Dos terremotos

Fue la primera palabra de la que tengo conciencia que aprendí: terremoto. Estaba la niña imagino que a medio dormir en la habitación de sus padres, cuando algo la sobresaltó y espabiló (mala cosa). Oyó a los mayores hablando en la estancia contigua, distinguió una palabra extraña y entonces se le visualizó un cielo teñido de colores naranjas y rojos recortado por la silueta de una motocicleta rodando por el perfil de una montaña, negras ambas, como en perfecto contraluz. Parece que ya entonces era amiga de la etimología sui-generis, y hasta de la fotografía. Terre-moto. El ruido de esos vehículos lo asemejó a lo que fuera que la despertó. Así quedó grabada en la pueril mente de mis dos años. Ahora sé que fue un 15 de marzo de 1964, la fecha en que se produjo un terremoto en Sevilla. Aún no había nacido mi segunda hermana y yo ya sabía leer. El misterio lo resolví cuando ya de adolescente conocí la existencia de la Venus de Willendorf. Solo una maga podía haberme favorecido esa resolución tan racional e imaginativa a la vez. Siempre relaciono la palabra terremoto con el fuego, y el fuego, con la magia y los temblores, de ánimo y de tierra, ¿o no son lo mismo? Y el temblor que una palabra nueva provoca en las neuronas, y su fuego, su chispa divina. El soplo.



El Temblor II (poema a mi primer recuerdo verbal)
(A la Venus de Willendorf)

con qué mando vino
y a qué fango llega
la venia bajo la que te labraron.
Si conocemos el momento,
¿te imaginas un desierto sin hombres
poblado sólo de árboles?
…Y entonces llegaron
sus pechos manando leche,
y en su barriga
crece la nueva vida
y se haga fuerte 
y coma con sus dientes
y hasta ojeras tiznará
al enfrentarse a la pendiente 
cuando el jefe de herida muere
por el colmillo del mamut,
o tal vez por la venenosa
espina de la acacia
que por entonces verdeaba
las arenas del Sáhara.

Ni qué decir tiene ya
su vulva fue el origen
del mundo para ellos,
pobres hombres blandos 
y sedientos de rascacielos
que los elevaran del frío
del suelo de la cueva.
Pero he aquí que llegó
su bonhomía temprana,
y la mujer chamana
se talló en caliza
hasta dar lugar,
o luz,
al misterio:

y si a esta piedra
y la clavo y casco 
lasca a lasca,
ya llegarás,
cuando se me abra
la rosa dura.

Pensó la mujer naranja
con el contraluz
de un cuerpo y durmió
con un cuerpo,
soñó, despertó 
y se levantó del tálamo
de piel de alce
con un cuerpo
girado hacia el oriente 
del horizonte naranja y negro
y rojo temblor: 
terre-moto
sopla con sus piedras,
te nombra meciendo
sus altas tundras,
te labra moviendo
tus pequeñas sábanas,
te engolfa en las voces de afuera
cuando mis muslos
aún no habían engordado
con la teta, en la cuna
y desde su tierra 
te cinceló la talla
de ésta no sé ya 
si habla o antigua.

(Sofía Serra, 2012)

domingo, 30 de agosto de 2020

Cambios termales



El deshielo

Si de vez en cuando
mi boca en tu oído se enreda,
alerta a los nervios opacos,
esos que no excluyen a la materia,
con permiso o sin él afianzaré
mis ijares sobre el suelo.
Mi voz: mi yunta y mis alas abiertas.
Si de ellas espanto a estas llagas
que como manos de ida sostienen a la memoria
tras el aullido del agorero salvaje,
tú no te asustes, ama de mis venas.
Sólo las montañas y los árboles permanecen
anclados a la tierra oscura,
y ya en el deshielo
comienzan aturdidas esas tuyas
a licuarse: ríos de mares nonatos,
verbos contenidos en los glaciares
bajo la presión de los heleros
deshilando el cambio termal, el soplo oxigenado
sobre esos ya jadeantes pulmones.

Del deshielo a la muerte anuda
el paso del natural suceso
como aquella que nos dio lugar,
madre, no congeles tu aliento
que lo quiero para rebelarme,
me conquisto y luego contigo
me iré ya vieja ya sin espada.
Vejez como humana querencia,
vejez como flor espigada, no contrahecha.
Vejez resistencia, que yo contigo me quedo
junto al río cada vez más ancho,
más pausado, más fértil,
más desprendido de su cauce,
planicie moldeada por los amables ecos
de los gritos proferidos por el Hombre…
:Mar.

