Invierno en vela
Llevo meses llorando
con mis pestañas oscurecidas
por el llanto de la suerte
el desahucio de su suelo
desde mis ojos hasta el desvelo
que llama a la puerta
que no le abro,
que no le abro,
casita
de enanitos y gnomos
en el tronco
del centenario castaño
de indias te urdo
hasta zurcirte
la tela de araña que sostiene
tus gotas como sueños,
como sueños
de alas diminutas, parcas,
optativas, rentables
como la fortuna de un aparecido
bajo el sol de mediodía
que no sabe lo que hace,
que no sabe lo que hace
bajo tanta luz, tanto árbol,
árbol tan grande
para tan pequeña duda,
tan pequeña duda
y mísera fortuna del ojo
que llora mendigando
una mirada limpia,
una mirada virgen
sobre las cosas,
el parque, las calles,
el otro,
mi vida,
la tuya.
puede que ya acabe
este invierno
tan infierno y frío
como el seco hielo
blanco y húmedo se encorva
sobre sí mismo se repliega
sobreprotegiéndose
yendo como yo misma
me voy o al menos
así lo quise fuera
de sus dedos y los míos
y la azul escarcha
de su enseñanza. ¡Vino
y ambrosía para las ubres
del Mediodía
pido!
Nunca la luz revela,
sólo el nocturno
aunque frío
aunque oscuro
vaga
la sombra velando
es la que abre el día
desvelando.
Como la niebla.
Sofía Serra (De La clave está en los árboles)
miércoles, 6 de marzo de 2013
martes, 5 de marzo de 2013
Vidas paralelas
Vidas paralelas
A través del aire
ya que se acerca
la estación primera,
ésa en la te sientas
de nuevo ya a mi lado.
Con el polen de las candilejas
el amarillo nos teñirá de origen,
de nacimiento del tiempo bien nombrado.
Como el big bang floreciente
tus pecas tornaran valientes
a su sitio en el mundo.
Un par de pequeñas manos
las dibujan siempre nuevas.
No necesitamos retorno. Las aves
vuelan al unísono posando
sus alegres plegarias de alas
en cada árbol que sembraste,
que sembré sin saber tú
y tus manos sin mirar
que hacíamos lo mismo.
Un mundo paralelo al otro
mundo puebla cada margen
del arroyo. Los mimbreros
no necesitan espejo cristalino.
Ya las adelfas siembran
las aguas con sus flores rosas.
Como el ciervo la olfatea,
así llega la flama, la herida,
la luz, el encuentro
tras la búsqueda.
Sobre las espaldas
posábase el destino.
Labra la vida
como aramos el huerto
en un sentido y en el otro
construyendo paralelos
redentores
de la helada negra.
Sofía Serra (De La clave está en los árboles)
A través del aire
ya que se acerca
la estación primera,
ésa en la te sientas
de nuevo ya a mi lado.
Con el polen de las candilejas
el amarillo nos teñirá de origen,
de nacimiento del tiempo bien nombrado.
Como el big bang floreciente
tus pecas tornaran valientes
a su sitio en el mundo.
Un par de pequeñas manos
las dibujan siempre nuevas.
No necesitamos retorno. Las aves
vuelan al unísono posando
sus alegres plegarias de alas
en cada árbol que sembraste,
que sembré sin saber tú
y tus manos sin mirar
que hacíamos lo mismo.
Un mundo paralelo al otro
mundo puebla cada margen
del arroyo. Los mimbreros
no necesitan espejo cristalino.
Ya las adelfas siembran
las aguas con sus flores rosas.
Como el ciervo la olfatea,
así llega la flama, la herida,
la luz, el encuentro
tras la búsqueda.
Sobre las espaldas
posábase el destino.
Labra la vida
como aramos el huerto
en un sentido y en el otro
construyendo paralelos
redentores
de la helada negra.
