sábado, 1 de diciembre de 2012

El culo del mundo

Despertarme, comenzar a recordar los pensamientos de anoche antes de acostarme sobre lo que está sucediendo en este país, contestarle a una amiga un correo intentado explicarle por qué ni ganas de escribir me quedan hablándole de lo que sucede y ponerme a llorar. Este es mi despertar. Así me lo vi llegar sobre Junio, en ese estado de postración anímica me encuentro.
Aún no entiendo cómo los españoles podemos estar aguantando tanto. Ser gobernados por una pandilla de fascistas y mafiosos que han llegado al poder por los votos de unos ciudadanos que hoy se arrepienten de haberlo hecho. En 30 años de democracia jamás había observado ese comportamiento en la población electora, arrepentimiento público por el a quiénes dieron su voto, jamás, y no creo que algo así haya sucedido en ningún país de nuestro entorno cultural nunca.

Todas las medidas económicas que este gobierno proyecta y pone en marcha no van encaminadas a la salida de una crisis económica. Si hay que recortar gasto, no debe jamás realizarse incidiendo en aquello que alivia a la población más necesitada ni en lo que mantiene la única esperanza para que el país pueda seguir avanzando a pesar del mal momento económico, la educación. Es de cajón, es de pura lógica doméstica. Si en un hogar se vienen abajo los ingresos, no se recorta en lo básico, en lo imprescindible. Se prescinde tan sólo de lo superfluo, de los pequeños lujos que nos permitimos, en vez de comer marisco se comen papas con huevo y en vez de comprar ropa para los hijos en establecimientos de marca se le compra en los más baratos, o se le cose o se acude, como toda la vida se ha hecho a vestirlo con lo que pueden heredar de amigos o familiares, y no pasa nada. Lo importante es mantener al niño alimentado y abrigado, acomodado, confortable en su casa, rodeado de afecto que le reporte seguridad para que pueda seguir llevando adelante un crecimiento psicológico sano que le permita poder seguir adelante con sus estudios, su formación académica y su evolución humana.

Eso, llana y simplemente, es lo básico.

Si existe una persona mayor, el otro extremo de debilidad en el grupo familiar , se le compran a ella las medicinas antes que a nadie. Al que sufre, al más débil, al con menos defensas, a ese, es al que más se protege.

Pues bien, y extrapolando esta situación a la del país, este gobierno está haciendo exactamente lo contrario. Promueve políticas de desempleo, promueve políticas macroeconómicas que tan sólo favorecen a los que más tienen, es decir a los menos débiles, y lo más doloroso aún, en esta razzia salvaje pero con ley en la mano a golpe de decretazo, desmantela la poquita educación básica en ciudadanía, conciencia política, que este estado había adquirido. Es decir, como si al niño que hoy carece de algún capricho encima nos liamos a darle guantazos y maltratarlo. ENCIMA.

Estamos ante la puesta en práctica de la mentalidad de un grupo social como el burgués decimonónico llevada a sus últimos extremos: la práctica de la ocultación, del tabú, la abolición de derechos sagrados, la iniquidad en la justicia, la práctica de mecanismos propios de mentes ultraconservadoras, en definitiva, el intento de desmantelamiento en esta España del siglo XXI de lo que el país había logrado avanzar conforme a la tendencia natural del hombre de hacerse cada vez más solidario, más consciente del otro, más abierto al extraño a él, más amoroso en definitiva.

Cuando se lee que un político como el señor Aznar, un ejemplar político que en mi mente sólo puedo calificar coloquialmente como un niñato impresentable que jamás debería haberse metido en política, un niñato al que la estrategia de un grupo de izquierda como Izquierda Unida ayudó a llevar al poder hace ya alguna que otra década, cobra por tan sólo ser asesor de un grupo económico como Endesa la cantidad de 17.000 euros mientras la mayor parte de la población de este país no va a poder ni comprarse mantecados para esta navidad sólo me entran ganas de una cosa: rezar porque nazca un grupo terrorista que pase por las armas a todos los sinvergüenzas que ganan más de 3.000 euros al mes.
Esto con la sangre a revienta calderas.

