Mostrando entradas con la etiqueta Mi poética. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mi poética. Mostrar todas las entradas

miércoles, 2 de julio de 2014

Poema de amor II


Poema de amor II

No necesito leer para saber qué
te duele, tu grito
es mi consuelo no
por igual sino
por común ambos
y su-fijo de mí
y yo su-fijo de ti
como la suerte
que al fin y al cabo
, como la cola y la cabeza
de la serpiente se unen, nos
hila, nos funde sin
confusión de uno
sino tan sólo
explicación de dos.

Como los árboles juntos
de tan bosque vergel
verde y suelo de fondo
y el lucernario de las amplias.
porque la luz
es ordenada de cualquier
co-ordenado, el tiempo,
la abcisa,
nuestro compañero.


viernes, 13 de junio de 2014

Las neuras

Toda perseverancia conlleva el riesgo del anquilosamiento, cuando no de la contumacia. El conocimiento, por un lado, y la disponibilidad de farragosas tecnologías que logramos llegar a dominar, por otro, pueden convertirse en losas que sepultan ese brote casi mistérico que es el resultado de la inspiración artística. A veces hay que dar el paso para atrás, volver a lo más limitado para poder seguir adelante. La mayoría de las veces aparece la oportunidad como por ensalmo, cuando en realidad sucede que la propia mente creadora ha seguido explorando hasta que logra hallar el resorte que la rejuvenece, que  logra despojarla de las capas de barro endurecido. Vuelve a su ser. Elástica y flexible, fresca, ella misma.
Algo así le ha pasado a mi mirada fotográfica con el uso (casi obligado) del móvil como cámara y la fortuna de que mi hijo me recomendara un simple programa de edición para los disparos hechos con el teléfono. Así podía terminar el proceso. Y hoy descubro, contenta, que en la limitación del dispositivo, comparada con la casi nula de la cámara y de mi propio ordenador, mi mirada se ha refrescado y vuelve a ser ella misma, casi catorce años después.
También hoy estoy ya segura de que aquellos óleos q pintaba sobre fotografías analógicas cuando aún no existían las cámaras digitales, no constitutían más que postprocesados, ediciones o revelados de los disparos. En un sinquerer, siempre he necesitado revelar.
O quizás todo sean neuras de una.
Título de las fotos (con móvil): Rabbit's road, Palma y Mediodía.

jueves, 8 de mayo de 2014

A mi servicio

El necronomicón. Me dicen que en vez de hacer fotos de rosas parece que estoy ilustrando el Necronomicón. Y es verdad. Si algo me fastidia de la fotografía es que consigue transparentarme entera. No la domino. Me domina ella. Ella hace lo que quiere, se hace sola, sin mi voluntad pero con toda mi presencia. Sucede como si el espejo perdiera su capa de alumbre y en vez de reflejar, transparentara lo que hay detrás, o dentro.
No sé si este tipo de fotografías que me salen hora llegan a causa del ojo casi cerrado que tengo en estas semanas, por mi estado interior o por todo a la vez. Pero la máquina, la cámara se convierte en un artilugio con garfios que logra arrancarme las entrañas. No sé cómo lo hace. Cualquier marca que haya usado, siempre me sucede. Vislumbro que aunque me pusiera una caja de zapatos delante del ojo (bueno), lograría, la Fotografía, hacerse igual.
Fotorrosas, negro rosas, rosas de luto, metarrosas, rosas ultrajadas.

Siempre he hecho lo que me ha dado la gana con ellas, es verdad también. Las uso. Las utilizo. Me siento en la libertad. Para eso las crío con mis manos y mi esfuerzo. Son la tramazón de mi escatología, de lo último de mí. Me sirven. 

martes, 18 de marzo de 2014

Sobre la inefabilidad (El lugar infrecuentado)

Sobre la inefabilidad (El lugar infrecuentado)

Cuando aludimos a lo inefable o a la insondabilidad intentando referirnos a lo que comúnmente podemos entender como ser humano, no evidenciamos pruebas de que efectivamente las característica que nos aparte o destaque del resto de las especies de los seres vivos, calificando una parte de nuestro ser, aquél que al parecer, o al menos históricamente, hemos concluido por llamar espíritu o alma, sea especialmente profunda, o efectivamente insondable, inexplicable o totalmente imposible de entender o analizar en su totalidad, sino que nos referimos, la mayoría de las veces sin percatarnos de ello, a nuestra propia limitación en el hecho o intento de conocernos al completo. Lo único que sucede es que somos conscientes de ello, de esa propia limitación para el hecho de aprehendernos, nuestra “inhabilitación” para con ello. La prueba de esa consciencia es que hemos logrado llegar a verbalizarlo, aunque, singular, y paradójicamente, cada vez que se usen determinados adjetivos para calificar al espíritu humano, se interprete hasta por el propio hablador como el que el ser humano es, como así quisiéramos, como si así lo deseáramos fervientemente, insondable, indeterminable, incalificable en su totalidad.

