jueves, 4 de julio de 2013

La encrucijada

La encrucijada

El pánico es producto de la duda.
Me varo a mí misma. Esta inercia
Quietante me traspasa
Hasta hacerme engrudo,
Lisa mojonera, capitán

O chanquetes de la orilla.
Yo, mitocondria multiplicada en tantos pececillos
Como caimanes que se comen
Mis tobillos generosos.
Para la tierra, su ensalmo.
Para la ciencia, su asiento.
Para mí sólo el calvero sea
En esta fotografía tomada desde el aire.
Huyo sin moverme de la cruz
De tierra blanca.

He llegado
Pero no
Sé a donde.

Al río Betis (Gutierre de Cetina)



Al río Betis

Betis, rio famoso, amado padre,
Que con paso tardío
Haces tu curso al mar acostumbrado,
Mientra así oscura está la antigua madre;
Oye en el canto mío
Las quejas de un pastor desventurado,
De un hijo que algún tiempo ha celebrado
(A pesar del grosero y bajo estilo)
del Indo al Tago y del Danubio al Nilo.
Oye pues mi pesar, mi desconsuelo,
Mi temor y mi recelo;
Lleve consigo el viento embravecido
La memoria del mal fiero, rabioso,
Y mientras dura el son de mi gemido,
Llora padre piadoso,
Y si el tributo usado al mar envías,
Do tus lágrimas van vayan las mías.

Lleve el viento la voz, como se lleva
La mísera esperanza;
El llanto lleva tú, y el sentimiento
Quede solo conmigo, y haga prueba
Si la desconfianza
Pudiese destruirme el sufrimiento.
Mas ¡ay! Que este vencido pensamiento
La fuerza de mi fe, la del deseo,
Lo rehacen de nuevo y lo levantan
Cuando los males más, más me quebrantan
(Haciendo del sentido otro Anteo).
A todo cuanto veo,
Los ganados, las yerbas y las fuentes,
A todos soy molesto y enojoso
A las fieras, al cielo y a las gentes.
Llora, padre piadoso,
Y si el tributo usado al mar envías
Do tus lágrimas van vayan las mías.

No quiero perder tiempo en recontarte
Mis pasados ardores;
No pienso recitar viejas historias.
Estas riberas pueden acordarse,
Tus ninfas, tus pastores,
Di mi perdido bien tristes memorias.
Los vencimientos sabes, las victorias
Que Amor hubo de mí, yo de él he habido;
Mas no son estos causa de este llanto;
No fue entonces el mal tan grave
cuanto fue la alteza del bien no merecido
El haberlo perdido,
Y el acordarme de él, sin él agora,
Me hacen de la muerte deseoso;
Pero mientra su daño el alma llora,
Llora, padre piadoso,
Y si el tributo usado al mar envías,
Dos tus lagrimas van vayan las mías.

Bien sé que deste mal la mayor culpa
Querrás atribuirme,
Porque estando tan bien osé mudarme;
Mas si aquella beldad no me disculpa,
Que pudo destruirme,
Baste el hado cruel para excusarme.
No me valió el huir, no el alejarme,
No aprovechó el discurso y la cordura;
No el hacerme yo fuerza resistiendo;
Todo lo fue gastando y deshaciendo
De Amarílida el trato y la blandura.
Quiso mi desventura
Ponerme nuevo yugo
Tan fácil al principio y tan sabroso
Cuanto ha sido después pesado y grave.
Llora, padre piadoso,
Y si el tributo usado al mar envías,
Do tus lágrimas van vayan las mías.

Contento de mi suerte tal cual era
Por no andar peregrino
Buscando mejor pasto a mi ganado,
Pasaba yo mi vida en tu ribera,
Cuando nuevo camino
Para nuevo pesar me mostró el hado.
De la bella Amarílida avisado
Fui que el amado río atrás dejaba
Libre de sujeción, y que quería
Mudar patria, costumbre y fantasía,
Do lo cual me juró que se alejaba
Por ver que se acercaba
A tus hermosas ondas, do tenerme
Cerca de sí quería y con reposo,
Segura para siempre de perderme.
Llora, padre piadoso,
Y si el tributo usado al mar envías,
Do tus lágrimas van vayan las mías.