Pero como no soy una fascista ni una terrorista sólo hago esto, escribir donde puedo. Alentar a los españoles DE BIEN, si es que alguno queda, a que reconozcan que antes de las elecciones se dejaron lavar el cerebro por la explosión alegre y callejera de una "revolución" que venía protagonizada por, por un lado, personas que tan sólo supieron protestar cuando su poder adquisitivo se vino abajo, sin tener en cuenta que todo eso se hacía bajo el gobierno de una izquierda, y que por tanto, si la reacción era contra un gobierno de índole progresista sólo podría salir favorecido una corriente ideológica de derecha. Puro baile histórico social que se aprende en párvulos. Se protestó contra una política que hasta el año pasado mantuvo a salvo como pudo los avances sociales en este país, la cobertura básica de las capas sociales más necesitadas, no de esas que no tenían ya para poder pagar pisos en propiedad, y se intentaba mantener un sistema educacional, que con todos sus defectos, al menos garantizaba el acceso a la educación de todos los españoles, fuera cual fuera su nivel económico. Este movimiento “revolucionario” de vodevil, porque eso es lo que fue, un movimiento de vodevil, fue aprovechado por los remanentes de grupos de mentalidad fascista que aún subsisten en esta España de dios, grupos que habían permanecidos aletargados como hibernando durante el desarrollo de treinta años de democracia, incluso dentro de tendencias que equivocadamente se relacionan en general con movimientos progresistas, la facción que se conoce como alentadora de una república. El español en general está equivocado. Siendo republicano, como yo misma lo soy, no significa que se sea progresista. Franco era republicano, todos los fascismos han sido republicanos. Excepto partidos de solvencia demócrata reconocida no conozco a ningún otra asociación que luche por la restitución de la república en este país en donde se especifique claramente que su ideología sea progresista, salvo quizás la masonería. Si no se especifica, su ideología puede ser la fascista, hábilmente disimulada para los más incautos, aunque luzcan bandera republicana. El español debe conocer esto, pero el mal es que la mayoría de los españoles no lo saben. Así se introdujeron en el movimiento 15M , así aprovecharon esa oleada de protestas para conseguir lo que hoy está sucediendo, que grupos y apellidos de influencia llegaran al poder ocultamente de la mano del mismo pueblo que por no tener las cosas claras políticamente votó a un partido que puede servir de herramienta para socavar el estado de derecho español, lentamente, disimuladamente, velados tras la estafa de esta crisis. Aprovechada y alentada por ellos. No se podía oír eso de “ni de izquierda ni de derechas porque todo es lo mismo” sin temer lo que eso significaría en un futuro: exactamente lo que estamos viviendo y que pienso es tan sólo el comienzo.

Entran ganas de llorar. Yo luché desde mi modesta posición como estudiante primero y después como ama de casa y madre porque este país llegara a lo que llegó, a ser un estado casi referencial en cuanto a política sociales internas y hasta internacionales. Un país al que tras cuarenta años de dictadura comenzaba a tenérsele en cuenta en los foros internacionales, un país que tenía algo que decir en el mundo, algo que decir para el logro de un mundo mejor, más solidario, más justo. Y hoy sólo contemplo, por un lado la falta de conciencia ciudadana y por otro las acciones que sólo puedo calificar como de criminales por parte de un gobierno de ultraderecha.

