sábado, 8 de septiembre de 2012

Al través

Al Través

Pequeños signos cantores,
tan mínimos y desfallecidos
como la consigna asediada.

Al terminar, se deduce la escafandra
o la tensión arterial obstaculiza
los privilegios del paso de la sangre
libre por sus regueros de vino:

una prebenda y un pusilánime sentido
del estorbo. La juventud y la luz
sojuzgada por otros destinos,
paradisíacos o no, se sometieron.
Encontrar, más allá, agranda los ojos
de burra tiene los ojos, tan grandes y
francos como los de Platero.

La libre calma abierta a toda duda,
la duda piedra perdida en el río
rueda en la quinta avenida
borbotea
orgasmos a toda pleura.
Quejumbrosos soldados
quedan a medias
hundidos en el limo aceitoso
de la memoria y en el huérfano descuido
que se trabajan lentamente, se horadan,
se inmiscuyen entrambas superficies
por doquier, superficie fundamentada.

No habrá un solo porvenir
al que asomarse si las juntas de hielo
permanecen congeladas.
las barcazas hacen
el tiempo que atravesó el lago
navega rumbo al sol acometido
por las olas de la pregunta
qué mar más bello sino
la eterna pregunta de si
no somos nada, no somos bajío,
ni orilla, ni probable respuesta.
Ni cuestión, nos advierte el mirlo
entonando su canto naranja
de fuego derretido en el mar,
la cuestión, comunicar
aunque se pierda el rumbo.

La quietud en la saliva.
Sí, ¿por qué no?

No te escindí,
una luciérnaga boca pasea
por el lúcido hilo.
Quieta emprende
Quimeras.
Queman.
Pueblan.

Irrumpes, verbo claro
—balanceas—,
al través
de un allá
hasta aquí.

Sofía Serra (De La dosis y la desmedida)

1 comentario:

Karin dijo...

"...entonando su canto naranja
de fuego derretido en el mar..."
Qué belleza! Muy buen poema.

 
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