lunes, 5 de noviembre de 2012

Paisaje de Verdad

No tengo muchas ganas de explicar ni de escribir, ni siquiera poesía, pero sí de dejar esta fotografía aquí. Llevo días queriendo hacerme con ella.
No se ven los cabezos amarillos. Estaban, están, justo enfrente de esa orilla, y esa torre. Esa torre albarrana, albarrana porque yo lo digo, porque es la extensión de una muralla que nadie conoce, esa torre mora, ese faro ruinoso, ese faro que aún sigue en pie, con su misma fortaleza y su misma debilidad. En ella se refugiaban los cangrejos, los erizos y tantas especies de bichos raros según mi nomenclatura de la época, y actual.
Nada ha cambiado. Todo permanece.
La verdad siempre es verdad.

Mi padre y yo en el loro



Los cabezos amarillos

Los cabezos amarillos

De los rizomas aguados
al venerable panorama
de los iris sumergidos
como aflora el manantial
desde la tierra hunde,
la llama vertical
del suelo de los cabezos
las peinetas de la playa
azul,
el blanco y el amarillo
solicitando un acebuche de sal
como las cañas verdes y dulces,
la arena de mi tierra y mi muralla.

Así fue aquel paisaje
donde me extendí ante tu vida,
o para tu vida, aún brotan
los siete colores terrenos,
la luz y el agua se encendieron a tu paso
para que yo recordase ahora.

Llega la lluvia a la playa
como llegaban desde el pueblo blanco
el cuaderno, los lápices,
la bombona de gas butano, la ciudad
y sus regalos, como si de las indias
vinieran,
y como india, de tan morena
como la torre que me guardaba.
No tan roca.
No tan alta.
Sí tan rota.
Sí tan permanente
en la orilla.

(Sofía Serra, de "equis")

domingo, 4 de noviembre de 2012

Paleografía (el sí)

Paleografía (el sí)
(poema documental)

He estado descansando,
cosiendo y descansando,
mirando la tele,
viendo películas y descansando,
reparando algún libro,
reparando en las luces de mis párpados
cuando mis ojos descansando
se han cerrado saliendo
a la calle conforme
me ha pedido mi cuerpo
descansando y calculando
la posibilidad de encontrarme
con un paleógrafo
tirando una centena de libros
a un contenedor, a las dos,
dos, de la tarde en Sevilla,
un sábado dos,
dos de julio: Una
entre un millón
de habitantes
que no tiene esta ciudad.
Pero acerté
y di con él.
“Libros que no sirven para nada”,
me ha dicho.
Yo he asentido con un SÍ
que me ha cosido
el descanso.

Sofía Serra (de La dosis y la desmedida)

La porquera

La porquera

La realidad es que de tu boca nacen margaritas,
así que los cerdos disponen
de comida abundante durante mucho tiempo.

¿cómo no va armarse de amor
alguien que devana el mundo
entre almejas y bellotas,
luces y alacranes, tro-
pezón y puerta
blandiendo el alba?

soy la más creyente de los mortales.
Mi dios es mi bandera,
a imagen suya me tejió
junto a los lodazales irisados
del manantial de los cabezos
amarillos.

Exacta neocirugía de verdes
tú, eres quien yo vivo
sin sobre
saltos,
sin sobre
agudos, los bajos
inundados
paz a paz,
sin palabras.

mi dios es el más común
de los mortales,
el que no habla.

(Sofía Serra, De El hombre cuadrado)

sábado, 3 de noviembre de 2012

Soy pedófila

Soy pedófila

Abomino de la palabra pedofilia. Es la nomenclatura más horrible que esta costra dura  ha logrado crear. Hoy se castiga la pedofilia, es decir, el amor a los niños. O sea, dándole la vuelta, hay que odiarlos para ser buen ciudadano, para no ser contemplado como potencial o de hecho delincuente.

Inventen otra palabra, por dios, por respeto al amor, a los niños, al idioma griego y a nosotros mismos. Por ejemplo: pedofobia, del griego paidos y fobia.

