(Correcciones la dosis y la desmedida)
Como el no
Tú frente al mar y encerrado
en el frío luto de los pasos
de tu frente sobre las migas
y tú abierto y eterno no
socavando cada peso de la habitación
donde el pecho respira minucioso
ondeando el leve viento y tú
frente a ti entretenido
en tu boca tánatos del mundo
resecando los pequeños signos cantores
con ese daño como daño…
Eros fue convocado en la tierra y se ausentó.
Sorbe como la escabrosa causa
introduce sus venéreas raíces
extendiendo su vientre indoloro
apenas más que una leve comisura una
apenas rendija por donde se escapa
sola y lenta mi de ser de ella una
me rehunde y me enhorca en su temblor
como si sólo fuera apenas roca el no
apenas humus reflejo apenas
evaporado grisú de sus sales…
Escribían negros texturizados
como si la piel y el sexo
y las caricias y el sudor y los besos
y el lamento
y el consuelo y el dolor y el deseo
y el ombligo
y la sangre la sangre la sangre
pudieran desmenuzarse en hormigas:
la marabunta.
Se ha pervertido El Grafos
como si-no los cuerpos
ni los huesos ni la carne
como si-no engendraran
como sino él hubiera nacido:
Huevo huero tras
tanta hemorragia
sin embargo.
Sofía Serra (De "La dosis y la desmedida")
martes, 13 de marzo de 2012
domingo, 11 de marzo de 2012
el silencio de mis sienes
el silencio de mis sienes
ay, Amor, qué cerca te alejo
en el limo de mis sueños
ansiosos de mi pena licuada
en la paz incandescente y fría,
por qué no me limpias
con tus labios de frente
o de costado me apuñalas
siempre sólo me queda cintura
que doblar para protegerme
de tanto tangente de lejanía
de tanto desvío tuyo.
desde este aposento
cabeza abajo me asomo
al borde del verde olivar
vareo tus sienes
movedizas y remotas minutas
alabeadas por los alisios
sellados bajo las aguas del río
transparentan su densa
seda me conmueve
hacia su lugar
corriente tal certeza
sin oscuridad con bajíos
lentos y descansados
en ti.
Amado,
cómo te llamo
si tus ojos ya duermen,
¿tal vez querrías
que mi voz llegase
a los sonidos de tu mente
y así, la sinfonía de tu sueño
callase cualquier espacio
para hacer tiempo
a la girándula de tu nombre
en mi boca? Duermes y tus aves
concilian sedes garantes y vespertinas
para la garganta de una nueva aurora.
aquí quedan puros y duros
sin pronunciamiento
mientras la ciudad amanece
vencida por el sueño
intentando silenciar tus nombres.
Sofía Serra, "Suroeste"
ay, Amor, qué cerca te alejo
en el limo de mis sueños
ansiosos de mi pena licuada
en la paz incandescente y fría,
por qué no me limpias
con tus labios de frente
o de costado me apuñalas
siempre sólo me queda cintura
que doblar para protegerme
de tanto tangente de lejanía
de tanto desvío tuyo.
desde este aposento
cabeza abajo me asomo
al borde del verde olivar
vareo tus sienes
movedizas y remotas minutas
alabeadas por los alisios
sellados bajo las aguas del río
transparentan su densa
seda me conmueve
hacia su lugar
corriente tal certeza
sin oscuridad con bajíos
lentos y descansados
en ti.
Amado,
cómo te llamo
si tus ojos ya duermen,
¿tal vez querrías
que mi voz llegase
a los sonidos de tu mente
y así, la sinfonía de tu sueño
callase cualquier espacio
para hacer tiempo
a la girándula de tu nombre
en mi boca? Duermes y tus aves
concilian sedes garantes y vespertinas
para la garganta de una nueva aurora.
aquí quedan puros y duros
sin pronunciamiento
mientras la ciudad amanece
vencida por el sueño
intentando silenciar tus nombres.
Sofía Serra, "Suroeste"
viernes, 9 de marzo de 2012
dicta dura nuestra boca blanda
dicta dura nuestra boca blanda
Los todos mordemos
con firmes dentaduras:
aprehender
duras aguas al beber el llanto
de todo cristal gozoso
verde o negro
estallado por el viento inasible
de la iniquidad, la vesania
y la hambrienta injusticia.
Sus cristales se nos clavan
en la lengua antes de pronunciar
una reseca ignorancia más.
Aprendemos a masticar
con las llagas,
nadie nos emboca bajo
el puente de la libertad:
Sed de maestros, sed
de vosotros mismos.
Perteneceos.