Como tú, madre, como tú.

(Sofía Serra,  Septiembre/2009)

domingo, 23 de agosto de 2020

Dos torres

Hay torres que ganan en belleza al hallarse en ruinas, sin que con ello me refiera a esa admiración más o menos mórbida por la decadencia, sino a que a las construcciones, a los artefactos, a los objetos y hasta a los pensamientos y a los sentimientos, a todo aquello que posee una entidad sea de la naturaleza que sea, el tiempo, como compañero nuestro que es, termina por ejercer de demiurgo otorgando ¿él o nosotros?) existencia propia a aquello que parece desvencijado o derruido. Ni siquiera podría decir que “transformado”, porque entonces presumiría que parte de algún otro ente. El adjetivo que más se acerca es el de “creado”, como extraído de la nada hasta ser él mismo por sí mismo. Y así, ya, conforma vida bella propia dejando de ser una ruina. A lo mejor por eso mismo escribí tras este libro ese otro poemario titulado “Extinción de ruina”, ahora que lo pienso. El poema, ¡por-dios!, que se me va de las manos esta introducción. 




Torre en ruinas

ciega estuve tú
con tu silueta rota
y ancha anduviste
cercando la contraviesa
de mis ojos, ese alma
que se pierde de lo más evidente,
torre albarrana,
torre marítima,
a deshora me avisaste
del drama urgente y pavoroso.
una torre ruinosa
lamida por el mar
y sus sales, pasto
de borrascas, de la tensión
de las mareas, del gobierno
de los locos muertos
de hambre y otros géneros
de sedes y sillones.

(Del libro "Los cabezos amarillos")


viernes, 21 de agosto de 2020

Un paso adelante en el sueño de Vesstiart


 Vesstiart en Red Bubble


Llevo un par de semanas o tres trabajando en un proyecto que me ilusiona mucho. Consiste en poder ver mis fotografías traspasadas a soportes físicos, pero no solo con esa característica, sino con la de ser objetos físicos de uso cotidiano. Siempre me ha acompañado un anhelo semejante, quizás por la influencia de mi afición a la costura y los tejidos, quizás impelida por la necesidad de escapar de lo intangible que este mundo de lo digital confiere. Desde la más tierna infancia de mis andares por la fotografía digital allá por el 2001, me impulsó el anhelo de ver impresas mis fotografías conformando estampado de distintas prendas de vestir. Recuerdo que ya entonces, cuando apenas existía internet, escribí a una reconocida marca internacional de ropa proponiéndoles la idea. Ni caso, claro, pero, claro también, el afán ha persistido. Los que habéis tenido la generosidad de seguir mis trabajos a lo largo de tantos años, habéis podido comprobar que en alguna ocasión he dibujado vestidos “impresos” con mis fotos, y confeccionado físicamente alguno. Hasta creé un nombre de marca estimulada por la sensación de que la idea era buena, VESSTIART. Sin embargo, como ya anoté en este mismo blog en su momento, lo económicamente oneroso del proyecto, me limitaba su desarrollo. Ahora, y por ahora solo quizás a través de este medio, pero con el añadido de que sí es posible al menos para mí ver los productos y, también, ya con el riguroso mediatizador que comporta el uso de la palabra “precio”, que los demás puedan disfrutarlos en sus manos.
No quisiera extenderme más. Tan solo nombrar la página donde a partir de ya podéis acercaros a ver mis fotos en otros soportes y, si os apetece, adquirir alguno de ellos.
No diseño los productos, pero sí trabajo porque mis fotografías se ajusten lo más perfectamente posible, no solo por tamaño necesitado, sino también por conservar el espíritu de cada imagen dependiendo del objeto en cuestión. Las raíces de este gran anhelo mío escarban en el interés que siempre me persigue, o yo a él, no sé a ciencia cierta, el de intentar bajar a la obra de arte del muro, de las paredes, queramos o no, pedestales, e inmiscuir su belleza en nuestra vida cotidiana, renovar el soporte del Arte de la imagen. Ahora que la tecnología con sus supersónicos avances me ensordece, a mi sima profunda y silenciosa se aviene y, así, desde su virtualidad me regala lo tangible, desde donde nace en realidad toda mi actividad poética o creativa.

