Geografía de lo intocable
soy partidaria
de que no haya diferencias
entre tu espiga y mi tallo
así como el sol longitudinal
se mece en tus góndolas
como no sé qué decir a estas alturas
que se agigantan como cascadas
de nieve sobre el cielo azul
de un día y un paisaje de invierno
que no conozco,
que no conozco
tus dedos de barro,
supuestamente tu perfil
precisa e instantáneamente
recorrió el lado soleado del mundo,
donde todo está ya dado,
donde todo está ya dado,
menos tu rostro fungible
soldado al amante que de día
recorre con escalofríos mi cintura
y su nuca
y tu rostro y un alivio sin medida
ni dolorosos partos, presente y pasado
estrellándose entre sí
estrechando el hueco de la tristeza
y el soplo de poniente
en esa orilla de arena lamida
que al fin y al cabo
marítimo es tu cuerpo
de hombre a mi costa
de geografía
en esta noche marina
u oriental.
Sofía Serra (De Suroeste)
jueves, 28 de febrero de 2013
miércoles, 27 de febrero de 2013
Un árbol al norte
Un árbol al norte
(a un hombre operado de cáncer de próstata)
Pretenderíamos quedar como esbozos
apenas frigios de la sedente orfandad
de besos huidos en los tiempos.
besos, besos y besos
tan ajenos ahora
como el soldado de pascua
a ramos olvida su misión,
se viste con el vellocino blanco
y ofrece su cuello al cuchillo
rojo y sangrante.
La clave está en los árboles
y en el fruto de dibujo
confundido con ciertos
hemistiquios que juntos
conforman tus pléyades neuronales,
tu río de estrellas balbucientes
se asemeja a la leche que mamaste,
blanca y pura como una olla
de amor entrante en un hueco
tan oscuro y tierno
como el vientre que me invade.
Soy jamás como mujer
una sola nada, tú, dos
nueces, la de la voz
y la de mi hambre te hacen
hombre por vida garante
de la simiente ejecutora de la suerte,
del llano, de plano y perfil
tan escondida la raíz
que te extraen como vacían
otras raíces maternales
menos escondidas más
ausentes del amor divino,
un amor con sólo nombre
te castró de por vida
y para la vida de una
sola vez que nace.
La clave está en los árboles
y en las raíces que te extirpan,
¡si hasta los mismo ganglios
me hablan de los nódulos
enterrados! Pienso en los nervios,
¿serán como las auroras boreales?
Extenso calambre verde
de ráfaga de orgullo de carne
enhiesta lista y presta
para introducirse allá donde
naciste, el minúsculo retorno.
La precariedad a la intemperie
se descuelga de tu cuello,
la vuelta deshacen las manos blancas.
La asepsia nunca fue buena
compañera del hombre
y sus inmortales cirugías.
Vengarás, como a tu herida
el rojo llanto de mi humecto
corazón sonando cascabullos
de palabras dichas en mi oído
con tu susurro de nueces,
¿quieres ser para siempre?
Y para siempre asienta
la semilla suelo,
para siempre
dice la perfecta claraboya
por donde husmeo
como ratona asomada
al hueco. Veo, aun sin
apenas neuronas, ese hueco
ya tan similar al mío. Como
dos animales gemelos
nos amigamos huyendo
hacia lo que nos falta.
como la madre da la vida,
también regala la muerte,
y su ausencia,
y tu ausencia y la mía
bajo la sombra del árbol
con frutos verdes como
auroras de otro norte.
Sofía Serra (De La clave está en los árboles)
(a un hombre operado de cáncer de próstata)
Pretenderíamos quedar como esbozos
apenas frigios de la sedente orfandad
de besos huidos en los tiempos.
besos, besos y besos
tan ajenos ahora
como el soldado de pascua
a ramos olvida su misión,
se viste con el vellocino blanco
y ofrece su cuello al cuchillo
rojo y sangrante.
La clave está en los árboles
y en el fruto de dibujo
confundido con ciertos
hemistiquios que juntos
conforman tus pléyades neuronales,
tu río de estrellas balbucientes
se asemeja a la leche que mamaste,
blanca y pura como una olla
de amor entrante en un hueco
tan oscuro y tierno
como el vientre que me invade.
