miércoles, 18 de marzo de 2020

Lírico paisaje



Paisaje con lirio

Este privilegio que arropo
en mi regazo, ni canta por sí mismo
ni me llega regalado, este privilegio
nació fruto de mi albedrío
y el del suelo que me premió
con carencias la osadía
de hacer mía la voluntad
del hierro y de las piedras
como las que sorteo
al florecer en estos parajes
solitarios de un hogar construido
con alas de mundo interno
y voces de terrenas melodías.
Ahora que me libro,
cierro las jaulas de los vientos:
poder aislarme de ellos
cuando quiero,
suprimir el encierro que la dura
y seca costra a otras flores impone,
caminar con mis hijos poblando
casi medio mundo sin atisbar
ser humano ni ser por ninguno percibido,
abrirme por la tarde pues lirio soy,
lirio longevo en suelo inerte
al que quiebro y revivo
floreciéndome, como lirio extraigo
de mi áspero y gris regazo el color
de los bienes y el aroma de las paces,
como lirio contraigo mis pétalos
cuando el sol me sobreexpone
y a su luz caída yo me levanto,
y multiplico mi especie en estos tiempos
de yermos pasajes, de extrañas veces
para los extraños -siempre esos extraños
ante mi delicada rutina-
que pisan suelos condenados
a no florecer nunca.

Y sin culpa continúo sosteniendo
y arropando con mis moradas
sedas este privilegio de ser
entre tanto páramo incendiario
la única flor que no atiende
a bonanzas o males temporales:
incólume lirio bajo la encina
que sueña su paso lento
sobre el rosa suelo de la edad
y la voluntad nombrada
entre cardos y piedras elegida
ser flor de muchos días.

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