sábado, 18 de diciembre de 2010

Forma-teos ( o Aristóteles en mis neuronas)

(Sobre el subtítulo de la entrada, acabo de terminar de revisar un libro muy especial sobre filosofía que decididamente, si de mí dependiera, pondría como de obligatoria lectura antes de cumplir los 18 años.)


Siempre me gustó este autorretrato (para saber más sobre mis autorretratos—o ver algunos más—  picar aquí)

Creo que he terminado Nueva Biología. La mitad de sus poemas los he ido exponiendo aquí. De la otra mitad, también la mitad más o menos están del todo escritos, a espera de correcciones. El resto para finalizarlos.

No me siento a gusto con el sistema de blogs que tengo ahora mismo. Constantemente en las últimas semanas remuevo, quito y pongo y no terminan de encajarme las cosas. De buenas borraría de un plumazo, limpio y comenzar a poblar de nuevo...pero me sigue gustando el nombre de “El cuarto claro”, y además ya sé que significa partir de cero durante muchas veces en este medio: nunca se hace, sólo pierdes. Debo ponerme a corregir en serio, quiero disponerme a corregir mis últimos poemarios muy en serio, dedicar más tiempo ahora a ellos. Hace casi dos meses que no los miro siquiera.

Por lo pronto enlazaré siempre (que me acuerde) las entradas de mi blog de fotografía en la siguiente de éste y al contrario. Ya pienso que deberían estar juntos, siempre se me enlazan las cosas, pero previendo que el espacio de blogger se me puede quedar corto, los dispuse en Mayo en cuentas distintas. Las fotografías ocupan mucho virtualmente hablando, por poco que pesen. Curioso…una fotografía es lo más parecido a un plano que podemos contemplar. Un libro es un objeto en tres dimensiones, y, sin embargo, el texto sigue ocupando muchísimo menos en términos de bytes... realmente curioso. Me pregunto cuánto ocupará la otra dimensión...el tiempo, ése que declaré como mi compañero en uno de mis versos.

(Aquí entrada de esta mañana en mi blog de fotografía)

2 comentarios:

Juan María Jiménez López dijo...

Siempre leí, amiga Sofía, siempre oi, amiga poeta, que para ser algún día poeta hay que tirar muchas cosas. Aunque no lo confesé, por temor al desdén de los maestros de poetas, nunca tiré ninguno de mis poemas, ninguna de las notas que los precedieron o que se quedaron sólo en eso, en notas. Sería algo así como tirar días de mi vida, arrojar al vacío horas de mi existencia... y no tengo tantas vidas como para despreciar ni un segundo. Por eso, cuando alguien dice que tira, que abandona, que arroja, que olvida sus sentimientos atrapados en un cacho de papel, aunque sean más torpes o menos ingeniosos, aunque no tengan el brillo de otros, es como si un padre o una madre abandonara a sus hijos menos ilustres. Y eso es terrible. Por lo tanto, amiga Sofía, no desdeñes ninguno de tus blogs, agrúpalos, enlázalos si quieres, pero no los tires. Sobre todo, no tires sus contenidos, porque quién sabe si algún día querrías recuperarlos y ya sería tarde. Además, con justicia y sin apasionamiento te digo que, según lo que yo he leído no merece la pena que hagas tabla rasa. No, Sofía, nada de fulminar ni hacer tablas, deja los montes y los valles, los días nublados y los luminosos en su sitió, es su sitio y tu su propietaria, el de ese universo único e inigualable de tu vida. Un beso, mi buena maestra, pero de las que son de verdad, de las auténticas, de las necesarias.

Sofía Serra Giráldez dijo...

Eres demasiado bueno conmigo, juan, :)
Gracias por tus generosas palabras.
De todas formas no estés preocupado, tirar no tiro ahora nada o casi nada..lo cual me hace coger complejo de urraca, :D..pero bueno, como ya una vez me arrepentí de tirar...
Eso sí, pienso yo que la vida en sí es tan buen cajón o carpeta como cualquiera, o tal vez el mejor. Sin embargo insto a mi hijo para que guarde todo lo que escriba...:)
Debe ser, pienso algunas veces, que no soy escritora aunque tanto haya escrito en mi vida.
Un beso, Juan

P.D. hace poco leí algo muy interesante, algo así como que las culturas meramente orales son más inmóviles, con menos capacidad para el cambio o la evolución precisamente porque no escriben, ya que el ejercicio de la escritura libera ala mente del esfuerzo de memorizar. Así esa energía puede aplicarse al ejercicio de la critica sobre el pensamiento inmediatamente antes dispuesto, y por lo tanto como he dicho, avanzar, mientras que las orales deben aplicar toda su energía en el no olvidar, luego tienden a hacerlo todo más inmutable.
Tal vez escribimos para no tener que esforzarnos en recordar y , pienso, el ejercicio de guardar, proviene sólo de una necesidad inconsciente de permanecer, dicen que más acendrado psicológicamente en el varón que en la mujer, por aquello de la posibilidad de engendrar en el organismo femenino..ahí digamos que se establece su futura permanencia. Esto, lógicamente, en términos generales.
Yo guardo porque he aprendido en mi vida que el resto de los seres humanos necesitan pruebas tangibles y me he hartado de que con mi expresión sincrónica no bastara.

 
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