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miércoles, 22 de febrero de 2017

Dos comienzos



Roturaciones

Apenas me quedan héroes,
ni salvaeslips.


Venga de este guiso a sostener
tu calma, porque mi aliento
resoplo y bufo tras el arado.
El cordaje de las neuras se me rompe
equilibrando pesos y contrapesos
anudados a la reja.

Verte y no verte venir.

La techumbres inician el son
del leve paso de sus dedos
o sus garras sobre las tejas
liquenadas de la arcillosa
luz del verano, el quinto pino
del entierro riza el arcén
de su autovía.
Nunca fueron sembrados
árboles tan lastrados.

Hecatombe y lúcida sombra
en este verte y no verte venir.

Persisten cuadrados los soles
bajo las caricias del orbe azul.
Sin, pero sabiendo que hacer,
resurge vacilando el verbo.
En el anticipo fantasearon
con sus alas los delfines del aire.
Las piernas colgaban de los pretiles
y el viento aminoraba
la marcha de los aún más indecisos,
así que maté al segundo
tras de mí al acecho
buscando el instante de mi estampida.
Mas renuncié, cerré la ventana
y juré no entoldar esta frente.
Luminosos, los seres del cielo,
esos que no llamamos ángeles,
sortean a manos viento las pupilas.
¿Qué hombre no los ha visto?

Verte y no verte venir.

Somos tantos que
se me ha quedado
pequeño el pulmón
—sólo uno, sólo uno tengo—
solicitando armisticios cantores
con su redonda boca.

Verte y no verte venir.

Nos quedaremos de ojos
cruzados obviando el juramento
y la inercia de las metálicas sienes
que beben asomadas a la puerta
y veneraremos un tú más yo
hasta que los laureles de invierno
logren entonar el grito
de la noche que mira y desmira
el malva de tu cabello. Vengaremos
sin más futuro que la rosa huella
habituada a resucitar
sobre el vacío desmesurado
de la espina.

Adolezcamos de algunos puntos sutiles,
confeccionemos el ansia de la rama,
exhibamos el letargo que nos oprime
compilando zinnias con palabras
prendidas del pico del jilguero
con tanto cantar para nada,
tanto dar para nada.

La venerable respuesta
apremia por ser escrita.
Pieza a pieza hace el frío
y las hojas no han caído.
Resuena la yerba
sobre los rizomas
de plata enterrados.
Se huele el aliento de la vida.

La muerte no tiene aliento.
La muerte no tiene boca.
Verte y olerte llegar:

Nena, hacías mucha falta,
tú sabes romper el duro hielo.

(De "El hombre cuadrado")

martes, 10 de mayo de 2016

Poema y vídeos "En un clarito del día" (y me dicen elegante)


Las lomas

un mundo en desorden por nacer
arquea el vientre de la tierra.
Conjuros y otras hienas
abocados a la suerte de la encina,
éxtasis sucinto,
exacto, precisa
linde unitiva
entre el amarillo del sol
y la fragante rosa excavadora.

la verdad toda
la verdad nada
más que la verdad
hace tiempo no
despierta mi cuidado.

verso nieblo o duda
en la espesura del bosque
circunvalo el gesto, el armisticio
del poblado caminante
y solitario ecúmene entre las fieras
y el óbito de la noche.
… Tan rosados sus laureles de día…

Abre brecha la gozosa
y los cantores prestan
su niquelado silbo
al aire sutil y candente
carmen de mis flores
y la nauseabunda gracia
de tantas lágrimas dulces
sobre los silos de las hojas…

A mis pies mojados,
ni el cuero de las botas
los enternece.

…Y me dicen elegante.

