viernes, 11 de enero de 2013

IS-La

IS-La

voy a hacerte mucho mar,
mucho mar acer
o blando
y dúctil
para
tras
la
darte
a Horai.
Horai, la de la luz blanca.

Sofía Serra (De Los cabezos amarillos)

jueves, 10 de enero de 2013

Caminante en blanco y negro

Caminante en blanco y negro

Por el camino seco cercado
de cañaverales, hierbabuena
y aulagas con sus pinchos
marciales de fila en fila
entretejidos con andrajos ajenos
a la esperanza,
va suspirando el caminante
olvidado de cuanto
de sí
desprende por el reguero
de su ocaso:
ya se te funden suelas
con la arena mojada,
ya se te orillan las manos
en la corteza de los pinos,
ya huelen tus ojos el continente
marino especiado
con las dos células de tu espacio:
la negra
para abrirte el iris
con los siete colores,
la blanca
para cerrarte el arco
con el solo: el de la luz.
O tú.

Sofía Serra (De Los cabezos amarillos)

Un manifiesto regalo

Muchísimas gracias, Eloy. Aunque conozco tu poesía, o quizás por eso mismo, me ha emocionado muchísimo tener tu libro en mis manos, tu "Manifiesto asténico"
Gracias, GRACIAS, GRACIAS por tan magnífico comienzo de año que me has dado.

Con el movil, 10/1/2013

miércoles, 9 de enero de 2013

El tiempo, el lugar y la luz

El tiempo, el lugar y la luz

el tiempo

voy dejando de hacer
tejiendo dejares
y olvidos sendos
de tu boca y otro de tu oído.
Me comunicaré tras el
parto-proclamo
de la dicha que viene
solicitándote como si fueras,
como si siempre
fueras como eres
tú siendo tú siento yo
senda abierta
soy.

Del lugar,
infrecuentado,
resulta la vez.


el lugar

Al despertar cada tiempo
mi alma sola no vive
en este mundo.
Los vencejos, con sus plumas,
me recuerdan
el tacto las caricias
de la luz el ángel
ennegrecido
con mi propio hollín
carbón quemado soy
los tizones de la orilla.

Al llegar
al lugar,
tú, Verdad.

Sofía Serra (De Los cabezos amarillos)

martes, 8 de enero de 2013

Mi padre se decía comunista y yo atea


Mi padre se decía comunista y yo atea

I. Expiración

me siento inspirada
tan solo para amar,
así que es natural
la falta de expresión
que en las letras.


II. T(h)ora

Son
riente
qué bien
me cantas.

Yo ya es
que creo que
he dejado de ser
poeta.
Me va la marcha-tras
el estallido, el olvido, me va
sobre todo el recuerdo
me une al dios
del martillo, yo quiero dar
puñetazos por el orbe
a diestro y siniestro
te acuno,
pequeño y tierno y eral
y dulce mi desgarro
te trasplanto, vejez
encendida de este mundo
de olvidados orgasmos alegres
y cariñosos,
a otra tierra más
adelante.

III. La jueza (la hoz)

ya hoz sin parte
ni deuda conjunta
confundo lo que quiero
hasta sajarte de mí
y mis órganos negros.

En la cueva cantan alegres
las miserias de tus trapos
que me visten de goda
y melancólica y amarilla rosa
al son de tu órgano
multiuso,
la bofetada y la bala,
la pistola y el tres por cuatro,
la sinfonía y la mejilla
mortal de necesidad
retiene la Naturaleza
como su propia sangre
en su seno lo esencial.
¿A quién le vamos a hacer caso?
más se asemeja mi rosa
a tu puño de acero
que el cielo azul tiñéndose
de negro a la alegría. Aquí
el universo paralelo levanta
paredes de agua, como Moisés,
no, mejor, como Charlton Heston
en la película. No somos dioses,
pero sí capaces de inventarlos.
Esa es,
a-diós Marx
y su cientifismo,
pobre él tan arropado
por la carencia de su siglo,
nuestra eterna salvación:
La inteligencia.

y se abre, ella
se abre como un mundo
virgen y guarecido
a solas para quien venga
no, sólo para Lo que bajo
el martillo la encuentre.

IV. Resurrección

Rosa de enero tan a penas
sola como las margas azules
cuando los cabezos le dan la espalda.
Apenas ni una ni otras saben
que son Hércules maleducado,
tan maltrecho hijo de dios
y hombre con pasado ardiente
y ya tan herido, durmiendo
al mar se extiende su cuerpo
de amarilla tierra ya no
muerto es decir
por tanto, ya no
estrellas.

(Sofía Serra. De Los cabezos amarillos)


domingo, 6 de enero de 2013

Suroeste

Suroeste

Sin gentilicios más
desde su pequeña hija
asoma una
era un sueño,
y al mar
llegué desde sus manos
de vida alegre paseante
por la avenida de tu ingle.

curva ancha,
amplia desmedida de la rosa
y el cantueso alboreados,
hemipléjica y venérea
bahía de tú.