Soy jamás como mujer
una sola nada, tú, dos
nueces, la de la voz
y la de mi hambre te hacen
hombre por vida garante
de la simiente ejecutora de la suerte,
del llano, de plano y perfil
tan escondida la raíz
que te extraen como vacían
otras raíces maternales
menos escondidas más
ausentes del amor divino,
un amor con sólo nombre
te castró de por vida
y para la vida de una
sola vez que nace.
La clave está en los árboles
y en las raíces que te extirpan,
¡si hasta los mismo ganglios
me hablan de los nódulos
enterrados! Pienso en los nervios,
¿serán como las auroras boreales?
Extenso calambre verde
de ráfaga de orgullo de carne
enhiesta lista y presta
para introducirse allá donde
naciste, el minúsculo retorno.
La precariedad a la intemperie
se descuelga de tu cuello,
la vuelta deshacen las manos blancas.
La asepsia nunca fue buena
compañera del hombre
y sus inmortales cirugías.
Vengarás, como a tu herida
el rojo llanto de mi humecto
corazón sonando cascabullos
de palabras dichas en mi oído
con tu susurro de nueces,
¿quieres ser para siempre?
Y para siempre asienta
la semilla suelo,
para siempre
dice la perfecta claraboya
por donde husmeo
como ratona asomada
al hueco. Veo, aun sin
apenas neuronas, ese hueco
ya tan similar al mío. Como
dos animales gemelos
nos amigamos huyendo
hacia lo que nos falta.
como la madre da la vida,
también regala la muerte,
y su ausencia,
y tu ausencia y la mía
bajo la sombra del árbol
con frutos verdes como
auroras de otro norte.
Sofía Serra (De La clave está en los árboles)
martes, 26 de febrero de 2013
Poesía de la luz
Éste es un poema en tres estrofas en el que prima el lenguaje visual aunque su fundamento es el de la palabra.
Éste es un poema homenaje a un amigo al que quiero entrañablemente.
Éste es un poema homenaje a un amigo que, creo que sin él saberlo, me ha hecho el regalo más grande que he recibido en mi vida.
Éste es un poema homenaje a un editor y a un poeta que, si no llego a encontrar, mi ánimo relacionado con el hecho escritural, su industria y su sociología, haría ya meses que habría sucumbido.
Confluyen tres figuras, las de amigo, poeta y editor, todas de suma importancia para mí. Pero hace ya muchos meses que decidí quedarme con la persona, no con su perfil social, por mucho que signifique para mí haber hallado la decencia, el rigor, el buen gusto y la ética en una parcela tan significativa de mi desarrollo vital, el de la publicación de libros. O por mucho que signifique para mí haber hallado un poeta cuya poesía, aún tan diferente de la mía, parta de la misma percepción y reflexión sobre lo que nos rodea, asimilamos y vivimos internamente. Por eso me siento completamente libre a la hora de hacer esta entrada. Porque lo único que importa son las personas. Porque sólo me interesa categorizarme como ser humano. Porque no aspiro más que a esa riqueza o triunfo.
Y desde luego teniendo como amigo a Javier Sánchez Menéndez, editor de La Isla de Siltolá, me siento la persona más rica del mundo.
POESÍA DE LA LUZ (Desde una Puerta Real)
domingo, 24 de febrero de 2013
La compañía del ciprés
La compañía del ciprés
(A un ciprés arrancado por el viento)
se me quitan las ganas
de escribir más allá
del bien, o del mal
se me quita el miedo
de vivir el medio
de ser inmortales
en la práctica, diaria
súplica hecha cruces
en el tronco del árbol del valle
de los caídos por tanto
insuficiente yugo
ajeno a ciencia
sanadora aguza
flechas clavándonos
esperanzas como si
fuéramos puro ruido,
para basura pura
piedra morrena glaciar
retumbando enrarecido
arrastrando tantas trazos,
tantas cruces, tantas troncos
corpóreos como tantos
brazos que crucificamos
y cuadramos día a día
allá en la cima de la montaña
nevada
de papeles
de voces flagelantes
desde bocas inmundas
desde almas grasientas
con barbas
donde ni cabra ni monte
o matojo
crece. Nos clavan
tan lejos
que ni la campana
de la aldea repica
por nuestros muertos
árboles negros y secos.