(De "El hombre cuadrado")
















viernes, 18 de septiembre de 2015

Sembrar lechugas


Sembrar lechugas

partiré las tablas de la ley
sobre mi cadera, que es más fuerte
que tu dios y mi pudor.

ahora llega la hora del recóndito.
cualquiera sabe dónde estaremos
pero recuerdo las lechugas recién sembradas
y sólo quisiera estar allí,
mirándolas,
tú con tu cerveza bajo el alcornoque
yo con mi tinto con casera
y las botas de agua llenas de barro
de haber andado los dos
en cuclillas enterrando
nuestros dedos que se rozan
bajo el blando légamo
y el sol,
qué alegría la luz dorada
del sol
a cielo abierto
bañándonos como

si dos iluminados
peces
fuéramos,

nacidos más allá,
durante ese sueño
que durmió el día
cuando vivía sumergido.

De "El hombre cuadrado"



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sábado, 12 de septiembre de 2015

El Temblor II (A la Venus de Willendorf)

El Temblor II (poema a mi primer recuerdo verbal)
(A la Venus de Willendorf)


Con qué mando vino
y a qué fango llega
la venia bajo la que te labraron.
Si conocemos el momento,
¿te imaginas un desierto sin hombres
poblado sólo de árboles?
…Y entonces llegaron
sus pechos manando leche,
y en su barriga
crece la nueva vida
y se haga fuerte
y coma con sus dientes
y hasta ojeras tiznará
al enfrentarse a la pendiente
cuando el jefe de herida muere
por el colmillo del mamut,
o tal vez por la venenosa
espina de la acacia
que por entonces verdeaba
las arenas del sáhara.

Ni qué decir tiene ya
su vulva fue el origen
del mundo para ellos,
pobres hombres blandos
y sedientos de rascacielos
que los elevaran del frío
del suelo de la cueva.
Pero he aquí que llegó
su bonhomía temprana,
y la mujer chamana
se talló en caliza
hasta dar lugar,
o luz,
al misterio:

y si a esta piedra
y la clavo y casco
lasca a lasca
ya llegarás,
cuando se me abra
la rosa dura.

Pensó la mujer naranja
con el contraluz
de un cuerpo y durmió
con un cuerpo,
soñó, despertó
y se levantó del tálamo
de piel de alce
con un cuerpo
girado hacia el oriente
del horizonte naranja y negro
y rojo temblor:
terremoto
sopla con sus piedras,
te nombra meciendo
sus altas tundras,
te labra moviendo
tus pequeñas sábanas
te engolfa en las voces de afuera
cuando mis muslos
aún no habían engordado
con la teta, en la cuna
y desde su tierra
se cinceló la talla
de ésta no sé ya
si habla o antigua
yegua.

(De "El hombre cuadrado").


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miércoles, 9 de septiembre de 2015

Primitiva


Primitiva

Me queda poco sobre que pensar,
un solsticio de animosos cantores
se apiña en torno a las manos
rezadoras, orantes a salvo
de la nieve que golpea
desde el abeto solo
en algunos países del norte.
Serpentean
el cuervo y la herida.

nematodos, Némesis,
frenólogos y otras lindes.

efectivamente nos quedan cuatro días.
efusivamente andan inquietos
a ese lado del mundo
los expatriados como tú y yo
quedamos solos
ante el vecino
que no se movió, no se mutó
en zíngara salvaje y tierna
del zaguán de su puerta.
y me entrenaré en sonsacarte la herida
hasta que no quede más
que albas puntas de un doméstico
desaire de geometrías
apestantes, volutas de la radioesfera
que suministran tus cabildos gozos,
esos que la penumbra sostiene
sobre mi cabeza para no destocarte,
para que siempre acontezcas
aunque yo ya muera,
aunque tú ya mueras
o ambos muramos
ojo a ojo, diente a diente,
de rabo a cola en el otro descabello,
el de las pieles rojas
y verdes.

Descombatir el desvío hueco
y absoluto dejamen
de las cosas.
Denostar aunque no te rías,
perpetrar y subsumir,
contrincar.

