lunes, 23 de agosto de 2010
La canción del guindo en flor
La canción del guindo en flor
Cascarón de amor./
Cascarón de un huevo partido en dos/
colmo de la desventura o la suerte fecunda./
Pero, si no vuelvo a ti, no encuentro paz./
¿Qué será de lo que abasteces a esta pobre lluvia?/
¿Eres suelo a dónde llego?, ¿eres cielo de dónde vengo?/
Escurre por las esquinas de esta pradera/
la perplejidad:/
No más celaje de medio suelo./
Saltan bravas las gotas sobre la dura tierra de Agosto,/
las metonimias/
acompañan al viento/
que ya ni espigas que tumbar encuentra./
Y yo te canté, yo te canté allá por mi muerte./
Mas no te enterré conmigo./
A la suerte y al rondó que tararea tu sonrisa,/
gobierna el azul del verde estío en las rojas cerezas./
Yo sembré un guindo que descaminaba el ámbito de las estaciones,/
yo lo sembré, según me dijo./
Hoy mis dedos acarician yema a yema sus blancas flores/
que destilan gotas/
que ayer soñé sudabas:/
no duelas más, pajarillo mío, que si vuelas es porque estás vivo./
Ésta es mi vida,/
ésta mi suerte, ésta mi hora./
Ésta es mi brisa, éste es mi viento./
No quiero sueños ni futuros,/
mi yunque-yunta-yugo se han escindido/
de esta tierna célula./
Camino a cuatro patas/
olfateando el aroma de la muda humedad desde acá,/
mi estómago adaptado a la curva amistosa de la tierra./
Zahorí desde mi ombligo, me doy la vuelta y me tumbo/
de rostro al cielo:/
no quiero más,/
no quiero más que lo que soy,/
esta flor más entre las flores,/
esta yerba más verde,/
esta espiga rubia más harina,/
este cuerpo humano más amable. Tan en paz./
Y no más/
que decir salvo que mis propios ojos/
no son dos estrellas fugaces./
Brisa que te vi, brisa me devuelves al cielo, al cielo,/
y ya llego a tu corola, flor de mayo./
Desde este suelo duelo, canto, vivo y río por todos lo que han muerto/
queriendo quedar callados./
Que no se confunda,/
que no se dispense suerte de grave poesía tierna o leve./
Este universal navío no tiende amarras/
a las hojas puerto del muelle calendario./
Sembré un guindo que florece todo el año;/
sus frutos llenan ahora mis cestas./
Cerca del tiempo las palomas se posan:/
No temen al equilibrio de la muerte./
Sofía Serra, Agosto 2010
martes, 17 de agosto de 2010
sábado, 14 de agosto de 2010
... Y sonó la flauta, ;)
Título de la fotografía: Logia
DÍA (LOGIA)
Madrugada
¿Cómo se llaman los que abaratan la suerte?
Mal-hechores.
Puede que risueños malhechores.
Quedó perdido el mío clavado en la espina de la acacia escondida entre las encinas.
A las cinco azul llegaba
al toque de queda,
sonaba la canción del vampiro,
celeste sangre para la noche que rondaba con estrellas sumergidas bajo este río
de agua brava que desborda su cauce al son del vegetal estío.
Paradójica circunstancia se vivía
en aquel paisaje, se suponía seco,
de la ancha Castilla o la baja Andalucía.
No sequía, sólo dulce
y escorrentías iluminando aterciopelados tejidos de carne viva.
Amanecida
Antes fue el verbo, después la carne;
primero la paloma, después el cielo que hallé en este suelo.
Y a ti llego suministrada de años y sueldos,
memoria inextinguible hecha presente
por mor del futuro que a mis pies,
con esos dedos de aquellas manos, extiendes.
Y ya, ya, ya.
Ya llega,
que se me van las mejillas asomando al beso mudo del comunicando,
se me van con suerte,
se me van acariciando el aire.
Este calor inventó el hombre, que nombró como pudo.
Para gobernar sus afanes pervierte el frescor de la noche,
la risa de la aldaba matutina se adormece
en la almohada de algún tiempo que ascendió a su sitio, al vacío.
No hay nada y yo conformo pica en Flandes.
Me puse en mí sobre la yerba y el cielo negro me acompaña.
Amanecida habla de suerte,
alma dormida que descansa reposando con sus alas.
Él.
No estoy ciega.
Sólo abierta a mí misma.
Mediodía
Hay más futuro en ciertas hojas que se desprenden del árbol
verde de verano que en esta linde de presente.
Me separa, sólo tangencialmente, de mi susurro incesante,
ése que más que adormecer, aviva este frondoso corazón,
húmeda y fresca
sombra de ya el todo, ya el continuo, ya el viviendo.
Tengo que trabajar sobre la estera quieta del porvenir.
Pienso sin existir más que en mi mente,
lluevo sobre hojarasca que pronto conformarán trituradas pavesas de
antigua vida.
Respiro.
El calor me ahoga los pulmones.
La libertad ofende a quien no la practica.
Brisa, brisa ligera que vivifica, ¿dónde dejaste tus parasoles?