Sólo el ciprés se tumba para acompañarnos
en nuestra huida.
Él verde siempre
tiempo amándonos
tal como somos.
Tal como somos…
Y quién puede saber
lo salvo
el ciprés caído…
Sofía Serra (De La clave está en los árboles)
(A un ciprés arrancado por el viento)
se me quitan las ganas
de escribir más allá
del bien, o del mal
se me quita el miedo
de vivir el medio
de ser inmortales
en la práctica, diaria
súplica hecha cruces
en el tronco del árbol del valle
de los caídos por tanto
insuficiente yugo
ajeno a ciencia
sanadora aguza
flechas clavándonos
esperanzas como si
fuéramos puro ruido,
para basura pura
piedra morrena glaciar
retumbando enrarecido
arrastrando tantas trazos,
tantas cruces, tantas troncos
corpóreos como tantos
brazos que crucificamos
y cuadramos día a día
allá en la cima de la montaña
nevada
de papeles
de voces flagelantes
desde bocas inmundas
desde almas grasientas
con barbas
donde ni cabra ni monte
o matojo
crece. Nos clavan
tan lejos
que ni la campana
de la aldea repica
por nuestros muertos
árboles negros y secos.
Sólo el ciprés se tumba para acompañarnos
en nuestra huida.
Él verde siempre
tiempo amándonos
tal como somos.
Tal como somos…
Y quién puede saber
lo salvo
el ciprés caído…
Sofía Serra (De La clave está en los árboles)
sábado, 23 de febrero de 2013
Tres bocetos
... para portada de Una temporada en el infierno ∫ Une saison en enfer .
Diez días con ellas lleva su autor. Rodax.
Diez días con ellas lleva su autor. Rodax.
viernes, 22 de febrero de 2013
Púgil
Púgil
Como un silencio roto
por sonido alguno
descentro
lo que de sana
me costea,
sorprender a la luz fundiéndose en la sombra
del asterisco que rueda por los adoquines,
espuela o nivel de bicicleta en audífono
estallido, algún precipicio entre los dientes
y una bilocación extendida
en las venturosas sienes
de gomaespuma amando
el avellano entre mis puños.
Olía a pan e higuera cuando las madreselvas
florecían allá en agosto camino de la otra
cúspide:
con un gancho
de mi izquierda
pierna voy derecho
vienes te entrelazo
en la anchura de mis caderas
trapecistas en las lindes
no hay cuerda floja
que me resista ceden
bajo el peso pluma
o ala, yo, ave niña,
cabalgo a lomos
de tu músculo cereal
de invierno todavía
de cualquier año aun
sin lluvia el mar verdea
terreno para el cuadrilátero
huerto de algún verano.
Sembraremos pimientos
y sandías como soles
y los grillos cantarán bajo las tomateras
hasta no engordar más que quince gramos,
top models mis grillos,
y hasta dioses
frotándose las manos
con sus canciones
y mis puños.
Sofía Serra (De Suroeste)
Como un silencio roto
por sonido alguno
descentro
lo que de sana
me costea,
sorprender a la luz fundiéndose en la sombra
del asterisco que rueda por los adoquines,
espuela o nivel de bicicleta en audífono
estallido, algún precipicio entre los dientes
y una bilocación extendida
en las venturosas sienes
de gomaespuma amando
el avellano entre mis puños.
Olía a pan e higuera cuando las madreselvas
florecían allá en agosto camino de la otra
cúspide:
con un gancho
de mi izquierda
pierna voy derecho
vienes te entrelazo
en la anchura de mis caderas
trapecistas en las lindes
no hay cuerda floja
que me resista ceden
bajo el peso pluma
o ala, yo, ave niña,
cabalgo a lomos
de tu músculo cereal
de invierno todavía
de cualquier año aun
sin lluvia el mar verdea
terreno para el cuadrilátero
huerto de algún verano.