Nota a pie de página: “Prosaicidades”
- Podéis encontrar casi de todo, desde camisetas hasta vestidos, pañuelos, cortinas de ducha, fundas para móviles, desde calcetines hasta bolsas deportivas, pasando por la tradicional lámina fotográfica enmarcada o sin enmarcar. ¡Hasta fundas de edredones! No he activado todos los productos en algunas fotos, pero la mayoría sí están listos.
- A mí me pagan el 20% del precio del producto.
- Todas mis fotografías irán con mi firma habitual.
- Tengo unas cuantas subidas sobre las que estoy trabajando, y muchas más que seguiré subiendo. Pero, y es otro valor añadido de este sistema, podéis proponerme cualquiera de mi larga lista de fotografías. Os sugiero mi galería en Flickr para poder verlas más fácilmente.
- Creé un blog para mi proyecto cuando se hallaba pañales que ahora abro. Lo dedicaré también a mostrar estos productos. Este es: VESSTIART

Aquí os dejo algunas muestras.







sábado, 15 de agosto de 2020

Tres pasos para montar la resistencia



Surrender

La única revolución pendiente
es la del individuo sobre sí.
Y la única con final feliz
para el mundo.

Me comuniqué y atravesé
las medias noches del olvido de sí
o bien de mí permaneciendo
derrengada junto a las sobras del mundo.
Me recorrí aventando los solares
que quedaron quietos
como atemperadas sombras
solazando las desiertos.
Yo me participé y transgredí
la filamentosa náusea adherida
a las entretejidas togas de la memoria.

Mas eres tú y son mis ojos
y yo te diré y será
lo que tú digas.

ESO y un no siendo
fue ser poeta.
ESTO es ser
revolucionario.

(De "La dosis y la desmedida")

dicta-dura nuestra boca blanda

los hombres tienen sed
y no doy abasto (el río)

Los todos mordemos
con firmes dentaduras:
                                        aprehender
duras aguas al beber el llanto
de todo cristal gozoso
verde o negro
estallado por el viento inasible
de la iniquidad, la vesania
y la hambrienta injusticia.
Sus cristales se nos clavan
en la lengua antes de            pronunciar
una reseca ignorancia más.

Aprendemos a masticar
con las llagas,
nadie nos emboca bajo
el puente de la libertad:
Sed de maestros, sed
de vosotros mismos.
                                        Perteneceos.

(De "Suroeste")

Manifiesto

la torre se enfunda
con placas de grafito
o de pizarra.
Los caballos de la marisma
tronan en la espesura del bosque
de eucaliptos.
Entre tú y yo triangulamos
la distancia de las estrellas
aunque el Rin haga cabriolas
de este a oeste.
¿Quiénes somos sobre este paisaje
tan verde? El peso de la historia
nos aplasta. Tu vida es la mía,
tú, de dios, mi dios, tú.
de nosotros, él.

sólo posees un manifiesto:
tú mismo. Defiéndelo.

(De "Los cabezos amarillos")





lunes, 10 de agosto de 2020

"Suroeste" y "Los cabezos amarillos" toman ya aires buenos



El otro río tan grande
(a JC Sánchez Sottosanto)


En esta intravenosa suspicacia
de tus caricias y mi risa, en esta
aquilatada salinidad que bifurca
mis ingles hasta romper aguas
en la dulzura del estuario abierto
en la medida que nadas
tan grande
como los dedos de las olas
como blondas translúcidas
de un vergel que avanza,
pampa
océano
campo
de mañana cálida
como una prímula
sentada al borde
de tu boca abierta y plata,
mi mar mío y sede tuya y yo
blanda, desleída,
i-letrada,
a-mórfica,
eu-tópica
o miserable
u-fana-(l),
de sólo agua bañándome
en cada tú
tan grande
luz.

(De"Suroeste")


martes, 28 de julio de 2020

Sobre mi primer amor y su reencuentro



Parménides fue mi primer amor que eres tú

es que necesito rei-
vindicarte.
si estás ahí
fue
porque tú y yo
así lo quisimos,
nos convino en un modo
esta especie
a nuestro modo
de hijos futuros de caínes y abeles
en sus encuentros de hienas
que solas miraban,
qué solas miraban
las leonas que se acercaban,
los leones que descansaban,
ellas llevan las mismas tetas de mi sexo
ellas llevan los mismos te(s)tos de tu sexo.
Yo no amo a las hienas
injustamente,
en nada injusto te amo, hombre
recio, simbiosis
de La Costra en mis sienes.
Mas sí te necesito
en mi pecho unido
a mi cerebro.