Ahora mismo no hay solución. El partido popular tiene la mayoría absoluta. Su política nos aboca a un callejón sin salida. Esto es una democracia. ESTO ES UNA DEMOCRACIA. La única pasa porque todas esas mentes pseudo brillantes que lideran partidos, corpúsculos diría yo al nivel que hoy nos movemos, porque hasta el PSOE está dividido, se dejen de tonterías y de una vez por todas actúen como, si no los ciudadanos de este país merecemos, al menos sí los siglos de historia que este país lleva a sus espaldas y se unan, DE VERDAD, se pongan a trabajar para que en cada ente administrativo donde estén presentes se impida, legal y democráticamente, la puesta en práctica de las políticas promovidas por estos leguleyos del gobierno y sus correspondientes grupos de presión. Para mí no son legisladores. Ni siquiera políticos. La política es algo muy serio, compañeros ciudadanos de todos los estratos sociales, muy serio y un ejercicio muy noble. La política consiste en intentar arbitrar mecanismos legales que lleven a la convivencia en paz de todo un estado que no es un gobierno. Un estado lo conformamos todos los ciudadanos que nos comprometemos a vivir bajo una ley común, y es responsabilidad nuestra que este estado no termine por perder lo poco que había conseguido tras más, mucho más, de 3000 años de historia.

Si el individuo no se conciencia, el individuo como ciudadano anónimo y el individuo que da la cara en la política, o en los juzgados, o en los hospitales o en las escuelas, si el individuo no se conciencia, repito, este país está abocado a sufrir no ya una depresión económica, sino una social y psicológica, que por otro lado interesa a los grupos de poder A-políticos. Un ente, un cuerpo social depresivo no sirve para nada, es manipulable, está gobernado por el miedo (en ese sentido acuso a este gobierno de llevar acabo una política de terror contra el propio pueblo que lo elevó al poder, es decir está cometiendo terrorismo de estado, así lo digo, con todas las letras) y por la tristeza. Una persona con depresión tarda en recuperarse años. Un país en depresión tarda generaciones completas en recuperarse. En tres años se podría estar saliendo de la crisis económica, pero ni nuestros hijos, ni nuestros nietos, ni siquiera los hijos de nuestros nietos conocerán a un país sano psicológicamente hablando.

Esa es la HECATOMBE.

Eso es lo que está provocando este gobierno. Y eso sólo lo puede evitar la conciencia de cada español de a pie y de grupo político, sean cuales sean sus siglas. UNIÉNDONOS.

Fuera la ironía, fuera los sarcasmos, luchemos sana y rigurosamente por la mente de este país que somos todos.

Y si no, recauden entre todos dinero para pagarme a mí y a mi familia unos billetes que nos permitan emigrar a la otra punta del globo terráqueo. Lejos de un territorio, mi territorio también, que podría ser el mejor del planeta (¿han observado alguna vez su posición geoestratégica en un mapamundi?) y que hoy por hoy va camino de convertirse en el culo del mundo, si es que no lo es ya.

Todo por la culpa de la falta de conciencia. Todo y tan sólo por eso. Tan sólo.


Sofía Serra, 1 de Diciembre de 2012

viernes, 30 de noviembre de 2012

La piedra

La piedra

Quién está conmigo
y no con quién quiero estar,
se pregunta el
estando deshabitado.

calma llegó, bendita,
aposenta en mi regazo
tulipas ya fecundas.

Y llora, llora, más allá
de tu venganza,
ella llora, llora
obstetricias y claveles.

Y a fuerza de nombrarlos,
obtuvieron nombre.
Cal y sal: sosa cáustica,
más arena,
piedra.

Y fueron los nudos
desmembrando soledades.

