martes, 5 de julio de 2011

No hay sombras bajo la noche

Teniendo en cuenta los dos o tres años  que llevo padeciendo casi veneración por la palabra de este hombre, puedo decir que la otra noche me ocasionó  un gran disgusto... ;)

No hay sombras bajo la noche

Además el sentimiento de justicia, hasta una completa ausencia de sentido moral, me era desconocido. En el fondo de mi corazón estaba totalmente entregado al más débil y desdichado.
(En busca del tiempo perdido. La prisionera.  Marcel Proust. Traducción de Carlos Manzano)

Lombardas y geminadas
tus ventanas jugaron complacientes
a la cuerda de tu boca que canta
metástasis de abundancias e imperios.
No menguaste la vasta endemia,
de ese silogismo abreviaste sin pasar
por la casilla de salida,
no:
injusticia
engendra debilidad engendra
desdicha
que provoca debilidad
que favorece los abusos
que conllevan más injusticia
que genera debilidad
que reproduce la desdicha
que manifiesta más injusticia
sobre el débil,
que se fortalece
si hacia él te inclinas
fiel a tu debilidad,
fiel también a tu injusticia.
Y la balanza se equilibra,
y el fiel iguala voces,
y el equívoco del poeta
toma luna y ya libera:
Acosada la paloma
tan sedienta de huella
no sabe que en el agua
sus pisadas se ahogan.

Sofía Serra. Julio, 2011.

domingo, 3 de julio de 2011

Paleografía (el sí)

De ayer mismo:

Paleografía (el sí)

He estado descansando,
cosiendo y descansando,
mirando la tele,
viendo películas y descansando
reparando algún libro,
reparando en las luces de mis párpados
cuando mis ojos descansando se han cerrado
saliendo a la calle conforme me ha pedido
mi cuerpo descansando
calculaba las posibilidades
de encontrarse con un paleógrafo
tirando una centena de libros
a un contenedor,
a las dos, dos,
de la tarde
en Sevilla,
un sábado dos,
dos, de julio:
Una entre un millón
de habitantes
que no tiene esta ciudad.
Pero acerté
y di con él.
“Libros que no sirven para nada”,
me ha comentado.

Yo he asentido con un
que me ha cosido el descanso.

Sofía Serra, 2 de julio de 2011


jueves, 30 de junio de 2011

Surrender

Desde que  recuerdo, que podría traducirse por un "desde siempre", el vocablo inglés con el que titulo este poema me tiene li-te-ral-men-te enamorada, y no descarto que hasta conceptualmente. No sé qué me evoca, no sé qué clase de resortes activa en mi psique, me siento incapaz de explicarlo. Sólo sé que oírla, leerla, incluso repetírmela en voz interna me derrite o, creo que muy en su linea, me desarma.
Y me resulta curioso que no sienta nada igual por alguna otra palabra en mi idioma; pero sucede exactamente así.
De tal forma que cuando la "he encontrado" como título para este poema me he sentido completamente feliz. 
Nunca especifico nada sobre los poemas, pero hoy deseaba hacerlo, como homenaje a esta palabra, o, quizás, a mi gusto por ella.


Surrender

Me comuniqué y atravesé
las medias noches del olvido de sí
o bien de mí permaneciendo
derrengada junto a las sobras del mundo.
Me recorrí aventando los solares
que quedaron quietos
como atemperadas sombras
solazando las desiertos.
Yo me participé y transgredí
la filamentosa náusea adherida
a las entretejidas togas de la memoria.


Mas eres tú y son mis ojos
y yo te diré y será
lo que tú digas.


ESO y un no siendo:
esto fue ser poeta.

Sofía Serra. Junio, 2011

Resistencia

Resistencia

Y si no soy nadie, de nada y de todo
para darte que no deseas nada de ti o de mí
o del gorrión levantado sobre el alambre
trapecista contra el frío con su plumaje
de olas grises como el mar en los días nublados
con la arena tan justa y generosa de esos días
y el agua tan compañera
y si no soy nadie para qué
clamas por mi dádiva y mi suelo
y esas quebradizas conchas de moluscos
que yo te entrego engarzadas
en la elástica resistencia de mis ovarios.

Sofía Serra. Junio, 2011.

miércoles, 29 de junio de 2011

La edad de oro (Memoria)

(Correciones "Nueva Biología)


La edad de oro (Memoria)

De tan delgada al frente, niña ave,
tus ojos se han rebelado,
culminan proceso de rescate y recuerdo
del ya no te fuiste, ya los temporales
se ondulan lubricando los orificios
que los acogían.
Más un tú cabalgando sobre la perenne grupa,
más un yo abandono y vencido desde mis gotas
el mundo se asoma a tus ventanas
doradas a tu puerta, de oro,
y entonces me siento en el escalón del umbral:
veo cantar a la noche estrellada camino de la otra senda.

Tanta desmedida que estas sienes absorben,
tantos verbos orientados contra el vértigo de estos ojos
que se rebelan, que se rebelan…
mueven, terciando el iris, sus órbitas,
queriendo concluir allá donde empezaron:
plano a plano, frente a frente, uno a uno
contra todo. Contra todo plano.
Frente a todo a uno.

Como mirábamos cuando dorados peces fuimos.

Sofía Serra, 2010
 
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