En rojo y verde me siento
sobre la tierra, me hundo
en el barro y camino a cuatro
suelas o lados que vuelan alto.
No necesito padres para sostenerme,
me basta el duro suelo
de tu mente y el tierno vello
de tu brazo que enciende el sol,
tú, fuliginoso hombre cuadrado
con verde nuca transparente,
eres mi auténtico amor,
con todo los inconvenientes
de mi verdadero amor,
incluido el desgarro
de mi roja pulpa.

Los goces, para los civilizados.

(De "El hombre cuadrado").




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lunes, 7 de septiembre de 2015

Pelícana (poema con coda)

Pelí-cana

Vejada, dormida, traída
del espanto a las agostas
sienes de la rota quijada
, espléndida insomne
bajo las pestañas de las abejas,
esos lícitos parangones,
la iluminación se extravía
por los juncos y las estrellas
con su azul de simiesco espejo
hendido por las hondas sendas
del blando y subrepticio porvenir.
Obstarán a la redundancia
de la esfera colgada del cielo,
bola inmensurable sobre
la aglomeración del engrudo
entre párpado y párpado
de la mirada de la noche
caso de que se acotasen
las bandadas de esclerótico
plumaje vendidas a tu frente
desde tu volumen de mórula inversa.

Grandilocuente ave marina
con estómago de hielo,
derrítelo y regurgita:
Si alguien conserva la cordura,
ya es hora de que dé la lata
y la comparta, bien abierta.

coda (poema en 3-d)

si alguien conserva la armadura,
ya es hora de que dé la lata
y la comparta, bien abierta.

si alguien conserva la abertura,
ya es hora de que dé la lata
y la comparta, bien abierta.

si alguien conserva la cordura,
ya es hora de que dé la lata
y la comparta, bien abierta.

Foto del día 7 del 9 de 2015



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jueves, 3 de septiembre de 2015

Septiembre

(Creo que tengo escritos poemas que nombran a todos los meses, me he ido dando cuenta poco a poco a lo largo de estos años de escritura y correcciones. Iré etiquetándolos para ver si consigo una especie de pequeña antología, o anuario.)

Septiembre

La paz se aposenta
como hada sin cuento
ni moraleja.
En la soledad descansa,
enemiga encubierta del mundo
y sus arpegios.

silbe la acetona del aliento
que yo me rasgueo confundida
entre las torres en 3D y las viñas doradas.
Los adioses no labran la vendimia,
ellos levantan uvas recitando
el diapasón del vino del mejor año.

la milonga y el cigarro,
el merengue y el palo de nata,
el mosto y el cubata que no pruebo,
el sabor del terciopelo —mío, es sólo mío—
en mis neuronas busca
y anida corcovado
mullendo los afilados cantos
de las piedras de tus riñones.
Excretar y presumir
sales facticias de ubérrimas gramas:
la urea labra de verde
el vejamen de la tierra
y su osadía
y mi posible olvido
de ti.


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miércoles, 2 de septiembre de 2015

Roturaciones

(Siempre me gustó)

Roturaciones

Apenas me quedan héroes,
ni salvaeslips.


Venga de este guiso a sostener
tu calma, porque mi aliento
resoplo y bufo tras el arado.
El cordaje de las neuras se me rompe
equilibrando pesos y contrapesos
anudados a la reja.

Verte y no verte venir.

La techumbres inician el son
del leve paso de sus dedos
o sus garras sobre las tejas
liquenadas de la arcillosa
luz del verano, el quinto pino
del encierro riza el arcén
de su autovía.
Nunca fueron sembrados
árboles tan lastrados.

Hecatombe y lúcida sombra
en este verte y no verte venir.

Persisten cuadrados los soles
bajo las caricias del orbe azul.
Sin, pero sabiendo que hacer,
resurge vacilando el verbo.
En el anticipo fantasearon
con sus alas los delfines del aire.
Las piernas colgaban de los pretiles
y el viento aminoraba
la marcha de los aún más indecisos,
así que maté al segundo
tras de mí al acecho
buscando el instante de mi estampida.
Mas renuncié, cerré la ventana
y juré no entoldar esta frente.
Luminosos, los seres del cielo,
esos que no llamamos ángeles,
sortean a manos viento las pupilas.
¿Qué hombre no los ha visto?

