lunes, 7 de noviembre de 2022

La rosa en Los cabezos amarillos

 

La rosa eterna

se me rompe

un poco todo

solo un poco,

eso es bueno.


mas la quiebra siempre mide calores

y yo no soy 

de medidas desmesurada

siempre atiendo

alcauciles en invierno,

rosas en verano, 

dónde el verano, dónde

la longitud del estero, la sombra

del árbol la juventud

de la herida la vejez 

de la flor el crecimiento

del fruto me alimento

con adioses como otros osos

se alimentan de hormigas, 

pero mi lengua sólo sabe lamer

y escarbar hasta el paladar.

con ella vadeo

algunos cursos del surco

que y qué solo

me vale denso

donde intento remontar

el barrizal de este barbecho

arando algo con mi boca

a su lengua y sus dientes.

la tarea es compleja y, sobre todo,

indigesta, pero no hay bien 

que sin malestar

llegue.

me colmo en tu vaivén,

por eso sé

que la risa como la rosa

volverá a brotar

desde esta boca abierta,

como la hierbabuena allá

en las azoteas de blanco, allá

donde mi abuelo Salvador

construyó todos los mayos

levantándome rosas en la mirada.




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