viernes, 26 de octubre de 2012

El poema

El poema

A los que nunca me apoyaron
cuando yo sufría casi infartos
hace 10 años.
Al no psicólogo que tuve
para mi depresión.
A mi esfuerzo y las yerbas
y las flores del campo
que me acompañaron.
A mi seráfica compañía en aquellos años,
las silenes, los lirios, el diente de león y las encinas,
y las ausencias que me disteis.
A los poetas que se ríen cuando uso esa palabra,
ser-afín, sin tener ni puta idea de donde
llega, o sea, a los ignorantes.
A las torre de la luz que canté con mis fotografías,
y a vosotros, que no estuvisteis
cuando pensaba en suicidar
a tres personas queridas yo incluida.
Al tranxilium, que ya sí es mi eterno compañero.

aquí misma asomada a donde ayer
pintaba mi travesura de amante
loca por las yerbas y otras sustancias
alucinógenas, el polvo blanco
es tan dulce, ay, aún mis alas
conservan restos, abejita,
abejita en la amapola soy…
salvo cuando escribo.
Cuando escribo
el opio del pueblo,
o sea el puto dinero
cuando lo hay,
—ahora salta de rama
en rama el mono
enfermo de infartos
y depresiones,—
me deja sin mis poemas.

Yo le canto a la luz y
la luz me corta las alas.
Yo pago la luz
y las tijeras del inconsciente
suicida por la crisis
corta mis palabras.

Estoy harta de ser
una adelantada a mi tiempo.
Al final me como
todos los marrones
—para mí los quiero todos
(¡egoísta, eres una egoísta!,
deja algo para alguien),
con lo rico que está el polvo blanco,
masoquista— de ayer,
antes de ayer y hoy también,
sin haber siquiera
podido disfrutar
de la mínima abundancia,
ni hablemos del derroche.

ajena al mundo
el mundo me la mete
doblada por todos mis orificios,
tan harta, dios mío, o sea, yo,
tan harta de tan mula
de carga con todos
los pesos de sus mundos.

una abeja con alas
como las de un B-52,
una puta entelequia
o casi quimera,
eso es lo que soy.
una extraterrestre.
una mutante.


esa fue la segunda parte de mi día de ayer 23 de octubre. la primera fue hermosa, pero de esa no me dejaron conservar rastros. casi mejor, casi me alegro, me alegro del todo, mejor dicho, no se convirtió en literatura. El mejor grafos es el que huella  el alma humana, ahí es donde únicamente merece la pena permanecer. En el otro.


Sofía Serra (24 de Octubre de 2012)
 
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