Verte y no verte venir.

Somos tantos que
se me ha quedado
pequeño el pulmón
—sólo uno, sólo uno tengo—
solicitando armisticios cantores
con su redonda boca.

Verte y no verte venir.

Nos quedaremos de ojos
cruzados obviando el juramento
y la inercia de las metálicas sienes
que beben asomadas a la puerta
y veneraremos un tú más yo
hasta que los laureles de invierno
logren entonar el grito
de la noche que mira y desmira
el malva de tu cabello. Vengaremos
sin más futuro que la rosa huella
habituada a resucitar
sobre el vacío desmesurado
de la espina.

Adolezcamos de algunos puntos sutiles,
confeccionemos el ansia de la rama,
exhibamos el letargo que nos oprime
compilando zinnias con palabras
prendidas del pico del jilguero
con tanto cantar para nada,
tanto dar para nada.

La venerable respuesta
apremia por ser escrita.
Pieza a pieza hace el frío
y las hojas no han caído.
Resuena la yerba
sobre los rizomas
de plata enterrados.
Se huele el aliento de la vida.

La muerte no tiene aliento.
La muerte no tiene boca.
Verte y olerte llegar:

Nena, hacías mucha falta,
tú sabes romper el duro hielo.


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martes, 1 de septiembre de 2015

Prueba de publicación de un poema en facebook


(hay que entrar en facebook para verla y poder leerlo, ando haciendo algunas pruebas, pido disculpas por las molestias)

Diría que se trata más de una pequeña introducción a modo de poema que poema por sí mismo. En cualquier caso, así...
Posted by Sofía Serra - Poesía y fotografía on Martes, 1 de septiembre de 2015



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jueves, 12 de marzo de 2015

Al héroe

Al héroe

No quiero saber
mucho de ti
hasta que te asombres
o me difumine
donde la nostalgia,
húmeda y cálida nostalgia
de acá, tu cerebro… Espuma,
rosa tan sabrosa
y tierna tu cerebro.

Algún día me haré caníbal
como el tal Lecter, sin Aníbal.

Ensanchar el camino de salida
hasta que no quede
en la tierra nadie
salvo tú a salvo
de tantos idólatras… Espuma,
pompas negras tan anales
sus cerebros planos
en tus cando-rosas manos.

jueves, 8 de enero de 2015

El hombre a-corralado

El hombre a-corralado

Dicen que abrazaba el aire
intentando encontrar
la medida de sus brazos.
Pero solo daba con el hueco de su pecho.


huérfano del día y de la noche
que en el día se vela
y en la noche se cierra
el cristalino agrietado
en puntiagudas gotitas de rocío
mientras su brillo de bestia
proclama, soy yo, astuta
sien, por ti alboreé todo
mi discurso, olfatea
y sucumbe ante tu fulgor,
tu onanismo sagrado y profundo
tan débil como el cuerno
embebido del ternero vacilante,
de Ío vestal y defenestrada
cayendo desde tu manantial carnoso
a la tersa planicie de las lomas.
el maquillaje hace estragos
sobre el terciopelo de tu lomo

nieva en las castañas
y peludas ubres
de tu pecho.

préstamo de sueño,
terca mula viviente
sobre el adoquín de la feria
trashumante con ganado das
por perdido tu botín de corsario
pobre y cojo y menesteroso y venido
a una patria que ya no huele,
ni siquiera huele tanto
tiempo que se hizo polvo
su cadáver si víctima
hay verdugo en tus ojos
puede estar naciendo
el basto que te refleja quedó
a dos cuartas del agua salina
cuando aún no has vuelto
de tu asombro feriante
vagas,
inhóspito transeúnte
sin salida.

