martes, 27 de noviembre de 2012

Pulmón libre




Tengo, quiero, necesito hacer esta entrada un poco especial. Decirlo, mi madre, mi madre, la mejor lectora que tengo, ¡y no, que no se piense que es porque soy su hija!, no, no, ¡en serio!, ella no es así, si algo no le gusta, y aún más de poesía,  no hay filiaciones que valgan. Cada vez que voy está con Signos cantores allá a su lado, apoyado en el brazo del sofá donde ella se sienta por las mañanas. Sobre la mesa, los mandos de la tele y la radio y el estuche de medirse la glucosa, su copita de agua, una servilleta de papel y el libro, el libro a su lado.

Me contó que lo leyó en dos días. Pero es que después lleva con él como un mes o más en la mano, y relee, relee, por aquí, por allá, curiosamente compruebo ahora que lee poesía como yo. O yo como ella, mejor dicho. De un tirón el libro, y si me llega o me gusta lo dejo cerca, y releo, releo, releo... así puede estar eternamente el libro equis a mi lado, o al suyo.

Ella fue muy buena cantante de zarzuela en sus años mozos, en su colegio donde stuvo interna hasta los 19 años (un hospicio, un orfelinato, nada de familia pudiente), casi estuvo a punto de saltar a la carrera de "artista" a la vez que Raphael, sólo que no quiso aceptar "ciertas" proposiciones de por aquellos años, jaja. Cuando niña (5, 6 años) se iba detrás de los pianillos cantando y bailando y tocando las castañuelas (los palillos en "sevillano") por las calles de Sevilla, tan rubia y con esos ojos tan verdes (ascendencia vikinga, esos hombres del norte que atracaron en el puerto de Sevilla allá por el siglo VIII) ha sido la más "flamenca" de todas. Siempre me cuenta cómo se subía a la reja de la ventana de la academia de baile de Realito allá por la Alameda... e imagino que así fue aprendiendo a bailar, mirando...
Ahora vivo casi al lado de donde ella vivía cuando niña. Calle Alcántara, como su segundo apellido. El puente.

Es de estas personas que son capaces de aprenderse los poemas de memoria y sobre todo recitarlos. Ayer mismo pensaba en cómo hubiera disfrutado con los recitales de poesía que actualmente abundan, con esos escenarios, ese micrófono y pudiendo desplegar su  total carencia de miedo escénico y su arte... todo lo contrario que yo, en nada he salido a ella en ese aspecto, no digamos ya en el rubio de su pelo y sus ojos verdes.

Me emociona por muchos motivo todo esto. En signos cantores incluí un poema dedicado a ella, un poema que escribí nada más llegar aquí un mediodía que venía de vuelta del hospital. Recién venida del campo a esta casa, al llegar septiembre, mi madre enfermó gravemente. Después de tantos años sin ella cerca, cuando volvía, veía que se me iba. De pronto, así, de pronto. Al caminar hacia esta casa por la calle enladrillada pensando en ella me topé con una rama de buganvilla  que asomaba por la tapia del huerto del rey moro, le disparé algunos clicks. Cuando encendí el ordenador, la hice y escribí el poema. Me salió para ella "lógicamente". La verboluz, poema y fotografía.

Y ahora me emociona pensar que tras tres años, puede estar leyéndolo, en un libro... aunque todo tengo que decirlo, no me ha comentado nada en concreto sobre él. No lee el libro por él. Por su poema, lee porque le gusta. 

Se lo dije ayer y hoy otra vez riéndome a carcajadas: "Mamá, ¡eres mi mejor lectora, jolín, así da gusto escribir! Aunque sólo fuera porque tú me leyeras, ya merece la pena que haga el esfuerzo de poner en papel lo que escribo".

No, no se me fue, no se me fue. Todavía está conmigo.
Y sonrío ahora que puedo. Sonrío y hasta río de alegría ahora que puedo. 
Y lo digo. Ahora que puedo decirlo, lo digo. Quiero decirlo.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Canto derramado

Canto derramado

Haré y reharé,
reconstruiré sobre la señal del olvido.
Habitaré colinas pobladas
de encinas y cañaverales.
Se desoja el horizonte queriendo
mostrarnos su rostro,
ya su espacio reflejado
doy y doblo sobre sí y mí,
vuelvo y hablo abierta y muda
sembrando el suelo con anémonas
o flores celestes.
Blanca la sombra golpea el aire
con potencias de fuego lento,
cocinilla al baño maría
de caminar pausado y batiente,
fresco arroyo,
manantial salubre de sonoras fotografías
que la propia rosa autoinmola.