(Sofía Serra, de El muriente)

El chocolate no se vende

El chocolate no se vende

Cuando los coches se atascaban en los caminos de arena había un motivo para mi miedo que hoy revierte en risa. El seiscientos era muy pequeño, iba cargado con, algunas veces, siete personas (las dos más de mis abuelos cuando un año se vinieron a pasar los primeros días) más una bombona de butano y el peso de la tienda de campaña, amén de todos los bártulos necesarios para poder disfrutar dos meses de vacaciones en la playa. Es decir, entre su tamaño minúsculo, el del seiscientos, y el peso que soportaban sus ruedas se conformaba el imposible para rodar por los caminos de arena (nada llanos, nada asfaltados, arena pura y nada dura) sin algún tropiezo o lapsus en su marcha. Normalmente sucedía cuando sus ruedas cogían alguna hondonada más pronunciada. Yo siempre asomada a la ventanilla del conductor, mi padre, con la cabeza que casi se me escapaba del cuello que ahora imagino estirado como el de una mujer(niña)-jirafa, olfateando el mar, los eucaliptos, los pinos y los distintos aromas verdes del bosque mediterráneo cayendo al mar.

De pronto, la falta de avance, el ruido extraño del motor que me chirriaba en los oídos y la expresión verbal de mi padre: Ea, atascado.

Sólo recuerdo una imagen que hoy califico como proverbial. Una vez todos fuera del coche, miro el seiscientos, y yo, aún tan pequeña en tamaño, cinco o seis años, hormiga que soy hoy, pues más hormiga entonces, lo percibo como pequeño -pequeño dentro literalmente de una hondonada de su exacto tamaño. O sea, no es que sus ruedas hubieran patinado, es que simplemente se había caído a un bache, a un precipicio, un buen precipicio de no más desnivel que 25 cms, los suficientes para que remontar le supusiera más que escalar, también literalmente, el puerto de las Palomas en la carretera que iba a Grazalema, cuando tenía que hacerlo con la primera metida, la primera. Esto significaba mucho más esfuerzo. Impotencia del pobre y noble seiscientos.

Sacarlo del apuro no era complicado. Los mayores extendían cartones o ramas secas de los árboles cercanos delante de sus ruedas, mi padre arrancaba el coche, los que podíamos ser útiles (sic) empujando, nos apostábamos en su parte trasera, con cuidado, el calor del motor, y así, normalmente salía del atolladero rápidamente. Si el bache era más hondo de lo previsto, de por ejemplo 35 cms de hondo, llegaba la última solución, la drástica, o sea, amarrarle al parachoques delantero una cuerda que comunicaba directamente con el opel negro enorme como un tren y mil toneladas de peso de mi tío. Es que es de HIERRO, decía mi padre, el seiscientos era de lata según él, pero el opel era de HIERRO, de hierro de verdad. Por eso pesaba tanto, y por su tamaño, claro, unos cinco metros desde mi perspectiva de entonces, tal vez 25, metros.

Esa era la solución radical, el plan B que si bien permitía la solución de un problema, también podría devenir en la llegada a otro peor. Es decir, que el enorme opel, al tener que tirar de un peso algo considerable, al fin y al cabo el seiscientos era un armatoste de metal y motor, fuera el que quedara enterrado en las sinuosidades de los caminos de arena.
Como esa vez sucedió.

Recuerdo las risas de mi tía y de mi madre. Juntas se reían absolutamente de todo, se lo pasaban bomba. A más risa de las dos, más cara de pocos amigos de mi tío, y viceversa y recíprocamente, claro, no recuerdo donde comenzaba el baile risas /mosqueo. Pero sí su cara seria, cabreado, mi tío, el bohemio de los dos hermanos, porque pintaba “cuadros”, que no vendía, claro, su trabajo era el de maestro de dibujo y trabajos manuales, y recuerdo a mi padre encendiendo un cigarro y no sintiéndose culpable. Mi tío tenía esa habilidad, lograr que cualquiera se sintiera culpable, por el no hablar, por el silencio y el cabreo contenido hasta que reventaba, y mi padre la habilidad de pasar de su hermano mayor cuando la situación emocional lo pedía. Normalmente le soltaba una gracia a la vez que iba disponiendo en su mente el engranaje correspondiente que le llevara a dar con la solución del problema, le comunicaba la idea a mi tío, la llevaban a la práctica y el problema se resolvía.

