Verde y blanca
mi madre era blanca,
una variedad de trigo
que no se disculpa.
blancas sus manos, sus uñas
su pecho, sus hombros,
blancas sus cejas
sus piernas verdes
ya sé que sus ojos
pero su voz verde
que confunden, ellos,
con la mía blanca
y despojo de yerba
verde su tez inmaculada,
su albatros de amuras
cobijaban mi
corazón
verde tan verde
corazón
la semántica piel
vestido
mi duelo de esperanza.
mi duelo.
No lloro por mi madre.
Verdeo por mí teniéndola
cerca dolores, dolores,
dolores de desconsuelo
blanco.
domingo, 15 de septiembre de 2013
miércoles, 11 de septiembre de 2013
Maná de carnívora
Maná de carnívora
Siempre te relacionaré
con mi estómago,
tú ya lo sabes.
El nudo se me ha hecho un silencio.
Desde él hablo al ente
sumergido bajo el barro negro
de la injusticia sobre ti.
¿Qué ibas a hacer sino imperar?,
¿cómo si no cazar cervatillos
mamuts o bisontes?
La hembra en el nido
curtía tu armiño.
De noche en descanso
el sol ahuecaba el día
para hacer lugar
a tus ancas de jilguero
recolector de las semillas
que introdujeron algunos manes
en tus testículos.
Cómo no averiguar
su color y su forma
si las zinnias ya florecían
allá por el pleistocénico
deseo de abrir la trampa
y la broma de los metales
que escanciaron sobre tu glande,
y yo, la orfebre y
bruñidora,
cómo no tallar
con mi lengua
el blando relieve
de tu isla y su palmera,
cómo no pulir
con mi boca,
muñequilla de lienzo
nacarada por los pinceles
de la historia blanca
abrillanto en círculos
la longitud de esos canales,
mis ríos de legítima abundancia
de ti y tus simientes,
cómo no soñar sobre su color
y tu sonrisa de perfil
al cielo
mana
la densa y líquida niebla
que abruma mi hambre
y me alimenta con tu salida
en busca de la carne
que nos hizo más inteligentes.
Simplemente,
mejor alimentados.
Como yo.
Qué dibuja las circunvoluciones
de mi cerebro
sino el silo
grande de tu glande
y mi enorme deseo
de justicia
sobre
ti.
Siempre te relacionaré
con mi estómago,
tú ya lo sabes.
El nudo se me ha hecho un silencio.
Desde él hablo al ente
sumergido bajo el barro negro
de la injusticia sobre ti.
¿Qué ibas a hacer sino imperar?,
¿cómo si no cazar cervatillos
mamuts o bisontes?
La hembra en el nido
curtía tu armiño.
De noche en descanso
el sol ahuecaba el día
para hacer lugar
a tus ancas de jilguero
recolector de las semillas
que introdujeron algunos manes
en tus testículos.
Cómo no averiguar
su color y su forma
si las zinnias ya florecían
allá por el pleistocénico
deseo de abrir la trampa
y la broma de los metales
que escanciaron sobre tu glande,
y yo, la orfebre y
bruñidora,
cómo no tallar
con mi lengua
el blando relieve
de tu isla y su palmera,
cómo no pulir
con mi boca,
muñequilla de lienzo
nacarada por los pinceles
de la historia blanca
abrillanto en círculos
la longitud de esos canales,
mis ríos de legítima abundancia
de ti y tus simientes,
cómo no soñar sobre su color
y tu sonrisa de perfil
al cielo
mana
la densa y líquida niebla
que abruma mi hambre
y me alimenta con tu salida
en busca de la carne
que nos hizo más inteligentes.
Simplemente,
mejor alimentados.
Como yo.
Qué dibuja las circunvoluciones
de mi cerebro
sino el silo
grande de tu glande
y mi enorme deseo
de justicia
sobre
ti.
martes, 10 de septiembre de 2013
El momento
El momento
Sólo sucede que cuando se rompe un vaso,
mi propia risa me duele
y soy yo la que recoge
hecha añicos la alegría
que la provocó ahondo
en las arterias de la lumbre plana
sedo bacanales de hambre
luego huyen como aves voraces y sedientas
de ombligos llenos de agua:
la tierra, la tierra madre
es mi abuela en la coyuntura
de esa escarpada linde
que me vio.
creo que nacer.
pero qué más da el momento.