Tal vez lo sea para nosotros mismos, por esa misma limitación empíricamente demostrada, pero no hay nada que nos pueda demostrar que podemos ser estudiados como especie por un “segundo”, observador, estudioso nuestro, sea o no su existencia posible. El desdoblamiento poético es el único modo asimilable.

Tal vez en las misma autoconciencia del Hombre como especie se halla la misma limitación que, a la vez que nos empuja hacia ese, al parecer infinito, afán cognitivo por nuestras propias características (y por nuestro entorno), nos determina como impedidos para nuestro propio estudio.

Sólo nos queda amar.
Sólo nos queda poder saber amar.
Sólo nos queda lograr la alienación de nosotros mismos.

Pero, ¿quién desearía, o podría, dejar de ser ser humano?

Aquí es donde interviene la poética, aquí es donde halla su lugar como culmen ejercitante del ser de hombre total. Como superación de la contradicción inherente a la propia autoconciencia humana.
Si somos incapaces de sondabilizarnos a nosotros mismos, puesto que no somos más que lo mismo que deseamos sondabilizar, según argumento anterior, sólo un ejercicio que acerque, que inmiscuya la inefabilidad del ser humano, un espacio hallado y donde ser encontrados, puede encontrar sitio en ese proceso, de por sí, imposible.

(Tras releer estos párrafos escritos el 9 de Diciembre de 2009 pienso hoy, 14 de Marzo de 2014 en el famoso para mí "lugar infrecuentado" de Empédocles).

miércoles, 8 de mayo de 2013

Orbe II y palabras de Javier Sánchez Menéndez

(Intento embellecer el mundo con el escaso poder del que dispongo porque si no, hace mucho tiempo que tendría que haberme ido de él. Hoy nombra JSM en su texto las siguientes palabras: Sinceridad, compromiso, virtud, verdad, ética y estética. Literalmente. Son exactamente las que nunca están, las que siempre echo de menos me mueva por donde me mueva. Es ese echarlas de menos, me acerque a lo que me acerque, lo que llena mi mirada de tristeza, ahora y desde que tengo uso de razón.)

Orbe II

Carta reblandecida
sin palabras
de vuelta
a estas manos de delantal.
Aquí,
en este tejido de fuerza y escape,
en estos azules cuadros entreverados
con rosadas vetas de carne
está todo lo que nos interesa,
ahí,
en ese bolsillo cabe,
en nuestro pequeño hueco
puro, virgen y casto
bolsillo lleno de nada.

Sofía Serra (De El muriente)

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Mi mirada

Hay días en los que el hecho de no disponer de cámara me sobrepasa, como hoy. Hormonas, hormonas, siempre hablamos de hormonas, y quizás habría que hablar de hormas. No recuerdo un solo día en mi vida sin cámara, aunque no la usara. Pero los últimos 11 años, además de disponer de ella, su uso ha sido continuo, cotidiano, diario. Podría pensarse que es natural, que me he acostumbrado a mirar el mundo a través de su visor, pero estos últimos días en los que ese peso llega a oprimirme el pecho de verdad, realmente me lo oprime, me he dado cuenta de que no es así, de que como siempre he defendido a lo que me he acostumbrado es a lograr mirarme por dentro con una facilidad pasmosa, a indagarme sin apenas darme cuenta, a escudriñarme y así quizás he logrado disponer de esa mejor parte que cada uno llevamos dentro, la que nos da la fuerza, lo que me ha permitido tal vez disponer de una salud mental casi envidiable por muchos avatares difíciles que las circunstancias de la vida me haya hecho pasar. El caso es que jamás me he sentido como este tiempo en el que ella me falta, por días depresiva hasta terminar llorando sin saber por qué. Apática, sin fuerzas, sin ganas de nada. Lo que nunca he sido.
Algunos me dicen que vivo un duelo por su pérdida, qué tontería, vivir un duelo por la pérdida de una máquina… No, no es la máquina, el duelo lo vivo por no poder dar con….mi….paraíso…imperdible. O costarme la misma vida algunos días.
Yo misma me sorprendo llorando, sabiendo además que probablemente, aunque la tuviera en mis manos no fotografiaría todos los días. Siempre preví esta posibilidad, por eso no me importaba disparar y disparar y no preparar todo lo que recogía. “Para cuando se me estropeé” me decía. Y así es. pero no es lo mismo, no es lo mismo. El acto fotográfico es un suceso completo desde el disparo. Necesito el disparo casi como el comer.
Sí, es cierto, podría usar el móvil de mi hijo…pero no es lo mismo, para nada es lo mismo. Mirar a través del visor era mirarme a mí. Podría usar la pequeñita y compacta que mi hermana me ha prestado... pero no es lo mismo, el visor y la falta de posibilidad de hacerlo todo manualmente. Me sobra todo lo demás en las cámaras actuales. Pido a gritos que fabriquen una cámara digital a secas, sin softwares de efectos y rollos añadidos que en mi caso en particular no me sirven absolutamente para nada. Ni los huelo. Saldrían mucho más baratas. Poder mirar, disparar y verla aquí. La necesito como el comer, como el comer. Mido a ojo, mío, con la ayuda del dial del fotómetro, miro yo, por eso necesito buenas lentes y el hecho del sistema réflex, mido yo, mi ojo se extiende, recogerlo y luego, poder trabajarla aquí, en este mi laboratorio de revelado hasta que ella me devuelve esa mirada que lancé. Y la veo, la veo. Ahora tengo esto pero no dispongo de lo fundamental. Mi mirada. Mi mirada diaria.
No puedo verla.