Mi padre volvió a montarse en el seiscientos aliviado del peso del resto de la familia, lo condujo con cuidado por el lado izquierdo del camino, ese por donde más hojas y ramas cubrían la peligrosísima arena, adelantó al opel y se situó justo donde antes, siguiendo la idea mi padre, habían extendido todos los cartones y ramas que en los minutos previos habían servido para sacar al mismo seiscientos del bache. Ahora la cuerda se disponía con sus cabos en puertos distintos, el delantero amarrado al motor del seiscientos. El trasero, al parachoques delantero del opel. Mi tío, aún con la cara de pocos amigos y de desconfianza completa en el proyecto, al volante de su opel, mi padre arrancó sus seiscientos verde clarito, primera marcha metida, yo con los oídos tapados, cada esfuerzo del seiscientos por aquel entonces se me figuraba que terminaba en explosión del cacharro saltando por los aires, temía por mi padre, mi tía y mi madre imagino que con algún rezo entre las risas nada contenidas, la guasa, el ruido del motor del seiscientos con el capó levantado para que no saliera ardiendo en el esfuerzo, la cara de pocos amigos de mi tío, primero muy lentamente rodaje sobre los cartones, otro tirón mas, otro ruido más-oídos más tapados, ojos cerrados apretados, y… ¡voilá!, ¡el milagro!, ¡ el gran milagro!, las ruedas del opel de mi tío pudieron rodar (no más de diez centímetros) por la arena más firme. El seiscientos siguió tirando cada vez más alegre hasta que por fin ambos coches quedaron bien asentados sobre terreno firme.

Y yo pude respirar, y mi madre y mi tía no dejaban de reírse, y mi tío ya no tenía cara de pocos amigos.

Ah, es que aquel seiscientos era un héroe. Recuerdo las botellas de agua que mi padre siempre disponía cerca del motor, era el único riesgo, que se calentara más de la cuenta. Entonces mi padre le daba de beber, no sé cómo, y el coche seguía andando tan cantarín como siempre.
Pero esta vez su hazaña era de verdadero renombre, épica. Un minúsculo seiscientos sacando del precipicio de 30 cms a todo un opel de mil quinientas toneladas de peso (chispa más o menos).

Creo que mi tío no se lo perdonó en la vida. No sé si al seiscientos o a mi padre.
¡O a mi madre y mi tía!

Pero el caso es que ese año también pudimos llegar todos, seiscientos y opel incluidos, a la bajada que los cabezos amarillos, junto con su arroyo, disponían para que pudiéramos pasar las vacaciones más memorables. Allá junto a la torre árabe en ruinas. Allá iluminados en la marina noche por los carburos, allá donde casi me ahogo por segunda vez en mi vida si no hubiera sido porque mi primo me agarró de los pelos para sacarme del revolcón que la ola me había dado, allá donde comía chanquetes crudos recién pescados y donde sufrí el cólico de coquinas que hizo que mi padre y mi tío tuvieran que salir a toda pastilla (no sé si con el opel o el seiscientos) a buscar hielo para que no me deshidratara al pueblo más cercano allá donde mi hermana pequeña terminó pudriendo casi todas las sillas de anea del chiringuito bar que nos hacía compañía. Y por el “nos” hay que entender dos tiendas de campaña con sendas familias en cada una cuyos miembros disponían de 10 kilómetros de playa de arena blanca para ellos solos, sin un alma salvo los domingos, uno de los cuales por primera vez vi una furgoneta enorme con la herradura pintada en sus flancos rodando por la arena mojada, a quien se le ocurre, decía mi padre, una furgoneta de una ferretería andando por la arena, se atascó, claro, también ella, pero para entonces y tras cuatro o cinco años, todos éramos expertos en extraer vehículos de gran tonelaje (sic) de sus atascos respectivos. Allá donde entre otros milagros presencié el más sencillo e inexplicable de todos desde mis ojos poéticos actuales, los pozos horizontales, los pozos que no necesitaban bombas para extraer el agua del acuífero correspondiente. Allá donde con tan sólo clavar una caña en los estratos amarillos de los cabezos, el agua manaba cristalina, clara, limpia y, además, irisada. Mis arcoíris son tan reales como la geología que nos garantizaba agua corriente, dulce y potable durante todas unas vacaciones de dos meses en la playa.

