Primitiva
Me queda poco sobre que pensar,
un solsticio de animosos cantores
se apiña en torno a las manos
rezadoras, orantes a salvo
de la nieve que golpea
desde el abeto solo
en algunos países del norte.
Serpentean
el cuervo y la herida.
nematodos, Némesis,
frenólogos y otras lindes.
efectivamente nos quedan cuatro días.
efusivamente andan inquietos
a ese lado del mundo
los expatriados como tú y yo
quedamos solos
ante el vecino
que no se movió, no se mutó
en zíngara salvaje y tierna
del zaguán de su puerta.
y me entrenaré en sonsacarte la herida
hasta que no quede más
que albas puntas de un doméstico
desaire de geometrías
apestantes, volutas de la radioesfera
que suministran tus cabildos gozos,
esos que la penumbra sostiene
sobre mi cabeza para no destocarte,
para que siempre acontezcas
aunque yo ya muera,
aunque tú ya mueras
o ambos muramos
ojo a ojo, diente a diente,
de rabo a cola en el otro descabello,
el de las pieles rojas
y verdes.
Descombatir el desvío hueco
y absoluto dejamen
de las cosas.
Denostar aunque no te rías,
perpetrar y subsumir,
contrincar.
En rojo y verde me siento
sobre la tierra, me hundo
en el barro y camino a cuatro
suelas o lados que vuelan alto.
No necesito padres para sostenerme,
me basta el duro suelo
de tu mente y el tierno vello
de tu brazo que enciende el sol,
tú, fuliginoso hombre cuadrado
con verde nuca transparente,
eres mi auténtico amor,
con todo los inconvenientes
del verdadero amor,
incluido el desgarro
de mi roja pulpa.
Los goces, para los civilizados.
Sofía Serra (De El hombre cuadrado)
jueves, 23 de mayo de 2013
miércoles, 22 de mayo de 2013
Mar de humo
Mar de humo
el mar que se hizo tierra
por toda parte escapa
camino de la permanencia
su mansedumbre derramándose.
Densidad y dolor de escape
en las primeras vueltas de las horas
netas, y recia podredumbre
del agua en su vertical sonido
de hambre de aire, la tierra
ensimismada loca
abunda lacerando,
gime adventista,
niega su pasado
de ola amarilla
rompiendo en la orilla
del camino. Así se abastece
el ayer de tus sentidos:
ellos reniegan un abuso,
ellos se visitan desde la marea
vieja de un viajante
por los humos del recuerdo,
y ambos de nuevo viejos
campo y yo
de viejas soledades
ambos nuevos amigos
compartimos techo
como si el nido se hubiera hecho grande.
Y tú tan nuve y nuevo,
y yo tan niebla y nube.
como siempre los árboles
viejos y nuevas sombras
—siempre luces
nueva, siempre viejas
luces—o no sé
si agonía o vida
u olvido de la tumba
o, quizás, de su muerte.
Sofía Serra (De La clave está en los árboles (o extinción de ruina)
el mar que se hizo tierra
por toda parte escapa
camino de la permanencia
su mansedumbre derramándose.
Densidad y dolor de escape
en las primeras vueltas de las horas
netas, y recia podredumbre
del agua en su vertical sonido
de hambre de aire, la tierra
ensimismada loca
abunda lacerando,
gime adventista,
niega su pasado
de ola amarilla
rompiendo en la orilla
del camino. Así se abastece
el ayer de tus sentidos:
ellos reniegan un abuso,
ellos se visitan desde la marea
vieja de un viajante
por los humos del recuerdo,
y ambos de nuevo viejos
campo y yo
de viejas soledades
ambos nuevos amigos
compartimos techo
como si el nido se hubiera hecho grande.
Y tú tan nuve y nuevo,
y yo tan niebla y nube.
como siempre los árboles
viejos y nuevas sombras
—siempre luces
nueva, siempre viejas
luces—o no sé
si agonía o vida
u olvido de la tumba
o, quizás, de su muerte.
