La fe
una caña y un asterisco
en la muralla,
y el manantial se abre.
y se abrió
como un reguero
sedimentando
el arco iris en el suelo,
pies para qué os quiero,
se preguntaba la pintora,
yo, alfarera en mi recuerdo
y en la estancia de la caverna,
no necesito colores ni barnices,
son mis manos las que crean
un arco iris a la medida
del hombre en la tierra
amarilla como los cabezos,
mis cabezos, las peinetas
o los arcos de mis iris,
de mis luces.
como un reguero de gozo,
como un reguero de tierra
el amarillo suspende
mis desvelos y me hace dormir
llena de paz en la curva
de la playa tan gigante
se extiende el sol
por las arenas secas
y calientes, verdadera
huella del mar que me habla.
La vuelta y el regusto
de las olas, que saben
del retorno de todo
lo que al océano llega,
un río, un cuerpo de hombre,
un árbol, unas cenizas y hasta las cañas,
las medusas y los sargazos
ya tapizan de verde y rojo
la mejor orilla soñada,
las aguas se hacen vivas
modelando estanques,
a la medida, mi medida,
de pequeña no abarco
un mar tan grande
de mis ojos brotan
lágrimas como medusas
muertas. Construyo un jardín
a los pies de los cabezos,
un jardín soldado de amor
a tu pecho de hombre
bautizado como dios
por la torre que me guarda
que me guía como faro
del acervo de la verdad
y del sueño.
No necesito tener fe.
Se me comprueba
todos los días.
Sofía Serra (De Los cabezos amarillos)
jueves, 8 de noviembre de 2012
miércoles, 7 de noviembre de 2012
Los sordos
Los sordos
Quisieron gobernar
a golpe de palabra
y juicio gesticulando
con el paladar de sus fueros
remedando el vaivén
de los cuerpos enlazados,
como si pudiera abstraerse
el sonido de mi vagina
destilando sales,
lubricando el aire
como boca de pez ahogado
clamando por el oxígeno
del agua de tu lleno.
Quisieron completar
el coito interrumpido
por falta de sangre
en sus flácidas vergas,
y no pudieron, no pudieron
follar más que letra a letra
con sonido de silencio
de una pieza inmaculada.
Les pasó inadvertido
el grito de mi gozo
hecho son de tu baile.
La palabra sólo
para lo inefable.
Sofía Serra (De La dosis y la desmedida)
todo lo que se derrama
por las letras es que hace
mucha agua en la carne.
a golpe de palabra
y juicio gesticulando
con el paladar de sus fueros
remedando el vaivén
de los cuerpos enlazados,
como si pudiera abstraerse
el sonido de mi vagina
destilando sales,
lubricando el aire
como boca de pez ahogado
clamando por el oxígeno
del agua de tu lleno.
Quisieron completar
el coito interrumpido
por falta de sangre
en sus flácidas vergas,
y no pudieron, no pudieron
follar más que letra a letra
con sonido de silencio
de una pieza inmaculada.
Les pasó inadvertido
el grito de mi gozo
hecho son de tu baile.
La palabra sólo
para lo inefable.
Sofía Serra (De La dosis y la desmedida)
Suite de una noche de gozo, poema de Javier Sánchez Menéndez
SUITE DE UNA NOCHE DE GOZO
1
NO te presentas, noche, y yo te siento.
El espacio es tuyo
y todo lo posees.
Entre los bastidores, las ruinas
entre los corazones y sentidos
creces con los minutos y lo inundas
todo.
Porque noche es amor.
2
YA la palabra noche se entrega entre las sombras.
Ya la palabra noche es amor, es palabra.
Ya puede ser nombrada.
Su nombre arrastra todo cuanto venga.
Su nombre ahora soy.
3
TOdo lo que te he dicho, noche,
está bien, está completo.
Pero,
¿y mi noche, ¿dónde estará mi noche?,
¿me bastará su recuerdo?
4
LA noche es amor.
La noche es discordia.
El día es la luz y es la vida.
Sueño siempre su luz
y estoy con la noche.
Vivo siempre en la vida
y me mantengo en sombras de mi noche.
5
EL hombre es sólo hombre ante la noche
que guarda rigurosa los pronombres
y los esconde lejos: sin límites
ni éticas posibles.
El hombre ha de asentir ante la noche
porque es sólo hombre
ante la vida.
6
REinan en la penumbra las sombras.
Anónimo es el rito de ser nombrado solo.
Reinan los individuos calladamente
deseando la noche.