(Sofía Serra, de Suroeste)

sábado, 5 de enero de 2013

Las desadscripciones (al viento)

Las desadscripciones (al viento)

la camella gime con sus ojos
de hormiga llorando las nubes
vándalas acompañantes
del cielo amaneciendo.

se descomprime
el corcho
de la piel terca
y sorda.

Ni por un lugar ni callando
hacia el sur tercia la sota
que arrastra glandes y lluvia
bajo la marítima plaza
en verte y ya verte venir
soleante y parsimonioso
ajado clamas
bajo la arena
granítica los reyes
me han dejado
una salva de aplausos
por mi gestión al frente
del gabinete de crisis
que vendrá.
se les olvidó sentenciar
mi nombre de buey
ventilando esquiroles
a hocicos viento
del Sur,
que ya se huele.

(Sofía Serra. Fin de El hombre cuadrado. 5 de enero de 2012)

viernes, 4 de enero de 2013

(Me)Río de la poesía

(Me)Río de la poesía


Profusamente discurriste bravo
y empequeñecido sobre las hojas
de la victoria de los árboles.
la tierra levanta sus emblemas y pendones,
gallardetes sobre la cima de las vicisitudes,
las triquiñuelas de la luna de Agosto
ya dirimieron escindidas.
veneraremos otros dioses.
Los nuestros murieron
cuando el sol se hubo ido
y ya no queda sangre en la flema
que te obstruye.
Encontrarán un saco de huesos
en la mano de la vasija,
alguien asirá su belleza gramínea
y no dudará en beber de su agua
hasta refrescar su estómago.
Entonces sabremos a qué huele
la divinidad, cuando recorramos
invertidos el trago refresco y dulce
por la lisura de seda de sus esófagos.
bello este asomo de duda
sobre la sonrisa en tus labios:
te esculpe el rostro y vacía el aire
de miasmas asfixiantes.

El desaparecido entre lentejas
y albúminas extraídas a los huevos
aun sin romper,
aun sin cascar.

la modosia de los hombres seguros,
la idiosincrasia del poder
construido junto a trenes
de cabras y ovejas
que bajaron de la montaña
para pacer en el valle.
La senectud que cura la herida
encanece las barbas espesas
de los chivos y los carneros,
como a ellos viste con cencerros,
a ti te viste de poeta.

Sofía Serra (De El hombre cuadrado)

Esto es el lugar infrecuentado

Esto es el lugar infrecuentado

soy una mujer
ducha, dicha
en palabras
que no son mías.


Vine del lugar hasta el lugar.
Esto es y fue el lugar infrecuentado.
Y será.
El signo del amor en la tierra.
El lugar de la paz, de la salvaje paz
y de la ausencia sin dolor.
El lugar del domos
y el paraíso del hombre
en su lugar.
El lugar sin ayer ni después,
el lugar con presente de ti.
El lugar infrecuentado se alimenta de sí mismo
y de los pocos que hasta él llegan.
Sucede el autoabastecimiento de la naturaleza
en comunión consigo misma.
No existe la decrepitud, la pérdida.
Tal como se señala, la huella se evapora.
No es el lugar de los hombres,
pero sí el lugar del hombre.

La yedra crece sobre el agua,
sumerge sus raíces, la luz extrae
de su savia el verde que ennoblece.

Aquí no sucede la escritura,
aquí sólo se lee. O se vive.
Los estratos, o a su lado.

He llegado al lugar del que partí,
nada queda por hacer. Ni un afán
me persigue, debo saber gozar
disfrutar de la recompensa ya
tras el esfuerzo.

El vuelo que de mi pluma escapa
se hastía de no encontrar el papel
que la someta al plano.

Lo tengo todo
dicho.
No puedo ni debo hacer
más porque todo lo de más
destruirá.

Con sinceridad,
con solo ganas de callar
y no ser vista, desenlazándome
desaventurando, aseverando
mi posición en este enclave,
matizándome
quizás
domesticándome
o tan sola
haciéndome salvaje.

(Sofía Serra. De Los cabezos amarillos)

jueves, 3 de enero de 2013

En el décimo día despertó (nana)

En el décimo día despertó (nana)

Mi paso atrás
significa
despedirme.
Y yo siempre permanezco.

Despierta,
despierta día diez,
alboroto de la noche y juez
que duerme y vela la locura,
tan mía como la sirena
del barco
de pesca
de bajura.

¡tú-tuuuu!, ya lo decía
el barquito de dos motores
que traería el menú
para las tres del mediodía,
me avisaba, tú-tuuuuu,
las noches no eran largas,
la pesca se hace de madrugada.
A la misma hora que sigo levantándome,
a la misma hora que sigo escuchando
todos los días
el pronombre que me cuadra,
el círculo de cuatro lados
que me hace.

¡Tú-tuuuuu!, me arrullaba
el mar, su barco y la noche.
Y la niña ya no duerme
esperando despierta
la luz de un día
redondo.

seis— ¿a quién se le ocurre
siete— componer una nana
ocho— con la sirena de un barco
nueve—a las cinco de la mañana?

(Sofía Serra,  de Los cabezos amarillos)
 
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