Sembraremos pimientos
y sandías como soles
y los grillos cantarán bajo las tomateras
hasta no engordar más que quince gramos,
top models mis grillos,
y hasta dioses
frotándose las manos
con sus canciones
y mis puños.
Sofía Serra (De Suroeste)
jueves, 21 de febrero de 2013
regala amando
Ha sido un libro completamente emancipado e independiente, ha vivido su vida una vez que salió de las manos amorosas de su padre hasta llegar a las mías, ¡casi un mes ha tardado el trotamundos! Se conoce la península mejor que yo misma. Pero al fin llegó, y con él la poesía de Amando, de Amando Carabias. Y su dedicatoria tan personal, que para mí no es cualquier cosa: "[...] más allá del modo de decir, más en lo profundo, la poesía es emoción y es sinceridad".
Muchas gracias por tan plenos regalos, Amando.
miércoles, 20 de febrero de 2013
El desierto y el nogal
El desierto y el nogal
Soy la que fui más nunca
ese segundo tras tuyo
que corría a la milésima
parte de tu velocidad
científica y lenta de cariño
comprendido entre tu sonrisa
y mi aliño de mujer
envejecida tras tu velo azul
de resplandor sobrio
y tamiz que perdura
bajo las horas a deshora
de la noche bajuna,
esa también ciencia
infusa que me somete
fielmente una al sentido
de tu apego, tu gozo, tu alegría
sobre la costra dura
de la nomenclatura. Como
yo no te nombro, ya no mueres,
árbol mío de frutos duros
y varillas de especia
jubilosas, sombreas
estás áridas dunas
del deseo
del amor
verdadero.
Sofía Serra (De La clave está en los árboles)
Soy la que fui más nunca
ese segundo tras tuyo
que corría a la milésima
parte de tu velocidad
científica y lenta de cariño
comprendido entre tu sonrisa
y mi aliño de mujer
envejecida tras tu velo azul
de resplandor sobrio
y tamiz que perdura
bajo las horas a deshora
de la noche bajuna,
esa también ciencia
infusa que me somete
fielmente una al sentido
de tu apego, tu gozo, tu alegría
sobre la costra dura
de la nomenclatura. Como
yo no te nombro, ya no mueres,
árbol mío de frutos duros
y varillas de especia
jubilosas, sombreas
estás áridas dunas
del deseo
del amor
verdadero.
Sofía Serra (De La clave está en los árboles)
lunes, 18 de febrero de 2013
A Molino Mollera
En el principio fueron los árboles.
Siempre los árboles y sus semillas tiernas o duras, sus hojas rugosas o suaves, sus troncos nudosos y encorvados o enhiestos como príncipes en armas al sol de un mediodía cualquiera, en el principio fueron los árboles, grises o verdes, desnudos en sus soledad de fantasmas cuasi blancos o cobijando la tierra roja con sus alas verdes, siempre almario, siempre armario los árboles, siempre abrigo de mis ojos o mis hombros, siempre los árboles, bajo ellos me dio
la vida me dio mi vida.
Después sólo hice volver a recrear el paisaje, sembré árboles, aré la tierra, verdeé y perfumé con madreselvas, fotografié fuentes, pensé en el agua, soñé en el agua, soñé con el agua, todo era agua, siempre fue agua todo, el río, los doce caños, los pozos, el mar de los cabezos, el agua de la fuente, el agua del riego del huerto, las lechugas como rosas verdes, las rosas de mi abuelo, de mi padre, mis macetas, mi balcón, mi soledad.
Porque nunca se obtiene todo lo que se necesita. Ni todo lo que damos.
Pero bajo los árboles me sentí abrigada…
El domos. Mi domos.
A Molino Mollera
Erízame en tus venas
como el fruto del castaño
se abre brillante al calor
de la blanda tierra roja
colmado de su soledad
geminada.
Los fantasmas grises al frío
de enero salvan
las distancias del blanco
y negro. En mis fotografías te hallé
tierno y fibroso como el dueño
del grácil talle de la amapola
recién nacida.
es que sucedió en fracaso
los tiempos y las sendas amanecieron
tras la loma de la edad primera.