Por eso mi corazón te llama,
y también quiere ser protagonista
—hombre o sueño—
de la noche.
7
PUede llegar la luz
y romper la historia
de la noche.
Pero aún es tarde,
porque la oscuridad reina en silencio.
Puede llegar la vida
como hace siempre:
con voz baja entre gritos.
8
CAsi a la luz del alba
la noche es la más pura de las noches
y sobre la ventana
contemplo cuatro cielos sin estrellas.
La noches ya es la noche,
la terrible canción sin fin ninguno.
No hay realidad en la noche
y ya llegó mi vida, mi amor
y mi destino: siempre es claridad.
Javier Sánchez Menéndez (De "La muerte oculta" -1996-, en Faltas palabras en el diccionario. Poemas escogidos 1983-2011. Libros del aire)
martes, 6 de noviembre de 2012
La corriola del pozo
La realidad es esta:
sólo se quiere lo que no se tiene.
Con no estar es suficiente,
la verdad lo sabe muy bien,
sabe hacerse querer,
ella se oculta tras la mentira.
Somos unos asesinos
de nuestros propios deseos.
necesitamos matar,
es nuestra naturaleza,
nuestra forma de poder
seguir estando vivos,
de poder volver a desear.
La corriola del pozo
¿qué papel el del amor?
el del amor es la fuerza, solo
tan sólo por sí mismo
creado y creador
de todas las cosas
en verdad, en verdad nos dice
que sólo hay que usarlo
para que nuestra vida se haga
indecible, es decir, inefable
o infabulada.
No dicha.
No matada
por tanto
sino viva.
El mal de los sargazos,
el mar de los abrazos,
la santa onomatopeya
que libera blancas
y medias arenas del revés
dispuestas con un sol,
el dado para el suelo,
con un dicho, el dado
para el muerto
de hambre de amor de
no somos nada más
que ese cuerpo de cal
tornasolada con todos
los colores del universo.
y yo sin ti qué seré
si ni dios llega
a la doble entente
del aire y el fuego
que son la luz, la luz,
la tierra, nosotros
y el agua, el barro.
Con la luz y el barro
fabrico los candiles
de carburo hidrogenado,
esos que espantan a los alacranes,
esos que todas las noches
enciendo con una gota de agua.
siempre el agua,
siempre el amor
el que logra sacarla.
Sofía Serra ( de Los cabezos amarillos)
sólo se quiere lo que no se tiene.
Con no estar es suficiente,
la verdad lo sabe muy bien,
sabe hacerse querer,
ella se oculta tras la mentira.
Somos unos asesinos
de nuestros propios deseos.
necesitamos matar,
es nuestra naturaleza,
nuestra forma de poder
seguir estando vivos,
de poder volver a desear.
La corriola del pozo
¿qué papel el del amor?
el del amor es la fuerza, solo
tan sólo por sí mismo
creado y creador
de todas las cosas
en verdad, en verdad nos dice
que sólo hay que usarlo
para que nuestra vida se haga
indecible, es decir, inefable
o infabulada.
No dicha.
No matada
por tanto
sino viva.
El mal de los sargazos,
el mar de los abrazos,
la santa onomatopeya
que libera blancas
y medias arenas del revés
dispuestas con un sol,
el dado para el suelo,
con un dicho, el dado
para el muerto
de hambre de amor de
no somos nada más
que ese cuerpo de cal
tornasolada con todos
los colores del universo.
y yo sin ti qué seré
si ni dios llega
a la doble entente
del aire y el fuego
que son la luz, la luz,
la tierra, nosotros
y el agua, el barro.
Con la luz y el barro
fabrico los candiles
de carburo hidrogenado,
esos que espantan a los alacranes,
esos que todas las noches
enciendo con una gota de agua.
siempre el agua,
siempre el amor
el que logra sacarla.
Sofía Serra ( de Los cabezos amarillos)
lunes, 5 de noviembre de 2012
Paisaje de Verdad
No tengo muchas ganas de explicar ni de escribir, ni siquiera poesía, pero sí de dejar esta fotografía aquí. Llevo días queriendo hacerme con ella.
No se ven los cabezos amarillos. Estaban, están, justo enfrente de esa orilla, y esa torre. Esa torre albarrana, albarrana porque yo lo digo, porque es la extensión de una muralla que nadie conoce, esa torre mora, ese faro ruinoso, ese faro que aún sigue en pie, con su misma fortaleza y su misma debilidad. En ella se refugiaban los cangrejos, los erizos y tantas especies de bichos raros según mi nomenclatura de la época, y actual.
