domingo, 27 de enero de 2013

Éramos pocos y se reencarnó (entrada desde texto de Javier Sánchez Menéndez, Poeta)

Éramos pocos y parió la abuela. La historia de España, es decir, todo ese pasado que, nos guste más o menos, termina conformando el presente que vivimos a menos que tengamos los arrestos necesarios para subvertir el orden del tiempo y, por lo tanto, darle la vuelta al caudal de la causa/consecuencia, termina por abrírsenos delante cual roja amapola, cuando en realidad (no tuvimos en cuenta la dirección del viento) lo que germina y amenaza con desarrollarse no es otra planta que la comúnmente conocida como “cardo borriquero”, típica planta que, aun bella para la visual y para aquéllos a los que nos gusta recrearnos con la geometría de la naturaleza, si nos situamos a pie de calle, es decir, sobre los adoquines o la vulgar yerba verde y blanda, el natural por vivencia desarrollado, no deja de constituir una engorrosa, árida, punzante e hiriente verdura que, estoy segura, ni haría las delicias de los aficionados a ingerirlas. Que yo sé bien de esto, que las he arrancado con mis propias manos, y hasta fotografiado, e ingerido, no, porque hasta las cabras deciden no comérsela.
Es lo único que germina sobre el suelo más pisoteado, más reseco, menos fecundo. No hay que desmerecerle su valor fitobiológico. El problema es su fertilidad, es decir, la capacidad de la propia planta para extenderse más allá de su sitio de acogida (parece que no tiene pies, pero mejor no veamos cómo vuelan los “demonios”, no otra cosa que sus semillas perfectamente aladas, es decir, dotada de alas, con la sabiduría de la madre naturaleza).
Pero no hablo de plantas, sino de otro cardo borriquero mucho más dañino, (mucho más, sí, al fin y al cabo los cardos borriqueros embellecen los eriales cuando ya no queda pasto) que se aposentó, voy a decirlo, en esta Península Ibérica, no sólo en España, allá por los finales/comienzos de los siglos XVIII /XIX. Fernando VII, un tal rey español llamado Fernando VII, ha terminado por reencarnarse vía poder de algunos votos, vía poder de la pereza/abstención/esto no va conmigo/soy de otra onda/ patrimonio nacional ojalá no ibérico sino tan sólo español, en la figura de nuestro actual presidente de gobierno, un tal, porque prefiero no nombrarlo con cercanía de parentesco ni gentilicio, Mariano Rajoy.
No lo dice la que suscribe, la similitud ha llegado de manos de un poeta, e historiador, que lo expresa mucho mejor, y con voz. Hay que escucharlo. A ver si recordamos lo que significa hablar, decir más allá de escribir, que no tengan que recordarnos, sino que nuestro tiempo se haga con voluntad de presente. Así, seguro, no tendremos que llorar aún más.

Escuchar a Javier Sánchez Menéndez AQUÍ

(abajo texto, pero hay que escuchar. OÍR.)


Exiliados poéticos y políticos

El Romanticismo en España fue tardío y breve. Ocupó la primera mitad del siglo XIX. José de Espronceda huyó a Lisboa con 19 años, vivió en Alemania, Bélgica, Inglaterra, Francia o Portugal, al igual que otros escritores que abandonaron nuestro país por diferencias con el régimen político.
Fernando VII fue el culpable de la huida de tantos intelectuales. Tras su muerte, llegó la amnistía de 1833, y con ella los exiliados pudieron regresar a nuestro país.
Se dice de Espronceda que fue poeta y militante.
La vuelta a España de los escritores trajo consigo un gran cúmulo de riqueza cultural, que se vio reflejado en grandeza de nuestro arte. Nuestro país recibía riqueza, aunque hubiera ocurrido a raíz del exilio.
Ahora estamos en la misma situación y Rajoy es el Fernando VII del siglo XXI, con su trato a la cultura y a lo que no es la cultura está consiguiendo que muchos emigren y dejen la tierra que les vio nacer. Y lo hacen con el llanto en el rostro y la pena en el alma.
¡Pobre cultura! ¡Pobre sociedad! Marchar con la esperanza de regresar algún día trayendo lo mejor de otras tierras para nuestra propia riqueza.
Todo ahora cuesta sangre.
Ojalá no tengamos que esperar la firma de ninguna amnistía que condicione la vuelta de aquellos que se marchan. Intelectuales o no, los que se van son exiliados, exiliados poéticos y políticos.
Escribía en un soneto José de Espronceda:

Españoles, llorad; mas vuestro llanto
lágrimas de dolor y sangre sean,
sangre que ahogue a siervos y opresores,

y los viles tiranos con espanto
siempre delante amenazando vean
alzarse sus espectros vengadores.

