El ocaso de los dioses
Separado en semántica sección
de tu abrupto y cavernícola segmento
huyes de las palabras
de tu misma osamenta,
y así, cuando desbrozas, queda
al desnudo tu abuso sobre escleróticas
sanciones, los argumentos solapados
con grapas de cobre, tu venérea boca
no articula el son con lo que te corroe,
te desarma.
Pobre hombre muerto de sí.
El mundo se deshace y tú das
oídos a la música.
Se te han adherido a la piel todas
las mieles posibles a ellas las moscas
y las pupilas azules de la muñeca
te señalan con bajeza de contrabajo
desafinado por el tiempo que hacía
que tus dedos no acariciaban
los tendones del hueco y el vacío,
la caja de resonancia sirvió de nido
a los ratones y ahora las pavesas
de las bolsas de plástico
se esparcen cayendo de tu estómago
a tus manos,
a tus manos que te miran,
a tus manos que te hunden.
Y nieva tras tu ventana en pleno mayo.
Qué pena de música fatua.
nunca sabrá que
ya no concluye
ni el día atardece
la caída de tus párpados
tanto echármelos a la espalda
está arrasando
con la belleza de las puestas de sol,
allí,
a media tarde,
cuando la montaña las impedía,
donde yo era infeliz
como tú, pobre hombre muerto
de hambre de gloria de amor
que no te devuelven.
Contemplar el ocaso de un dios.
Delinquir contra la alegría de la mañana.
Sofía Serra (Correcciones de La dosis y la desmedida)
jueves, 21 de junio de 2012
Panóptica
Panóptica
Escribes tanto víveme,
cércame, móntame
ilusiones cerebrales,
anteojeras concubinas
a la ojeadora debilucha
que me usurpa, se sienta
a horcajadas sobre mis hombros,
y calma y amortigua
otros vaivenes, otros dioses
en versículos para mi oído
izquierdo su estribillo.
Y allá llego sin más señal
que la bisectriz de mis ojos,
que sólo aúllan al frente.
Panóptica presbítica
de juzgado
de guardia
contra mí.
Después he tenido
que hallar otra vez
el sitio otra vez
el mito otra vez
el tú.
Sofía Serra (Correcciones de El muriente)
Escribes tanto víveme,
cércame, móntame
ilusiones cerebrales,
anteojeras concubinas
a la ojeadora debilucha
que me usurpa, se sienta
a horcajadas sobre mis hombros,
y calma y amortigua
otros vaivenes, otros dioses
en versículos para mi oído
izquierdo su estribillo.
Y allá llego sin más señal
que la bisectriz de mis ojos,
que sólo aúllan al frente.
Panóptica presbítica
de juzgado
de guardia
contra mí.
Después he tenido
que hallar otra vez
el sitio otra vez
el mito otra vez
el tú.
Sofía Serra (Correcciones de El muriente)
lunes, 18 de junio de 2012
Pasantía (La sombra)
Pasantía (La sombra)
y si ni el sol ni la tierra
llueven a medida de los gustos
de cada uno o dos
o en la tierra
no hace lluvia o agua
acorde con lo sentido
por ambos
manifiestos
mutuales
y si no se enteran
de nada recíprocamente vecinos
o separados
cuando nube
o cuando tierra
cuando sol
y cuando agua, sin embargo,
nace el verde.
Y siguen sin enterarse,
o integrarse.
Sus lugares me declinan.
Sofía Serra (De El hombre cuadrado)
y si ni el sol ni la tierra
llueven a medida de los gustos
de cada uno o dos
o en la tierra
no hace lluvia o agua
acorde con lo sentido
por ambos
manifiestos
mutuales
y si no se enteran
de nada recíprocamente vecinos
o separados
cuando nube
o cuando tierra
cuando sol
y cuando agua, sin embargo,
nace el verde.
Y siguen sin enterarse,
o integrarse.
Sus lugares me declinan.
Sofía Serra (De El hombre cuadrado)
La conquista de aquella península
La conquista de aquella península
Mi voz me llama y tu recuerdo
acude sexto y múltiple
sentido de las sendas en el agua.
en él bajocabe y con y contra
las preguntas estarcidas
sobre la peña del muérdago.
los indios hacían felices
a las calaveras mutilando
el silencio de las lenguas
locas. Sus pies planos y los arcabuces,
hilos de plata para mis ojos
tu pelo negro enredado
con el hambre de verte.
Tierra entierra las manos
en la ínsula que arrasa cementerios.
Suenan bajas y densas
las cuerdas del gentío anudado
a la boya del sol de poniente.
mis oídos revientan de verdes
llamas que mueren solas
a manos de las trabajaderas
de los hombros.
Sol y un murmullo de dioses
sobre el agua,
su avenida inútil.
me habrás dejado soleada
por el peso de tu honroso
suelo, las conquistas plateadas
desplazan girasoles por armaduras
y espadas, bastos y copas que
yo no sé empuñar, ni lamento el oro
de mi patria, la líquida sonrisa
de La espera-da para encalar
las paredes del sueño.
Estamos debatiendo horas
Cercanas a la futura y
Florida península.
Sofía Serra (De La exploradora)
Mi voz me llama y tu recuerdo
acude sexto y múltiple
sentido de las sendas en el agua.
en él bajocabe y con y contra
las preguntas estarcidas
sobre la peña del muérdago.
los indios hacían felices
a las calaveras mutilando
el silencio de las lenguas
locas. Sus pies planos y los arcabuces,
hilos de plata para mis ojos
tu pelo negro enredado
con el hambre de verte.
Tierra entierra las manos
en la ínsula que arrasa cementerios.
Suenan bajas y densas
las cuerdas del gentío anudado
a la boya del sol de poniente.
mis oídos revientan de verdes
llamas que mueren solas
a manos de las trabajaderas
de los hombros.
Sol y un murmullo de dioses
sobre el agua,
su avenida inútil.
me habrás dejado soleada
por el peso de tu honroso
suelo, las conquistas plateadas
desplazan girasoles por armaduras
y espadas, bastos y copas que
yo no sé empuñar, ni lamento el oro
de mi patria, la líquida sonrisa
de La espera-da para encalar
las paredes del sueño.
Estamos debatiendo horas
Cercanas a la futura y
Florida península.
Sofía Serra (De La exploradora)
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