Sofía Serra (De La clave está en los árboles (o extinción de ruina)
martes, 21 de mayo de 2013
La esquina
La esquina
Se besaban
en la esquina
sobre los adoquines
el duro suelo
y su blanda alegría
se mecía entre su abrazo
sus lenguas y sus bocas
se besaban alegres
y blandos
los adoquines acunaban
el suelo de su beso
entre sus brazos.
No sé cuándo lo perdí, no sé cuándo lo perdí.
Sí sé cuándo lo perdí, sí sé cuándo lo perdí.
Tengo que pensar
en desasosiego
para volver a él,
desfallecer a la altura
del hombro de la vida, ceñir
el único paso
a tu calidad perpetua
de ente vacío
acostumbrado
a las señas
de un deseo, de un taimado
deseo de un vital
deseo de volver
la esquina.
Sofía Serra (De La exploradora)
Se besaban
en la esquina
sobre los adoquines
el duro suelo
y su blanda alegría
se mecía entre su abrazo
sus lenguas y sus bocas
se besaban alegres
y blandos
los adoquines acunaban
el suelo de su beso
entre sus brazos.
No sé cuándo lo perdí, no sé cuándo lo perdí.
Sí sé cuándo lo perdí, sí sé cuándo lo perdí.
Tengo que pensar
en desasosiego
para volver a él,
desfallecer a la altura
del hombro de la vida, ceñir
el único paso
a tu calidad perpetua
de ente vacío
acostumbrado
a las señas
de un deseo, de un taimado
deseo de un vital
deseo de volver
la esquina.
Sofía Serra (De La exploradora)
lunes, 20 de mayo de 2013
Mi libro
Mi libro
un libro que desdiga.
un libro que deje
lo no dicho.
Del recio y duro tronco
hacia el cielo lanza
lo que le queda de vida
manando su presente
detercia, resume
subsiste
bajo dentro
arranca
de cuajo un golpe
de centro
nervioso y solo
o sólo soledad
que llaman de terceros
que se acercan
porque dos
somos dos
unidos por el suelo
cómo separarme de ti,
raíces mías,
cómo gobernarme al aire
y ser aunque sea
piedra que pueda
el arroyo rodarme.
Mas esta tumefacción
viva que me detiene
junto a mí mismo
quisiera poder
arrancarme,
reventarme
o más sencillamente
que llegara el leñador
para hacerme tocón
de nada, porque manos
no poseo más que raíces
y ramas y hojas a veces verdes:
un puro árbol, sólo
un puro árbol
entre tanta simiente
de tiempo, de espacio,
de límite.
Sofía Serra (De La clave está en los árboles)
un libro que desdiga.
un libro que deje
lo no dicho.
Del recio y duro tronco
hacia el cielo lanza
lo que le queda de vida
manando su presente
detercia, resume
subsiste
bajo dentro
arranca
de cuajo un golpe
de centro
nervioso y solo
o sólo soledad
que llaman de terceros
que se acercan
porque dos
somos dos
unidos por el suelo
cómo separarme de ti,
raíces mías,
cómo gobernarme al aire
y ser aunque sea
piedra que pueda
el arroyo rodarme.
Mas esta tumefacción
viva que me detiene
junto a mí mismo
quisiera poder
arrancarme,
reventarme
o más sencillamente
que llegara el leñador
para hacerme tocón
de nada, porque manos
no poseo más que raíces
y ramas y hojas a veces verdes:
un puro árbol, sólo
un puro árbol
entre tanta simiente
de tiempo, de espacio,
de límite.
Sofía Serra (De La clave está en los árboles)
domingo, 19 de mayo de 2013
Signos cantores recomendado por Felipe J. Piñeiro
Felipe J. Piñeiro ha tenido a bien recomendar "Signos cantores" en su página.
Ver AQUÍ
Muchas gracias, Felipe.
Ver AQUÍ
Muchas gracias, Felipe.
"Nuevo hombre en la cruz" en "La Peregrina Magazine"
AQUÍ el enlace general.
AQUÍ el particular al poema y la fotografía que lo acompaña.
AQUÍ el particular al poema y la fotografía que lo acompaña.
