viernes, 31 de diciembre de 2010

El demiurgo estrellado (entrada excesiva)

No se me ocurre mejor forma de despedir este 2010 que riéndome de mí misma. Soy tan vergonzosa que hasta cuando a mí misma me disparo me muero de la risa (de los nervios de la vergüenza). La timidez me acompaña desde que nací aunque bien sé que quien me conoce en persona o por aquí mismo no le llega esa idea. La timidez, el vocablo, proviene de raíz latina; temer es la acción que la delimita. En definitiva, una persona tímida es una persona miedosa, temerosa si queremos, que explica mejor ese paso o salto cualitativo que hay entre la cobardía y la valentía. No hay que temer al miedo, y a él nunca le he temido porque un recurso consustancial siempre me ha hecho poder enfrentarme a él, salvajemente a ojos de... suicidamente podríamos decir, bien a través de la risa, bien a través del llanto...el exceso en definitiva, un filtro como otro cualquiera.
Lo único que sucede es que ese filtro trasnparenta tanto nuestra más genuina autenticidad que normalmente es rechazada por estas mentes aburguesadas educadas, queramos o no, en el más puro calvinismo allende los siglos anteriores de nuestra historia (la moderación, bandera de todas las revoluciones burguesas de las que somos hijos con este estado del bienestar que tantas ventajas (?) para nuestro cuerpos ha traído y tantas desventajas (?) para nuestras mentes), por mucho catolicismoo monoteísmo desde este suelo/nación que nos hayan tratado de embutir, y por mucho ateísmo sobre el que algunos crean que navegamos. Yo apuesto por el dios inconcluso del paganismo total, el que nos hila a la tierra y a las nubes, el de nuestros pequeños dioses que no somos más que nosotros mismos, dioses hechos de puras emociones construidas y percibidas a golpe de inteligencia. INTELIGENCIA.

Espero, después de esta excesiva entrada poder permanecer callada por un lapsus de tiempo más o menos extenso. Espero sin esperarlo, claro, y no sé si deseándolo...:D
Saber nada sé hasta  que la rosa no se fotografía.


Las flores de papel

Oculto queda el verbo aguerrido de verdad,
simiente ejecutora de la luz nueva
que el día preconiza desde
los raíles de las cornisas
y sus palomas
posadas
en


las flores, que son papel en blanco.

Torre de marfil

Si hallo tu palabra, mi código
se desmorona en castillos de pavesas imantadas,
la roca se establece lasca a lasca al pairo de la gravedad
fundiendo metamorfosis, compilando,
que no soy nueva,
y en ti habla la aurora
deseando no saber.

El demiurgo estrellado

Vivir sagrada y profunda conjugando materiales
y deshechos
hasta reconstruir el monte perlado
de flores
donde poder tumbarnos a vivir.

* * *

La poesía existe por sí misma.
Al hombre sólo le cabe hacerla evidente.

La poesía no es palabra ni imagen.
Éstos sólo son los signos del lenguaje que empleamos para poder hacerla inmanente.

La poesía nos transciende.
Sólo debemos sumirnos en lo que somos para lograr palparla.
El hombre no puede crear, hacer existir desde la nada. Tan sólo nos resta recrear y en la re-creación cualquier recurso aplicado al lenguaje que nos sirve de puente es admisible.
Con el recurso, el grafiante se encuentra con la mentira que a cuestas llevamos,
y, con su uso (el de la “mentira”, el del recurso artístico), consigue hacer transcender a la verdad inmanente a través del acto poético que no importa por medio de qué lenguaje se realice.
La poesía es verdadero recuerdo de un ser que somos. Por eso a cada ser humano llega.
Si queremos , la poesía llega a través del hipotálamo.

* * *

La poesía no se escribe, sólo se grafía.
La poesía no admite escritura tal como comúnmente la conocemos, letra a letra, sílaba a sílaba, verbalmente expresa.
La poesía es tan sólo una suprarrealidad que a todos pertenece y en ella nos hacemos, la poesía es un tercero con respecto al tú y al yo; por eso, al yo que desea, o necesita, o aspira a hacerla evidente, sólo le queda, y ahí es poco, intentar grafiarla, transcribirla para que el “tú” la perciba. En ese apercibimiento del otro con respecto a lo grafiado por el yo se concreta el arte-facto en forma de lo que comúnmente entendemos por poema, obra de arte en definitiva.
El transcriptor elegirá consciente o inconscientemente un lenguaje, que no es más que un medio estructurado por signos, que harán viable la muestra ante los otros ojos, el lenguaje como puente entre las dos islas.