¿Qué por qué vacaciones de dos meses si mi padre no era el maestro?
Muy sencillo. Porque mi padre era representante de chocolates Elgorriaga, o sea, vendedor.
Y ya se sabe, en el verano sureño el chocolate no se vende.

Supongo que por eso me encanta.

Sofía Serra (de Los cabezos amarillos)

Por delante

Por delante

qué mejor
para estar estando
ausente
que este medio
estar y no estar
qué hacer con el mientras
nos vamos
curando
participas de la noche
cuadrada
a medio fuego,
como las calderas
de los barcos de vapor
de antaño,
al ra-len-tí
del motor
hasta que la marcha te oprima
el brazo que detenta el poder
sobre tu alma

¿no?

y este es tan solo
un arroyuelo pequeño, una vena
abierta en la tierra amarilla
por las raíces de los cañaverales
según necesitan
si alimento
so pena de muerte
sobre su agua cristalina e irisada
qué haces con un barco de vapor
en un arroyo escondido
entre selvas verdes y duras,
qué haces con el alma a medio gas
en esta sociedad de hombres

armados hasta la médula
de su espina bífida,
qué hago tarareando

una canción de amor
cuando nadie entiende
ni siquiera
el tú
el sí 
la playa
que los cabezos
amarillos nos ponen
por delante.

(Sofía Serra, de Los cabezos amarillos)

jueves, 29 de noviembre de 2012

La motivación

La motivación

verán, yo hace tiempo que sé
que la vida es dura y
la mayor parte de los días
pasa entre fealdades y
dolores, pocas satisfacciones, y
sobre todo, escasos regalos,
nada gratis, todo a costa
de bastante esfuerzo, bien
de nuestra mente, bien
de nuestros brazos, y
ya que no puedo echar una mano
descargando el camión de la mudanza
o en la fábrica de coches
o en el hospital velando
por el reparador sueño
del enfermo, me propongo
intentar hacer el tiempo
de quien ojos tenga
para leer lo que escribo
o para ver las imágenes que pueda inventar,
simple y llanamente algo más bello,
también algo más reflexivo,
porque soy sin pretenderlo
de esos especímenes humanos
que aún creen en la capacidad
de nuestra mente como herramienta
para lograr mejorar el mundo,
en la bondad de nuestras intenciones.
soy de las que piensan
que todos somos buenos
desde que nacemos y que
ningún ser humano merece
sufrir y que en nuestro interior,
sólo en él, se halla la fuerza
que puede lograr que cada uno
consiga ser un poquito más feliz
que como realmente se siente:
Amar, el mejor motivo
que la naturaleza derramó
en la naturaleza nuestra
de estar vivos.
Amar. La motivación
que además de bien al otro
reporta bien al uno.

(Sofía Serra)

miércoles, 28 de noviembre de 2012

A un príncipe cretense (al héroe europeo)

A un príncipe cretense (al héroe europeo)

Ejército prometeico este campo
abonado por las lises de tu mano,
soldado gigantesco de la nube
y el pimpollo de moras o de espigas
que germinan soltando el paso
y el vuelo de toda ave, toda mariposa
aventurada por el soplo de mis labios
a tu cintura, tu perfil, tu corona,
iris circuncida el viento con mi pluma.

Sofía Serra (De El hombre cuadrado)

La violadora

La violadora

la impotencia tiene nombre
de diosa, así que seré dios
para casarme con ella, o violarla,
lo mismo me da,
la poseeré hasta reventarla
desde dentro,
y así, desaparecerá de la vida
suya y mía

de un qué

de qué seremos capaces a esta altura
de la vida blanca y los cabezos amarillos
de qué vengaremos tu osadía
construyendo alminares
cada vez más altos
de qué nos olvidaremos
cuando bajemos la mirada
para observar el pequeño
niño enjaulado
con los barrotes de nuestra ira,
nuestra rabia,
nuestra impotencia.