Sofía Serra (De La clave está en los árboles)
El último manzano (re)
Y como si emanara de la nada,
llegó que aquél que sí pudo crecer
regresa en calma al germen de preñez
del humus. Como en la casa habitada,
como en el volumen de forma exacta
precisa para su tiempo, su envés
en la entelequia que por doquier
nos habla, construye, padece y clama.
Que no por serlo negamos verter,
mas por humano evito la llamada
de quien me regaló vida y placer.
¡Oh, querido manzano!... tú, tus ramas
volviendo al suelo para renacer
desde mi extravío a tus no podadas.
(Sofía Serra, 22 julio 09)
lunes, 4 de marzo de 2013
Publicidad en mis blogs
Por fin me ha permitido blogger introducir publicidad... Más de un año intentándolo después de tres pensándomelo. Me tenía castigadita, aun no sé por qué. Yo lo relacionaba con mi escatológica (tan fundamental, tan innata, tan trascendente, tan última y primigenia) imposibilidad de obtener rendimiento pecuniario de lo que sea que pueda hacer en la vida.
Por fin.
Lo mismo el invierno acaba ya.
Las monedas no sirven. Pero la justicia, sí.
Caín: textos para un invierno
[...]
CAÍN: Habla igual
que un dios.
ADA: Y la serpiente, más mentía.
LUCIFER: ¡No es verdad, Ada! ¿No era aquel el árbol
de la sabiduría?
ADA: Sí, lo era... para nuestra desdicha.
LUCIFER: Y aún así, esa desdicha es la sabiduría: así que
no mintió.
Y si os traicionó fue con la verdad,
y la verdad no puede, por propia esencia, ser
sino buena.
ADA: Todo lo que sabemos
es que nos ha traído un mal tras otro, la expulsión del hogar,
el temor, el trabajo, el sudor, la dureza,
la contrición por todo lo que fue, la esperanza
por lo que no será. No sigas a ese espíritu!
resignate, Caín, a estos padecimientos. [...]
(Caín. Lord Byron. Traducción de José Luis Piquero. Isla de Siltolá, 2011)
Los dueños
Los dueños
Cualquiera puede adueñarse
de un deyavú.
De madera como el pájaro te arranco
extraños tiempos tan estomacales
se desvanece todo por la orilla
de la mesa. Compartimos pan,
vino y aceitunas…
jamás, jamás jamás.
al final hay que dejar
de creer. No me da
el árbol la respuesta.
mi mente se parapeta.
la mentira tras el no saber.
Todo lo que pienso y siento
se desarma de sí.
Todo menos una lágrima.
Todo menos una carcajada.
a quién le pregunto por mí
a quién.
a qué árbol.
Dejé de obtenerme hace mucho
tiempo.
Sofía Serra (De La clave está en lo árboles)
Cualquiera puede adueñarse
de un deyavú.
De madera como el pájaro te arranco
extraños tiempos tan estomacales
se desvanece todo por la orilla
de la mesa. Compartimos pan,
vino y aceitunas…
jamás, jamás jamás.
al final hay que dejar
de creer. No me da
el árbol la respuesta.
mi mente se parapeta.
la mentira tras el no saber.
Todo lo que pienso y siento
se desarma de sí.
Todo menos una lágrima.
Todo menos una carcajada.
a quién le pregunto por mí
a quién.
a qué árbol.
Dejé de obtenerme hace mucho
tiempo.
Sofía Serra (De La clave está en lo árboles)
domingo, 3 de marzo de 2013
El indomable
El indomable
Saber cuánto se tarda
en construir un buen hombre,
un ya vamos
bien anidados
por el camino
de los bueyes, el paraíso
de los pastores y las sacrosantas
inclinaciones de la cervical
de tu dominio, señor
de los animales, un clavo
y una garganta penetrando
a muñón fijo tu entrecejo
de hombre de más de dos
dedos de frente con dos
umbrales de pellejo.
fueron tiempos duros
para los que permanecieron.
La cresta de la ola,
¿quién podría domesticarla
amoldarla comerla con su seno
toda ella una llena en la boca?
