miércoles, 5 de junio de 2013

La ciudad sitiada (A Sevilla)

La ciudad sitiada
(A Sevilla)

El paralelo se ha colmado de inmundicia.
Las calles aparecen.
Ahora las veo porque
sobresti
mo-mi-mi-
rada sobre
el suelo el papel
dibuja
la mancha blanca y alada,
que se desplaza
y obtiene tierra.
Quisiera yo deshacerlo,
reivindicar su aroma origen
sembrar sobre el adoquín
el árbol con ciruelas
pasas prestas para
ingerir,
limpiar los intestinos
de una ciudad de carne y hueso
gris. Bella sin alma. No tiene a nadie.
No tiene manos.
No tiene pies.
Ojalá nos abandonara
(pero tampoco es nadie)
como el alma abandona
los cuerpos cuando
ya inertes.

Y nosotros, tantos
muertos de carne
y hueso blanco,
nos evaporaríamos.

El hueco. Lo limpio. La libertad
de Ella.

Ah-ora(ción de una atea)

Ah-ora(ción de una atea)

Antes:
un sino com-un sol
donde quemarnos vivos.

Después:
Un sendero amplio y umbrío,
un suelo tierno y el aire verde,
una sumisión a nuestra vida lenta,
un pacífico rededor que nos ama y nos abraza,

un dios

que nos calienta,
que nos cuida,
que vela por nuestra
valiosa existencia.

lunes, 3 de junio de 2013

El poeta es un Factor

Es que la poesía escrita no existe. Existen los versos, los poemas, los poemarios, la más o menos hábil asociación de palabras que la hacen evidente, o la manifiestan, pero no son la poesía en sí. La poesía en sí es un acto, el “traimiento” de lo verdadero a esta costra, el echar la otra mirada a las cosas o el hacer visible lo invisible. Evidenciar, hacer ver lo que no se ve. Ni siquiera el acto poético es poesía, la poesía es posterior y anterior a él, no es la obra, no está en ningún lado, sólo es mientras se percibe, por el creador o por el espectador. Eso es la poesía, un proceso por el que lo verdadero se hace evidente ante unos ojos distintos a, por ejemplo, los del que padece el apercibimiento. Bécquer decía “poesía eres tú”. Sin el tú la poesía no podría ni nombrarse para cada en sí mismo. El cerebro no encontraría accidente que llamar con esa palabra. El tú es la clave poética; por eso el poeta tiene que desdoblarse (honestamente siempre, na-tu-ral-men-te —El poeta no es un actor. El poeta es un factor. Hace—).

domingo, 2 de junio de 2013

El árbol del rosario

El árbol del rosario

A un hombre que lleva las cuentas

Te asomas al puerto
de este cuerpo
como cuando
llego al campo,
rujo bienvenidas
de caracoles y morados
cardos como las estatuas
del parque —se engarzan
con cadenetas de bombillas
blancas—.
la luz verde te atestigua
en ocasiones te asalta
la desdicha te persigue
nada sueños solo
una mujer con dos brazos
y algunas frutas en clave
de madura canícula.

Levántate y anda,
química valencia escandida,
septiembre generoso siempre
volverá por sus fueras, somos
vademécum de solitarios
rosarios de aroma
extendemos
sobre la yerba amarilla,
uno a uno ella
pasta cada misterio
de estar y seres vivos.

Las cuentas lleva el paraíso
con su propio árbol, los rezos
y el amén de los otros,
que no cantan ni cuentan.

Recogiendo peras (de colores)







 
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