lunes, 27 de febrero de 2012

El beso

El beso

dejaré de luchar hasta que la noche se haga luna blanca
y sin mayúsculas por no estorbar a la mañana
acertando directa en el vértice
de occidente, soplo:
la avena, que aún no ha nacido
ni espigado sus delgados tallos,
se ofrece verde y valiente
a tumbarse tras mi jadeo,
y, así, poder extender la
la numantina acacia, —espinas y flores
y frutos enormes como vainas de algarrobos,
las que saben a chocolate—,
y si claudicáramos ante el indeciso
y decidiéramos vivir el insaciable
ocaso con su juventud de gozos
y sombras perderíamos lo que siempre
nos obtuvo tristes como causa o efecto:
la permanencia sólo algo absoluta
de la más insufrible necedad humana:
la envidia.
porque con un tú más desear tu bien
me dirijo hacia mis propias luces
de bestia redimida en el arcén,
salvada y sanada
por las manos
del que cuida.


No se complicaron
la vida nuestras bocas.
terminaron su tarea
en el mismo instante
que murieron por mor
del delirium tremens,
borrachas de contenido,
de amor.

Sofía Serra 

1 comentario:

patxi(PASCUAL PÉREZ RIBOT) dijo...

"borrachas de contenido",así me gustaría morir a mi,borracho de harto amor,bellas letras en certera pluma.
Saludos Sofi,cuídate.

 
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