Sofía Serra (De Suroeste)
Saber cuánto se tarda
en construir un buen hombre,
un ya vamos
bien anidados
por el camino
de los bueyes, el paraíso
de los pastores y las sacrosantas
inclinaciones de la cervical
de tu dominio, señor
de los animales, un clavo
y una garganta penetrando
a muñón fijo tu entrecejo
de hombre de más de dos
dedos de frente con dos
umbrales de pellejo.
fueron tiempos duros
para los que permanecieron.
La cresta de la ola,
¿quién podría domesticarla
amoldarla comerla con su seno
toda ella una llena en la boca?
Sofía Serra (De Suroeste)
viernes, 1 de marzo de 2013
La virtud protegida
La virtud protegida
Hoy, día sin nombre
de un mes de limpio, yo,
sentada en la silla de madera
al filo de la ventura blanca
de la enagua del mar y sus velos,
confieso mi amanecer
sobre el canto de los mirlos.
Tal vez la vida se deba a alguna
elección errada del sol
cuando decidió oblicuar
su eje y provocar así
la explosión helio-atómica
que desde entonces soportamos
junto a los animales,
los verdes y las mareas.
todos los hombres me acompañan.
Los dioses no debieron prescindir
de nuestra opinión en masa
crítica a nuestro pensamiento
reflejo.
Beso las banderas de tus pies
de este día con nombre de mes
en blanco en señal
del gozo que me permite
seguir no pudiendo
más que marzo.
Y nularé las huellas
salvajes de la trastienda de la razón
y su economía
de virtudes fuera de sitio,
de lugar ajenas
al hombre y su deshielo
y su canto
de primavera.
Sofía Serra (De Suroeste)
Hoy, día sin nombre
de un mes de limpio, yo,
sentada en la silla de madera
al filo de la ventura blanca
de la enagua del mar y sus velos,
confieso mi amanecer
sobre el canto de los mirlos.
Tal vez la vida se deba a alguna
elección errada del sol
cuando decidió oblicuar
su eje y provocar así
la explosión helio-atómica
que desde entonces soportamos
junto a los animales,
los verdes y las mareas.
todos los hombres me acompañan.
Los dioses no debieron prescindir
de nuestra opinión en masa
crítica a nuestro pensamiento
reflejo.
Beso las banderas de tus pies
de este día con nombre de mes
en blanco en señal
del gozo que me permite
seguir no pudiendo
más que marzo.
Y nularé las huellas
salvajes de la trastienda de la razón
y su economía
de virtudes fuera de sitio,
de lugar ajenas
al hombre y su deshielo
y su canto
de primavera.
Sofía Serra (De Suroeste)
jueves, 28 de febrero de 2013
Ya para imprenta "Una temporada en el infierno"
Ya tengo también el texto para la contra. Casi diez días llevo esperándolo. JC es así. Le ha costado escribirlo casi más que traducir la obra (exagerando lo digo, andaluza soy). Significativo resulta que a razón de mayor grandeza intelectual, espiritual, sabiduría, más trabajo cueste escribir unas líneas tan "sencillas".
rodax ha elaborado una magnífica portada. me siento orgullosa. Un dibujo original expresamente creado para ella dentro de un diseño muy clásico, neutro. Literatura real. Arte. Todo lo neutro que pueda resultar lo congruente.
Texto de la contra del propio autor de la traducción y estudio (introducción y notas): Juan Carlos Sánchez Sottosanto. Hay que decirlo. Normalmente todas les editoriales obvian este dato. Los que escriben la contra somos los propios autores (salvo que en la editorial exista alguna tonta como yo existí). No hay ningún alma caritativa, es decir, un editor o editora en condiciones que se moleste en conocer al autor como para escribir por él esa simple reseña.
Por otro lado, debo reconocerlo, se trata de un ejercicio que por duro que resulte, ayuda. Uno/una encuentra más motivos para rebelarse una vez que ha tenido que autoescribirse alguno.
Sólo espero que haya forma de poder acercarse a esta obra grande de la poética, en su doble sentido.