La piedrecita rueda
por la cárcava arenosa del cabezo
de mimbre y cristal, la tierra amarilla
me cobija en su seda de lumbre
y hace décadas que aprendí a pintar
los colores del arco iris
con mis ojos fijos en el arroyuelo,
pequeño y mínimo
arroyuelo de agua dulce
que se deslizaba hacia el mar
y la torre albarrana en el mar
como ancla del mismo mar,
bellos tus lomos de tierra
y santo aroma del cañaveral
que endulza
mis dedos, las manos
nos damos las manos
junto a la orilla.
Sólo sucede que cuando se rompe un vaso,
mi propia risa me duele
y soy yo la que recoge
hecha añicos la alegría
que la provocó ahondo
en las arterias de la lumbre plana
sedo bacanales de hambre
luego huyen como aves voraces y sedientas
de ombligos llenos de agua:
la tierra, la tierra madre
es mi abuela en la coyuntura
de esa escarpada linde
que me vio.
creo que nacer.
pero qué más da el momento.
La piedrecita rueda
por la cárcava arenosa del cabezo
de mimbre y cristal, la tierra amarilla
me cobija en su seda de lumbre
y hace décadas que aprendí a pintar
los colores del arco iris
con mis ojos fijos en el arroyuelo,
pequeño y mínimo
arroyuelo de agua dulce
que se deslizaba hacia el mar
y la torre albarrana en el mar
como ancla del mismo mar,
bellos tus lomos de tierra
y santo aroma del cañaveral
que endulza
mis dedos, las manos
nos damos las manos
junto a la orilla.
NADIE
Nadie, absolutamente nadie merece este esfuerzo de dos personas. NADIE.
La pregunta es, ¿acaso la literatura lo merece?
¿Acaso el Arte?
Tampoco. Presunción en grado sumo. La literatura, el arte, seguirá su rumbo sin este o aquel esfuerzo.
¿Acaso nosotros lo merecemos?
Descansar, sí.
Lo contrario es tortura.
No lean, amigos, y, por favor, no escriban. Vivan, duerman, sueñen, mueran.
Yo haré lo mismo.
La pregunta es, ¿acaso la literatura lo merece?
¿Acaso el Arte?
Tampoco. Presunción en grado sumo. La literatura, el arte, seguirá su rumbo sin este o aquel esfuerzo.
¿Acaso nosotros lo merecemos?
Descansar, sí.
Lo contrario es tortura.
No lean, amigos, y, por favor, no escriban. Vivan, duerman, sueñen, mueran.
Yo haré lo mismo.
domingo, 8 de septiembre de 2013
La sierpe lozana
La sierpe lozana
¿mi dios se llama él?,
¿mi dios se llama tú?,
depende de donde yo
nos sitúe.
ellos buscan las estrellas
y tú donde no estrellarte.
las piedras nacieron
para que tropieces no
para que las lances
yo te lanzo mi aventura
sin nombre de talle
tan inverosímil,
tan alucinante tú
desgarraste
la última corteza de tu olivo
cuando yo amamantaba
bajo la lumbre del candil
de aceite que silo en el molino
que tú edificaste con ruedas
tan grandes como tu osamenta
de elefante puro y recio
fondeas tu trompa urbe
en el limo de mi abrazo
y aquí te inhumas sin saber tocar ya
ni una sola semilla,
ni una sola yerba
ni una sola brizna
de aire
hasta que asfixiado cierras
los ojos y yo
me nazco en tu muerte
que no deseo será que
tu entierro móvil, la ciénaga de tu sueño,
trabaja rasos sobre los que amanece
el nuevo día que me da
esperanza y la vida ya
cobra áspid
y sentido
para mi des-lengua
única.
no muerdo,
pero te roen.
Y yo necesito vengarme.
¿mi dios se llama él?,
¿mi dios se llama tú?,
depende de donde yo
nos sitúe.
ellos buscan las estrellas
y tú donde no estrellarte.
las piedras nacieron
para que tropieces no
para que las lances
yo te lanzo mi aventura
sin nombre de talle
tan inverosímil,
tan alucinante tú
desgarraste
la última corteza de tu olivo
cuando yo amamantaba
bajo la lumbre del candil
de aceite que silo en el molino
que tú edificaste con ruedas
tan grandes como tu osamenta
de elefante puro y recio
fondeas tu trompa urbe
en el limo de mi abrazo
y aquí te inhumas sin saber tocar ya
ni una sola semilla,
ni una sola yerba
ni una sola brizna
de aire
hasta que asfixiado cierras
los ojos y yo
me nazco en tu muerte
que no deseo será que
tu entierro móvil, la ciénaga de tu sueño,
trabaja rasos sobre los que amanece
el nuevo día que me da
esperanza y la vida ya
cobra áspid
y sentido
para mi des-lengua
única.
no muerdo,
pero te roen.
