jueves, 14 de marzo de 2013

Sobre la injusticia

Sobre la injusticia

Los días secos, la gélida
tormenta de nadas
volátiles y afiladas,
la segmentación.

Hay reponerse,
destramar.

Inteligencia y decencia, conocimiento y ética. Siempre van de la mano, siempre inseparablemente unidas, aunque no sea aparente. La torpeza, la ignorancia, la inocencia, en suma, el desconocimiento es el enemigo a combatir. El tabú. El quitar, el apagar
la luz.

Un mundo miserable no tiene hueco para la generosidad, la dádiva, el amor.
Lo miserable no soporta.
Lo miserable no soporta.

Algo miserable es algo que es capaz de ejercitar la miseria. Es decir de hacer tan sólo lo mínimo, lo más parco, la parquedad en comparación con su potencial de ente rico, grande, fuera de sí, extendido. Eso es la miserabilidad.
Dar, pero nada.
Pero dar.
Pero dar nada.
Dar quitando. Hacer deshaciendo. Porque al dar, el anhelo de recibir se apaga, se niega su posibilidad.
Dar para quitar anhelo. Dar para empequeñecer, dar para menoscabar, dar para minorizar, limitar, para impedir la expansibilidad que el anhelo provoca en cualquier espíritu que lo viva. Dar para no tener que dar.
La miserabilidad. La misma que llena la mayoría de las almas de este planeta. Por eso este mundo es miserable. Un mundo miserable no tolera, no puede soportar, mejor, no puede hacer hueco a lo generoso, a lo expansivo. Al fuera de sí. Al dar.
al amor.
Y
cómo restañar sino
con amor mientras
la justicia llega
y a sí misma se hace
justicia.

Los tres mosqueteros



Autor: sin nombre.
Lito, José Antonio y Manolo por Valdelama.  Febrero, 2013. 

La presa

La presa

a nadie contar,
a todo cantar,
a nada llegar,
a todos llagar.

si el fútil y furtivo amante
deviene
a tu soliloquio de animal
enjaulado,
no visites las sienes,
auspician
cierta decencia
sólo a solas
compatible.
tú a ti te tienes
y detienes.

frío y gozoso discernimiento
en el aviso del sol naciente.

no moriré hasta que el rubor
amanezca en tus mejillas.

Y entonces no anhelaré libertad.

Sofía Serra (De Suroeste)

martes, 12 de marzo de 2013

Abrir los ojos

Abrir los ojos

A dormir, corazón,
cantaba la canción.


Posar mis ojos en tu instante,
descubrir que el mundo
no se hizo en un día sino
en tus cuatro extremidades,
solventar aritmética de relojes
y gusanos universales horadando
las paralelas estancias que habitamos,
remedar sin pausa la lentitud de la flor
al abrirse, el remero de las olas
al habituar al mar
con su vehemente persistencia
y comunicar que no somos
dioses sino
algarabías devaluadas
por nuestra especialidad
en menospreciarnos,
y, así,
decaer nuestras manos
hasta que el otro no las halle.

Eso he vuelto a descubrir
hoy, nuevo hoy, el abismo
de nuevo, tu soledad.

Sofía Serra (De Suroeste)


lunes, 11 de marzo de 2013

El beso

El beso

dejaré de luchar hasta que la noche
se haga luna y sin mayúsculas
por no estorbar a la mañana
acierte en el vértice de occidente,
soplo:
la avena, que aún no ha nacido
ni espigado sus delgados tallos,
se ofrece verde y valiente
a tumbarse tras el jadeo,
y, así, poder extender
la numantina acacia —espinas
y flores pequeñas y frutos enormes
como vainas de algarrobos,
las que saben a chocolate—
si claudicáramos ante
el indeciso
si decidiéramos vivir
el insaciable
con su juventud de gozos
y sombras perderíamos
lo que siempre nos obtuvo
tristes como causa o efecto:
la permanencia sólo algo absoluta
de la más sufrida necedad humana:
la envidia.
porque con un tú más desear tu bien
me dirijo hacia mis propias luces
de bestia redimida en el arcén del ocaso,
salvada y sanada
por las manos
del que cuida.

No se complicaron
la vida nuestras bocas.
terminaron su tarea
el mismo instante
en que murieron por mor
del delirium tremens,
borrachas de contenido,
de amor.

Sofía Serra (De Suroeste)
 
Creative Commons License
El cuarto claro by Sofía Serra Giráldez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial 3.0 España License.