domingo, 30 de agosto de 2020

Cambios termales



El deshielo

Si de vez en cuando
mi boca en tu oído se enreda,
alerta a los nervios opacos,
esos que no excluyen a la materia,
con permiso o sin él afianzaré
mis ijares sobre el suelo.
Mi voz: mi yunta y mis alas abiertas.
Si de ellas espanto a estas llagas
que como manos de ida sostienen a la memoria
tras el aullido del agorero salvaje,
tú no te asustes, ama de mis venas.
Sólo las montañas y los árboles permanecen
anclados a la tierra oscura,
y ya en el deshielo
comienzan aturdidas esas tuyas
a licuarse: ríos de mares nonatos,
verbos contenidos en los glaciares
bajo la presión de los heleros
deshilando el cambio termal, el soplo oxigenado
sobre esos ya jadeantes pulmones.

Del deshielo a la muerte anuda
el paso del natural suceso
como aquella que nos dio lugar,
madre, no congeles tu aliento
que lo quiero para rebelarme,
me conquisto y luego contigo
me iré ya vieja ya sin espada.
Vejez como humana querencia,
vejez como flor espigada, no contrahecha.
Vejez resistencia, que yo contigo me quedo
junto al río cada vez más ancho,
más pausado, más fértil,
más desprendido de su cauce,
planicie moldeada por los amables ecos
de los gritos proferidos por el Hombre…
:Mar.

Como tú, madre, como tú.

(Sofía Serra,  Septiembre/2009)

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