¡Cuántas veces la vi certificarme
Que dejaba aquel río,
Y el Tago, do vivir también podía,
Por tenerme más cerca y por tratarme,
Porque el ganado mío
Gozase su pastor siquiera un día!
Jurar la vi también que ya tenía
De Pisuerga tan libres los cuidados,
Que no dejaba atrás rastro ninguno;
Que deseaba ver paciendo en uno,
Por tus riberas andar nuestros ganados.
Los ardores pasados
Veníamos mil veces acordando
Por hacer el camino más sabroso.
¿Para qué mi dolor voy relatando?
Llora, padre piadoso,
Y si el tributo usado al mar envías,
Do tus lágrimas van vayan las mías.

¡Ay, Dios! Si me durara aquel camino
Cuanto dura la vida,
O la vida con él se me acabara;
Si de un trato tan blando y tan continuo
Huia de dar caída
¡Pluguiera a Dios que nunca lo gustara!
Mas, ¿quién creyera tal, quién lo pensara,
Viéndose así tratar tan blandamente?
Quién se vio como yo que no creyese
Que tal contentamiento eterno fuese,
Siendo eterno el autor que el alma siente?
¿Cuál piadoso bosque o fuente
Vimos en el pasar que no haya sido
Castigo de mi bien? ¡Ay qué rabioso
Es el recuerdo, Amor, del bien perdido!
Llora, padre piadoso,
Y si el tributo usado al mar envías,
Do tus lágrimas van vayan las mías.

Pisuerga sabe bien que fue testigo
De mi dolor primero,
Si de todo mi mal recibe el pago;
Y si fuere mayor del mal que digo,
También lo sabe Duero.
Tormes lo sabe bien, sábelo Tago,
Que la vieron pasar. ¿Con cuál halago
Me regaló viniendo ora por verte?
Y aún tú, Betis, también viste una parte
De mi felicidad, mientra con arte
Simulaba el engaño de mi muerte.
Pues quien tan buena suerte
Perdió viéndose tal, sin ella agora,
Mira si con razón vive quejoso
Del cielo, del amor de su pastora.
Llora, padre piadoso,
Y si el tributo usado al mar envías
Do tus lágrimas van vayan las mías.

No descubrió en llegando las cautelas
Que agora ha descubierto
Por abrasarme más, por encenderme;
Más atenta a pacer sus ovejuelas,
Con mañoso concierto
Se comenzó a tratar y a entretenerme;
Ni mostraba soltarme
Ni dar vida a mi mal ni nueva muerte.
Cuando estaba más blanda y cuando dura,
Yo, que andaba engañado en mi locura,
Todo lo atribuía a la buena suerte;
El nudo estrecho y fuerte,
Que sólo entre los dos ligó Himeneo,
Y en verme en posesión, menos cuidoso
Me hicieron del daño que hora veo.
Llora, padre piadoso,
Y si el tributo usado al mar envías,
Do tus lagrimas van vayan las mías.

Agora ni me trata ni entretiene
Ni mi vivir le agrada,
Antes huye de mí como de fiera;
Y si donde yo estoy acaso viene
Se muestra tan trocada
Que no parece ser la que antes era.
No la puedo entender ni sé qué quiera;
Lo mesmo que me hiela, eso me enciende,
Y lo que más me ofende
Es no saber de qué se satisface.
Eso es pues el dolor fiero, rabioso,
Que en llanto me consume y me deshace.
Llora, padre piadoso,
Y si el tributo usado al mar envías
Do tus lágrimas van vayan las mías.

Betis, río famoso,
Recibe esta canción en tus honduras,
Y mientras lloro aquí mis desventuras.
Llora, padre piadoso,
Y si el tributo usado al mar envías
Do tus lagrimas van vayan las mías.