No consigo dejar de sentirme avergonzada, y muy cabreada, por estos tiempos que vivimos que permiten que salgan tantas miserias, verdaderas porquerías en papel, y joyas de la arquitectura literaria mundial como ésta se las vean y se las deseen para poder resultar publicadas. EN PAPEL.
Andalucía (poema de Antonio Hernández Ramírez)
Andalucía
Me quedé en ella porque era hermosa
y necesitaba su alegría. Nunca
se puede ocultar al corazón
lo que han visto los ojos. Nunca
la alegría al canto. Repetidamente
fui viviendo en sus cosas y aprendí
por los ríos, el amor; por un pájaro,
el desvelo en la paz; por las nubes ligeras,
la forma de vitarme algún recuerdo.
Todo estaba limpio por sus tierras.
Hasta los pobres, en vez de dolor,
se una seguridad insuficiente hablaban.
Hasta los jornaleros, en vez de justicia,
resignación decían. Era un modo
de ahuyentar la tristeza. Se conformaban
con los que le venía desde arriba,
y con un cante que nació en las raíces
de su pena y fue extendiéndose a las ramas
del mundo, como al amanecer la luz.
Cada día iba aprendiendo más: que el vivir
no es un ave que pasa, sino un pozo
que queda allí para el que necesite beber,
que el llevar una tierra clavada en las entrañas
vale más que haber pisado un continente entero,
que morir por los brazos de una madre
es la gran solución para santificarse.
Andalucía era limpia, y por eso
al renacer en ella, al darme cuenta
que no solo de fiestas se trataba,
defendí su ilusión de más de mil dolores,
apoyé a la alegría cuando enmascaraba la tristeza,
robé a todo lo hermoso cuanto pudo mi amor.
No. No era un vino o una guitarra la escena.
Era lo que quedaba dentro de cada uno oculto,
la alegría quizá, que le costaba sangre
a aquellas tierras de secanos cuando
un campesino alzaba como un Dios
su ronquido total, su enorme queja,
su gran desolación vestida de colores.
Antonio Hernández Ramírez (1943)
Poesía de la luz [Desde Puerto real). La isla de Siltolá. Sevilla. 2012
Me quedé en ella porque era hermosa
y necesitaba su alegría. Nunca
se puede ocultar al corazón
lo que han visto los ojos. Nunca
la alegría al canto. Repetidamente
fui viviendo en sus cosas y aprendí
por los ríos, el amor; por un pájaro,
el desvelo en la paz; por las nubes ligeras,
la forma de vitarme algún recuerdo.
Todo estaba limpio por sus tierras.
Hasta los pobres, en vez de dolor,
se una seguridad insuficiente hablaban.
Hasta los jornaleros, en vez de justicia,
resignación decían. Era un modo
de ahuyentar la tristeza. Se conformaban
con los que le venía desde arriba,
y con un cante que nació en las raíces
de su pena y fue extendiéndose a las ramas
del mundo, como al amanecer la luz.
Cada día iba aprendiendo más: que el vivir
no es un ave que pasa, sino un pozo
que queda allí para el que necesite beber,
que el llevar una tierra clavada en las entrañas
vale más que haber pisado un continente entero,
que morir por los brazos de una madre
es la gran solución para santificarse.
Andalucía era limpia, y por eso
al renacer en ella, al darme cuenta
que no solo de fiestas se trataba,
defendí su ilusión de más de mil dolores,
apoyé a la alegría cuando enmascaraba la tristeza,
robé a todo lo hermoso cuanto pudo mi amor.
No. No era un vino o una guitarra la escena.
Era lo que quedaba dentro de cada uno oculto,
la alegría quizá, que le costaba sangre
a aquellas tierras de secanos cuando
un campesino alzaba como un Dios
su ronquido total, su enorme queja,
su gran desolación vestida de colores.
Antonio Hernández Ramírez (1943)
Poesía de la luz [Desde Puerto real). La isla de Siltolá. Sevilla. 2012
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