miércoles, 18 de enero de 2012

Los cotiledones

(Correcciones "Los parasoles de Afrodita")

Aprovecho esta entrada para decir que la editorial Baile del sol me ha asegurado por dos veces su interés por publicar este poemario. Saldría para el año que viene. Lo escribo en condicional porque aún no he firmado nada y queda mucho tiempo.
Este poemario, aunque pienso que es de los más bonitos que la poesía se ha dignado en querer hacer salir de mis manos, es muy complejo, por sus poemas, claro, también por la idea de su tema sobre la que  se fue pergeñando. En realidad es un intento de reivindicación del eros personificado en la figura de Afrodita,  una especie de pelea mía porque todos fuéramos capaces de ponernos en el lugar de ella, que tanto ofrece y sobre la que tanto se pervierte, se usa  fraudulentamente, sus sufrimientos, sus batallas y su necesidad de hallar paz y hasta cobijo (parasoles).
Pero como digo es complejo, la mayoría son poemas muy-muy extensos, con ritmos endiabladamente dificiles, creo que gana por completo cuando el poema lo recito, no por mi voz o mi capacidad (escasa) para recitar, sino porque al menos puedo así transmitir el ritmo y tono originario desde el que nacen, que sí es muy particular, mío, una amante de la música, el ritmo, sevillana, medio africana y encima con conocimientos musicales porque anduve en mi niñez y adolescencia estudiando en el conservatorio, o sea, todo se me junta rítmicamente  en este poemario.
En cualquier caso, aunque terminado, no dejo de darle vueltas, sobre todo a esos poemas más extensos, así que subo este con nueva revisión (décimoquinta según mis archivos tras seis anteriores de estructuración).
Este poema en particular es importante en ...bueno, mi poética, porque es cuando por primera vez consigo nombrar algo que se convierte en clave de toda mi concepción del arte, esa "costra dura de la nomenclatura" sobre la que tanto abundo siempre, incluso fotográficamente.



Los cotiledones


Fuente y albedrío libre de junto a mí:
ya sobrenada tu agua bañándome
desde mis manos que sobre ti han sudado.
Suerte-sal y urbano renombre del monte
sobre el monte de Venus,
o sobre la colina del loco,
hacia esta orillas vivas de estuario
que se abre a la barra del río que me hace y renace.


Ay, Amor, cómo destilan néctar
las flores de estas jacarandas
altas, altas como los rascacielos.


Desde estos valles de verde amapola,
yo respiro exaltada sobre mi cadera unida
a tu alma cerrada de vértigo
a los dólmenes que sostienes
con las puntas de tus dedos,
a los adoquines mojados,
al pilar-soledad de tus retozos
sobre las vendas de seda de la droga blanda
de las carnes acicaladas
de las diosas que no son griegas.
Solapando temblores,
apisonando tu bomba-corazón
bajo las otras humanidades, las otras voces,
las vampiras de la celeste sangre.
—Y todos abastecidos
sin saber que el agua
que bebemos no proviene más
que de un mismo pozo
que no tiene nombre.
Mar eterno, mar sin orillas, mar subterráneo
bajo la costra dura de la nomenclatura—


Ya se yergue salvaje y sañuda
el ave de la suerte. ¿Suerte?
Suerte nuestra de Ser de Hombres.
Sino lleva destino sin nombre
de vida y marea, la vena
que nos atraviesa de parte a parte y no duele.
Ay, salvaje clámide que te espera,
velo translúcido a horcajadas de tu cintura,
tanagra abrigada, ¿a qué esperas para desembarazarte
del telúrico manto de lino que te ampara?
Luce como la Venus de Milo, aun sin brazos,
luce cual estatua blanca de alma,
predispuesta a tornarte
en manca y grande esposa viva
del hombre y su tierra y su agua clara
del pozo desde el que ya naciste.
¿Libertad manca?... Libertad plena.


Cerrada la puerta de amapola
viva, no olvido que tras el paso de la corriente
quedan germinales nuevas semillas,
tartáricas visiones de quien anduvo soñando muerto
que duerme sobre la cama de su osamenta
clavada al suelo de sus necesidades,
mis anhelos.


Canto al poeta en paro,
canto al de roja sangre,
al derrotado en la tierra
ante los ojos torturados del semejante.
Canto a la vida fecunda que adquiere nombre de vida
más allá de tus manos o los cotiledones de mayo,
canto serio sin sonrisa de risa: nunca ríes, poeta de ti.
Come alegría, come vida, cómeme.
Cultiva mis lágrimas, lava mi ropa, revuélcame en tu cama.
Acoge en ti algo más que el título bajo el que te escudas.


El poeta quiere estar sólo, ¿qué le pasará al poeta?
¿El signo por sus alas o el saco desgaje
de su vientre descuartizado?
¿Qué le sucede al poeta que ni sabe ni contesta?
El poeta tiene que estar solo, ¿cómo puede vivir el poeta?


Poeta a más contra el viento,
poeta a más contra la suerte que surte
poetas de más y más voz contra la mansedumbre
y las vieras de peregrino hacia el lugar que ya sabemos.
Que no es Dios.
Solo, libre y pendenciero contra su alma,
el poeta nace más allá de la entrepierna madre,
en las almenas que amilanan
la sombra de las nubes bajo el cielo, bajo tu cielo,
hunde tus hombros en el poder de la mies,
llora naciendo, que así cantaremos
con tu llanto los que nos pudrimos,
los que morimos, los que abaratamos este silencio
con míseros cantos de gozo travestido.


Ya ves cómo abro esta risa a caudales de dos manos llenas
de aire va, agua viene, tierra fértil, fuego mío,
sentencia a sangre de poeta abrasada en viento,
no más que ente divergente ya sin voz, aún sin flores y sin llanto:
no más que dos cotiledones abiertos al sol de mayo.


Sofía Serra (Los parasoles de Afrodita)

3 comentarios:

Carles Valls dijo...

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patxi dijo...

Bellas letras,exquisita lectura,que más decir que me aposento en tu sitio con...tu permiso.
Saludos.

Sofía Serra Giráldez dijo...

Encantada de verte por aquí, Patxi. Un saludo.

 
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