Rajoy es nuestro Fernando VII, fíjense, ¡hasta se parece físicamente!

Javier Sánchez Menéndez
Cadena SER (A vivir que son dos días –Andalucía–)
(Domingo, 27 de enero de 2013)

Acceso

Acceso

esas pequeñas extremaunciones
con las que designas el dedo
de tu boca afila génesis
para que nos amemos,
algunas veces, algunas más
sobre tu ungida noche
sortean peregrinos
sobre la piedra calva
con apenas polvo,
y aquí, todo mar,
cuando yo te veo todo mar
cuanto tú me miras todo mar
cuando cabeceo abocada a ti
todo mar y ese vello que asoma
por tu axila todo mar
desde mis bebedizos de hambre
de tu garganta, paz
y aula cerrada
tu cóncava carne
entre mis manos todo mar,
todo mar y la arena junta
y viva junto a ti
y mi sereno.

que en un mar, y en este todo mar,
te acceda
la serena suerte de sentirte
amado.

(Sofía Serra. De Suroeste)

sábado, 26 de enero de 2013

A un no amante del jazz

A un no amante del jazz

De pequeño, mi hijo quería ser tallerista,
así nombraba a los mecánicos de automóviles.

El jazz les pasa f(r)actura de cerebro
por las mientes de lo a-cordado
en el engranaje de las emociones.
Tus piezas, no hay mecánico
que las reponga y, menos aún,
tallerista que las petrolee.
Diesel herbicida de esa pradera
ozziosa. Los verdes corazones
se alimentan con neutrales
visitaciones como la tan bella
como dios se nutre
de agua generando
estaciones de servicio.

Esta amazonía semioculta transita
bullendo vida, agua y verde espanto:
estoy muy cansada,
tanto como la suerte
cansada de tanto
tocarlo y casarlo.
Me detengo a resituarlo
en el arcén de mi alivio.

miren, mejor, lean,
ahora mismo,
HOY POR HOY,
no creo SER
en la poesía,
en todo esto
que se supone
las palabras hacen.
qué me importa
a mí un verso
más o menos
si a nada huelen.
Ni siquiera a gasoil.

(Sofía Serra. De Suroeste)

viernes, 25 de enero de 2013

La escafandra fluvial

La escafandra fluvial

Aminoácidos sutiles
y algún esclerótico seno,
el paisaje de tu ensenada
barrosa. Volverán los lirios
a florecer pesados y rumbosos
como la ternura y tantos besos
laminados en la superficie de las aguas.
el estuario juega
al pan repartido
entre todas las bocas abiertas.
No entran moscas en el lecho
del río correspondiente.

En esta confidencia me balanceo
sobre la vida del revés,
como el calcetín de la abuela
dormida justo al final de sus afanes.
No temas, reina mía. Los pelícanos
aún planean la tierra, auguran
candados abiertos a las nubes
con su boca grande de alquiler de sombras,
una boca tan estrafalariamente grande.

Y a voces
se fundieron las otras
en un sol-o torneado
por la arrogante escuela.
Sobre tu mullida longitud de pernera invisible,
los cabezos amarillos posan semidesiertos
y alojados cada uno en el hombro
del siguiente anticipando
la espina dorsal del mar.
Un aire llamativo me sabe a quieto oleaje
trepanado por tus miembros:
quisiera yo, a veces,
zambullirme indiscreta y transparente
en tu entrepierna de agua,
la juventud de tus efluvios enloquecidos,
la senectud de tu estrambótico deseo,
la pleamar de tu combatiente
calma y el mar caliente
que te espera.

Sofía Serra (De Suroeste)

jueves, 24 de enero de 2013

La diletante (de viaje visitando monumentos)

La diletante (de viaje visitando monumentos)

En este simulacro exilio
me permite el lienzo
reconocer mis pasos.
Hasta en los canales crece
para recordarme de donde vengo,
nunca hacia donde vamos.

En esta sutil agonía
que es la vida venero
tus tristes luces de hojaldre
que se hunde. Tan pesada la carga
que soportan tus láminas, tus
mil palacios de carne, tu
luz de los esperados
puentes beben de mi aire
maternal y el afrodisíaco
perfume de su celo
de hembra, mar de tu alumbre
y de mi ausencia sobre ti.

Colmo leones como
blando espada
blanda contra
las dulces venencias
de las gotas de agua
sobre la yerba,
el monumental —se erige
todos los días— nutriente
que la naturaleza nos favorece.

El verde es su color.
También el de la vida,
que es viaje.

Sofía Serra (De La clave está en los árboles)
 
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