Ella es la enemiga que creamos.
Y ella me ha robado
lo que más quiero
lo que más deseo,
lo que necesito,
a mi compañero en la vida
de esta física tesitura.

Qué te habrá robado a ti
Ella.

No importa seamos
más o menos, Dios
diría si existe más allá
de los claveles y las fuentes.
Pero este lugar de presente,
siempre el sitio,
anhela su justicia de tiempo,
como ya te dije algún día,
nuestra compañero.
Y en él, si tú no hablas,
no hay luz que brille,
eje que la decline
o sombra que la represente,
fuera lo que dijera Platón
y todos los que tras él
malinterpretaron.

es que yo me quedé allá,
junto a los presocráticos,
a la intemperie
en nuestro
al final
primer
encuentro.

(De "Los cabezos amarillos")

Se puede adquirir AQUÍ


lunes, 20 de julio de 2020

Tortura



Un poco, o un mucho, como un marino erizo del revés, así me siento con mis líos poéticos, entre los que incluyo la fotografía, y este exponerse y este no saber ya qué hacer con tanto hecho ya para nada, ya para nada y si seguir escribiendo ya para qué, ya para qué. ¡Y lo malo es que ya hace ocho meses que de pronto aborrecí el vino y es que sigue sin apetecerme nada! Y en estos páramos achicharrados no hay forma de encontrar agua salada que cure mis heridas, ni espuma, ni brisas marinas. Pero sí claveles y mi casa, y los tomates del huerto, y mi intimidad de ratos de lectura y de costura, y el cariño desmesurado de los perritos, y las trastadas de las gallinas cuando se escapan, y la alegría al ver llegar a mi hijo con su coche ya suyo, ya no dependiente de horarios fantasmales de autobuses ni de sus sentimientos de culpabilidad porque el padre lo trasladara, ya solo él y sus querencias y apetencias, con su libertad en sus manos, ya suyo. Y suya, de la poesía, es la condena que me martiriza un día sí y otro también. ¿Cómo leches conseguiría desprenderme de esta tortura?, ¿cómo lograría volverme del derecho? Cómo, ¿cómo?, ¡¿cómo?!


Los erizos del revés

en este mundo oscuro
hasta los invitados
pasan hambre.
(Just the wind
like the wine.)


solo el viento como el vino
que enarca las cejas de la vida,
solo el sendero de agua y conchas
que cansino se desliza
entre la raíces quietas
de los matojos abrazados
y los cañaverales abiertos
al sereno de la noche.
sólo el suplente
martiriza los erizos
volviéndolos del revés
sobre sí mismos,
sólo la roca los acoge
en sus cárcavas navajas
consolando sus desconsuelos
al viento como  el vino
abriéndolos, al agua
salada. Ella sana
los sinsabores fríos
de cada púa clavada
en el interior de sus mejillas,
de sus gargantas, de sus todo
estómago solo
de carne amarilla
y viva y fe-
haciente.

No tan ausente



"La presencia por la ausencia" es un libro ya descatalogado. Fue el primer poemario que me publicaron, 2010, (a cambio de mi trabajo durante todo un verano en la misma editorial) y el cuarto que escribí (2005-2007). Hoy lo he reabierto, porque tras tantos años, siendo yo misma consciente de sus fallos casi desde el mismo instante en que lo tuve en mis manos (exceso de puntuación, exceso de adjetivos, un como siempre excesivo en mí), me daba un poco de vergüenza "propia". Pero ahí está mi voz, la voz poética. Y una voz muy potente, sí, muy potente, no me duelen prendas al reconocerlo, aunque escueza a muchísimos. Todos sus errores, muy fácilmente subsanables, no deberían haber provocado el infierno de voces contrarias que levantó en su momento y que tuve que vivir tras mi irrupción en el panorama poético "internaútico". Ahora me he propuesto revisarlo y corregirlo, adaptarlo al conocimiento que la experiencia poética me ha regalado. Así comienza:



Canción

Alguien me tocó el alma el otro día, alguien,
con la tierna almohada de su voz ensoñadora.
Alguien suscribió mis versos,
reinventó la luz sobre la tierra, que ya caminaba ominosa,
anduvo abriendo puertas mientras, oculta yo,
mis manos temblaban.

