lunes, 1 de julio de 2013

Sobre "La exploradora"


La exploradora es un poemario que me está costando sangre lograr organizar. Sé que ella llega, pero tengo que conseguir mostrar cómo lo hizo. Sus huellas aparecen, pero todas enmarañadas en un enorme ovillo. El hilo entra y el hilo sale claramente, pero desenredar el nudo que se hizo está pudiendo con mis nervios.
Paciencia, buena letra y algo de disciplina, algo de la poca que poseo.
Ha llegado la hora de comenzar su índice, así, sin haber llegado al final, índice provisional. Distintos los poemarios, distintos los métodos, aunque siempre escribamos los mismos, tal como siempre hacemos la misma fotografía.
¿Es que puedes ser otro? Con dejar de ser ya es más que suficiente. Éste es el paso que obviamos cuando usamos la plena consciencia. Ésta es la clave. Cuando la exploradora escribió y describió su itinerario, logró dejar de serlo. Dejó de ser exploradora para pasar a ser explorada. El shock. Ahora me toca vislumbrar las huellas de la otra mirada para así poder dejarlas expresas, por activa o por pasiva, en el poemario. Para que éste pueda ser leído por cualquier otro.

De la tribu Pies pequeños (el shock)

De la tribu Pies pequeños (el shock)

Llegado el freno y cierta estación
Estancada entre las arenas blandas,
Tan difícil se hace salir del mar
De la ausencia, de la cinta transportadora
Que me llevaba solitaria y púdica
Ahora ya sin huerto
Y sin pienso luego veo sin
Porvenir ajustado a las suelas
De los zapatos sin a-las,
Clávame, húndeme, sepúltame,
Encrucijada sin rosa ni espin
Illas que romperme
Contra el bordillo de las aceras.
Las aves migran
Plumas a otros suelos,
Otros cuentos de suelos.
El mío encharca el horizonte:
Perfil huele el aire
Buscando la terquedad
Del misterio, encendidas
Mis mandíbulas se aprietan
Contra sí hasta
Que mi oído revienta.

Continúa el tren rodando.
Mis pies calzan ataúdes
blancos.

domingo, 30 de junio de 2013

La cueva clara



Al volver del campo, las perras hibernan como un par de oseznos durante un par largo de días. Mi cuerpo tiende a lo mismo. Es lo natural. Como la osa en Nueva Biología. Pero no lo quiero. Es la querencia.
La voluntad y la inercia señalan los extremos paralelos. Me quedaría todos los domingos en el campo. Hasta siempre. Rompo la segunda y ejerzo la primera.
No descanso.
¿Hasta cuándo?
Volver para aunque sea
no tener que volver.

viernes, 28 de junio de 2013

La dama de noche

La dama de noche

Sofía alejada
de dios siempre.

la dama de noche persigue
otros mundos,
pudiera ser que la locura
haya hecho mella,
alguna sustancia química
corrosiva se ha multiplicado
o se ha desprendido
el ebrio azul nocturno,
y yo ya, infinitesimal gota

me de-canto por las flores
que ya tampoco nadan
un cuánto o un dónde
o un cómo siquiera.

la depravación de la poesía,
la dama sin flores
de noche.

Nueva Gracia Sevillana

Nueva Gracia Sevillana

Yo no estoy en la verdad, pero desde luego los demás tampoco.
Tras la lectura de una nueva (muy reciente, apenas tres números) revista poético literaria, me reafirmo en la foto que empecé hace días y esta mañana retomé: tirar la toalla. No hay forma. Ni contenido. Si esta es la ejemplaridad del atisbo intelectual de esta sociedad, apaguemos y vayámonos.
Lo peor, lo peor de todo es el nombre de la tienda enfrente de la cual se presenta el número de este trimestre.
Menos mal que el rincón de la calle que sirve de albergue al comercio que aún vende planchas de gomaespuma de todas las medidas sirvió para taponar la dejadez de una propietaria y madre. Al menos el ser joven, el ser aún joven, ya no pasa frío.
Porque tras la lectura de esta revista creo que hasta a las copias del Diadúmenos o semejantes esculturas griegas que posan en el patio de arte se les habrán puesto las carnes (no marmóreas, sino de escayola) de gallina.
Provoca frío, destemplanza, desazón, el panorama. La intemperie. Se me asemeja la sensación a la misma que percibo cuando contemplo los toldos de hojas de palmeras que los pseudohippis del huerto del rey moro construyen espero que para dar sombra a los arenales (sic) donde permiten que sus hijos posen sus culitos sin pañales ni siquiera bañadores que reserven las partes más vulnerables de nuestros cuerpos. Porque aquí, a hortelanos urbanos y demás apósitos se lo recuerdo, no hiela. Pero sí hay mucha mierda. Y ellos lo saben. O deberían saberlo, si es que el sueldo del ayuntamiento no les nubla el entendimiento. Y por eso se conforman con especies de revistas literarias que sólo en su panegírico evocador encuentran cierta razón de ser, aunque para mí en fraude de usufructo aprovechada: Nada pagan.
Y casi me la pegan.
Sólo casi. Benditos PE-DE-EFES.
 
Creative Commons License
El cuarto claro by Sofía Serra Giráldez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial 3.0 España License.