domingo, 8 de febrero de 2015

La isla mínima

Llevo años, muchos más años que estos trece que hace que me inicié en el decurso de la fotografía digital, queriendo recorrer  casi a pie la geografía física que habilita la desembocadura del Guadalquivir para fotografiarlo, mejor dicho, visualizar a través de mi cámara el delta que no es delta, porque aparecen cabezos que impiden que ese lago Ligustinus antiguo se extendiera quizás inundando todo el suroeste de la península ibérica, ese terreno que mirado en cualquier mapa, desde los antiguos atlas, pasando por los ya también antiguos mapas de carreteras y centrándonos conforme a las posibilidades actuales en las imágenes que a través de google se pueden encontrar de una vista desde el espacio de sus dibujos su orografía, también humana, una especie de espacio imposible para mí por lo difícil que resulta adentrarse en ella, no existen apenas carreteras: un espacio sin lugar, un lugar ignoto pero archiconocido en pensamiento por mí. De Sevilla a Sanlúcar de Barrameda creo que no hay más de ochenta kms en línea recta (si no hubiera sido por la división provincial llevada a cabo en el siglo XIX, la provincia de Sevilla contaría con playa marítima). Sin embargo hay que armarse, tal vez de poesía, para lograr atravesar el territorio.
Me alegra muchísimo que la película "La isla mínima" haya obtenido tanto reconocimiento en la gala de los Goya de anoche. Confieso que cuando la vi hace un par de semanas me satisfizo por completo. Como siempre en los últimos años me evado (o al menos lo intento, me sustraigo, me desentiendo, en definitiva abomino, me esfuerzo por taparme los oídos aunque no lo consiga) de las noticias diarias y cotidianas, ni siquiera sabía que andaba nominada, todo lo concreto o circunstancial se me pierde en el laberinto de las marismas de este Suroeste. Pero, de alguna forma, este siempre me devuelve la flor del cantueso (o los tomates de verano, o los alcauciles de invierno. O mi lugar, mi mínimo lugar, o tus besos como hojas verdes).



La isla mínima

La corazón es el órgano del poeta.
La poesía manifiesta la corazón.

Las dos palmeras sembradas y creciendo.
El camino mayal que me señala la luna.
La tierra recién arada tal como
el nuevo lirio predica.
Pronto llegará la primavera,
la siembra de los alcauciles
para el futuro invierno,
las rosas verdes tras los rojos
tomates como tus hojas verdes.

Proclamo sin ambigüedades
mi falta de corazón y de razón.
Soy poeta, mi órgano es
la co-razón.

(De "Solenostemon" (Ciclo Suroeste))









sábado, 7 de febrero de 2015

Liberta

Liberta

sin pies

normalmente las batallas del hombre
suceden en el límite entre la noche
de sus ojos y el día de sus manos.
si no sé dónde pisan mis pensamientos,
mucho menos puedo pensar mis pies.

sin cabeza

se ha soltado la yunta
y ya no puedo arar.
un animal soy
sin frente
ni amo.

sin cuerpo

Habiendo llegado,
qué hago ahora aquí.
soltar amarras e la nave va
sesgando muy ciertos
agujeros la diluyen
en la salina transparencia.

sin palabras

mi mente catastrófica gobierna
su salida de este mundo inhóspito
y cruel pido un deseo
por todos los hombres un abocarme
para deglutirme
por completo entiendo
sin palabras que me demuestren.

sin dios

en la inefabilidad de la sustancia
hallo la máquina del tiempo.
un soldado muerto me dijo:
no nombrarás
en vano.

viernes, 6 de febrero de 2015

La sombra

"Selfie con la luz"


La sombra

He permanecido sumida en un sueño muy oscuro, anquilosada, pronunciada por los labios de un otro o una otra, no aletargada, no; dormida, simplemente dormida, solo despierta con los ojos de la perseverancia y el devenir de la otredad, nada que ver con mi propia naturaleza de ente descriptible: un almanaque sin desplegar, una suma de inconsciencias, una niña disfrazada de rey barbudo. La corona de nieve se ha derretido bajo el calor del sol destellando como si estuviera engarzada con los diamantes más brillantes ya hoy perfectamente licuados. Mi tez, mis ojos, mis labios y, a través de ellos, mi garganta, y, a través de ella, todo mi organismo, se hidratan. Bajo la luz del sol mi cuerpo es el mismo que hace breves instantes, un cuerpo de mujer a la luz del estío, con su curvo vientre iluminado, con las gotas de sudor deslizándose por su cuello, con las piernas enhiestas dentro de la sombra de los rayos salutíferos. Solo asoma la duda sobre mis glúteos. Poso mis manos en ellos como para asegurarme de que existen: están. Soy.
Ya camino desnuda por la orilla de la playa. El sol de poniente me calienta a la vez que me extiende. Las dudas vienen y se van al compás de la blonda de las olas. Solo me importa reconocer el color ámbar de mis ojos ante su luz. Me acompaña la plena serenidad de que puedo contemplarlos.

Cualquier obra de arte ilumina el sueño que no recordamos, ese que nos hizo felices o, simplemente, seres nuestros.

martes, 3 de febrero de 2015

Still life natural

"Nervales"


Still life natural

Instantes detenidos, naturalezas muertas, naturalezas más vivas que quizás todo, un conejo muerto, una perdiz acribillada, unas flores cortadas para vivificar un habitación casi enmohecida, una forma de hacer el amor a lo muerto sin practicar la necrofilia. Aunque, pensándolo bien, qué más vivo que la necrofilia, amar lo muerto desde la vida, hacer revivir, no importa si deglutiéndolo o practicando la benevolencia de algún otro milagro: ¿la resurrección como necrofilia?, ¿por qué no? Tantos tabúes, por desconocimiento de la pura palabra. Yo amo la muerte porque soy capaz de quitarle su vida haciendo reaparecer la otra vida, la que es puro desafío es costumbre es la muerte la nada... La nada, el no-lugar, el no-tiempo, donde solo puede nacer la Creación, porque desde el arte solo y escasamente podemos hacer re-crear.

Mas la vida, la luminosa sensación de estar haciendo vida, solo tiene que ver con el acto de crear, ese que en nuestra cóncava mente reservamos tan solo a un dios ( o varios), tan en poco nos tenemos, cuando con una simple flor posada en el escenario de una sala, cuando con un simple beso con el tacto de labios imaginados, cuando con una, solo una y simple palabra, creamos vida que se derrama, que se extiende por esos callejones que hasta la tramazón nerval de una hoja muerta nunca despinta.

La vida, la vida, el amor, el sueño-vida, ay, Calderón, la vida y el sueño. O la pesadilla de no contemplarnos como vivos en cada desencuentro. Quizás , y no más, porque no somos sin el encuentro con el otro. Ese que nos conforma, ese que forma parte tras el mínimo paso de la conciencia individual de lo que somos: Un tú más yo. Un nosotros. Un todavía vida. Un still life.

Es NATURAL que cueste tanto esfuerzo pronunciarla/crearla. No depende de uno solo.



domingo, 1 de febrero de 2015

La trangresión



Otra visión de esta fotografía, AQUÍ, en Meridiana claridad

La transgresión

Nieva lejos si al menos
la ojeriza soleara
el entredicho.
Cómo comu
nicar-te-, licán
tropa mía,
que debes renegar
de la luna, que ahora,
sólo ahora, se revuelve
contra sí misma tornándose
poeta de su misma luz
al ver el empeño
de un tú y un mí:
la frontera.

Pero dentro,
en los cielos ambos.
 
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