Nada ha cambiado. Todo permanece.
Los cabezos amarillos
Los cabezos amarillos
De los rizomas aguados
al venerable panorama
de los iris sumergidos
como aflora el manantial
desde la tierra hunde,
la llama vertical
del suelo de los cabezos
las peinetas de la playa
azul,
el blanco y el amarillo
solicitando un acebuche de sal
como las cañas verdes y dulces,
la arena de mi tierra y mi muralla.
Así fue aquel paisaje
donde me extendí ante tu vida,
o para tu vida, aún brotan
los siete colores terrenos,
la luz y el agua se encendieron a tu paso
para que yo recordase ahora.
Llega la lluvia a la playa
como llegaban desde el pueblo blanco
el cuaderno, los lápices,
la bombona de gas butano, la ciudad
y sus regalos, como si de las indias
vinieran,
y como india, de tan morena
como la torre que me guardaba.
No tan roca.
No tan alta.
Sí tan rota.
Sí tan permanente
en la orilla.
(Sofía Serra, de "equis")
De los rizomas aguados
al venerable panorama
de los iris sumergidos
como aflora el manantial
desde la tierra hunde,
la llama vertical
del suelo de los cabezos
las peinetas de la playa
azul,
el blanco y el amarillo
solicitando un acebuche de sal
como las cañas verdes y dulces,
la arena de mi tierra y mi muralla.
Así fue aquel paisaje
donde me extendí ante tu vida,
o para tu vida, aún brotan
los siete colores terrenos,
la luz y el agua se encendieron a tu paso
para que yo recordase ahora.
Llega la lluvia a la playa
como llegaban desde el pueblo blanco
el cuaderno, los lápices,
la bombona de gas butano, la ciudad
y sus regalos, como si de las indias
vinieran,
y como india, de tan morena
como la torre que me guardaba.
No tan roca.
No tan alta.
Sí tan rota.
Sí tan permanente
en la orilla.
(Sofía Serra, de "equis")
domingo, 4 de noviembre de 2012
Paleografía (el sí)
Paleografía (el sí)
(poema documental)
He estado descansando,
cosiendo y descansando,
mirando la tele,
viendo películas y descansando,
reparando algún libro,
reparando en las luces de mis párpados
cuando mis ojos descansando
se han cerrado saliendo
a la calle conforme
me ha pedido mi cuerpo
descansando y calculando
la posibilidad de encontrarme
con un paleógrafo
tirando una centena de libros
a un contenedor, a las dos,
dos, de la tarde en Sevilla,
un sábado dos,
dos de julio: Una
entre un millón
de habitantes
que no tiene esta ciudad.
Pero acerté
y di con él.
“Libros que no sirven para nada”,
me ha dicho.
Yo he asentido con un SÍ
que me ha cosido
el descanso.
Sofía Serra (de La dosis y la desmedida)
(poema documental)
He estado descansando,
cosiendo y descansando,
mirando la tele,
viendo películas y descansando,
reparando algún libro,
reparando en las luces de mis párpados
cuando mis ojos descansando
se han cerrado saliendo
a la calle conforme
me ha pedido mi cuerpo
descansando y calculando
la posibilidad de encontrarme
con un paleógrafo
tirando una centena de libros
a un contenedor, a las dos,
dos, de la tarde en Sevilla,
un sábado dos,
dos de julio: Una
entre un millón
de habitantes
que no tiene esta ciudad.
Pero acerté
y di con él.
“Libros que no sirven para nada”,
me ha dicho.
Yo he asentido con un SÍ
que me ha cosido
el descanso.
Sofía Serra (de La dosis y la desmedida)
La porquera
La porquera
La realidad es que de tu boca nacen margaritas,
así que los cerdos disponen
de comida abundante durante mucho tiempo.
¿cómo no va armarse de amor
alguien que devana el mundo
entre almejas y bellotas,
luces y alacranes, tro-
pezón y puerta
blandiendo el alba?
soy la más creyente de los mortales.
Mi dios es mi bandera,
a imagen suya me tejió
junto a los lodazales irisados
del manantial de los cabezos
amarillos.
Exacta neocirugía de verdes
tú, eres quien yo vivo
sin sobre
saltos,
sin sobre
agudos, los bajos
inundados
paz a paz,
sin palabras.
mi dios es el más común
de los mortales,
el que no habla.