(Gutierre de Cetina)

Esta entrada fue publicada por primera vez en "La fuente" el 18 de Junio de 2012.

miércoles, 3 de julio de 2013

A mi pueblo, a mi desconcierto

A mi pueblo, a mi desconcierto

En este muerto contenido
al que abrazas y consuelas
por deseo de su propia muerte,
en este bello ejemplar de ciervo
ligero y pesado de tantas muelas
y dientes rumiantes,
de tan onerosas alforjas
que no tienen fondo,
que huecas deslizan
el aire que por la boca
les entra y por el culo les sale,
en este muerto y denso
aire de oftalmologías
imposibles pues ni ojos
ni pestañas siquiera te caben
en ese rostro pernero,
en ese rostro carnero,
en ese rostro pétreo
de meseta inasumible,
centinela vestido de colores brillantes,
en esta muerte tuya,
yo te abandono:
Eres un pueblo muerto
sin fantasmas,
un pueblo herido
de su misma muerte,
un cuerpo inerte
exhalando un aroma vivo
de fragancias que nunca
se hunden y siempre preguntas,
siempre preguntas
el porqué y el desconsuelo
de este olor a rosas que entierras
mano sobre mano bajo
tu zócalo de piedra
tumban

la luna, el sol, la paz
de algún refresco asociado
al martilleante fuego arenoso
concupiscente o semioculto
bajo las flores de lavanda
visitadas por la mariposa
de la col, blanca como las paredes
de mi alquería… ah, qué solaz
que no perdí, soldadito boliviano,
por mucho que dispararas
a sienes, por mucho
que trucaras valles y cordilleras
en busca del corazón palpitante
de la luna grande cuando
se asoma por los andes
de mis luces. Soldado enorme
corazón y las venerables
soledades, los cierzos
en pleno mes de julio y el viento
de suroeste aterrizando
sus mejillas de océano
sobre el páramo agreste
y mesetario:

el desconcierto, la lección
de amor dada, la grata
complacencia de una voz lejana,
las orillas y los pasos serenos
sobre la arena, el agua del mar
dentro de mi frente,
y un “no sé” hasta que la salud
tenga nombre de nuevo
y pierda la enfermedad
el suyo de muerte,
o España.

Extinciones

Extinción de volumen

Se acabó el mundo
en la forzada pausa de verano,
se esfumó la paranoia,
se encontró valiente
la aurora convivió
con la noche y mi noche
se hizo raya en el agua
de un día que no sé
si debe amanecer.
Para qué amarnos si todo acaba
siempre, si todo invita y ciñe
el constante desasosiego, la corona
de laurel seco deshecha
entre los dedos y la mirada…
La mirada
y nada.

Vacío sin límites luego
no hay forma
de llenarlo.


Extinción de tiempo

Al final de estos años
y lentas paciencias poso
mi esperanza en Dios,
en el que no creo.

De un proceso artístico preciso
a la juventud del día que dicta
el cable sin medida del canto
de los vencejos y los mirlos
ya durmientes, ya cansados
de tanto ser oídos por mí.
Ni el paraíso posee nombre
de médula o lavatorio
de esquinas donde apoyarme,
abaratadme, por favor,
dios y hombres,
abaratadme para que pueda
morir lejos de mí, sin carne,
sin espíritu, sin aire de mis días,
sin suelo, sin tierra
donde medirme, sin mente
que me carcoma, sin noche
clavada en el entresuelo
de goma del momento
que no pasa ni sucede.

martes, 2 de julio de 2013

Yellosky

Yellosky

son los sabios visitadores
los mosquitos de esta noche,
la luz amarilla no los aleja
de tu carne. la puntilla en
la nuca me superó en la meta.
Llegó ella antes y yo
me quedé creo que allá
bajo la luz amarilla
del porche mientras
el mundo se hacía.
También perdí la cabeza
y algo de alma bajo la luz
amarilla llegué
al lugar infrecuentado.

lunes, 1 de julio de 2013

Sobre "La exploradora"


La exploradora es un poemario que me está costando sangre lograr organizar. Sé que ella llega, pero tengo que conseguir mostrar cómo lo hizo. Sus huellas aparecen, pero todas enmarañadas en un enorme ovillo. El hilo entra y el hilo sale claramente, pero desenredar el nudo que se hizo está pudiendo con mis nervios.
Paciencia, buena letra y algo de disciplina, algo de la poca que poseo.
Ha llegado la hora de comenzar su índice, así, sin haber llegado al final, índice provisional. Distintos los poemarios, distintos los métodos, aunque siempre escribamos los mismos, tal como siempre hacemos la misma fotografía.
¿Es que puedes ser otro? Con dejar de ser ya es más que suficiente. Éste es el paso que obviamos cuando usamos la plena consciencia. Ésta es la clave. Cuando la exploradora escribió y describió su itinerario, logró dejar de serlo. Dejó de ser exploradora para pasar a ser explorada. El shock. Ahora me toca vislumbrar las huellas de la otra mirada para así poder dejarlas expresas, por activa o por pasiva, en el poemario. Para que éste pueda ser leído por cualquier otro.