Así, casi sin sol ni pausa,
habito, clamo y hago.

¿Y para esto tanto derramarse?
¿Y para esto trocear tanto desmayo?
¿Y para esto este espino hoyado tanto,
tanta cima de cubiertas tempestades?
Una blanca flor de montaña arranco,
sola flor entre tanta desmedida,
entre tanto desvarío de rocas
muertes y helados nortes.
Tanto sol desperdiciado.
… Tanto sol,
tanto sol para nada.

Ya no sé de qué se poblará este invierno,
¿se pueblan de algo esos mudos cuentos?
En esta hora de la buena muerte,
¿qué más importa sino morir?
Esos inviernos que aboqué con mi garganta
dibujarán siluetas sobre el vaho nocturno
que mi pecho expele ciñéndose al vacío
de esta nula, nula coyuntura.

Los maseteros me oprimen,
circunvalan este obsceno
recapitular en versículos:
¿qué será del sol si la noche se extingue?
Soy tan de la tierra que me urge trasplantarte,
izarte a la penumbra estratosférica
a salvo del celeste,
que te derrames en el afán
de la desorilla y en el negro flameante.

La nada por barrer y yo aquí sentada…
pensándote,
haciéndote un solaz,
haciéndote paz
y volumen o velamen
de este cerebro desprendido:
breves ángeles posados
y tildados con segundos
sobre la piel arrugada de mis manos.
Tus palmas tersas…

Soplo sobre ellas sonriendo cometas
que encienden las cansadas pupilas:
Tornan al espacio esos parasoles.
y ya duermo en las esquinas
de este universo que sabemos redondo.
Aunque todos nos empeñemos en cuadrarlo.

Canto solaz de pleno puente.

(Sofía Serra, de Los parasoles de Afrodita)

De nuevo sobre cegueras y otras luces

El equilibrio, la restitución de la armonía, es susceptible de ser contemplado mucho más cercanamente de donde solemos poner nuestra mirada.
Todo lo que hicimos por una idea justa o mejor, nos revierte benéficamente. Aunque cegados por los mismos abalorios de los que el devenir suele vestirse, o por las anteojeras con las que él mismo suele vestirnos (y nosotros permitir que nos vista), no sepamos verlo.

El encuentro IV

Os he vuelto a leer, he recapitulado tratando de dar con ese camino donde podría haberme desviado. Pero no, no hay desviación, estoy donde estaba, donde tengo que estar, donde mismo comencé sino que con más hecho, que es lo que me da la dimensión del avance. Lo que soy y pienso os lo debo. Debo seguir, no estaba equivocada, todo lo que lanzasteis al mundo ha ido impregnándolo, así como a mí. Pero necesito avanzar, igual que el mundo. Y encontré un modo de contribuir a ese avance, mi herramienta es la poesía. Escribirla, hacerla con lo que tenga a mano.

no los que griten
serán los oídos.
sino las gargantas.

Despertarme llorando a Kant
por no haber perdurado,
no haber calado en el hombre

Los cabezos amarillos siguen su curso
caminan sobre la arena
y yo con ellos.
Debo mover alguna ficha, aunque sólo tengo una oportunidad, o ella me tiene a mí. Pero me desespera no saber qué lleva dentro de su bolsa esa “oportunidad”.