Antes, cuando abría mis párpados a la luz cegadora,
los amaneceres cabalgaban por la orilla de este verbo que no
es verbo
sino margen acotado carnalmente.

Se cerró el mar.
No me acompañó entonces el Poeta.
Ni el mirlo sostuvo con su canto mis roncas lágrimas.
Ni siquiera la primavera, que anhelé tiempo después,
llegó a bañar los atardeceres con el perfume de la niebla.


Antes, mucho antes, dormía en la tierra recordando
el verde trampantojo de la encina,
y yo, yo, bailaba al son de los tambores de las fiestas
humanas.
Cuando me quedé muda,
no me cobijó el Poeta.
Ni la lumbre, ni la hojarasca fértil.
Bajé al infierno de todas las vidas.
Hablé para llorar.
Rodé para existir temblando
acunada por el frío en la cruz de todos los huertos.



Antes, tiempo eterno antes,

saltaba sobre las piedras con mis zapatos de rosas
generando vida, esperanza y muerte... ¡feliz!
Una y sola entre las de mi especie
albergaba en mi cóncava realidad todas las esperanzas,
todo el alimento de la tierra.
Ahora, más allá de las sombras,
permanece siempre abierto el horizonte
que nos avanza el sol en su homenaje tardío
a la belleza de Lo Sin Nombre.

Camina, rueda mía, camina,
llévame por tus senderos de perdón y olvido,
que el polvo que levantes sea mi clámide en la espera.
Muéstrame en tu devenir el movimiento sobre el mar, las
almas, la luz.
Adelántate y alienta.
Camina por mí para que, cuando renazca,
las encinas continúen dibujando caracolas
en el aire con sus candilejas de abril.



("La presencia por la ausencia". Bohodón ediciones, 2010.)

lunes, 13 de julio de 2020

Sobre estatuas. Y sobre corrales. Y sobre bajamares.




La estatua de mármol

Querer desentrañarte
o desentrañarme,
dejar que el dolor aflore
como los manantiales
desde el pecho de los cabezos amarillos.
Las cañas habrán de ser verdes
dedos que enraícen
en cada uno de mis huesos.
Así, en vez de mamas, ves
florecer aulagas y quejigos,
arbustos costeros cubiertos
de flores blancas y grises.
Sus hojas decimonónicas
tan aromáticas endulzan
el aire tibio que emana
el sentimiento de haberme
descubierto viva aun
enterrada bajo tantos estratos
de arenas fósiles.
la lluvia verdea las lindes
—es invierno en este sur—
de la casa que cada año
estrenamos: a nuestros pies
la estampa de la playa
y la escritura sobre ella
con el cálamo de la caña
más dura, ya reseca
y quebradiza.

Qué me pedirá a cambio la naturaleza
ahora que olvido el granito
y las arcillas calizas de las encinas
sino mi misma vida
que despierta con el dolor
conquistando cada espacio
intercostal
marmóreo,
las caderas
y mi pecho
horadado.

fundir en la misma empresa
la baja-amar y el desentierro
de la estatua con sus brazos
blancos.

(Poema incluido en este libro. Puedes adquirirlo AQUÍ o en cualquier librería)



jueves, 21 de mayo de 2020

Desbroces



El ocaso de los dioses

Separado en semántica sección
de tu abrupto y cavernícola segmento,
huyes de las palabras
de tu misma osamenta,
y así, cuando desbrozas, queda
al desnudo tu abuso sobre escleróticas
sanciones, los argumentos solapados
con grapas de cobre, tu venérea boca
no articula el son con lo que te corroe,
te desarma.
Pobre hombre muerto de sí.

El mundo se deshace y tú das
oídos a la música.
Se te han adherido a la piel todas
las mieles posibles a ellas
las moscas y las pupilas azules
te señalan con bajeza de contrabajo
desafinado por el tiempo que hacía
que tus dedos no acariciaban
los tendones del hueco,
la caja de resonancia sirvió de nido
a los ratones y ahora las pavesas
de las bolsas de plástico
se esparcen cayendo
de tu estómago
a tus manos,
a tus manos que miran
a tus manos que te hunden.
Y nieva tras tu ventana en pleno mayo.

Qué pena de música fatua.
Nunca sabrá que ya no concluye
ni el día atardece
la caída de tus párpados,
tanto echármela a la espalda
está arrasando con la belleza
de las puestas de sol,
allí, a media tarde,
cuando la montaña las impedía,
donde yo era infeliz
como tú, pobre hombre muerto
de hambre de gloria de amor
que no te devuelven.

