La esquina
Se besaban
en la esquina
sobre los adoquines
el duro suelo
y su blanda alegría
se mecía entre su abrazo
sus lenguas y sus bocas
se besaban alegres
y blandos
los adoquines acunaban
el suelo de su beso
entre sus brazos.
No sé cuándo lo perdí, no sé cuándo lo perdí.
Sí sé cuándo lo perdí, sí sé cuándo lo perdí.
Tengo que pensar
en desasosiego
para volver a él,
desfallecer a la altura
del hombro de la vida, ceñir
el único paso
a tu calidad perpetua
de ente vacío
acostumbrado
a las señas
de un deseo, de un taimado
deseo de un vital
deseo de volver
la esquina.
Sofía Serra (De La exploradora)
martes, 21 de mayo de 2013
lunes, 20 de mayo de 2013
Mi libro
Mi libro
un libro que desdiga.
un libro que deje
lo no dicho.
Del recio y duro tronco
hacia el cielo lanza
lo que le queda de vida
manando su presente
detercia, resume
subsiste
bajo dentro
arranca
de cuajo un golpe
de centro
nervioso y solo
o sólo soledad
que llaman de terceros
que se acercan
porque dos
somos dos
unidos por el suelo
cómo separarme de ti,
raíces mías,
cómo gobernarme al aire
y ser aunque sea
piedra que pueda
el arroyo rodarme.
Mas esta tumefacción
viva que me detiene
junto a mí mismo
quisiera poder
arrancarme,
reventarme
o más sencillamente
que llegara el leñador
para hacerme tocón
de nada, porque manos
no poseo más que raíces
y ramas y hojas a veces verdes:
un puro árbol, sólo
un puro árbol
entre tanta simiente
de tiempo, de espacio,
de límite.
Sofía Serra (De La clave está en los árboles)
un libro que desdiga.
un libro que deje
lo no dicho.
Del recio y duro tronco
hacia el cielo lanza
lo que le queda de vida
manando su presente
detercia, resume
subsiste
bajo dentro
arranca
de cuajo un golpe
de centro
nervioso y solo
o sólo soledad
que llaman de terceros
que se acercan
porque dos
somos dos
unidos por el suelo
cómo separarme de ti,
raíces mías,
cómo gobernarme al aire
y ser aunque sea
piedra que pueda
el arroyo rodarme.
Mas esta tumefacción
viva que me detiene
junto a mí mismo
quisiera poder
arrancarme,
reventarme
o más sencillamente
que llegara el leñador
para hacerme tocón
de nada, porque manos
no poseo más que raíces
y ramas y hojas a veces verdes:
un puro árbol, sólo
un puro árbol
entre tanta simiente
de tiempo, de espacio,
de límite.
Sofía Serra (De La clave está en los árboles)
domingo, 19 de mayo de 2013
Signos cantores recomendado por Felipe J. Piñeiro
Felipe J. Piñeiro ha tenido a bien recomendar "Signos cantores" en su página.
Ver AQUÍ
Muchas gracias, Felipe.
Ver AQUÍ
Muchas gracias, Felipe.
"Nuevo hombre en la cruz" en "La Peregrina Magazine"
AQUÍ el enlace general.
AQUÍ el particular al poema y la fotografía que lo acompaña.
AQUÍ el particular al poema y la fotografía que lo acompaña.
Sorprendida muy gratamente además por la elección de fotografía que ha hecho la directora de la revista, Carmen K. Aldrey, para acompañarlo. Casi la había olvidado, cuando, aparte de una de mis preferidas, fue producto de uno de los disparos casi simultáneo con el que realicé para la fotografía que luego sería portada del poemario en el que se incluye el poema, "Nueva Biología".
viernes, 17 de mayo de 2013
Un corto paseo
Un corto paseo
con la verdad en la mano
que se ha ofrecido hoy
a posarse en esta palma
que no clava sus púas
en las ganas de andar
entre la yerba cortada
que me lacera el empeine,
despellejo mis brazos
entre los leños secos
de los rosales, de los arbustos
y duermo derrotada
por la luz deslumbrante
de los blancos que has despejado.
Ya sin espejo asumo
mi sueño de cansancio
en un mundo sin límite
que me asfixia creo
que desde que nací
para el verde y el cielo
limpio o negro
de verano o de invierno,
para el frío sol o la húmeda nuve
hasta con uve de vida
trashumante por las veredas
de la naturaleza tan inmune a mí
como yo simbiótica de ella.
Concluyo, en pleno insomnio,
que es tu seca la noche
y mi escena aquella
donde las butacas no se asientan,
donde los hombres no se avienen,
donde la herida, la flor, el solaz,
la envergadura que no abarco
hace de mí buena compañera,
un con-sentido
por los años que quedan.
No importa si ninguno.
Me voy al campo.
Allí casi no oigo
a nadie, casi no
te oigo, te veo,
no te imagino
andando sólo
justo tú siendo
como tú quieras.
Aunque me abandones,
aunque yo te abandone.
Sofía Serra (De La clave está en los árboles)
con la verdad en la mano
que se ha ofrecido hoy
a posarse en esta palma
que no clava sus púas
en las ganas de andar
entre la yerba cortada
que me lacera el empeine,
despellejo mis brazos
entre los leños secos
de los rosales, de los arbustos
y duermo derrotada
por la luz deslumbrante
de los blancos que has despejado.
Ya sin espejo asumo
mi sueño de cansancio
en un mundo sin límite
que me asfixia creo
que desde que nací
para el verde y el cielo
limpio o negro
de verano o de invierno,
para el frío sol o la húmeda nuve
hasta con uve de vida
trashumante por las veredas
de la naturaleza tan inmune a mí
como yo simbiótica de ella.
Concluyo, en pleno insomnio,
que es tu seca la noche
y mi escena aquella
donde las butacas no se asientan,
donde los hombres no se avienen,
donde la herida, la flor, el solaz,
la envergadura que no abarco
hace de mí buena compañera,
un con-sentido
por los años que quedan.
No importa si ninguno.
Me voy al campo.
Allí casi no oigo
a nadie, casi no
te oigo, te veo,
no te imagino
andando sólo
justo tú siendo
como tú quieras.
Aunque me abandones,
aunque yo te abandone.
Sofía Serra (De La clave está en los árboles)
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