Detrás, tan detrás, sólo el rayo
de sol alcanza a los perales
cuyas ramas una a una
fui apartando como apartando
el tiempo desnivel vivido
sin tú o yo y sin ti.
Porque nos fuimos.
Y nos abandonamos
para no abandonar
mecernos
en el hoy de ayer.
La tierra roja acuna
el presente
de lo que somos
y no fuimos ya.
Sofía Serra (De La clave está en los árboles)
Siempre los árboles y sus semillas tiernas o duras, sus hojas rugosas o suaves, sus troncos nudosos y encorvados o enhiestos como príncipes en armas al sol de un mediodía cualquiera, en el principio fueron los árboles, grises o verdes, desnudos en sus soledad de fantasmas cuasi blancos o cobijando la tierra roja con sus alas verdes, siempre almario, siempre armario los árboles, siempre abrigo de mis ojos o mis hombros, siempre los árboles, bajo ellos me dio
la vida me dio mi vida.
Después sólo hice volver a recrear el paisaje, sembré árboles, aré la tierra, verdeé y perfumé con madreselvas, fotografié fuentes, pensé en el agua, soñé en el agua, soñé con el agua, todo era agua, siempre fue agua todo, el río, los doce caños, los pozos, el mar de los cabezos, el agua de la fuente, el agua del riego del huerto, las lechugas como rosas verdes, las rosas de mi abuelo, de mi padre, mis macetas, mi balcón, mi soledad.
Porque nunca se obtiene todo lo que se necesita. Ni todo lo que damos.
Pero bajo los árboles me sentí abrigada…
El domos. Mi domos.
![]() |
| Dibujo a modo de Ex-libris sobre ejemplar de El banquete, de Platón. 1983. |
A Molino Mollera
Erízame en tus venas
como el fruto del castaño
se abre brillante al calor
de la blanda tierra roja
colmado de su soledad
geminada.
Los fantasmas grises al frío
de enero salvan
las distancias del blanco
y negro. En mis fotografías te hallé
tierno y fibroso como el dueño
del grácil talle de la amapola
recién nacida.
es que sucedió en fracaso
los tiempos y las sendas amanecieron
tras la loma de la edad primera.
Detrás, tan detrás, sólo el rayo
de sol alcanza a los perales
cuyas ramas una a una
fui apartando como apartando
el tiempo desnivel vivido
sin tú o yo y sin ti.
Porque nos fuimos.
Y nos abandonamos
para no abandonar
mecernos
en el hoy de ayer.
La tierra roja acuna
el presente
de lo que somos
y no fuimos ya.
Sofía Serra (De La clave está en los árboles)
domingo, 17 de febrero de 2013
Árboles de febrero
Árboles de febrero
Ya muerto, ya ido, ya pasto.
Nadie conoce
mejor que tú
pero ni tú si-
quiera conoces.
Dormir prefiero
no soñar recuerdo
inútil consume
la idea la ahoga
la mata dejar de
ti
desvanecer el lirio
solo
de febrero.
Cada brote aprisionado,
cada rama entrelazada,
cada gesto del pasado gasta
arenisca que se pisa ella sola
ya silbando el presente sacudiendo
las ramas que se posan sanas
asumiendo
todo el verdor
de la vida disipando
el hedor de lo no devuelto.
Porque no existe
ya seco. Páramo
incendiario
de la edad
de la verdad
del verde nuestro tiempo.
Nuestro goce.
Sofía Serra (De La clave está en los árboles)
Ya muerto, ya ido, ya pasto.
Nadie conoce
mejor que tú
pero ni tú si-
quiera conoces.
Dormir prefiero
no soñar recuerdo
inútil consume
la idea la ahoga
la mata dejar de
ti
desvanecer el lirio
solo
de febrero.
Cada brote aprisionado,
cada rama entrelazada,
cada gesto del pasado gasta
arenisca que se pisa ella sola
ya silbando el presente sacudiendo
las ramas que se posan sanas
asumiendo
todo el verdor
de la vida disipando
el hedor de lo no devuelto.
Porque no existe
ya seco. Páramo
incendiario
de la edad
de la verdad
del verde nuestro tiempo.
Nuestro goce.
Sofía Serra (De La clave está en los árboles)
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