viernes, 5 de octubre de 2012

Mapa de mi poética

Soy una gran amante de la cartografía, de los mapas, creo que en breve me decidiré a insertar algunos que he ido coleccionando. Mientras comienzo con este, un boceto.

Mapa de mi poética

En el devenir poético de mi escritura se contemplan claramente dos registros, aunque puedan estar mediatizados por escalones o matices en la línea que los une. Uno se define por su claridad, una poética clara y muy llana, relatadora, los menos, otro por unos modos sumamente elípticos, los más. Ya hace tiempo que me di cuenta, estudié y analicé el “fenómeno”. Los menos elípticos siempre relatan o poetizan sobre situaciones directamente observadas, vividas o actuales. Los más elípticos son los que nacen de esos que yo llamo recuerdos verticales, una especie de profundización en mi propia forma de sentir las cosas y pensar, los unos relatan experiencias no importa si actuales o pasadas, los otros intentan reflejar el pensamiento, la moral-eja, la conclusión, el llegar.

Uso uno y otro según el poema me pide, sí emana solo el modo. No hay nada previsto; pero todos encajan en un poemario unitario con un mensaje exacto. Son tan sólo diferentes formas de acercarme a lo mismo y diferentes modos de intentar que los posibles lectores puedan acercarse a lo mismo.

En mi fotografía sucede igual, en las distintas series se pueden contemplar diferentes formas formales dentro de ellas mismas. Ninguna está definida por un tratamiento común. Por ceñirnos a las categorías más comúnmente asimilables, ni siquiera siguen el patrón del blanco y negro o el color.

Cuando se excava un pozo artesiano (ver la fotografía que aparece al la derecha de este blog, “Retrato de poeta” y la siguiente “Teoría del Arte”) suele darse con diferentes capas de estratos. Unas estarán formadas por capas duras, de rocas como el granito los cuarzos, menos frágiles, más o menos desbastables, algunas metamórficas, otras sedimentarias, diferentes épocas en la geología de la tierra, diferentes fenómenos naturales que determinan la consistencia y características de cada capa de suelo.

El acto del poema y al completo del poemario, es el mismo o se desarrolla por los mismos cauces. Algunas “zonas” obligarán a usar broca de punta triple, otras brocas de punta blanda, algunas más a duplicar la potencia del compresor y hasta en algunos casos enfriar la punta de diamante que taladra. Todo dependerá de lo que se vaya el pocero, la pocera, encontrando.

Algunos poemarios conservan el tono del principio al fin aunque siempre llevan insertadas ciertas notas de color, distintas al común, discordantes. Los más homogéneos (misma cualidades de diferentes subsuelos encontrados) son los tres primeros por un lado, la presencia por la ausencia, Son-ethos,  Canto para esta era, El deshielo, Nueva Biología (más conceptual), Los parasoles de Afrodita (muy cantor). El resto fotografían, esa es la palabra, el paso por cada uno de los estratos que la taladradora se ha ido encontrando, un registro de los distintos ajustes (cambio de broca, camino de velocidad, cambio de ritmo) según el tipo de subsuelo encontrado. El análisis de la trilogía El hombre cuadrado merecería apartado porque ella misma es un viaje de retorno sobre la propia poética, hago poéticamente lo que hago en cada poemario y cada poema, situarme en la costra dura (el muriente), pero en vez de escarbar o taladrar, analizarla, vivirla (la dosis y la desmedida) e intentar asimilarla, reconciliarme con ella (el hombre cuadrado). Los últimos aún no lo tengo tan corregidos como para poder determinar una conclusión sobre su análisis.

La tubería de revestimiento final de cada pozo artesiano se construye desde el principio y desde el final: una especie de cubierta que deja transparentado cada estrato, una tubería que en vez de PVC sólido y opaco es de cristal transparente= necesidad pedagógica, necesidad de mostrar lo que me he ido encontrando. Que todo el mundo conozca lo que hay bajo esta suelo al ir atravesando la costra dura de la nomenclatura imagino que para que así, cualquiera pueda hacer lo mismo que he hecho yo: una guía por un territorio inexplorado. Una especie de mapa.



 
Creative Commons License
El cuarto claro by Sofía Serra Giráldez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial 3.0 España License.