(Sofía Serra, De El hombre cuadrado)
La realidad es que de tu boca nacen margaritas,
así que los cerdos disponen
de comida abundante durante mucho tiempo.
¿cómo no va armarse de amor
alguien que devana el mundo
entre almejas y bellotas,
luces y alacranes, tro-
pezón y puerta
blandiendo el alba?
soy la más creyente de los mortales.
Mi dios es mi bandera,
a imagen suya me tejió
junto a los lodazales irisados
del manantial de los cabezos
amarillos.
Exacta neocirugía de verdes
tú, eres quien yo vivo
sin sobre
saltos,
sin sobre
agudos, los bajos
inundados
paz a paz,
sin palabras.
mi dios es el más común
de los mortales,
el que no habla.
(Sofía Serra, De El hombre cuadrado)
sábado, 3 de noviembre de 2012
Soy pedófila
Soy pedófila
Abomino de la palabra pedofilia. Es la nomenclatura más horrible que esta costra dura ha logrado crear. Hoy se castiga la pedofilia, es decir, el amor a los niños. O sea, dándole la vuelta, hay que odiarlos para ser buen ciudadano, para no ser contemplado como potencial o de hecho delincuente.
Inventen otra palabra, por dios, por respeto al amor, a los niños, al idioma griego y a nosotros mismos. Por ejemplo: pedofobia, del griego paidos y fobia.
Nunca me han gustado especialmente los críos. No soy de esas personas, ni de esas mujeres, que se vuelven locas con ellos. Por eso sólo he tenido un hijo. No quería más. Como ya comenté alguna vez en este blog, cuando mi hijo era pequeño y las amigos o conocidos me veían relacionarme con él, y haciéndosele evidente la categoría humana de mi hijo, educado, alegre, sociable, inteligente, risueño, listo, cariñoso, noble, serio, sano física y mentalmente, sobresaliente en casi todos los aspectos como ser humano, siempre terminaban diciendo lo mismo, : "es que te gustan mucho los niños, Sofía... así, claro", como diciendo que así, gustándome los niños, era fácil lograr un portento como hijo. Y yo, realmente escandalizada porque he odiado toda mi vida esa actitud por la cual un niño tiene que caer bien porque sí independientemente del carácter del chaval, lo decía muy claro: "no me gustan los niños, me gusta este, que es muy distinto".
Los niños son para mí personas, ni más, ni menos. Sólo y tan sólo más pequeñitas que otras mayores, con menos años de vida, ergo, con menos experiencia. Hay que protegerlos, ayudarlos, cuidarlos hasta que sepan hacerlo por sí mismos, y EDUCARLOS es decir, ofrecerles la sabiduría de la experiencia y del conocimiento adquirido por los que tenemos más años de vida para que puedan ir aprendiendo por sí mismos. Sólo y naturalmente.
Según la tónica tendencia del mundo en que vivimos a los niños no hay que amarlos, es decir, no hay que educarlos, ni ayudarlos a criarse, ni velar por su salud mental, espiritual y física. A los niños hay que odiarlos para que se te considere un buen ser humano.
Yo amo a los niños, lo siento. Luego soy pedófila. Incrimínenme, júzguenme y caiga sobre mí todo el peso de la ley que no saben crear. Yo amo al ser humano por su potencial, y los niños, las personas más pequeñas, son la metáfora de él.
Del tabú se nutre la locura de este mundo. Del miedo. De lo perversamente ocultado. De la tergiversación de las palabras . De la perversión. Del mal uso de nuestra herencia también. De la ignorancia. De la puta ignorancia.
Ese es el mal que hay que atacar.
Ese es el único mal, el que ciega los ojos de un ser humano que podría ser estrella de luz al menos en el mundo.
Este medio potencia tanto la ignorancia y la demencia como la culturización y la iluminación de las mentes aún oscuras, sean o no sean pequeñas.
Me quedo con lo bueno. Como cuando hace hace años en un foro de fotografías en que se consideró que una de las subidas por un compañero debería incluirse en el apartado de “desnudo” tan sólo porque retrataba a chavales (10, 12 años) bañándose en el mar, es decir, aparecían torsos desnudos, chavales jugando y chapoteando, haciendo barbaridades propias de sus edades. Entonces defendí el derecho de ese autor a que esa fotografía fuera considerada dentro de la categoría de lo social en vez de la de desnudos. Automáticamente pasé a ser pedófila. Ante la burrería dominante, con perdón de los burros, evidentemente decidí irme de aquel foro (ojo digital, para más señas). Detesto tratar con animales de dos piernas y un cerebro con capacidad de homínido homo sapiens sapiens.