Anochecida
Hoy no se escriben palabras sobre esta piel rasa y blanca tan ajena;
la mía, que es negra, sólo se halla en la del trigo verificando el contenido
de las cosechas y las estaciones del año;
suministran ellas a golpes de azada
argumentos
para el zócalo que levantamos sobre este suelo,
izando muros, construyendo la choza,
tornando el azabache de ese velo y esa zafra de nocturna seda
en verdes prado y lecho donde solazar lo que nos queda,
lo que damos,
lo que por dar–nos–queda.
Yo no quiero interrumpir tu paz,
bravo soldado de rubia esencia
y risueña faz.
Pero rompe tú mi sueño.
Sofía Serra, Agosto 2010
viernes, 13 de agosto de 2010
Un mismo disparo para dos revelados (portada y fotografía)
Pensando en el diseño de portada para un poemario que Bohodón publicará, recordé un antiguo disparo, del año 2008. Edité la fotografía y preparé la portada. Ésta es (como siempre sin título ni autoría). Espero que sea del gusto del autor.
Posteriormente he vuelto a reeditarla "para mí". Me quedé con las ganas, ;)
Posteriormente he vuelto a reeditarla "para mí". Me quedé con las ganas, ;)
jueves, 12 de agosto de 2010
No sé si poema
Ya titulé alguna vez poema con este título: Si poema, ya sabes más que quien esto escribe.
Se vuelve a las andadas.
Tras siete A-4 nuevos lleno de ¿versos?, se van corrigiendo para hacerlos mínimamente presentables, pero nunca en orden de llegada.
Si poema , ya sabes más que quien esto escribe
Del manantial salubre de mi abandono/
llega la calma licuada sobre la curvilínea./
En estos parasoles, quinta esencia de la luz clara,/
yuxtapuestas reivindicaciones/
abastecen el amor cierto por las patrias de las almas./
Canto a la luna de abril, pequeñita mía, joya de mis para-soles,/
cuánto te extraño sobre estos hombros abiertos a otros astros,/
tan quemados ya, que dulce batalla se libera convirtiéndose en fragor de atapuercas,/
yacimientos escondidos de huesos secos y rupturas estáticas./
Arqueóloga quise ser, pero hoy sólo huelo a rosa viva./
Porque los muertos no arriesgan,/
porque todos desean pero ninguno hace,/
porque todos pueden pero nadie quiere,/
porque no creo en los sueños,/
porque todos abaratan el mejor precio,/
porque ninguno se mantiene sobre sus propios fundamentos./
Porque obsoleta muere la edad de tantos vaivenes,/
tantos hilos encontrados al pairo de lo sin rumbo sur,/
tantos entuertos provocados por el miedo./
Valientes se construyen por asimilar ciertas luces,/
mas pervierten los únicos sostenidos/
que a la verdad defiende:/
haz lo que quieras, haz lo que te pidan tus sienes,/
ésas que tiemblan contra el pulso,/
ésas que dibujan tus arterias cuando más completo te sientes,/
ésas que nos diferencian del homo contrahecho/
plastificado en vulgares tarjetas (crédito, ¿sobre ti?, paro, ¿no te mueves?, ¿dni o mejor adn sintético?)/ que guardas junto a tus nalgas o junto a tu pecho./
Ésos, tus nalgas y tu pecho, que ya pueden volar vestidos/
cuando mis manos abarcan, aliento junto a aliento, sus contenidos./
Sofía Serra, Agosto 2010
Se vuelve a las andadas.
Tras siete A-4 nuevos lleno de ¿versos?, se van corrigiendo para hacerlos mínimamente presentables, pero nunca en orden de llegada.
Si poema , ya sabes más que quien esto escribe
Del manantial salubre de mi abandono/
llega la calma licuada sobre la curvilínea./
En estos parasoles, quinta esencia de la luz clara,/
yuxtapuestas reivindicaciones/
abastecen el amor cierto por las patrias de las almas./
Canto a la luna de abril, pequeñita mía, joya de mis para-soles,/
cuánto te extraño sobre estos hombros abiertos a otros astros,/
tan quemados ya, que dulce batalla se libera convirtiéndose en fragor de atapuercas,/
yacimientos escondidos de huesos secos y rupturas estáticas./
Arqueóloga quise ser, pero hoy sólo huelo a rosa viva./
Porque los muertos no arriesgan,/
porque todos desean pero ninguno hace,/
porque todos pueden pero nadie quiere,/
porque no creo en los sueños,/
porque todos abaratan el mejor precio,/
porque ninguno se mantiene sobre sus propios fundamentos./
Porque obsoleta muere la edad de tantos vaivenes,/
tantos hilos encontrados al pairo de lo sin rumbo sur,/
tantos entuertos provocados por el miedo./
Valientes se construyen por asimilar ciertas luces,/
mas pervierten los únicos sostenidos/
que a la verdad defiende:/
haz lo que quieras, haz lo que te pidan tus sienes,/
ésas que tiemblan contra el pulso,/
ésas que dibujan tus arterias cuando más completo te sientes,/
ésas que nos diferencian del homo contrahecho/
plastificado en vulgares tarjetas (crédito, ¿sobre ti?, paro, ¿no te mueves?, ¿dni o mejor adn sintético?)/ que guardas junto a tus nalgas o junto a tu pecho./
Ésos, tus nalgas y tu pecho, que ya pueden volar vestidos/
cuando mis manos abarcan, aliento junto a aliento, sus contenidos./
Sofía Serra, Agosto 2010
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