Sobran las discusiones sobre los versos, sobre la capacidad vista por un tú del poeta sobre el extrañamiento del yo (¿qué validez de posición es ésa si no se puede tener justa percepción de ese yo?), sobre el conceptismo, sobre el culteranismo, sobre el más o el menos, lo ¿bello? o lo ¿feo?, la modernidad de la poesía urbana (¡ay, mi Luis García Montero, como me partiste el alma al oírte decir que la poesía de la experiencia sólo puede ser hoy en día poesía urbana!, ¿y qué sucede con los que nos ha tocado vivir en pleno contacto con la naturaleza?, ¿cómo coño hablamos del asfalto bajo las cagarrutas de las cabras?, ¿cómo sustituimos flores por señales de tráfico?, ¿cómo del barullo de la muchedumbre entre la soledad de las encinas?), la negación del beatus ille o la crítica sobre el gusto particular. La poesía sólo puede admitir una crítica, la puramente científica. Todo lo demás serán adscripciones, auténticas por supuesto, valiosas humanamente hablando, hipervaliosas si queremos, o des-adscripciones, basadas tan sólo en la individualidad de cada lector/espectador.
Yo apuesto por la Crítica de la voz pura desde el más puro cientifismo, pero para que ella sea posible deberá el conocimiento anidar en cada mente que la intente, el más supremo conocimiento de todo, TODO, y por ahora no creo que haya humano que pueda arrogárselo, aunque unos estén más cerca que otros (¿sic?).

Silogismo

Nadie sabe que es capaz de matar,
luego casi nadie sabe,
luego los sabios
matan.

¿No resultaría más positivo, menos cortapisa, asimilarnos tal como somos, con toda nuestra an-asepsia y así repercutirnos unos con/tra todos? ¿No es más poético y por tanto más verdadero y por lo mismo resultaría más práctico y productivo?


Siempre hay soledad
siempre soledad sólo tiene un nombre
no sabías que el suyo fuera el tuyo.


FELIZ 2011, Amigos, :)

7 comentarios:

Sahida Hamido dijo...

Sofía, leerte es quedarme sin palabras, el dominio que tienes sobre ellas y la forma de expresarlas me causan verdadera admiración. Esta "entrada excesiva" es aguda, poética, sin tapujos y con un verbo sorprendente. Sabes que te admiro, gracias por compartir tu talento. Feliz 2011! Un beso

Sofía Serra Giráldez dijo...

Feliz 2011 para ti, Sahida, me da mucha alegría encontrarte por aquí. Gracias por tus palabras. Un abrazo enorme

Rosa María dijo...

Hola: Te deseo que el nuevo y recién llegado 2011 te aporte todo lo que añoras.
Un besiño

Sofía Serra Giráldez dijo...

Yo también te lo deseo a ti, Rosa María, :)..vengo de tu blog, ;). Un beso

Ilkhi dijo...

Muy bueno ese: "el lenguaje como puente entre las dos islas".
Buenas las reflexiones, buenas las poesías.

Abrazos przewalskianos.

Sofía Serra Giráldez dijo...

Prefiero llamarlos poemas, Ilkhi, como mucho.
Y en cuanto a las reflexiones, sólo son renglones que se me van intercalando entre los archivos de los poemarios conforme los escribo. Soy un desastre para la disciplina o el método ajeno. Algún día tendré que ordenar lo que tengo en lenguaje discursivo, y compilarlo, si es que merece la pena. Éstos estaban en uno de hace meses y me encajaron en alguno que había escrito entre esos poemas estos días y saltó la entrada.
Lo de las dos islas es más antiguo que el hilo negro y por supuesto la idea no es mía, vamos, que creo yo que forma ya parte de la conciencia universal desde hace milenios, si no, te aseguro que no lo habría dicho tan a la ligera, me habría deshecho en explicaciones, ;)...:D.
Gracias por tu visita.
Un abrazo

Tempero dijo...

Dios inconcluso del paganismo total:

sí señorita: el lastre de este país y de muchos son los putos dioses que nos metieron con calzador y miedo. Aún recuerdo cuando me iba a confesar los 'pecados'.

Ahora 'peco' y me confieso, pero no a los curas.

Feliz 2011, con retraso, claro (está) cuarto, el tuyo.

 
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