O quizás de nuestra indolencia.

(Sofía Serra, de Los cabezos amarillos)

Mi mirada

Hay días en los que el hecho de no disponer de cámara me sobrepasa, como hoy. Hormonas, hormonas, siempre hablamos de hormonas, y quizás habría que hablar de hormas. No recuerdo un solo día en mi vida sin cámara, aunque no la usara. Pero los últimos 11 años, además de disponer de ella, su uso ha sido continuo, cotidiano, diario. Podría pensarse que es natural, que me he acostumbrado a mirar el mundo a través de su visor, pero estos últimos días en los que ese peso llega a oprimirme el pecho de verdad, realmente me lo oprime, me he dado cuenta de que no es así, de que como siempre he defendido a lo que me he acostumbrado es a lograr mirarme por dentro con una facilidad pasmosa, a indagarme sin apenas darme cuenta, a escudriñarme y así quizás he logrado disponer de esa mejor parte que cada uno llevamos dentro, la que nos da la fuerza, lo que me ha permitido tal vez disponer de una salud mental casi envidiable por muchos avatares difíciles que las circunstancias de la vida me haya hecho pasar. El caso es que jamás me he sentido como este tiempo en el que ella me falta, por días depresiva hasta terminar llorando sin saber por qué. Apática, sin fuerzas, sin ganas de nada. Lo que nunca he sido.
Algunos me dicen que vivo un duelo por su pérdida, qué tontería, vivir un duelo por la pérdida de una máquina… No, no es la máquina, el duelo lo vivo por no poder dar con….mi….paraíso…imperdible. O costarme la misma vida algunos días.
Yo misma me sorprendo llorando, sabiendo además que probablemente, aunque la tuviera en mis manos no fotografiaría todos los días. Siempre preví esta posibilidad, por eso no me importaba disparar y disparar y no preparar todo lo que recogía. “Para cuando se me estropeé” me decía. Y así es. pero no es lo mismo, no es lo mismo. El acto fotográfico es un suceso completo desde el disparo. Necesito el disparo casi como el comer.
Sí, es cierto, podría usar el móvil de mi hijo…pero no es lo mismo, para nada es lo mismo. Mirar a través del visor era mirarme a mí. Podría usar la pequeñita y compacta que mi hermana me ha prestado... pero no es lo mismo, el visor y la falta de posibilidad de hacerlo todo manualmente. Me sobra todo lo demás en las cámaras actuales. Pido a gritos que fabriquen una cámara digital a secas, sin softwares de efectos y rollos añadidos que en mi caso en particular no me sirven absolutamente para nada. Ni los huelo. Saldrían mucho más baratas. Poder mirar, disparar y verla aquí. La necesito como el comer, como el comer. Mido a ojo, mío, con la ayuda del dial del fotómetro, miro yo, por eso necesito buenas lentes y el hecho del sistema réflex, mido yo, mi ojo se extiende, recogerlo y luego, poder trabajarla aquí, en este mi laboratorio de revelado hasta que ella me devuelve esa mirada que lancé. Y la veo, la veo. Ahora tengo esto pero no dispongo de lo fundamental. Mi mirada. Mi mirada diaria.
No puedo verla.

martes, 27 de noviembre de 2012

Hoy

Hoy

Un día en blanco, de registro
blanco en la dosis de arena
cuyas señales borra el mar,
así.
por-
que
qué
importa
nada
si
los brazos fuertes
y la fe
de una frente
que beso

al final
(y al principio),
leer,
porque esa es la memoria.
El presente.