De la tribu Pies pequeños (el shock)

De la tribu Pies pequeños (el shock)

Llegado el freno y cierta estación
Estancada entre las arenas blandas,
Tan difícil se hace salir del mar
De la ausencia, de la cinta transportadora
Que me llevaba solitaria y púdica
Ahora ya sin huerto
Y sin pienso luego veo sin
Porvenir ajustado a las suelas
De los zapatos sin a-las,
Clávame, húndeme, sepúltame,
Encrucijada sin rosa ni espin
Illas que romperme
Contra el bordillo de las aceras.
Las aves migran
Plumas a otros suelos,
Otros cuentos de suelos.
El mío encharca el horizonte:
Perfil huele el aire
Buscando la terquedad
Del misterio, encendidas
Mis mandíbulas se aprietan
Contra sí hasta
Que mi oído revienta.

Continúa el tren rodando.
Mis pies calzan ataúdes
blancos.

domingo, 30 de junio de 2013

La cueva clara



Al volver del campo, las perras hibernan como un par de oseznos durante un par largo de días. Mi cuerpo tiende a lo mismo. Es lo natural. Como la osa en Nueva Biología. Pero no lo quiero. Es la querencia.
La voluntad y la inercia señalan los extremos paralelos. Me quedaría todos los domingos en el campo. Hasta siempre. Rompo la segunda y ejerzo la primera.
No descanso.
¿Hasta cuándo?
Volver para aunque sea
no tener que volver.

viernes, 28 de junio de 2013

La dama de noche

La dama de noche

Sofía alejada
de dios siempre.

la dama de noche persigue
otros mundos,
pudiera ser que la locura
haya hecho mella,
alguna sustancia química
corrosiva se ha multiplicado
o se ha desprendido
el ebrio azul nocturno,
y yo ya, infinitesimal gota

me de-canto por las flores
que ya tampoco nadan
un cuánto o un dónde
o un cómo siquiera.

la depravación de la poesía,
la dama sin flores
de noche.

Nueva Gracia Sevillana

Nueva Gracia Sevillana

Yo no estoy en la verdad, pero desde luego los demás tampoco.
Tras la lectura de una nueva (muy reciente, apenas tres números) revista poético literaria, me reafirmo en la foto que empecé hace días y esta mañana retomé: tirar la toalla. No hay forma. Ni contenido. Si esta es la ejemplaridad del atisbo intelectual de esta sociedad, apaguemos y vayámonos.
Lo peor, lo peor de todo es el nombre de la tienda enfrente de la cual se presenta el número de este trimestre.
Menos mal que el rincón de la calle que sirve de albergue al comercio que aún vende planchas de gomaespuma de todas las medidas sirvió para taponar la dejadez de una propietaria y madre. Al menos el ser joven, el ser aún joven, ya no pasa frío.
Porque tras la lectura de esta revista creo que hasta a las copias del Diadúmenos o semejantes esculturas griegas que posan en el patio de arte se les habrán puesto las carnes (no marmóreas, sino de escayola) de gallina.
Provoca frío, destemplanza, desazón, el panorama. La intemperie. Se me asemeja la sensación a la misma que percibo cuando contemplo los toldos de hojas de palmeras que los pseudohippis del huerto del rey moro construyen espero que para dar sombra a los arenales (sic) donde permiten que sus hijos posen sus culitos sin pañales ni siquiera bañadores que reserven las partes más vulnerables de nuestros cuerpos. Porque aquí, a hortelanos urbanos y demás apósitos se lo recuerdo, no hiela. Pero sí hay mucha mierda. Y ellos lo saben. O deberían saberlo, si es que el sueldo del ayuntamiento no les nubla el entendimiento. Y por eso se conforman con especies de revistas literarias que sólo en su panegírico evocador encuentran cierta razón de ser, aunque para mí en fraude de usufructo aprovechada: Nada pagan.
Y casi me la pegan.
Sólo casi. Benditos PE-DE-EFES.
 
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