domingo, 20 de noviembre de 2011

La lluvia (Poema de Borges)

La lluvia


Bruscamente la tarde se ha aclarado
porque ya cae la lluvia minuciosa.
Cae o cayó. La lluvia es una cosa
que sin duda sucede en el pasado.


Quien la oye caer ha recobrado
el tiempo en que la suerte venturosa
le reveló una flor llamada rosa
y el curioso color del colorado.


Esta lluvia que ciega los cristales
alegrará en perdidos arrabales
las negras uvas de una parra en cierto


patio que ya no existe. La mojada
tarde me trae la voz, la voz deseada,
de mi padre que vuelve y que no ha muerto.


(Jorge Luis Borges)

El Dis-Curso

(Correcciones Nueva biología)


El Dis-Curso


Duelan las patrias: Suelen.
Padecen las matrices: Hagan.
Penen los enseres sobre los que vacilamos,
si discurrir sí…,
si pensar no…
Ajustamos el estómago a las curvas
ciñendo nuestro patri-monio, o matri-monio,
a meras huellas de partidas. O llegadas.
De nacimientos o defunciones
(de cualquier tipo, hechura o estilo, todo hay que decirlo)
están los archivos saturados,
colesterol engrasando
ácidos que nos ayudan a digerir
que no somos ya
ni tan siquiera un disimulo divino.
Ni siquiera amor,
ni siquiera pabilo.
Si acaso sombras,
mía sombra y tuya sombra más
la del edificio o la del sol al ocaso,
sombras juntas, sombras
hechas sombra una
sobre el suelo.


Él nos redime de los límites.
¿Qué nos impide entonces?


Sofía Serra (De Nueva biología)

viernes, 18 de noviembre de 2011

Entre fantasmas (domésticas tele-visiones)

(Correcciones "El muriente")


ENTRE FANTASMAS (domésticas tele-visiones)


una mirada desde el más allá


Desde tu fotografía
desde tan lejos llegas
y tan certero en mi herida clavas
dolor en el hueco de plasma, ya
agua lenta sin ambages,
marea baja.
Aquí bandera o isla
en tu recuerdo,
un soldado en alguna cueva
bajo la manta de piedra.
Lía un cigarrillo entre sus dedos
mientras yo intento acariciar una mejilla.
¿Con qué tocar lo que nos separa
si a este arrastre de abandono
añado alguna gota de lluvia desvirgada
(ya con tierra donde engendrar),
morrenas y riachuelos de grava
y piedras que avanzan rodando con estrépito?
¿Cuánto habitáculo celeste nos corresponde?


mientras más caminas
hacia delante
más se acerca la memoria
desde atrás


en el borde del precipicio.
Y el mar brota desde la sima.


Se resquebraja aquella lasca
como agrietó mi frente
tu mirada vítrea de soslayo,
de ni un atisbo de tu latido
que ya no bate.
Suelto y al mar.


Así te fuiste.


El soldado permanece liando un cigarrillo en su cueva.
Se ahueca la tierra y yo enmudezco.
Conquistó el alba como
conquistó la bandera en Iwo Jima
tu soldado,
corazón, verde y extracorpóreo corazón.




la(bo)res


(La pala)
En la televisión
en media hora
se ve el final
de una segunda
guerra mundial
en media hora.
Hace 55 años y pico
que murieron 50 (¿por qué no cincuenta y cinco?)
millones de seres humanos
a manos de otros iguales.


(El pico)
1. No sé cómo aún quieres ser letal
    para el ser vivo que te mira.
2. No sé cómo aún tienes valor
    para cobrar dinero por un poema.
3. No sé cómo no deja paso
    la vieja joven a la vieja anciana
    en la cola de la caja del super-mercado.
4. No sé cómo puedes juzgar
    sin conocer.
5. No sé cómo puedes no poder
    morir a diario.


Hoy pagamos hasta para morir
fueron dioses efectivamente
fueron nuestros ante-pasados.


Sofía Serra (De El muriente)

A la aurora (Gutierre de Cetina)

A la aurora


Horas alegres que pasáis volando
porque a vueltas del bien mayor mal sienta;
sabrosa noche que en tan dulce afrenta
el triste despedir me vas mostrando;


importuno reloj que, apresurando
tu curso, mi dolor me representa;
estrellas con quien nunca tuve cuenta,
que mi partida vais acelerando;


gallo que mi pesar has denunciado,
lucero que mi luz va oscureciendo,
y tú, mal sosegada y moza aurora,


si en vos cabe dolor de mi cuidado,
id poco a poco el paso deteniendo,
si no puede ser más, siquiera un hora.


Gutierre de Cetina (1520/ 1557)

martes, 15 de noviembre de 2011

La novia cadáver

La novia cadáver


No, creo que no hubo
amniocentesis.


algunos hombres y mujeres
cocean, vocean aullidos
de sus trancas y pezuñas
castañas.


Caminar, tanto caminé
sobre las ortigas
como terminan los pies
en dedos de costumbre
en la yerba
y sus flecos punzantes.
Consumisteis un porvenir
de solaz indiscreto,
oculto lo más bello
ahora como siempre
trabajan los dioses.
Y yo lloro,
lloro.


ese habitante cuadrado
habla verdes por tu nuca.


Si más deseo
avarientos jamelgos
y otros cuadrúpedos
Himalayas
como techos andróginos
donde todo es posible
en el vaso boca abajo
y la salud requerida
por tu lengua escalando
el cuello de los olvidos, timbres
del arco trilobulado que abre
son, sentido y mecha
hasta la escafandra.


he pretendido adioses
cuando sólo he casado              con mis muertos
estas manos y tu boca
qué soy sino
tan sólo
una
sola


(Sofía Serra)
 
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