Mañana de helada
sábado, 30 de noviembre de 2013
viernes, 29 de noviembre de 2013
Neonato
Neonato
Decididamente estoy
hecha de hambre.
I
Me voy yendo como si un canto
ritual se amortajase, momificado
el aire que le hace el eco.
Absolutamente contraria
a la idea, indispuesta con
el enemigo y el amigo,
renegada, re-negada,
reniega el viento
que me regala:
es el vaivén de locos.
De los locos.
Que todas las insalubres
parcas residentes en tu cerebro
mueran con la voz del canto
nupcial de aquel que no nació.
Gracias a la palabra.
Gracias a la palabra Es
neonato.
II
En el inicio todo
fueron dificultades,
tu aliento y la falta de sustento,
la sensación de amargura que se descuelga
por tus mejillas,
pómulos rasos, sendos
páramos rosados, fundición
del cobre anulando la muerte.
Quién puede contra la muerte,
si es lo que somos. Muertos
desde que nacemos, moribundos
batientes contra la esquina
del fin de un mundo
que despreciamos.
Sin embargo, en el inicio todo
fueron dificultades.
Posteriormente llegó el ala
de la justicia, posó su venda
sobre tus ojos y alargó
un minuto el estallido primaveral
de tu primer llanto. Nació
la ausente. Se desvaneció
el origen. Todo fue vida.
Regurgitó en el pico
de la cría la cigüeña,
y cantó tableteando el cielo.
Decididamente estoy
hecha de hambre.
I
Me voy yendo como si un canto
ritual se amortajase, momificado
el aire que le hace el eco.
Absolutamente contraria
a la idea, indispuesta con
el enemigo y el amigo,
renegada, re-negada,
reniega el viento
que me regala:
es el vaivén de locos.
De los locos.
Que todas las insalubres
parcas residentes en tu cerebro
mueran con la voz del canto
nupcial de aquel que no nació.
Gracias a la palabra.
Gracias a la palabra Es
neonato.
II
En el inicio todo
fueron dificultades,
tu aliento y la falta de sustento,
la sensación de amargura que se descuelga
por tus mejillas,
pómulos rasos, sendos
páramos rosados, fundición
del cobre anulando la muerte.
Quién puede contra la muerte,
si es lo que somos. Muertos
desde que nacemos, moribundos
batientes contra la esquina
del fin de un mundo
que despreciamos.
Sin embargo, en el inicio todo
fueron dificultades.
Posteriormente llegó el ala
de la justicia, posó su venda
sobre tus ojos y alargó
un minuto el estallido primaveral
de tu primer llanto. Nació
la ausente. Se desvaneció
el origen. Todo fue vida.
Regurgitó en el pico
de la cría la cigüeña,
y cantó tableteando el cielo.
jueves, 28 de noviembre de 2013
Desquiciada
Desquiciada
Qué es la puerta, ¿cierre o abertura?
la voz de la imprimación
me proporciona puertas
vueltas del revés. Sujetan
los candados las bisagras,
se cierran y abren
al pairo del viento
de ningún sentido
norte o sur. Por el este
sale el sol
en un mundo redondo
y volumétrico.
Pero, ¿y en el plano
de la puerta meditabunda,
de la puerta siendo?
se alabea ante tanto
vaivén en el vacío.
Sin cabeza urde
a golpes sobre ningún quicio.
Qué es la puerta, ¿cierre o abertura?
la voz de la imprimación
me proporciona puertas
vueltas del revés. Sujetan
los candados las bisagras,
se cierran y abren
al pairo del viento
de ningún sentido
norte o sur. Por el este
sale el sol
en un mundo redondo
y volumétrico.
Pero, ¿y en el plano
de la puerta meditabunda,
de la puerta siendo?
se alabea ante tanto
vaivén en el vacío.
Sin cabeza urde
a golpes sobre ningún quicio.
miércoles, 27 de noviembre de 2013
Pampa eleusina, un poema...
... cuyo autor, Juan Carlos Sánchez Sottosanto, me concedió el privilegio de dedicarme al escribirlo.
