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martes, 29 de octubre de 2013

Antonio Machado. Cita.

XXXVII

"En efecto, Juan de Mairena hubiera definido la poesía pura como aquella en que dialogan el hombre y su tiempo. Un hombre de todos los tiempos, con el tiempo de un hombre, igual a todos los hombres."

(Apuntes inéditos. Prosa completa de Antonio Machado. 1989.)

Porque el tiempo es nuestro compañero.

domingo, 7 de abril de 2013

Fin de Suroeste. III (Abril, ¿quésinoAbril?)

Fin de Suroeste. III Abril, ¿quésinoAbril?

94 poemas para posicionarme. 94 habiendo suprimido ya algunos completos y muchos versos sueltos, amén de la eliminación de los fragmentos de prosa con reflexiones de toda índole que siempre voy dejando anotadas en el mismo archivo del documento del poemario que cursa. No sé cuantos miles de caracteres, de palabras, y cuántos espacios y tiempos de mi vida para tan sólo posicionarme.
Y toda la vida teniendo que oír que mi problema es la impaciencia, que me precipito ante las cosas, que voy demasiado ligera…
94 poemas.
Precipitarme sí me precipito — río—, pero ante el abismo.
94 poemas.
Quedarán en algunos menos. seis o siete no me convencen lo suficiente. Hago el índice a mano y señalo con interrogantes. próximo paso, segunda revisión.
El archivo ya va por el nombre de “suroestecorrigiendoindice-9”.

Y el blog ya no preveo más subida de poemas de suroeste al menos durante mucho tiempo tengo que comenzar a corregir la exploradora de hecho ya he comenzado me topo topos topos topos y sus montoncitos de tierra y el niño zapateando sobre uno de ellos cuando apenas tenía tres años no sabía que mataba sabía que tenía que hacerlo era inocente hoy consciente se dice ¡qué malo era! no no eras malo eras un niño muy bueno y nada dañino sólo instintivo valientenoteasustastecuandosetesubió al pie el ratoncito como siempre con pseudo poemas sueltos de presituación que no me gustan tienen su sentido pero no adquirieron la debida forma es el calentamiento antes de la carrera el curso nunca sé qué hacer con ellos hasta que de pronto encajan se terminan de hacer ya los atisbo no formarán parte del poemario de ninguno son los puentes de un poemario a otro y aunque constituyan un continuum todos ellos siempre tengo que saltar un abismo tal vez sea yo misma la que lo excave algo me dice que un poemario acaba y otro comienza pero nunca sé en qué consiste ese algo el trabajo seguir corrigiendo Suroeste ya con la seguridad de haberlo VISTO comenzar a corregir la exploradora seguir escribiendo “la clave está en los árboles”…

Sevilla, primavera, rinitis de domingo. Hace frío. No me resulta extraño. Recuerdo una helada en pleno Abril en el campo, hará unos 12 o 13 años. Dejó los plantones de tomates y pimientos recién sembrados para comerlos como fósiles desmenuzados. Aprendimos a esperar un par de semanas más para sembrarlos.
Pronto llegará el calor. Los pequeños rosalitos que tengo en la jardinera comenzarán a echar algún capullito. Amarillas, amarillas. El jazmín arrancará de una puñetera vez. Dará el sol en la ventana hasta la puerta, la luz se mueve, la luz se mueve, la luz se mueve. Y todos con ella, todos a su paso, todos a su tiempo. Es La Inhumana.
La única que sabe romper el tiempo, nuestro compañero.
Canto para esta era porque amo nuestro tiempo. Nunca existió otro mejor.
Lo sé porque soy historiadora.
El hombre siempre avanza.
el hombre cada día es más consciente.
el hombre cada día que pasa sabe amar mejor.
el hombre va aprendiendo a no tener miedo de sus semejantes.

Abril. ¡Qué sino Abril!

La gemela despierta de su letargo

me regalo prisa
porque quiero
dejar terminado
lo que no sé
ES
me urge saber
el comienzo
porque sé
que estoy en él
me sé
libre y nueva.

Estar segura de tu libertad
para poder vivir la mía.

Sofía Serra

jueves, 28 de marzo de 2013

Amanecer en Sevilla

(No sé por qué, siendo de hace tanto tiempo, me han entrado ganas de volver a subirla, la verboluz completa.)




Amanecer en Sevilla

Labrada ya la noche del estío
en este auténtico cántico de aluminio solidario
que seduce a la salvaje y trans-universal gracia
de todo lo flexible, mudable y eternamente temporal,
respira la adormecida de esta vela plegada tras el envite
del viento huracanado en el quicio de la puerta.
Son las manos providenciales del tiempo sobre mi espacio.
Quebrada termina su oración con un amén silencioso, amén
de furtivo ensueño entrevisto en los laureles de la azotea
de esta casa que es casa de todos:
Alma para no tener que nacer
y lograr morir sobre la utopía del canto habitado,
el cisne muerto redivivo,
el ave alada de la conciencia que, al volar,
espanta al espejismo de la lluvia sobre el lago.
No más que agua, agua embalsada y dulce,
agua quieta suspirando a través de sus brumas
por la aurora del canal que la encauce
mudándola en arroyo
hasta lograr ser río
o tal vez mar.

O ya, océano.

En todo caso, agua y más agua,
agua de marea, agua de viene y vamos:
Del agua muerta de los cisnes al agua edénica de los pelícanos.


(Sofía Serra, De Canto para esta era, 2009)

martes, 11 de diciembre de 2012

En HDI

La conciencia es la que precipita el conflicto del hombre con la esencia, pero también lo que únicamente puede reconciliarlo con ella, con ella y con el mundo.
La conciencia es la primera célula espejo que le nace al hombre, la que le hace poder reflejarse, tomar medida de sí mismo. Fue entonces, al poder medirse, cuando se abrió el abismo bajo sus pies. Pudo contemplarse a sí y, por tanto, contemplar a la esencia desde lejos.