Sofía Serra

Pulmón libre




Tengo, quiero, necesito hacer esta entrada un poco especial. Decirlo, mi madre, mi madre, la mejor lectora que tengo, ¡y no, que no se piense que es porque soy su hija!, no, no, ¡en serio!, ella no es así, si algo no le gusta, y aún más de poesía,  no hay filiaciones que valgan. Cada vez que voy está con Signos cantores allá a su lado, apoyado en el brazo del sofá donde ella se sienta por las mañanas. Sobre la mesa, los mandos de la tele y la radio y el estuche de medirse la glucosa, su copita de agua, una servilleta de papel y el libro, el libro a su lado.

Me contó que lo leyó en dos días. Pero es que después lleva con él como un mes o más en la mano, y relee, relee, por aquí, por allá, curiosamente compruebo ahora que lee poesía como yo. O yo como ella, mejor dicho. De un tirón el libro, y si me llega o me gusta lo dejo cerca, y releo, releo, releo... así puede estar eternamente el libro equis a mi lado, o al suyo.

Ella fue muy buena cantante de zarzuela en sus años mozos, en su colegio donde stuvo interna hasta los 19 años (un hospicio, un orfelinato, nada de familia pudiente), casi estuvo a punto de saltar a la carrera de "artista" a la vez que Raphael, sólo que no quiso aceptar "ciertas" proposiciones de por aquellos años, jaja. Cuando niña (5, 6 años) se iba detrás de los pianillos cantando y bailando y tocando las castañuelas (los palillos en "sevillano") por las calles de Sevilla, tan rubia y con esos ojos tan verdes (ascendencia vikinga, esos hombres del norte que atracaron en el puerto de Sevilla allá por el siglo VIII) ha sido la más "flamenca" de todas. Siempre me cuenta cómo se subía a la reja de la ventana de la academia de baile de Realito allá por la Alameda... e imagino que así fue aprendiendo a bailar, mirando...
Ahora vivo casi al lado de donde ella vivía cuando niña. Calle Alcántara, como su segundo apellido. El puente.

Es de estas personas que son capaces de aprenderse los poemas de memoria y sobre todo recitarlos. Ayer mismo pensaba en cómo hubiera disfrutado con los recitales de poesía que actualmente abundan, con esos escenarios, ese micrófono y pudiendo desplegar su  total carencia de miedo escénico y su arte... todo lo contrario que yo, en nada he salido a ella en ese aspecto, no digamos ya en el rubio de su pelo y sus ojos verdes.

Me emociona por muchos motivo todo esto. En signos cantores incluí un poema dedicado a ella, un poema que escribí nada más llegar aquí un mediodía que venía de vuelta del hospital. Recién venida del campo a esta casa, al llegar septiembre, mi madre enfermó gravemente. Después de tantos años sin ella cerca, cuando volvía, veía que se me iba. De pronto, así, de pronto. Al caminar hacia esta casa por la calle enladrillada pensando en ella me topé con una rama de buganvilla  que asomaba por la tapia del huerto del rey moro, le disparé algunos clicks. Cuando encendí el ordenador, la hice y escribí el poema. Me salió para ella "lógicamente". La verboluz, poema y fotografía.

Y ahora me emociona pensar que tras tres años, puede estar leyéndolo, en un libro... aunque todo tengo que decirlo, no me ha comentado nada en concreto sobre él. No lee el libro por él. Por su poema, lee porque le gusta. 

Se lo dije ayer y hoy otra vez riéndome a carcajadas: "Mamá, ¡eres mi mejor lectora, jolín, así da gusto escribir! Aunque sólo fuera porque tú me leyeras, ya merece la pena que haga el esfuerzo de poner en papel lo que escribo".

No, no se me fue, no se me fue. Todavía está conmigo.
Y sonrío ahora que puedo. Sonrío y hasta río de alegría ahora que puedo. 
Y lo digo. Ahora que puedo decirlo, lo digo. Quiero decirlo.
 
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