Quizás, rememoro ahora, cumple sueños que una tuvo de adolescente y que luego olvidó: que un buen poeta la tuviera aunque fuera mínimamente en cuenta a la hora de inspirarse.
Pampa eleusina
a Sofía Serra Giráldez, musa sevillana.
Mistagogo divino,
de áurea piel quemada por el sol,
mistagogo de bronce: dame luz.
Si tu rostro conserva la afilada
dulzura y acritud con que recuerdo
tu paso por las calles, el camino
fácil harás.
Al menos al principio:
procesión hendiendo la alameda,
embriaguez del aromo y de los tilos.
Ayunaré si quieres,
libaré a los dioses y a las diosas
–recordaré a Deméter y a Perséfone–,
entre estos campos del lino y del maíz.
Y en la fecha prevista
me hundiré en las riberas del Atlántico,
portando el cochinillo.
Y después, si elegido
estoy entre los puros,
descenderé a los antros
bajo el auspicio azul de tu mirada.
Andaré en las tinieblas,
pero a la hora
de la epoptē entornaré los párpados,
y pediré a los dioses y a las diosas
–recordaré a Deméter y a Perséfone–
que no me baste la visión.
Más bien, que el paso
continúe a las charcas y a los rostros
fangosos de la Tierra.
Y separado ya de tu mirada,
mistagogo divino, piel de bronce,
me hundiré en el Orco de la pampa:
los dioses me dirán el sitio exacto.
En la postrer vigilia,
tu recuerdo arriará los miedos
al demonio Zupay, y ante las machis
del portal, lloraré junto con ellas
un mundo fenecido.
Debajo estarán los muertos
rasgando las vihuelas, y los cantos
me hundirán otra vez, hasta los sitios
desde donde regrese sólo en sombra.
Visitaré los campos en otoño,
y el resto dormiré bajo la greda,
la arcilla, las arenas
del mar sagrado que se alejara un día.
Mistagogo divino, piel de bronce,
recuérdame a los dioses y a las diosas
–no te olvides de Deméter y Perséfone–
en tus plegarias.
(De Medición de la pampa. Imagine Clouds Edition, 2013)
Quizás, rememoro ahora, cumple sueños que una tuvo de adolescente y que luego olvidó: que un buen poeta la tuviera aunque fuera mínimamente en cuenta a la hora de inspirarse.
Pampa eleusina
a Sofía Serra Giráldez, musa sevillana.
Mistagogo divino,
de áurea piel quemada por el sol,
mistagogo de bronce: dame luz.
Si tu rostro conserva la afilada
dulzura y acritud con que recuerdo
tu paso por las calles, el camino
fácil harás.
Al menos al principio:
procesión hendiendo la alameda,
embriaguez del aromo y de los tilos.
Ayunaré si quieres,
libaré a los dioses y a las diosas
–recordaré a Deméter y a Perséfone–,
entre estos campos del lino y del maíz.
Y en la fecha prevista
me hundiré en las riberas del Atlántico,
portando el cochinillo.
Y después, si elegido
estoy entre los puros,
descenderé a los antros
bajo el auspicio azul de tu mirada.
Andaré en las tinieblas,
pero a la hora
de la epoptē entornaré los párpados,
y pediré a los dioses y a las diosas
–recordaré a Deméter y a Perséfone–
que no me baste la visión.
Más bien, que el paso
continúe a las charcas y a los rostros
fangosos de la Tierra.
Y separado ya de tu mirada,
mistagogo divino, piel de bronce,
me hundiré en el Orco de la pampa:
los dioses me dirán el sitio exacto.
En la postrer vigilia,
tu recuerdo arriará los miedos
al demonio Zupay, y ante las machis
del portal, lloraré junto con ellas
un mundo fenecido.
Debajo estarán los muertos
rasgando las vihuelas, y los cantos
me hundirán otra vez, hasta los sitios
desde donde regrese sólo en sombra.
Visitaré los campos en otoño,
y el resto dormiré bajo la greda,
la arcilla, las arenas
del mar sagrado que se alejara un día.