miércoles, 7 de enero de 2015

Alisos en enero

Alisos en enero

Súbitamente acompaña la ojeriza
del primer plomo abatido
desde la torre albarrana,
las gaviotas puntiagudas
retozan presentes regalos
de picotazos en la basura de las muelas
del molino de aceite. las verdes olivas
granjean por levantar el vuelo
de los mirlos que aletean a golpe
de tendido eléctrico y sostienen
con sus plumas las tijeras
con las que cortarás la nube
de la melancolía, la extraña fiera
muda, con lo que te gusta
el rugido de los nobles leones
del espacio interior de los troncos
viejos, nudosos y huecos.
beberás solitudes magníficas,
germinarán brotes de saliva
verde sobre las flores
que ya duermen buceando
amnióticamente en busca
de la primavera dormida.
Perséfone llorará por sí misma
sin tesitura de aire circundante
al malvavisco, triunfará
la pradera en lozano despertar
de aullido
de lobezno
feliz.

jueves, 25 de diciembre de 2014

Paisaje para Navidad

Paisaje para Navidad

La impaz sonora
y el gélido viento,
la tempestad asaltando
los cuellos de las avestruces
pálidos y escuálidos cimbrean
el aire y ya el suelo
con sus ojos enterrados,
al fondo
el paisaje de la montaña
donde se aposenta la ruin
y verdosa
anatomía de tu silencio,
pueblo mancha o escalada
con los dedos,
tomarte
y desplazarte hasta el valle
al pie del monte,
belén viviente eres.

Y las avestruces ordenan,
desafiantes ellas ya,
al viento con sus cabezas
fuera de tierra, y sus cuellos.

viernes, 4 de julio de 2014

El temblor II (poema a mi primer recuerdo verbal)

(Recordando poemas de poemarios ya terminados. Este en concreto pertenece a "El hombre cuadrado", la tercera parte de la trilogía del mismo nombre.)


El Temblor II (poema a mi primer recuerdo verbal)
(A la Venus de Willendorf)


Con qué mando vino
y a qué fango llega
la venia bajo la que te labraron.
Si conocemos el momento,
¿te imaginas un desierto sin hombres
poblado sólo de árboles?
…Y entonces llegaron
sus pechos manando leche,
y en su barriga
crece la nueva vida
y se haga fuerte
y coma con sus dientes
y hasta ojeras tiznará
al enfrentarse a la pendiente
cuando el jefe de herida muere
por el colmillo del mamut,
o tal vez por la venenosa
espina de la acacia
que por entonces verdeaba
las arenas del sáhara.

Ni qué decir tiene ya
su vulva fue el origen
del mundo para ellos,
pobres hombres blandos
y sedientos de rascacielos
que los elevaran del frío
del suelo de la cueva.
Pero he aquí que llegó
su bonhomía temprana,
y la mujer chamana
se talló en caliza
hasta dar lugar,
o luz,
al misterio:

y si a esta piedra
y la clavo y casco
lasca a lasca
ya llegarás,
cuando se me abra
la rosa dura.

Pensó la mujer naranja
con el contraluz
de un cuerpo y durmió
con un cuerpo,
soñó, despertó
y se levantó del tálamo
de piel de alce
con un cuerpo
girado hacia el oriente
del horizonte naranja y negro
y rojo temblor:
terremoto
sopla con sus piedras,
te nombra meciendo
sus altas tundras,
te labra moviendo
tus pequeñas sábanas
te engolfa en las voces de afuera
cuando mis muslos
aún no habían engordado
con la teta, en la cuna
y desde su tierra
se cinceló la talla
de ésta no sé ya
si habla o antigua.