( De "La dosis y la desmedida")

martes, 12 de mayo de 2020

Sanitaria




La enfermera

Antes

Qué hacer ante todo y ante
algo que huye a estampida
de cada verso o poema que crea
el mundo con las manos
ignorantes de la muerte.
Soñar y transcurrir
levemente obscenos
algunos parajes.
No hay luces.
La ciudad permanece dormida
en mi estómago.
Yo velo tú
casi mueres.

Tras

Detrás de todo signo se esconden
las apariencias, en simulacro se suceden
a una junta de dos dedos,
un restaño,
una calle desperezándose
y yo durmiendo ante las ubres.
Los fiscales de la memoria
trabajan incansables mientras
a golpes de mazo
los jueces destinan
uno a uno condena,
no se sabe
si a luces de dios o a dos velas
del tiempo que perdieron.
Ellos.
Ellos y el
mientras tú
no respiras.

Siempre

Vivir comporta el riesgo
más seguro.

martes, 21 de abril de 2020

De hortalezas y fortalezas





Ager (A un huerto en el campo)


De un huerto flanqueado por encinas
en tierra de arcilla y piedras
adviene la salud amistosa
de los frutos de la madre. Tierra
con contenido laborado
en dobladas falanges de matas
de tomates y pimientos,
calabazas, berenjenas,
pequeñas y grandes yerbas
sabrosas de sudor y enjambres
de duermevelas mientras
el calor las abrace tiernamente
como el saludo de bienvenida
a su pecho, a su piel erizada
de terruños aterciopelados
tras la carda por tus manos.
Abastecer sin prisa ni pausa
cada raíz que se teje
por los bajíos del cielo,
más allá, mucho más allá
del aire y sus ubres acuosas,
lentamente sugerirles el bien
del esfuerzo, no la costumbre
de darlo todo por maduro
ni regalado, que sepan buscar
su alimento y en su pesquisa
se fortalezcan sanas y firmes,
que de ellas depende el crecimiento
y el porte de este sotobosque humano,
la sombra de su verde y el color
de sus frutos: vivas plantas
os quiero, amas vuestras,
dueñas de vuestra vida,
señoras de nuestro futuro
verano, aprended a cultivaros
sin más ruido que el de vuestras raíces
horadando el tierno lecho
ya mullido y en silencio
que yo misma aúllo
intentando ahuyentar tanto estruendo
que menoscaba la música
del aire necesitado. Disponed
de la mudez saludable
del sonido del agua lejana
que a vuestros pies se sucede
y correteadla, tras ella
ávido crecerá el tejido raigal
que os mantendrá enhiestas
y fuertes, listas para florecer
y alimentar a insectos primero,
a humanos después de todo
que al fin y al cabo procuraron
vuestro hogar de estío sin segundas
residencias ni consiguientes
abandonos. Morad vuestro sitio
libres de hipotecas como plantas,
seres conscientes de que sin tierra
ni nacéis ni crecéis. ¡Ah, humildes
seres reflexivos del lugar
por el que lucháis con las armas
más tiernas y ocultas!,
qué sabiduría os reclama
que escribáis sobre vuestra vida
que consigue lecciones de moral
para aquéllos que desde arriba
os culturan…

Y qué difícil vivir
siendo humano
viendo humano
no saber plantarse
ni florecer ni fructificar,
viendo humano con raíces
de aire polucionando
el silencio sabio
de vuestro porte crecido
en vuestra casa sin puertas
ni cajones cerrados, lleno
de vosotras vuestro lecho
de noches y días, tumulto
de consciencia plena
aun sin sesera que os bendiga,
dicen.