Mistagogo divino, piel de bronce,
recuérdame a los dioses y a las diosas
–no te olvides de Deméter y Perséfone–
en tus plegarias.
(De Medición de la pampa. Imagine Clouds Edition, 2013)
martes, 26 de noviembre de 2013
Fundido en blanco
Fundido en blanco
Estos días son perfectos
para desprotegernos, arriar
el duelo e izar la conquista
del suelo, levantar el velo
del luto en nuestros ojos
descubrir
ante nosotros vivos
y colonizar con yerba
la orilla, fundir
en el blanco de la arena
nuestros pies
mojados, lanzar
la jabalina allá donde
no pisa nadie ni un nadie
siquiera que nos quisiera
a su lado, romper el escudo
en el horizonte vestido de blanco
tan ancho a todos nos hace blanco
de todos y uno y solo
nada ni nadie ha muerto
si quedamos haciendo vida
con lo que nos queda de vida
en blanco.
Estos días son perfectos
para desprotegernos, arriar
el duelo e izar la conquista
del suelo, levantar el velo
del luto en nuestros ojos
descubrir
ante nosotros vivos
y colonizar con yerba
la orilla, fundir
en el blanco de la arena
nuestros pies
mojados, lanzar
la jabalina allá donde
no pisa nadie ni un nadie
siquiera que nos quisiera
a su lado, romper el escudo
en el horizonte vestido de blanco
tan ancho a todos nos hace blanco
de todos y uno y solo
nada ni nadie ha muerto
si quedamos haciendo vida
con lo que nos queda de vida
en blanco.
La osera
(De Nueva Biología, que saldrá en breve a través de Imagine Cloud Editions. Me lo ha recordado esta entrada en el blog de Amando García Nuño.)
La osera
La albina
No quiero ser pública, vívida
lívida
pública
no quiero
alba. Tú,
imparable tú.
La nevera
Se me quedan los versos fríos
en la bodega de los tiempos.
Somos dos.
Tu osa y la mía
juegan juntas en la cabecera
de esta cama.
Mis pies se valen
por sí,
no sólo del frío.
El hombre oso
Crearte para ti.
Me detengo para atusarte el bigote.
Eres más bello mientras
más ríes conmigo.
Penélope
ayer fue un día para no dormir.
Becada por mi faringea
duda
logré
el título en
id(i)opatía:
he vuelto.
Somos el nido surgente
que siempre permanece.
La osera
La albina
No quiero ser pública, vívida
lívida
pública
no quiero
alba. Tú,
imparable tú.
La nevera
Se me quedan los versos fríos
en la bodega de los tiempos.
Somos dos.
Tu osa y la mía
juegan juntas en la cabecera
de esta cama.
Mis pies se valen
por sí,
no sólo del frío.
El hombre oso
Crearte para ti.
Me detengo para atusarte el bigote.
Eres más bello mientras
más ríes conmigo.
Penélope
ayer fue un día para no dormir.
Becada por mi faringea
duda
logré
el título en
id(i)opatía:
he vuelto.
Somos el nido surgente
que siempre permanece.
lunes, 25 de noviembre de 2013
Sin apatía
Y ante el todo, el frenoMe sobrepasa este estado depresivo. Siendo habituales las crisis entre los dedicados a la escritura artística en cualquiera de sus formas (qué es un dibujo sino un grafos), no le encuentro medida a esta. Me sobrepasa. Una vez más lo digo, me sobrepasa. Con un poemario recién maquetado, listo para llevar a imprenta, continuo frenándome. No lo envío. No, no tengo miedo. No hay dudas sobre su contenido, o solo las inherentes a estos procesos: Nunca se está completamente seguro de nada, y, sin embargo, se sigue para adelante. Además, a mí el miedo no me paraliza. Justamente me provoca lo contrario, el arranque, el impulso bestial, el lanzarme sobre la barrera de tocones puntiagudos.No hay enemigo más que esta propia paralización a la que me veo sometida. Solo puede llegar a su causa desde dentro mía, pero por más que me inspecciono, o que descanso (¿descanso?), no logro dar con el motivo.Y soy tremendamente racional. Hasta que no encuentro el porqué, no sé combatirlo (o asumirlo, que es lo mismo). Ni intuitivamente me nace. Ni emocionalmente.Solo el llanto en silencio ante mi propio contemplarme.Y contemplar el todo.