jueves, 27 de marzo de 2014

Sembrar lechugas y disparar misiles

Definitivamente me he convencido: lo más útil que puedo hacer en mi vida es sembrar lechugas. Claro, que como al inconsciente o imbécil de turno le dio por soltar hace un par de años a todos los conejos que criaba, ahora no hay dios al que le dé lugar a coger un simple pimiento. Hacen su agosto en primavera los ávidos herbívoros, que como si no dispusieran de hectáreas rebosantes de yerbas (de todos los colores y sabores), les da por comer en plan "delicatessen", un bocadito acá, otro acullá, y todos certeramente dirigidos contra la exacta plantita que a una le da por sembrar. "Dirigidos contra", sí, son misiles contra mis mínimas ilusiones, misiles que lanzó el inconsciente de turno que piensa que todo el mundo dispone de capital para poder cercar un huerto con malla a prueba de bomba. Bombas son los puñeteros conejos, bombas lanzadas por el egoísta de turno.
Así que no me ha quedado más remedio que sembrarlas en una simple jardinera.
Y mientras veo pasar a conejos como zollos, tan gordos y bien criados como un gato doméstico y capado. Un día acorralé a uno en el barranco con la escopeta de plomillos, pero como pesa más que yo, no conseguí atinarle. Voy a sacarme la licencia de caza en cuanto pueda, pero una licencia para poder disparar misiles. Contra los conejos no, contra la puñetera inconsciencia.



Sembrar lechugas

partiré las tablas de la ley
sobre mi cadera, que es más fuerte
que tu dios y mi pudor.

ahora llega la hora del recóndito.
cualquiera sabe donde estaremos
pero recuerdo las lechugas recién sembradas
y sólo quisiera estar allí,
mirándolas,
tú con tu cerveza bajo el alcornoque
yo con mi tinto con casera
y las botas de agua llenas de barro
de haber andado los dos
en cuclillas enterrando
nuestros dedos que se rozan
bajo el blando légamo
y el sol
qué alegría la luz dorada
del sol
a cielo abierto
bañándonos como

si dos peces
iluminados
fuéramos

nacidos más allá,
durante ese sueño
que durmió el día
cuando vivía sumergido.

(De El hombre cuadrado)



lunes, 3 de marzo de 2014

La novia cadáver

La novia cadáver

No, creo que no hubo
amniocentesis.

algunos hombres y mujeres
cocean, vocean aullidos
de sus trancas y pezuñas
grises.

Caminar, tanto caminé
sobre las ortigas
como terminan los pies
en dedos de costumbre
en la yerba
y sus flecos punzantes.
Consumisteis un porvenir
de solaz indiscreto,
oculto lo más bello
ahora como siempre
trabajan los dioses.

Y yo lloro,
lloro.

ese habitante cuadrado
habla verdes por tu nuca.

Si más deseo,
avarientos jamelgos
y otros cuadrúpedos
Himalayas
como techos andróginos
donde todo es posible
en el vaso boca abajo
y la salud requerida
por tu lengua escalando
el cuello de los olvidos, timbres
del arco trilobulado que abre
son, sentido y mecha
hasta la escafandra.

he pretendido adioses
cuando sólo he casado                con mis muertos,
estas manos y tu boca
qué son sino
tan sólo
una
sola.

domingo, 2 de marzo de 2014

árbol solo

árbol solo

Hubo un lugar
sometido
a mis piernas (¿?)

tranquilamente dormito
en la espera del cuento inacabado.
solicitud y bienes acarician
mis hojas verdes, y yo, riendo,
entre los pájaros admiro mi floresta.
Tantas verdes hojas
y olor a madera,
tanta humedad
sobre el rocío con mi savia
como apacible compañera
de toda mi vida
suya ayudándome al sorteo
de los precipicios
de los juicios del leñador
y las tempestades abusivas
del mal previsto por la atmósfera,
las heladas y las hormigas
y los hábiles podadores,
y ni el amor me acuchilla
tatuando todos sus nombres
de verde puesto en vilo al filo
hasta el punto caído desde el nido
que cobijé cantando sobre el abismo
cuando el sol se me derramaba
en cada brazo, cada lentisco leñoso
o cada cruz y frío cuando
duermo silencios de desdén
o refresco de infantiles sinsabores y balanceos…
no hay penas, no hay penas
sólo de sola juventud
algo herida por el círculo
secante de la entrepierna enterrada.