Sorprendida muy gratamente además por la elección de fotografía que ha hecho la directora de la revista, Carmen K. Aldrey, para acompañarlo. Casi la había olvidado, cuando, aparte de una de mis preferidas, fue producto de uno de los disparos casi simultáneo con el que realicé para la fotografía que luego sería portada del poemario en el que se incluye el poema, "Nueva Biología".
viernes, 17 de mayo de 2013
Un corto paseo
Un corto paseo
con la verdad en la mano
que se ha ofrecido hoy
a posarse en esta palma
que no clava sus púas
en las ganas de andar
entre la yerba cortada
que me lacera el empeine,
despellejo mis brazos
entre los leños secos
de los rosales, de los arbustos
y duermo derrotada
por la luz deslumbrante
de los blancos que has despejado.
Ya sin espejo asumo
mi sueño de cansancio
en un mundo sin límite
que me asfixia creo
que desde que nací
para el verde y el cielo
limpio o negro
de verano o de invierno,
para el frío sol o la húmeda nuve
hasta con uve de vida
trashumante por las veredas
de la naturaleza tan inmune a mí
como yo simbiótica de ella.
Concluyo, en pleno insomnio,
que es tu seca la noche
y mi escena aquella
donde las butacas no se asientan,
donde los hombres no se avienen,
donde la herida, la flor, el solaz,
la envergadura que no abarco
hace de mí buena compañera,
un con-sentido
por los años que quedan.
No importa si ninguno.
Me voy al campo.
Allí casi no oigo
a nadie, casi no
te oigo, te veo,
no te imagino
andando sólo
justo tú siendo
como tú quieras.
Aunque me abandones,
aunque yo te abandone.
Sofía Serra (De La clave está en los árboles)
con la verdad en la mano
que se ha ofrecido hoy
a posarse en esta palma
que no clava sus púas
en las ganas de andar
entre la yerba cortada
que me lacera el empeine,
despellejo mis brazos
entre los leños secos
de los rosales, de los arbustos
y duermo derrotada
por la luz deslumbrante
de los blancos que has despejado.
Ya sin espejo asumo
mi sueño de cansancio
en un mundo sin límite
que me asfixia creo
que desde que nací
para el verde y el cielo
limpio o negro
de verano o de invierno,
para el frío sol o la húmeda nuve
hasta con uve de vida
trashumante por las veredas
de la naturaleza tan inmune a mí
como yo simbiótica de ella.
Concluyo, en pleno insomnio,
que es tu seca la noche
y mi escena aquella
donde las butacas no se asientan,
donde los hombres no se avienen,
donde la herida, la flor, el solaz,
la envergadura que no abarco
hace de mí buena compañera,
un con-sentido
por los años que quedan.
No importa si ninguno.
Me voy al campo.
Allí casi no oigo
a nadie, casi no
te oigo, te veo,
no te imagino
andando sólo
justo tú siendo
como tú quieras.
Aunque me abandones,
aunque yo te abandone.
Sofía Serra (De La clave está en los árboles)
jueves, 16 de mayo de 2013
El ruido y un silencio (lucy-on-the-earth-without-diamonds)
El ruido y un silencio
(lucy-on-the-earth-without-diamonds)
A Lucy
Alimentamos sabañones
que nos dejarán la piel
reventada en tiras de aluminio
que se enrollan añarándonos
la entrepierna y hasta las corvas.
Juntos cederemos al buen paso
de la bestia, tanta raedera
salvaje, mullida de dientes
en escala perfecta con boca
de titanes y jorobas
de escleróticos esqueletos.
¿Cómo se entrelazan
los tirabuzones de su afecto?
Hasta las calaveras se aman
con su boca a boca tecleante,
diente a diente,
hueso a hueso.
nadie puede saberlo.
si no se dice nada
es audible nadie
sabe de esta entraña
terrena.
Sofía Serra (La exploradora)
(lucy-on-the-earth-without-diamonds)
A Lucy
Alimentamos sabañones
que nos dejarán la piel
reventada en tiras de aluminio
que se enrollan añarándonos
la entrepierna y hasta las corvas.