Y yo necesito vengarme.
jueves, 5 de septiembre de 2013
La ventana rosa y azul
La ventana rosa y azul
voyme de nuevo
buénome pronto
buscando otros puentes,
otras salidas almenas,
la suerte, el desamor,
la menudencia prevista,
los ojos, tus ojos
verdes y rosa y azul
la ventana cerrada
para que no entren moscas
en la dulce estancia
de tu boca abierta.
Pero muerta.
voyme de nuevo
buénome pronto
buscando otros puentes,
otras salidas almenas,
la suerte, el desamor,
la menudencia prevista,
los ojos, tus ojos
verdes y rosa y azul
la ventana cerrada
para que no entren moscas
en la dulce estancia
de tu boca abierta.
Pero muerta.
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martes, 3 de septiembre de 2013
Tendernos
Tendernos
ante ti
miento
ante mí
mas ella
no miente
el espas-
módico deseo de
sentir
mi bien
estar
contigo
en silencio
hacer
el silencio
tender
el puente azul y la yerba
se levanta
descansada
y fresca.
ante ti
miento
ante mí
mas ella
no miente
el espas-
módico deseo de
sentir
mi bien
estar
contigo
en silencio
hacer
el silencio
tender
el puente azul y la yerba
se levanta
descansada
y fresca.
"Los parasoles de Afrodita" ya disponible
AQUÍ en la página de Baile del sol.
De venta en librerías y en los lugares online habilitados por la propia editorial.
De venta en librerías y en los lugares online habilitados por la propia editorial.
tormento seco
tormento seco
esto para el amor
al que pertenezco
apenas significa más que un rayo
que le deslumbra en la comodidad
de su silla con las lentes tumbadas
sobre las blancas muela de otras bocas
oídas, mas, te señalo, relámpago
de tierra adentro, las encinas azules
de octubre se transparentan en la loma
negra de las siete de la mañana,
el aguacero engendra sus hijos
en la matriz de la noche duda
y mis dos manos sujetan las aras
pontificales y redondas
como el volante del coche
que nunca desertó.
las direcciones posibles
las decide el viento y su alarido
pequeño y mi miedo,
siempre el miedo
en la tumbona del río crecido
que cabalga lejano
a nuestro sueño de calma.
yo lloré
ayer, las gotas corrieron
hasta encontrar el vaciadero
de la cuneta, y se me perdieron,
se me perdieron, Amor,
y ya no sé Tú,
ya no sé de dónde llega mi llanto,
si del encuentro con la tormenta,
o de la cotidiana ausencia
de agua, de lágrimas.
¿dónde estás?
ni en las lomas terrizas
ni en las monteras de la lluvia
te hallé. tras los troncos
de las encinas, escondida
te dibujo.
esto para el amor
al que pertenezco
apenas significa más que un rayo
que le deslumbra en la comodidad
de su silla con las lentes tumbadas
sobre las blancas muela de otras bocas
oídas, mas, te señalo, relámpago
de tierra adentro, las encinas azules
de octubre se transparentan en la loma
negra de las siete de la mañana,
el aguacero engendra sus hijos
en la matriz de la noche duda
y mis dos manos sujetan las aras
pontificales y redondas
como el volante del coche
que nunca desertó.
las direcciones posibles
las decide el viento y su alarido
pequeño y mi miedo,
siempre el miedo
en la tumbona del río crecido
que cabalga lejano
a nuestro sueño de calma.
yo lloré
ayer, las gotas corrieron
hasta encontrar el vaciadero
de la cuneta, y se me perdieron,
se me perdieron, Amor,
y ya no sé Tú,
ya no sé de dónde llega mi llanto,
si del encuentro con la tormenta,
o de la cotidiana ausencia
de agua, de lágrimas.
¿dónde estás?
ni en las lomas terrizas
ni en las monteras de la lluvia
te hallé. tras los troncos
de las encinas, escondida
te dibujo.
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