domingo, 29 de septiembre de 2013

Poema "los parasoles de Afrodita" en vídeo

Se lo debo a algunos queridos amigos. Tómenlo como prueba. Los vídeos nunca han sido lo mío. Recitar tampoco, pero sí sé que tal como escribí "Los parasoles de Afrodita", sus poemas, son poemas también para recitar. Hay poesía para recitar y poesía para ser leída. Todos la que es para ser leída, no sirve para recitar. Además me persigue una insufrible vanidad, no soporto oír un poema escrito por mí sin el tono en el que lo escribí, ése que oigo cuando lo escribo. Por eso siempre pensé que a este libro le habría venido bien un dvd con grabaciones de audio (además de un dvd con sus fotografías, decenas). Le habría venido bien para cumplir con esa máxima que me persigue, la coherencia, la congruencia en el acto poético. Pero el mercado editorial es el mercado editorial, sus circunstancias, sus carencias y sus sobras. Nada que ver con la poesía, con lo que nace cuando se coge papel y lápiz, ordenador, fotografía, espíritu y grafos. Cosas de la costra dura de la nomenclatura (que, quién dice que no es también poesía).
(Disculpas por la mala calidad.)

Dejo abajo la letra del poema en sí.


Los parasoles de Afrodita

Ya llegaste, te has sentado ya.
Tengo tus ojos delante:
De su dorado vientre, el de Afrodita,
nacieron celestes parasoles,
sombrillas chinas que la diosa abrió
para cultivar mi piel con la nácar
y el humus de marino hechizo
arrojado sobre la ola que,
de vuelta y viene, conforma la marea
del sanguíneo mar de poniente:
¡Mar mío, mar lleno, mar
tan grande como yo misma!,
exclama la diosa rediviva
ignorante de su testicular
progenie, urania utopía
transformada por mor del viento
en conflagración de carne
sobre agua-sal y carne.

Gemiste en mis ojos: ¡Dame aire!
Gemiste en mi boca: agua blande
y piel para el cuántico cuerpo,
envoltura de este juguete polivalente
en el que me sumerges hasta contentar objeto
de los ritmos internos que manifiestan la eufonía,
venéreas transacciones, de las celestes esferas.
Amor, cueva clara a la sombra
de los chinos parasoles visitas.
No tu música, no tus brazos,
no tu centro; ni siquiera tus alas,
en el reitero de esta penumbra
de piel interna, hallarán ajado,
que ella misma regenera
a medida de las Eras.
Que sí, vuelan ya.

Urano,
hoy ya caes,
hoy ya retornas
por tus genitales.
Qué castrado te dejamos, ¡ay!
Ay, castrado, sí. Mas —te hablo al oído—,
recuerda,
sólo a sangre
tu carne engendró
lo más sagrado.
Ahora ya cayendo,
piensa,
podrás hacer
de la descendiente de tus gónadas
real
cayado.


3 comentarios:

Rafael dijo...

Me gusta el poema y tras ver y escuchar el video, ahora entiendo un poco mejor el nacimiento y la razón de ser de este poemario. Te ha quedado muy bien y la lectura impecable, ¡felicidades!
Un abrazo.

Robín dijo...

Hace falta un buen técnico de sonido; he de decirlo, aunque yo no sé nada de eso; no puedo por desgracia ayudar. El viento u alguna otra cosa estropea la lectura amable aunque indecisa del texto escrito. Ocurre también que pienso, con fundamento suficiente, que la poesía no tiene porqué ser leída, porque leerla, es rebajarla casi siempre en algún grado. Me ha ocurrido con casi todos los poetas que me gustaron y aún me gustan. Alberti, por ejemplo, que tiene unos pomas memorables, me ha defraudado siempre cuando los ha leído él mismo, en un tono forzado que rebajaba el nivel alto épico, lírico y poetíco que yo imaginaba y sentía con su lectura sóla y pura. La voz, bien lo sabemos, es para la conversación en prosa. Un texto, cualquier texto elaborado por escrito, perderá parte de su fuerza al ser leído. Un poema; una prosa filosófica y bien dicha y cuya voluntad es decir mucho (en calidad, no en cantidad) -hay que reivindicar tal género prosaico, aprender a escribirlo y que no sea cuento- se marchitarán después de haber pasado por los efluvios sonoros pero comunes, tan comunes, de la lengua. Los cuentos sí pueden ser dichos porque son otra cosa;
http://www.youtube.com/watch?v=MM9zHF4e810

Amando García Nuño dijo...

Apenas entiendo algo de poesía, y menos de declamación. No me atreveré, por tanto, a comentar el texto que, en todo caso, prefiero leído que escuchado. Pero te diré que me he sentido seducido por la presentación previa y el gesto de despedida. Se lo decía ayer a la buena de Isolda, hablando de ti, con admiración. Oír tu voz, tu explicación, es un canto a la vida, con viento haciendo el coro.
Abrazos, siempre.

 
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