domingo, 3 de julio de 2011

Paleografía (el sí)

De ayer mismo:

Paleografía (el sí)

He estado descansando,
cosiendo y descansando,
mirando la tele,
viendo películas y descansando
reparando algún libro,
reparando en las luces de mis párpados
cuando mis ojos descansando se han cerrado
saliendo a la calle conforme me ha pedido
mi cuerpo descansando
calculaba las posibilidades
de encontrarse con un paleógrafo
tirando una centena de libros
a un contenedor,
a las dos, dos,
de la tarde
en Sevilla,
un sábado dos,
dos, de julio:
Una entre un millón
de habitantes
que no tiene esta ciudad.
Pero acerté
y di con él.
“Libros que no sirven para nada”,
me ha comentado.

Yo he asentido con un
que me ha cosido el descanso.

Sofía Serra, 2 de julio de 2011


2 comentarios:

CumbresBlogrrascosas dijo...

A ti te ha cosido el descanso y a mí me cose el desencanto, porque sí, porque existen esos libros, libros que no deberían haber nacido ¡Bendito paleógrafo!

Precisamente estos días ando de reformas y limpiezas domésticas y espirituales, y he acumulado un buen número de libros "para tirar". No lo haré, soy incapaz de tratar a un libro, por necio que sea, como mera pasta de papel. Al final, he decidido donarlos, como he hecho en anteriores ocasiones, a uno de esos rastros para la rehabilitación de drogodependientes. El único inconveniente es que seguirán sin aportar nada a quien los lea, pero al menos sí que habrán servido para algo.

Beso.

PS. Por cierto, también he reparado un par de libros este fin de semana, libros de esos que se caen de puro viejos pero que te resistes a desprenderte de ellos.

Sofía Serra Giráldez dijo...

Hola, Javier, la realidad "a veces es más poética que la misma poesía (luego explico por qué escribo entre comillas esto)" en cuanto que manifiesta lo verdadero de las cosas.
El libro es tan sólo un objeto con contenido textual dentro, una escritura, un "grafos" protagonizado por el hombre y como tal siempre valdrá para bien o mal, según necesidades circunstancias y cierto devenir de las cosas que la mayoría de las veces no es visible para nuestros ojos hasta que sucede "el contacto", la aprehensión por parte de otra mente humana a la que le resulte útil la huella allí, nunca mejor dicho, impresa.
Yo tampoco tiro nunca libros, pero este caso era extremo. Un catedrático de paleografía que literalmente se había quedado sin espacio en su casa para albergar libros efectivamente inútiles, la mayoría publicados por entidades públicas, administrativas, bancarias, tesis doctorales obsoletas, ya debidamente asimiladas por el protagonista, listados inmensos provenientes de archivos históricos y alguna que otra revista de literatura que tuve el placer morboso de hojear...todo inútil, inútil para esa persona.
Ni él, ni yo, ni algunas personas que se acercaron obviábamos el hecho de que pudiera ser que algo de lo allí escrito pudiera servir a alguien, pero el hombre ya había intentado dejarlos en librerías de segunda mano y los dueños los rechazaban, por lo mismo, falta de espacio físico.
La otra opción consistía en visitar los mercadillos ambulantes y dejarlos en los puestos como regalo, que cada comerciante sacara lo que fuera, que los libros siguieran su vida por un derrotero más natural..¿natural?..esto es complicado. Después de mi experiencia editorial he comprendido mejor que nunca cómo el libro es tan sólo eso, se fabrican como se fabrican tornillos, unos con mayor cuidado, y otros peor hechos, pero al final son tratados exactamente como eso, como en realidad lo que son: objetos de comercio.
A veces pienso que le damos demasiada importancia al grafos, a esa huella, y de eso se ha valido y se vale la burbuja editorial que padecemos que, efectivamente provoca casos tan pintorescos como éste, un experto en paleografía tirando a la basura "actual-grafos".
Daría lo que fuera por ver los almacenes de las grandes editoriales, y no digamos ya de los propios distribuidores... la burbuja, como la espuma, denota uso de detergentes, tensioactivos que blanquean y/o inflan las aguas...
Y sin embargo aquí seguimos, algunos pobres ilusos creyendo en el libro como algo importante y valioso más allá de lo económico.
Este poema es verídico, como diría mi paisano Paco Gandía, qepd, pero yo me pregunto siempre qué poema no lo es, si como mínimo todo parte de nuestra mente, de nuestra apropiación "debida" de lo que sea pasado por nuestro filtro neuronal que sólo se compone de combinaciones de elementos minerales (más físico, imposible). Que sea más prosaico o no, más discursivamente entendible o no, tal vez sólo depende, y así hilo con el debate abierto en tu blog, de que efectivamente esa POESÍA (lo verdadero) que se transmite haya sido más evidente en la realidad. Tal vez el recurso de la manida oscuridad que se le critica a los poemas o al estilo de algunos poetas, que en mi caso salta casi siempre sin que yo pueda hacer nada por evitarlo, tan sólo depende que el poeta haya de "escarbar" más para dar con esa "poesía", con lo verdadero, con la esencia que a todos nos subyace.
Por todo esto escribía antes esa primera frase entre comillas.
Un placer verte por aquí, Javier.
Un beso

 
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