Pero nadie lo supo. Unos mean en lata y otros en paja, eso sí lo sabemos.
Este post viene a cuento del comentario dejado por una persona en la anterior entrada, poeta, malillo, al que siempre he tratado bien, aunque no me une a él nada especial (ver comentarios míos a sus poemas en Crítica feroz hace unos meses, aunque tampoco recuerdo haberle dejado muchos).
Queda la ignorancia prohibida en este blog. Absténganse dementes o ignorantes
(e hipócritas).
Por la salud mental y la educación de las personas más pequeñas que nosotros.
Por el futuro de ellos.
Por el futuro SANO de toda la humanidad.
(Por cierto, ahora que caigo, UNICEF es pedófila. Les sugiero se hagan con un filólogo entre sus directivos, alguien que vele por el nombre de un organismo que cuida de los derechos de los niños, alguien que pueda denunciar en su nombre esta nomenclatura asociada ignorantemente a lo execrable.)
La esquina opuesta
La esquina opuesta
Querubín, música, medida, coherencia, Sur, amor, vida.
Un nombre.
Pensar.
Sentir.
Intuir.
Poesía.
(Sofía Serra)
Anoche sostuve un querubín entre los brazos, Murillo habría disfrutado pudiendo plasmarlo en alguna de sus pinturas. Tengo hermosas sobrinas con las que puedo hacer lo mismo, pero una es muy pequeña aún y la otra apenas se deja. No es arisca, es suya. Cuando se relaja al cabo de las horas, sí sonríe. Necesita saber que confía. Piensa. No sé qué me sucede pero siempre me encuentro en la esquina opuesta. Ayer tuve a un niño en brazos pudiendo disfrutar al hacerlo. Y no es mi sobrino. Y yo no soy como mi sobrina. Sonrío, aunque no confíe. Soy tuya. Pienso. Siento.
Anoche mi hermana y yo comenzamos a aprender a tocar el piano. Alegre y casi bacanalmente, regadas con pacharán y oloroso. Todos los años de conservatorio (y suplicio, leve pero hondo) que padecimos para hacernos con el manejo de la guitarra al menos nos han servido para poder identificar fácilmente las notas en las teclas. Lo malo es la clave de fa, sí, la clave de fa, la mano izquierda. Quizás deberían habernos dejado beber cuando tuvimos 10 o 12 años.
Anoche vistieron a mi hijo de Nuevo. En estos años no ha habido derroche, dicen todos los “buenos”, pero yo aún no entiendo cómo una persona puede vivir con doscientas camisas en su ropero y después no tener para pagar a sus trabajadores. Claro, llega el momento en que deben tirar ropa para no morir asfixiados; y vivir del sueldo de los empleados, que no tienen para comprar ropa para sus hijos.
Pero entonces mi hijo se viste.
No entiendo, aún sigo sin entender
cómo puede decirse:
en estos años no se ha derrochado.
No, todo lo que se hace en la esferas políticas y administrativas de los organismos autonómicos y europeos no está mal hecho. Puede que lo despidan pronto por los recortes, eso sí estará mal hecho, sólo si sucede. Mi hermano es ingeniero industrial de la rama de química y ha estudiado y trabajado toda su vida desde su profunda creencia: las energías limpias son la solución. Viaja, viaja mucho desde Andalucía, desde Sevilla, hasta Helsinki, Suecia, Yugoslavia, Polonia, EEUU, a donde lo envíen, a Bruselas, desde el Sur. Trabaja por aquello en lo que cree y tuvo cuatro madres. Yo lo eduqué. No, no puedo decir que todo lo que se haga en esas esferas a las que no solemos tener acceso esté mal hecho. No puedo, la coherencia me lo impide, el pensar. Yo creo en mi hermano, yo lo crié.
Ayer me llegaron los libros. El día de los difuntos nunca ha sido fecha de mal agüero en mi subconsciente, y ayer, una vez más, se me confirmó esa intuición. Mi hermano nació un dos de noviembre. Mi hijo un ocho, mi sobrina mayor un doce. El mes de los muertos siempre ha sido en esta familia el mes de la vida. Mi padre en cambio murió una madrugada de resurrección. ¿En cambio?
Esquina opuesta. ¿Esquina opuesta?
Esquina opuesta.
Querubín, música, medida, coherencia, Sur, amor, vida.
Un nombre.
Pensar.
Sentir.
Intuir.
Poesía.
(Sofía Serra)
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