Solo el freno.¿por qué "mente" en griego (frenos-ou) se nombra con este vocablo que comúnmente significa algo tan material e inadecuado para el continuum que practico casi instintivamente?¿Por qué solo el campo y tu beso de hoy en mi mejilla me hacen sonreír? ABIERTAMENTE. Como si el corazón se me derritiera-se me licuara-se me evaporara...Como sin voluntad... Pero con pathos.
jueves, 21 de noviembre de 2013
El sacbé
El sacbé
un diccionario del diablo inventan
sobre la marcha del derretido tren,
descompuesta su chatarra como
si árbol generacional fuera,
como si veinte pútridas crías
de no-me-olvides olvidados
caminaran por la férreas
paralelas que dan forma
a tus hombros camino del accidente
sobre el desatino, mendaces,
lúbricamente escorados
sobre la mampara del futuro
que se acera en el alto horno
de un municipio que ni es munífico
ni principia un tercio siquiera del sol
cuando en su mediodía resplandece.
venerarán depositarios
de alhajas marinas ennoblecidas
por los corales, pero al final—
del mar y la escollera de su columna—
no serán más que óxidos
nitrosos en la estela de nuestro barco
que veloz dará la vuelta al mundo
con su enorme vela blanca.
Y todas las estrellas mirarán a la Tierra,
Y en algún microsegundo del Big-bang
una voz detendrá el cerebro de Einstein
mientras él, escribiendo,
ha citado tiza en mano a la magnífica,
energía es igual a masa
por aceleración
al cuadrado, como el hombre:
no hay nave con vela más veloz,
más científica ni amasada,
más certera y cuadrada.
Pero yo soy elipse abierta,
un nautilus quizás,
con flecos de algas marinas
y pozos hemisféricos
y estelas curvas.
un diccionario del diablo inventan
sobre la marcha del derretido tren,
descompuesta su chatarra como
si árbol generacional fuera,
como si veinte pútridas crías
de no-me-olvides olvidados
caminaran por la férreas
paralelas que dan forma
a tus hombros camino del accidente
sobre el desatino, mendaces,
lúbricamente escorados
sobre la mampara del futuro
que se acera en el alto horno
de un municipio que ni es munífico
ni principia un tercio siquiera del sol
cuando en su mediodía resplandece.
venerarán depositarios
de alhajas marinas ennoblecidas
por los corales, pero al final—
del mar y la escollera de su columna—
no serán más que óxidos
nitrosos en la estela de nuestro barco
que veloz dará la vuelta al mundo
con su enorme vela blanca.
Y todas las estrellas mirarán a la Tierra,
Y en algún microsegundo del Big-bang
una voz detendrá el cerebro de Einstein
mientras él, escribiendo,
ha citado tiza en mano a la magnífica,
energía es igual a masa
por aceleración
al cuadrado, como el hombre:
no hay nave con vela más veloz,
más científica ni amasada,
más certera y cuadrada.
Pero yo soy elipse abierta,
un nautilus quizás,
con flecos de algas marinas
y pozos hemisféricos
y estelas curvas.
miércoles, 20 de noviembre de 2013
La estatua de bronce (en dos palabras)
La estatua de bronce (en dos palabras)
Claro hueco de día en el que la noche
nos hace más bellos. En ese hueco
perenne cabe el silencio blando
como un puro derrame de amor lento
abriendo paso a lo inexpugnable.
La sonrisa del camino despeja
la abertura por donde te encuentro
como un freno sincero y entusiasta
enciendo mientras tanto mi antorcha
que prende alegre al paso
de la corriente clara, un camino luz
y mundo y tu silueta recortada
al filo del brillante pozo:
tus ojos como estrellas.