Leer a Kant y volver a reencontrarme con el ideal de hombre con el que sueño, todo es lo mismo. Sueño, pero ¿es que es tan difícil de comprender y llevar a la práctica su teoría política? Para nada. Cultura, sólo hace falta cultura. Es el único camino.
La clase política ha desviado su camino en cuanto que el ciudadano (del que también forma parte los individuos que en determinado momento hacen de políticos en el supuesto de un estado republicano al modo que lo describe Kant) no ha terminado de ser consciente de cuál es su papel. El estado se fundamenta en la existencia de la persona y el establecimiento de un pacto entre ella y el resto para hacer posible la coexistencia de sus derechos innatos: la igualdad y la libertad de cada uno. Ese pacto es la ley, que emana del derecho, del derecho del hombre a vivir con sus derechos innatos, de la justicia para consigo mismo, que no es otra cosa la clave del derecho, del derecho de cada hombre a que ninguno, puesto que todos iguales (igualdad) ponga en peligro los derechos del otro. A través de esa ley emana el concepto de estado: estado, situación de un conjunto de hombres que deciden vivir bajo una ley común que los vincula y obliga a la vez que garantiza su vida individual (libertad) y comunal en paz e igualdad. Luego el estado deriva de la misma necesidad y deseo de cada individuo de poder vivir en libertad e igualdad conforme a sus derechos. Luego el estado, la pervivencia de ese estado que garantiza el derecho de todos, es responsabilidad de cada individuo, de cada persona, no importa en qué papel le toque vivir su desarrollo como persona, como si es variable a lo largo de su vida.
La persona que ejerce de político es tan ciudadano como el que más. El ciudadano nunca puede olvidar su papel como tal, puesto que entonces el estado se pervertiría. Y esto es lo que constantemente se olvida por parte tanto del votante como del elegido para representarlo.
Sólo es necesaria la conciencia, y la consciencia, para que el sueño del estado universal pudiera ser declarado de facto. Y ambas sólo pueden adquirirse mediante la extensión del conocimiento. Cultura. Cultura es el conocimiento del ser humano. De lo que somos.
Educación.

No, no me había desviado.

Kant apenas años después de la revolución francesa, la supera rompiendo con el despotismo ilustrado. Parece como si su pensamiento la obviara abstractamente, y congruentemente, puesto que la revolución francesa no fue más que continuación del anterior régimen sino que pervirtiéndolo, de tal forma que lo llegado por mucho que acabara con ciertas injusticias sociales, no podía ser positivo per se. Toda revolución sociopolítica parte de una perversión, por muy buenos instintos que la impulsen, puesto que actúa sobre lo malo o detestable revolviéndolo, no dándole la vuelta, que sería la subversión. y no es ese el camino para el progreso (el de la perversión), entendido este como el mejor desarrollo del potencial humano en base a adquirir una forma de convivencia que garantice los derechos innatos de todo hombre.
Otra vez cultura, educación adquisición de conciencia de cada individuo de que el otro tiene los mismos derechos que uno mismo. Y que es deber de cada uno velar por los derechos del otro, en cuanto que cada persona, cada ciudadano es parte no ya necesaria, sino fundacional de ese estado.

Debemos comenzar por renombrar las cosas. No existe la clase política. Existe la función de representantes, y en un estado todos podemos serlo. La política es algo serio y nos atañe a todos, independientemente de nuestro papel en el estado que entre todos hayamos creado.

(Lunes, 26 de Noviembre. Sofía Serra)

El encuentro III

mientras nos demoramos
tuyo es el reino, tuyo el poder
y para qué lo quieres si los tormentos
veneran tus lindos tobillos
y se vuelven locos y de lamerlos
pasan a cuchillo primero tu piel
suave y delicada, después cada vena,
cada pequeña porción de músculo
que hasta ahí llega unida a los ligamentos
blancos y cortan hasta el hueso,
la articulación del sonido
separando el empeine del extremo
de tu hermosa pierna qué haré
yo sin tus piernas, mis piernas
y los pies se preguntan condenados
a vagar sin cerebro chorreando la poca sangre
que les queda por el desierto blanco
del no saber qué son, para qué
sirven un par de pies con dedos
que oyen los ayes de un cuerpo
que se tambalea ya carente
de horizontal de equilibrio
que busca y entonces cae y tú y yo
tan sólo con imaginar sin querer
cuánto duele caminar con dos tobillos
en carne viva sobre la costra puntiaguda.

qué mal, qué mal,
cuánto mal
cuanta agua se me escapa
por las axilas amándote,
mi agua sin brazos
con los que pueda
sostenerte.
(la impotencia)

¿qué sucede en este mundo tan cruel
de los demás y en el mío que nada
tiene sentido sino a través del dolor
ese ponzoñoso filtro
por el que la vida se ejecuta en vez de vivirla?