Nunca me han gustado especialmente los críos. No soy de esas personas, ni de esas mujeres, que se vuelven locas con ellos. Por eso sólo he tenido un hijo. No quería más. Como ya comenté alguna vez en este blog, cuando mi hijo era pequeño y las amigos o conocidos me veían relacionarme con él,  y haciéndosele evidente la categoría humana de mi hijo, educado, alegre, sociable, inteligente, risueño, listo, cariñoso, noble, serio, sano física y mentalmente, sobresaliente en casi todos los aspectos como ser humano, siempre terminaban diciendo lo mismo, : "es que te gustan mucho los niños, Sofía... así, claro", como diciendo que así, gustándome los niños, era fácil lograr un portento como hijo. Y yo, realmente escandalizada porque he odiado toda mi vida esa actitud por la cual un niño tiene que caer bien porque sí independientemente del carácter del chaval, lo decía muy claro: "no me gustan los niños, me gusta este, que es muy distinto".

Los niños son para mí personas, ni más, ni menos. Sólo y tan sólo más pequeñitas que otras mayores, con menos años de vida, ergo, con menos experiencia. Hay que protegerlos, ayudarlos, cuidarlos hasta que sepan hacerlo por sí mismos, y EDUCARLOS es decir, ofrecerles la sabiduría de la experiencia y del conocimiento adquirido por los que tenemos más años de vida para que puedan ir aprendiendo por sí mismos. Sólo y naturalmente.

Según la tónica tendencia del mundo en que vivimos a los niños no hay que amarlos, es decir, no hay que educarlos, ni ayudarlos a criarse, ni velar por su salud mental, espiritual y física. A los niños hay que odiarlos para que se te considere un buen ser humano.

Yo amo a los niños, lo siento. Luego soy pedófila. Incrimínenme, júzguenme y caiga sobre mí todo el peso de la ley que no saben crear. Yo amo al ser humano por su potencial, y los niños, las personas más pequeñas, son la metáfora de él.

Del tabú se nutre la locura de este mundo. Del miedo. De lo perversamente ocultado. De la tergiversación de las palabras . De la perversión. Del mal uso de nuestra herencia también. De la ignorancia. De la puta ignorancia.

Ese es el mal que hay que atacar.

Ese es el único mal, el que ciega los ojos de un ser humano que podría ser estrella de luz al menos en el mundo.

Este medio potencia tanto la ignorancia y la demencia como la culturización y la iluminación de las mentes aún oscuras, sean o no sean pequeñas.

Me quedo con lo bueno. Como cuando hace hace años en un foro de fotografías en que se consideró que una de las subidas por un compañero debería incluirse en el apartado de “desnudo” tan sólo porque retrataba a chavales (10, 12 años) bañándose en el mar, es decir, aparecían torsos desnudos, chavales jugando y chapoteando, haciendo barbaridades propias de sus edades. Entonces defendí el derecho de ese autor a que esa fotografía fuera considerada dentro de la categoría de lo social en vez de la de desnudos. Automáticamente pasé a ser pedófila. Ante la burrería dominante, con perdón de los burros, evidentemente decidí irme de aquel foro (ojo digital, para más señas). Detesto tratar con animales de dos piernas y un cerebro con capacidad de homínido homo sapiens sapiens.
Pero nadie lo supo. Unos mean en lata y otros en paja, eso sí lo sabemos.

Este post viene a cuento del comentario dejado por una persona en la anterior entrada, poeta, malillo, al que siempre he tratado bien, aunque no me une a él nada especial (ver comentarios míos a sus poemas en Crítica feroz hace unos meses, aunque tampoco recuerdo haberle dejado muchos).

Queda la ignorancia prohibida en este blog. Absténganse dementes o ignorantes
(e hipócritas).
Por la salud mental y la educación de las personas más pequeñas que nosotros.
Por el futuro de ellos.
Por el futuro SANO de toda la humanidad.

(Por cierto, ahora que caigo, UNICEF es pedófila. Les sugiero se hagan con un filólogo entre sus directivos, alguien que vele por el nombre de un organismo que cuida de los derechos de los niños, alguien que pueda denunciar en su nombre esta nomenclatura asociada ignorantemente a lo execrable.)
 
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