miércoles, 8 de abril de 2020

Sobre reconstrucciones



Reconstrucción

Avanza la nube plena de agua
desmembrando el contenido
del rizoma seco que ya abandono.
Duerme plácido el campo
despertando a los caracoles
antes enquistados bajo la piedra
o sobre la reja de la ventana.
Caminan sedentes como naves
sin agua, porque agua liberan
para su nauta agreste y terrena.
Camino despacio sorteando
crujientes pompas jaspeadas
que no saben de mis pasos.
Evitar mi peso sobre la tierra,
saltar de brizna en brizna
como la mosca que apenas
vive aún. La responsabilidad
de mantener el equilibrio
entre mi cuerpo y sus mínimas
casas y la giganta que me permite
dormir sobre su piel de tierra
rosa y verde. Ahora que los amarillos
asoman como vertientes vivas
de perfume destilado sin almizcle
que lo conserve, suelto la mirada
blanca, me balanceo abrupta
sobre las piedras que la lluvia
barniza confundiendo las sendas
de agua de pequeños trotamundos
ávidos de hambre verde. La pizarra
de la noche dibuja la escena
de mi pueril culpa: cuando piso
un caracol, destruyo hogar y ser
habitante de un pequeño mundo.
El mío, tan gigante como yo
para el rizo de cal viviente
que bajo mis pasos cruje
ya muerto, aplastado y deshecho
por la ceguera de mis pies
recién levantados. Con la luz
de la mañana, seré forense
de mi propio escenario del crimen.
Cómo vivir en paz consciente
de mi torpeza y mis ciegos pasos,
cómo ser capaz de mantener
el equilibrio entre mi tamaño,
mi sed de lluvia y mis deseos
cumplidos por el cielo,
cómo triunfar permaneciendo
libre de culpa si de cuerpo
vivo y camino,
cómo ser como todos ellos
inconsciente y sin miedo
a gigantes ciegos, destilar agua
de mis pasos secos y enternecer
mi peso, aligerarme como la brisa
que la lluvia trae ablandando
el aire huraño, minimizarme,
desleírme sin desaparecer
de este mundo nuestro y suyo,
por no truncar sus vidas,
por tornarme agua senda
que a las yerbas que los alimenta
alimente. Cómo ser ser vivo
de mi especie sin maltratar
el paraíso reconstruido.

sábado, 4 de abril de 2020

Suroestando




Qué sino Abril

qué paz se venga sino
la de soldados muertos,
qué derrota navega
bajo mis sienes delante
de tu ancestral boca
de tiempo ingenuo, qué
soledad magnífica revienta
en tu sueño de solsticio sino
la primavera.

Lo vamos a dejar,
tú, estómago, y yo.
cualquier palabra
es cadaverina de su silencio
por muy vacía que vuele
su sin palabra cualquiera
es más poesía.

sabes cuándo no necesito creer,
¿verdad?,
cuando me hace oportunidad
me sobra cualquier
libro cualquier poema
cualquiera lectura me embarga
el arreglo del nido me aligera
costumbres me calientan
el sueño resulta
tan reconfortante
fregar un suelo aquí
no hay género sino
de novela, poesía, teatro
sino puro
número de candilejas
en las encinas. Sus flores
vertebraré hasta que pueda.
Me parece
tan-razonable,
tan-verdadero,
tan-profun-damente
serio como la máxima
y refleja actividad humana
de respirar.

hoy no soy poeta yo
gracias a la Poesía.

Ediciones en Huida. Sevilla, 2015

martes, 31 de marzo de 2020

Alentar



El aliento

Pienso que no hay otro mundo allí arriba
Más lejano que aquel que contemplan estos ojos,
Donde la Sabiduría nunca se burló del Amor,
Donde la Virtud nunca se sometió a la Infamia.
(Emily Brontë)

El mundo que creamos
ajeno a la naturaleza
nos derrota cada día.
Solo ella nos contempla
como madre imparcial
atenta y justa. Si dolientes,
su indulgencia nos endulzará
el amargor de la mentira.
Si dichosos, bendice
cada nube gris con sus lágrimas,
la tierra se torna tierna,
la luz palidece levando
las anclas del velo
que nos oculta lo verdadero.

—¿Cuándo dejaremos de actuar
como dioses? Seamos
sacerdotes de la humildad,
nuestro natural límite—.

Cuando los hombres construyen
tercos los habitáculos siniestros
de la infamia y la injusticia,
cuando avarientos se desdicen
hasta de la bendición
de haber nacido y reniegan
del dolor de su madre
cuando los trajo al mundo,
entonces la tez cetrina
cubre con su manto de cenizas
la belleza del paisaje luminoso,
nuestros ojos cesan,
nuestras manos se desmenuzan,
nuestras bocas se quedan
mudas del espanto,
gobierna el mundo un imperio
de desdicha. Solo queda el amarillo
pálido de los corazones secos
tan pequeños y arrugados
como aceitunas inmaduras
que ni los pájaros picotean
y caen sobre el desquiciante suelo.

