martes, 8 de septiembre de 2009

El deshielo

Título de la imagen: Tríptico del deshielo


Aquí las tres fotografías de las que parte el tríptico (en mi perfil de margen cero o flickr se pueden ver en grandes, y picando en ellas)




El deshielo

Si de vez en cuando mi boca en tu boca se enreda, alerta a los nervios opacos,
ésos que no excluyen la materia,
con permiso o sin él afianzaré mis ijares sobre el suelo.
Mi boca: mi yunta y mis alas abiertas.
Si de ella espanto a estas dulces llagas que como palomas de ida y vuelta sostienen a la memoria]
tras el aullido del agorero salvaje,
tú no te asustes, amada ama de mis venas.
Sólo los bancos y los árboles permanecen anclados a la tierra oscura,
y hasta en el deshielo,
comienzan aturdidas esas tuyas a licuarse, ríos de mares aún nonatos,
verbos contenidos bajo la presión de los glaciares,
deshilando el cambio termal como soplo oxigenado sobre estos ya jadeantes pulmones.
Del deshielo a la muerte anuda el paso del natural suceso
como aquélla que nos dio vida y lugar,
madre, que no te deseo la muerte,
que preciso de tu ancianidad para conquistarme y luego poder morir…
Vejez sí, pero no carencia de hechizos humanos.

Vejez como humana naturaleza, vejez como flor espigada, no contrahecha en cementeriales plásticos, ni seca de olvidos.
Vejez resistencia,
vejez, que yo contigo me quedo.

Vejez como la del río, cada vez más ancho, más pausado, más fértil, más desprendido de su cauce]
espacio ilimitado, acontecer sin tiempo,
planicie moldeada a fuer de amables ecos de los gritos proferidos por el hombre…
mar.

Como tú, madre.

(Sofía Serra, septiembre 2009)

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