Mas en este invierno
los rizomas ya adquieren
de nieve su secreto y mi savia
se concentra en los bajos
más bajos de mi canto.

se fueron hacia el otro lado
mientras yo concluyo
el Misterio sobre la tierra.

viernes, 7 de febrero de 2014

Primitiva

Primitiva

Me queda poco sobre que pensar,
un solsticio de animosos cantores
se apiña en torno a las manos
rezadoras, orantes a salvo
de la nieve que golpea
desde el abeto solo
en algunos países del norte.
Serpentean
el cuervo y la herida.

nematodos, Némesis,
frenólogos y otras lindes.

efectivamente nos quedan cuatro días.
efusivamente andan inquietos
a ese lado del mundo
los expatriados como tú y yo
quedamos solos
ante el vecino
que no se movió, no se mutó
en zíngara salvaje y tierna
del zaguán de su puerta.
y me entrenaré en sonsacarte la herida
hasta que no quede más
que albas puntas de un doméstico
desaire de geometrías
apestantes, volutas de la radioesfera
que suministran tus cabildos gozos,
esos que la penumbra sostiene
sobre mi cabeza para no destocarte,
para que siempre acontezcas
aunque yo ya muera,
aunque tú ya mueras
o ambos muramos
ojo a ojo, diente a diente,
de rabo a cola en el otro descabello,
el de las pieles rojas
y verdes.

Descombatir el desvío hueco
y absoluto dejamen
de las cosas.
Denostar aunque no te rías,
perpetrar y subsumir,
contrincar.

En rojo y verde me siento
sobre la tierra, me hundo
en el barro y camino a cuatro
suelas o lados que vuelan alto.
No necesito padres para sostenerme,
me basta el duro suelo
de tu mente y el tierno vello
de tu brazo que enciende el sol,
tú, fuliginoso hombre cuadrado
con verde nuca transparente,
eres mi auténtico amor,
con todo los inconvenientes
de mi verdadero amor,
incluido el desgarro
de mi roja pulpa.

Los goces, para los civilizados.

lunes, 30 de diciembre de 2013

La porquera

La porquera

La realidad es que de tu boca nacen margaritas, así que los cerdos disponen
de comida abundante durante mucho tiempo.

¿cómo no va armarse de amor
alguien que devana el mundo
entre almejas y bellotas,
luces y alacranes, tro-
pezón y puerta
blandiendo el alba?

soy la más creyente de los mortales.
Mi dios es mi bandera,
a imagen suya me tejió
junto a los lodazales irisados
del manantial de los cabezos
amarillos.

Exacta neocirugía
de verdes tú eres
quien yo vivo
sin sobre
saltos,
sin sobre
agudos, los bajos
inundados
paz a paz,
sin palabras.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Vuelo muertos

Vuelo muertos

Los cabrones de medio cuerpo
fardan vistas horizontales
que les mellan la entrepierna
cuando juegan a bastos.
Compiten seriamente
armados hasta el cuello
con jerigonzas y camisas
vueltas, el contrapaño
en las nucas y las axilas
y las medias suelas
sobre las orejas.
Precipitan el pespunte
y disimulan el descosido
juntando hebras de lumbre,
de lana seda, de rimas trancas
de árboles infrarrojos,
hasta de dedales,
que Ella lo sabe.

Si se ha de competir más vale
una buena lanza Columela
y levantisca. La soldada
levanta la bandera blanca y amarilla:
¡es el Vaticinio!, ¡es la risa de la hostia!
catequistas de la horda,
adoradores del eufemismo,
advocan por su nombre
a tripas felinas ya sin hambre
mientras obtienen beneficio
marcando paquetes de aureolas
teñidas de experiencia y reciedumbre.

cuando solo avistan la soledad
del asfalto sin tus pies.

Porque no caíste.

Será que son los únicos
expertos, de este palacio
lleno de muertos,
en volar por los aires
lo único que nos queda.
 
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El cuarto claro by Sofía Serra Giráldez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial 3.0 España License.