Pero hasta en la infinita tristeza
del paisaje desolado, la esperanza luce:
Los olivos de la paz
no han hecho más que comenzar
otra posibilidad de existencia:
La ceniza torna el suelo
más ligero y fecundo.

No desesperes, amado mío,
los dos hemos visto rebrotar
el verde en los terrenos
arrasados por el fuego.

La noche en llamas se sucede,
invariable el hueco azul
apasionado de la mañana
abre su boca desperezando
el aliento.

martes, 24 de marzo de 2020

Otra pandemia




Pandemia (de todos)

Aun sin casi cuerpo revives
todos los años, majestuosas
extensiones de un síndrome
tan natural como cualquier virus
que contagia, que hunde en la tierra
sus lentísimos brazos de onagra
habitante de este mundo
tan pleno como hueco
tu tronco y tu ronco estallido
en zarcillos de flores y hojas verdes
que revientan el cielo
con tu pausada descarga
de polen y polvo viejo
del frío invierno antaño
salud de tu casa, tu fuste
tan cueva, tu carne recia
tan pasto de gusanos
que socavan tus paredes
trepanando tu leño
tan inhumano que no sucumbe
sino que se levanta agradecido
al revivir ya oreado
por los mismos orificios
que te casi mataron.
He aquí el misterio, el misterio,
lo ignoto, lo no revelado,
como el hueco que me fallece
al preguntarme por culpa
si no te abandono y si te olvido
el mensaje me tumba a tus pies
entonando esta melopea
de cántaro de barro llena
de contenido pero hueca
de vacío pues el tiempo
llegará como yo llegaré
a mí misma y a mi edad
de canto prolongado
tan sin apenas cuerpo
pero con flores y gusanos
de vida que embutirán
toda la tierra y las luces
en mis ramas ya verdeadas
del plácido estío y la geoda
sin nubes de distancia
entre el azufre de la tierra
y el azafrán del otoño del día,
tu futuro jaspeado de dudas
como las que me devoran o adornan
festoneando mi fuste
de líquenes secos mas vivos
de materia muerta que renace
como tú o como yo
que ya no sé si soy encina
o piedra o tierra o lluvia,
de hoja en hoja me persigo
tramitando cada paso
que escalo sobre tu corona
de frágiles brozas y tupidas flores
de cuento chino y sus verdades
de no ser más que tu espejo
de luces verdes donde griseas
tu tronco atravesándome
cada meninge hasta que exclama
la tierra taladrándome me abre
en brazos de sueño esplendente
originando el campo
de incertidumbre irradiada
por la luz y el calor
de todos los seres que rehaces
con el soplo de tu reviviscente
pandemia, o primavera.

miércoles, 18 de marzo de 2020

Lírico paisaje



Paisaje con lirio

Este privilegio que arropo
en mi regazo, ni canta por sí mismo
ni me llega regalado, este privilegio
nació fruto de mi albedrío
y el del suelo que me premió
con carencias la osadía
de hacer mía la voluntad
del hierro y de las piedras
como las que sorteo
al florecer en estos parajes
solitarios de un hogar construido
con alas de mundo interno
y voces de terrenas melodías.
Ahora que me libro,
cierro las jaulas de los vientos:
poder aislarme de ellos
cuando quiero,
suprimir el encierro que la dura
y seca costra a otras flores impone,
caminar con mis hijos poblando
casi medio mundo sin atisbar
ser humano ni ser por ninguno percibido,
abrirme por la tarde pues lirio soy,
lirio longevo en suelo inerte
al que quiebro y revivo
floreciéndome, como lirio extraigo
de mi áspero y gris regazo el color
de los bienes y el aroma de las paces,
como lirio contraigo mis pétalos
cuando el sol me sobreexpone
y a su luz caída yo me levanto,
y multiplico mi especie en estos tiempos
de yermos pasajes, de extrañas veces
para los extraños -siempre esos extraños
ante mi delicada rutina-
que pisan suelos condenados
a no florecer nunca.

Y sin culpa continúo sosteniendo
y arropando con mis moradas
sedas este privilegio de ser
entre tanto páramo incendiario
la única flor que no atiende
a bonanzas o males temporales:
incólume lirio bajo la encina
que sueña su paso lento
sobre el rosa suelo de la edad
y la voluntad nombrada
entre cardos y piedras elegida
ser flor de muchos días.
 
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