domingo, 21 de octubre de 2012

Javier Sánchez Menéndez, palabras para una esperanza

Esto es lo que falla en España. Esto es lo que ha fallado durante cien y doscientos y mil años, también lo que lograron frenar en el 36,  y lo peor, lo que sigue fallando ahora, año 2012, siglo XXI ¿Por qué será que a una política conservadora le interesa siempre ningunear el capital base, la educación, la formación del futuro más joven? Me lo preguntaba un amigo argentino hace días. La respuesta nos la dio hace ya bastante tiempo Blasco Ibáñez: el conocimiento es poder. Y ellos son expertos en tomarlo, el poder.

Hoy no es tan difícil acceder a él, al conocimiento, aunque muchos, y algunos, si llegan al gobierno, se empeñen en tratar de evitarlo, de evitar que llegue a los demás.

Por suerte,  aún quedan palabras como las de Javier Sánchez Menéndez, un espíritu que arroja luz sobre la masa negra y oscura de la molicie de este país.

Es un mensaje para alojar en la vitrina, mi vitrina, y reproducir constantemente, generación tras generación, hasta que a más de uno o dos les entre en la cabeza o lo que sea que tengan encima de los hombros. Luchar en este presente por un verdadero futuro.


Abajo su palabra grafiada también en letra. En estos tiempos, y aunque pueda resultar ingenuo,  hacerlo es para mí como  grabar en letras de molde sobre la piedra, escribirlas. Así lo merecen. Así nos lo merecemos, o así creo que el ser humano se lo merece. Quiero creer que se lo merece. Al menos el que venga SÍ lo merece. 

  En casa se educa, en la escuela se aprende
 (Javier Sánchez Menéndez) 
Su palabra en Radio Sevilla, Cadena Ser, hoy.
EN casa se educa, en la escuela se aprende. Pocos deberes y las tardes sin clase. ¿Éxito en Suecia? Bueno, es una forma de enseñar que mantiene a sus alumnos en los primeros puestos de un ranking real y verdadero.
En España hay niños que salen a las cinco del colegio, después van a inglés, de ahí al Conservatorio, y algo de deporte. Llegan a casa a las ocho. ¿Deberes? Antes un par de horas de televisión o de videojuegos. ¿Cuánto descansa un niño?
En casa se educa, en la escuela se enseñan conocimientos.
Los dos padres trabajan, mañana y tarde, (ahora es necesario). ¿Quién controla al joven? Cuando llegas a casa lo encuentras dormido o tumbado en el sofá. ¿Has hecho los deberes? Claro, no lo dudes.
¿Educación o conocimientos?
Los niños deben jugar, deben ser niños. No existe el fracaso escolar, lo que ha irrumpido es el fracaso social.
Buscamos culpables. ¿El sistema? No. No hay culpables, hay ignorantes. En casa se educa, en la escuela se adquieren conocimientos.
Nunca el maestro o el profesor deben hacer la misión de los padres. Son docentes, docentes vocacionales.
Es la ley de la contradicción. Quien mucho abarca, menos aprieta.
Las huelgas de estudiantes, hace años, las hacíamos nosotros, por la ausencia de calefacción, por bajas reiteradas o simplemente no queríamos hacer un examen.
Ahora las huelgas condicionan los actos. Huelgas necesarias y difíciles. Y mucho más en un país a la cola de la educación en el mundo.
Invertir en educación es renacer, resurgir, revivir. Pero ojo, en casa se educa, en la escuela se enseña. Y esto deben tenerlo claro todos los agentes sociales. Todos.
El niño debe jugar, debe hacer deporte, debe vivir. Y debe aprender el concepto de libertad y responsabilidad.
No volvamos la vista atrás. No hace falta. Lo que tenemos delante es bellísimo. Un ramo de flores con olor intenso. Y un color responsable.
Toda inversión en educación creará personas, seres humanos, portadores de sueños sobre la alfombra de la verdad.
Eduquemos desde casa, enseñemos desde el centro educativo. Con vocación, con amor, con profesionalidad.
Pero ojo, con un pacto social necesario, sin cambiar las leyes educativas al ton y al son de quien gobierne. Un pacto de estado por la educación beneficiará a generaciones, nos hará más humanos. Y nuestros hijos estarán más educados, mejores enseñados.
¿Saben realmente lo que es un pacto de estado por la educación? Lo que hace falta en España desde hace muchos años y nadie se atreve a implantarlo.
Todo lo demás sobra.
Javier Sánchez Menéndez

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