Sofía Serra (Suroeste)
los hombres tienen sed y no doy abasto (el río)
Los todos mordemos
con firmes dentaduras:
aprehender
duras aguas al beber el llanto
de todo cristal gozoso
verde o negro
estallado por el viento inasible
de la iniquidad, la vesania
y la hambrienta injusticia.
Sus cristales se nos clavan
en la lengua antes de pronunciar
una reseca ignorancia más.
Aprendemos a masticar
con las llagas,
nadie nos emboca bajo
el puente de la libertad:
Sed de maestros, sed
de vosotros mismos.
Perteneceos.
Sofía Serra (Suroeste)
jueves, 8 de marzo de 2012
la injusta milicia de los ajenos besos
la injusta milicia de los ajenos besos
qué pena,
qué pena que hayas escapado de los riñones
para atesorarte en el vaivén de las mejillas
excretadas a golpe de sable
sobre la que menos puede,
sobre la que menos vende
pena,
qué pena que tu boca no durmiera
entre salvas de cañones cuando así
la lentitud del paisaje muerto
corriendo a hurtadillas te salvaba
milagrosamente de no caer a palacio,
te enlodaba en la vía terrena
de los amores habitables,
las escaramuzas de las otras bocas
cuando mal dicen lo que buena
tu boca gemela de playa
besó de tus sienes
la tu blanca y valiente audacia
que ninguna letra negra enmudecía.
y las palabras se desvanecen
en la esfera del grillo que yo miro cómo canta
a lomos de la esdrújula que lo descabalgará
de su trono de yerba, almizcle y rocío.
Navegábamos hacia puerto sin bandera
y tú te quedaste en la nieve
de unas vetas de verano que se congela
enfogado sin melenas de leones,
con calvas de plástico (ni siquiera las llanuras resecas del Serengueti)
—han corrompido mi tierra— y vestidos de esqueletos
vesánicos listos para enlutar
nuestra única selva sana,
nuestro único bosque habitable,
nuestra única marisma,
que pena, qué pena, qué pena
que sólo ciego a vida
la poseas en la gota de la lluvia
blanca que no ha llegado,
qué pena de tordo liberto
hoy o aquí, ayer o allá,
sin nombre tuyo o mío.
Sofía Serra (Suroeste)
qué pena,
qué pena que hayas escapado de los riñones
para atesorarte en el vaivén de las mejillas
excretadas a golpe de sable
sobre la que menos puede,
sobre la que menos vende
pena,
qué pena que tu boca no durmiera
entre salvas de cañones cuando así
la lentitud del paisaje muerto
corriendo a hurtadillas te salvaba
milagrosamente de no caer a palacio,
te enlodaba en la vía terrena
de los amores habitables,
las escaramuzas de las otras bocas
cuando mal dicen lo que buena
tu boca gemela de playa
besó de tus sienes
la tu blanca y valiente audacia
que ninguna letra negra enmudecía.
y las palabras se desvanecen
en la esfera del grillo que yo miro cómo canta
a lomos de la esdrújula que lo descabalgará
de su trono de yerba, almizcle y rocío.
Navegábamos hacia puerto sin bandera
y tú te quedaste en la nieve
de unas vetas de verano que se congela
enfogado sin melenas de leones,
con calvas de plástico (ni siquiera las llanuras resecas del Serengueti)
—han corrompido mi tierra— y vestidos de esqueletos
vesánicos listos para enlutar
nuestra única selva sana,
nuestro único bosque habitable,
nuestra única marisma,
que pena, qué pena, qué pena
que sólo ciego a vida
la poseas en la gota de la lluvia
blanca que no ha llegado,
qué pena de tordo liberto
hoy o aquí, ayer o allá,
sin nombre tuyo o mío.
Sofía Serra (Suroeste)
miércoles, 7 de marzo de 2012
El cuarto lento o la voluntad por el tiempo
Algunas veces he pensado que me gustaría llamar a este espacio "el cuarto lento", hablaría de mi reivindicación por la medida de un "algo", no se trata del tiempo, que siempre percibo se escapa, se nos escapa. Voluntad para detenernos, voluntad para romper la inercia multiplicante de cualquier acontecer bajo la que vivimos inmersos. No es el tiempo el que se nos va, sino nosotros los que huimos de la posibilidad que nos da él mismo de poder vivirlo.
Hace algunos meses, creo que desde que dejé la editorial, que pienso en pasar a escritura manual mis poemas, o al menos algún poemario de los terminados. Ayer comencé por fin. A la vez grabé el poema. Después sentí la necesidad de realizar sendos disparos que abajo aparecen enmarcados.
Se trata de un poema de Nueva Biología, así que dejo enlace al texto del mismo. Hoy al menos, no lo copiaré aquí.
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