El acto nombró el suceso, un suceso para volverse loco. De hecho el ser humano se volvió loco. Su única salida: el miedo. El miedo anidó dentro de él (¿quién-qué no sentiría miedo ante la presencia de un abismo bajo sus pies?). Sin embargo, su mente sabe que tiene que seguir caminando. Es así como ella misma, el mismo hombre, comienza a construir la costra dura de la nomenclatura ante sus pies, cada paso que da, cada pie que echa hacia delante, una porción de camino de cemento y piedras que aparece, y así en perfecta hélice de progresión geométrica por los tiempos de los tiempos.

Los primeros lo tenía más fácil, iban construyendo la primera capa, la esencia les quedaba más cercana, con un simple pensamiento acorde con la naturaleza, la esencia se les transparentaba. Mientras más alejados de “aquel tiempo” más difícil recordarla, el camino está echado, capa sobre capa, seguimos andando sobre él, es el tiempo que es nuestro compañero. Los huecos para poder observarla nos quedan en los pensamientos, las ideas, el grafos de los anteriores a nosotros, los clásicos de cualquier índole. Ahí en ellos se contempla la esencia, se vuelve a contemplar, el hombre puede seguir mirándola, no perderse de ella a la vez que seguir caminando por “su” tiempo presente.

El trabajo de los hombres de ciencia, pensadores, filósofos es el de convertir la costra (que ellos mismos echan) en transparente; es el lenguaje discursivo mediante el cual transmiten lo conocido o reflexionado para derramarlo sobre la costra y hacer al otro hombre recordador de aquella esencia o el uno del que provenimos. El de los artistas y poetas, crear los pozos artesianos, en lenguaje cursivo, o cursal (me gusta más esta), es decir, siguiendo el curso de esa esencialidad taladrando la costra, cada uno o cada sección de lo que somos ayudando al hombre a recordar verticalmente, de donde proviene y lo que es.

Después de la primera célula espejo, fueron naciendo las siguientes, claro. Esas que nos devuelven la mirada sobre el otro, esas que nos devuelven la mirada sobre lo que nos rodea, sobre la naturaleza, sobre todo a lo que ponemos nombre. Esas que nos permiten obtener conciencia de que hay algo más que la costra y nosotros y nuestra necesidad de nombrar.

La observación y la vivencia de la naturaleza ayuda a hacer recordar al hombre la esencia, porque a ella, al no poseer conciencia de sí misma, le falta esa célula espejo que nuestra mente desarrolló, se parece a lo que el hombre fue antes que hombre consciente de sí. Pero sólo ayuda a recordar, no es la esencia misma, pues nosotros, incluida esa célula espejo, e incluida la posterior necesidad de construir la costra dura de la nomenclatura, también somos naturaleza. La esencia nos subyace a todos, a la naturaleza y al hombre con su costra dura de la nomenclatura a cuestas o bajo sus pies. La naturaleza es la amiga que puede ayudarnos. De hecho auxilia al poeta y al pensador en su reflexión. Pero si no hay agujeros y transparencia desarrolladas por el arte y el pensamiento, no hay de facto visión total de la esencia. Visión en HDI si se quiere.




sábado, 23 de octubre de 2010

África


Dice Caramés Laje en "Pensamiento, magia, lengua, literatura y cine en el áfrica subsahariana de influencia inglesa" ( Bohodón Ediciones, 2010)

"En este mundo de la filosofía africana habría que sustituir la idea clásica que propone Descartes en el Discurso del Método (1637), “Pienso, luego existo”, por la siguiente: “Soy porque vosotros sois y ya que sois, yo soy” cambiando lo que sería la moralidad del ser en Descartes por la moralidad de la conducta en la ética africana (James K. Kigongo, 2000). Es, por tanto, la sociedad la que dicta la cultura, no la autonomía del ser o del yo. El ser es un ser social que apoya a otras personas y se apoya, a su vez, en ellas.
La existencia grupal significa responsabilidad de todos"...





Canto de carnal poeta


Oh, irreductibles y desiertos adoradores, expertos en momificar la carne, en fosilizar./
Oh, simples ahuyentadores de la savia que con vuestras manos izáis al cielo lo que es, más que etéreo, amable./
Oh, meros fabricantes de entelequias que ya sin titubeos ni osan nacer,/
¿no alcanzáis a preveros en vuestras mismas osamentas?/
Que no es divina, que no ambiciona pedestales la generosa./


Allí, en la esquina luminiscente de la gran capilla,/
apostada, por vuestros huesos, bajo el pilar fungiforme,/
solloza plegarias ajenas la criatura/
albina de morena frente,/
fanales modulados en el color del amor y el dolor rumoroso,/
ardorosamente llorosos,/
ya pervertida por nuestros afanes,/
ya mudada en efigie diamantina la que se educa con cuerpo de carne./


Visito./


Arrinconada condesciende, blanco y azul celeste, muda en el silencio de hojarasca que la viste:/
Que no soy virgen, que no soy de piedra,/
que duelo, canto y río./
Que coexisto como proveedora./
Que lloro por mí misma/
y anhelante vivo en complicidad con el espacio y el tiempo que alimentais./


Quieta, ya presa, queda,/
aún sus lágrimas sedimentando arroyos en los valles de sus mejillas,/
ya enjutas,/
provistas por la perplejidad que se afana en consumir las rosadas y delicadas carnes de la ingenua gracia./
O Poesía./

Sofía Serra, Junio 2009 (Canto para esta era)
 
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