sentada, todo me absorbe
me hace tan pequeña
que no puedo con mi cuerpo
y mucho menos con mi alma
que todo lo comprende
salvo sus propios sentimientos
que no le caben. se desborda.
como una barca ahogada.


mientras yo escribía estos versos una persona querida estaba viviendo los peligros de ser ciudadano de un país corrompido. NO sabemos lo que tenemos, nuestro mayor pecado como españoles de este siglo es y está siendo el no saber valorar el estado que entre todos construimos cuando murió el dictador. nos dedicamos a protestar a envilecer, a criticar sin ánimo constructivo alguno los problemas que el devenir natural plantea a cualquier tipo de existencia, da lo mismo que sea la de un individuo que la de un país entero, sin pararnos a pensar que disponemos de la garantía del disfrute del mayor derecho del ser humano, la garantía de ser libres. Casi nadie es capaz de ponerse en el lugar de lo que sería su vida si la seguridad y la libertad (tan complejo poder arbitrar las dos garantías en cualquier estructura política) no nos ampararan. Casi Nadie es capaz porque se carece de la co-razón, la que nos da la voluntad de hacer el esfuerzo para poder imaginar la situación del otro.

Estoy preocupada por un amigo querido y no sé qué hacer con los coleos.
Ayer compré dos macetas de romero. He quitado los coleos del balcón y he puesto en su lugar los romeros.
No sé qué hacer con los coleos ya podados e invernando. si los dejo dentro, seguirán brotando, pero muy espigados por falta de luz suficiente. Si los dejo fuera veré dos macetas feas y mochas. Les friego y limpio los platos respectivos, los pongo en la mesa de la cocina, sigo sin saber qué hacer con los coleos.
Pero hay dos romeros como dos pequeños cipreses guardando la entrada a lo que más quiero.


sé a ciencia cierta que he terminado un ciclo, pero me deprime este in albis, no saber cómo cerrarlo, no saber qué hacer con el cuarto claro, la vuelta de tuerca se me impone, la deseo y todo me la pide, pero no sé cómo darla, no sé cómo cerrar ese grifo. no sé, no sé nada, Me grava la impotencia. Dicen que cuando no se sabe qué hacer lo mejor es no hacer nada. Y eso intento, no hacer nada, sólo escribir algo, para mí, y leer seguir leyendo doblemente, alimentarme

soy yo ahora la que navego en la oscuridad más absoluta. falso, el faro me lanza ráfagas, pero el faro significa impotencia, cada vez que me mira me entran ganas de llorar, de salir corriendo, no puedo con tanto encuentro. la última vez me arrimé y la barca se estrelló contra la escollera. Debo desviarme, pero ni siquiera sé si la orilla continúa hacia la derecha, no veo nada, debo palpar y no tengo brazos, oler, oler la tierra desde el mar, ¿ahora soy yo la náufraga?, ¿cómo esto?, ¿no era al contrario?
él se ilumina y yo apenas floto en este mar y cielo negros.
Las estrellas, las estrellas, las estrellas.
Tal vez este cuarto oscuro


Al final Tocqueville me da la clave de mi disintonía política con cualquier intento de orden o desorden en el tiempo que vivimos.

"Estaba convencido [Tocqueville] de que, sin darse cuenta de ello, habían conservado [los franceses] del antiguo régimen la mayoría de los sentimientos, de los hábitos, e incluso de las ideas con cuya ayuda habían realizado la Revolución que lo destruyó. Y, sin proponérselo, habían utilizado sus ruinas para construir el edificio de la nueva sociedad".

Así es natural que desde allí hasta los fascismos llegaran (falsos ellos también lograron provocar las mayores hecatombes contemporáneas), que hubiera lugar para ellos en este "nuevo régimen" que la revolución francesa posibilitó. Así nada, digo casi nada, de lo que estamos haciendo tras ella adquiere justa causa o sentido para mí. Todo es incierto. Todo es falso.
Ni las guillotinas, ellas menos que nada, sirven.
Al final, poetizar, la única empresa humanamente rentable.
Quizás pueda volver al cuarto claro.

(domingo 25 de noviembre, Sofía Serra)
 
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