Juntos cederemos al buen paso
de la bestia, tanta raedera
salvaje, mullida de dientes
en escala perfecta con boca
de titanes y jorobas
de escleróticos esqueletos.
¿Cómo se entrelazan
los tirabuzones de su afecto?
Hasta las calaveras se aman
con su boca a boca tecleante,
diente a diente,
hueso a hueso.
nadie puede saberlo.
si no se dice nada
es audible nadie
sabe de esta entraña
terrena.
Sofía Serra (La exploradora)
miércoles, 15 de mayo de 2013
Adiós, poetas
Adiós, poetas
De sol a sed
desolada
la sal
lo sabe.
I (Las armas)
ellas se habían enredado a mis manos
porque
ellas no tenían
quien las acogiera en sus manos
buenamente.
Las yerbas habían encontrado
donde desentumecer
a la muda.
Me enreda menos, mas
no lleva tu nombre.
II (La política)
Política y honestamente
tengo más
que ver
con las yerbas
que con vuestras manos
(ya, sin la tuyas o la mías,
la pradera subsiste sola)
,
malevolencia
entretanto,
entre tantos
y con nombres.
III (La guerra)
La única revolución pendiente
es la del individuo sobre sí.
Y la única con final feliz
para el mundo.
No pidas
revolución
externa
si
interna
no la das.
IV (Victoria)
Derrótate
entonces
conocerás
batallas
ganadas.
(Sofía Serra. De La dosis y la desmedida)
De sol a sed
desolada
la sal
lo sabe.
I (Las armas)
ellas se habían enredado a mis manos
porque
ellas no tenían
quien las acogiera en sus manos
buenamente.
Las yerbas habían encontrado
donde desentumecer
a la muda.
Me enreda menos, mas
no lleva tu nombre.
II (La política)
Política y honestamente
tengo más
que ver
con las yerbas
que con vuestras manos
(ya, sin la tuyas o la mías,
la pradera subsiste sola)
,
malevolencia
entretanto,
entre tantos
y con nombres.
III (La guerra)
La única revolución pendiente
es la del individuo sobre sí.
Y la única con final feliz
para el mundo.
No pidas
revolución
externa
si
interna
no la das.
IV (Victoria)
Derrótate
entonces
conocerás
batallas
ganadas.
(Sofía Serra. De La dosis y la desmedida)
martes, 14 de mayo de 2013
Peso vivo mío
Peso vivo mío
Así como
tú no
taladras mis arterias embebidas
en los rizomas esqueléticos
del coral submarino,
yo no
me basto ni para una sola noche,
esta sola noche tan cansada de mí,
tan plagada de este peso y muerto
pecho concentrado de planeta.
Tanto pesa, tanto pesa
la múltiple arcadia
que a todos nos haga felices.
La estratagema de la avispada estela
transformó números en un ejército
prudente y manco.
Bregan otras minúsculas centurias
poseyendo una piel lejana y obstetra
de todas mis huellas con futuro,
que es tuya, la tuya,
esa con la que no sé vestirme.
El cansancio busca reliquias
con las que poder orar,
levantar tal vez aquélla,
una palabra, un sinónimo
de cuerpo sin piel
que brega y piensa
y duele y navega y vive
y no descansa.
Sofía Serra (De La dosis y la desmedida)
Así como
tú no
taladras mis arterias embebidas
en los rizomas esqueléticos
del coral submarino,
yo no
me basto ni para una sola noche,
esta sola noche tan cansada de mí,
tan plagada de este peso y muerto
pecho concentrado de planeta.
Tanto pesa, tanto pesa
la múltiple arcadia
que a todos nos haga felices.
La estratagema de la avispada estela
transformó números en un ejército
prudente y manco.
Bregan otras minúsculas centurias
poseyendo una piel lejana y obstetra
de todas mis huellas con futuro,
que es tuya, la tuya,
esa con la que no sé vestirme.
El cansancio busca reliquias
con las que poder orar,
levantar tal vez aquélla,
una palabra, un sinónimo
de cuerpo sin piel
que brega y piensa
y duele y navega y vive
y no descansa.
Sofía Serra (De La dosis y la desmedida)
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