Qué más me da amarte
sino mi propio yo, para qué
más que mi propio amarte.
Confieso que el bronce
de la estatua recorrió avenidas,
y no deseo transmutarlo.
Su verde esmeralda entrena
de esperanza el movimiento
de sus manos, verte lejos
derretir el asfalto como un sonoro
campanario de bruces tu boca
y un tañido callado—el de tu voz—
que reproduce mi propio nombre.
A veces me quedo dormida
y quieta para que no se rompa
el silencio que me ama.
Esta geografía sin dulce
de paño caliente o fresco almíbar
sella el agua en mis labios.
Me faltó la fotografía de un hombre
armado y tierno, algo mío que duerme
y murió tranquilo y mudo al verte.
En esta sintomática pausa,
que no adivino, echan raíces
los potos, los coleos y la parra virgen,
yo aún no he acabado mi tónica,
la velocidad del cierto mundo
centrifuga tus ojos lejos míos
son el silencio y la calle
por donde te veo caminar lentamente
sin cerca o más grande,
sin lejos o más pequeño
sin mi saber si vienes o vas.
Pero mi antorcha no se apaga.
Y tú duermes y despiertas
en dos palabras
que no pronuncio.
Claro hueco de día en el que la noche
nos hace más bellos. En ese hueco
perenne cabe el silencio blando
como un puro derrame de amor lento
abriendo paso a lo inexpugnable.
La sonrisa del camino despeja
la abertura por donde te encuentro
como un freno sincero y entusiasta
enciendo mientras tanto mi antorcha
que prende alegre al paso
de la corriente clara, un camino luz
y mundo y tu silueta recortada
al filo del brillante pozo:
tus ojos como estrellas.
Qué más me da amarte
sino mi propio yo, para qué
más que mi propio amarte.
Confieso que el bronce
de la estatua recorrió avenidas,
y no deseo transmutarlo.
Su verde esmeralda entrena
de esperanza el movimiento
de sus manos, verte lejos
derretir el asfalto como un sonoro
campanario de bruces tu boca
y un tañido callado—el de tu voz—
que reproduce mi propio nombre.
A veces me quedo dormida
y quieta para que no se rompa
el silencio que me ama.
Esta geografía sin dulce
de paño caliente o fresco almíbar
sella el agua en mis labios.
Me faltó la fotografía de un hombre
armado y tierno, algo mío que duerme
y murió tranquilo y mudo al verte.
En esta sintomática pausa,
que no adivino, echan raíces
los potos, los coleos y la parra virgen,
yo aún no he acabado mi tónica,
la velocidad del cierto mundo
centrifuga tus ojos lejos míos
son el silencio y la calle
por donde te veo caminar lentamente
sin cerca o más grande,
sin lejos o más pequeño
sin mi saber si vienes o vas.
Pero mi antorcha no se apaga.
Y tú duermes y despiertas
en dos palabras
que no pronuncio.
martes, 19 de noviembre de 2013
Saturnales
Saturnales
no hay muerte
más que de la muerte
que todos los seres
vivos vivimos.
Matiz otoñal
Palpita la hoja
cruda devorada
por los amarillos
de su creadora:
la luz del sol
prende los silos
del cielo de otoño.
Extinción de ruina
Me mido buscando el sueño
que no deseo, concluyo
vivimos la gran mentira
de nuestra existencia,
una extinción de ruina
que es el nacimiento.
No es la vida la breve o amplia,
es la muerte lo que pare
toda madre cuando alumbra.
no hay muerte
más que de la muerte
que todos los seres
vivos vivimos.
Matiz otoñal
Palpita la hoja
cruda devorada
por los amarillos
de su creadora:
la luz del sol
prende los silos
del cielo de otoño.
Extinción de ruina
Me mido buscando el sueño
que no deseo, concluyo
vivimos la gran mentira
de nuestra existencia,
una extinción de ruina
que es el nacimiento.
No es la vida la breve o amplia,
es la muerte lo que pare
toda madre cuando alumbra.
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