lunes, 2 de marzo de 2020

Sembrar alcornoques



Jaulas de alumbre

Son prometidas del aire
estas jaulas que jalonan
el circo abierto de la cerca de piedra
y sus odaliscas como hincos
que la abrazan como abrazo
estas perlas sin espinas
que abotono creando
transparencias. Abluso tus símiles
para desabrochar los botones
que te nacen al compás
de la espiga y la brisa amarilla
o azul de levante o de poniente
sorteando piedras, clavando estacas
en el corazón de la tierra fría

aún. La necesidad de tus hoyuelos
comunicando el hambre de luz
de tu savia ya latiendo en tu columna
de tierno palo sin corteza aún

que la salve de las acometidas
de los conejos o de la tanza
alimaña de mi ceguera.
Sembrar, trasplantar, esperar
que soportes el desquiciado
calor del estío,
verte crecer camino del cielo
sin abandonar tu madre,
sin olvido de tu germen,
y no verte ahondar tus otras ramas
rompiendo las testarudas piedras
que construyen el andamiaje
de tu estirpe.
Naces, te elevas, te hundes
a salvo de fieras y gigantes
que un día se tornarán
minúscula compañía de tu vera
y tu corcho, tus hojas y tus ramas
cayendo como un sauce,
aunque yo no te vea
o tu sombra no me cobije.
Cuidarte desde pequeño,
protegerte,
alimentarte,
gozar de tus crecidas,
amar al compañero que me abraza
y fortaleza te confiere: jaulas
de blando alambre para el alumbre
de tus días de luz crecientes
para que alivies el mundo
que ahora piso,
que después hoyaré
y del que formaré parte
ya libre yo de mundanas jaulas,
más o menos como hoy.
 
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