domingo, 3 de febrero de 2013

La partida

La partida

Allá en el vaso grande
del huracán de invierno
nace la calma partícipe
de la flor.
Tan pacífico y asomado a tu rincón
de allende las farolas, las aguas limpias
y celestes de una ciudad marítima
a la vieja usanza, con su piel morena
y su olor a salitre confundido
su cuerpo con el mío.

No sé a qué sabe el celo
de tus manos.
De la carta al velamen
la curva de poniente se abre
y tu corriente entibia
el seco país donde nazco.

Éstas tus manos atronadoras
en los oídos de mis ingles
beberán alumbre salvaje
de mi centro y mi ansia
de poseer el océano. La malva
para quien escarbe la tierra dura.

El mar, sólo el mar, y yo
con todo el mar
bautizándote
como mi espera.

Sofía Serra (De Suroeste)

Sobre el tapete

Sobre el tapete

Juego en realidad
en el campo de su mando
maniatada y entumecida
por el frío. El estadio
de fútbol de noche,
el césped artificial
que aun sintético
recoge todo el relente
verde negro las gradas
vacías las abiertas
esquinas que no sé
hacia donde vomitan
la música parada
no se oye
la vida
en este vacío insomne
que no me permite amanecer.

Se me acabaron los ases en la manga,
la partida la gana siempre ella
no importa hacia donde mire
sólo hay noche y mucho frío
en el juvenil estadio
de mis ilusiones
siempre muertas,
faltas ya de sus días
por delante.

Futuro memorable
en derrotas
me atravesaste
con tu espada
triste y necia.
Y yo te he creído
y me he desangrado
hasta morir.


[¿Qué nos han hecho, qué nos están haciendo? Están volando con-tro-la-da-men-te la ilusión por la vida de cada uno de los españoles. Están abocándonos a la tristeza, al desencanto. Están reconvirtiendo un país que aun con todas su torpezas a lo largo de la historia, siempre ha estado habitado por un pueblo o varios, cada uno a su forma, que al menos individualmente ha sabido dar su lugar a la vida. A la celebración en su exacto sentido del gozo por la vida. Nos están matando espiritualmente. Nos encaminan hacia una especie de suicidio común de almas fruto de la depresión en la que nos han metido.
El porqué es lo de menos ya. No podemos permitirlo. Estamos solos, los españoles estamos solos. O nos unimos o dejamos de existir como lo que en algún momento algo más feliz hemos sido.]

(Domingo, 3 de febrero de 2013)

(Despertar un domingo por la mañana y escribir el poema y la reflexión de más arriba sin que haya motivo en mi vida personal para tanta tristeza resulta realmente desalentador, inexplicable a través de mis neuronas. Desde luego si ESTO es lo único que me sale a partir de hoy, decido firmemente en este mismo momento dejar de escribir. Que este blog me sirva de "notaría", de levantamiento de acta pública. No deseo dar carta de naturaleza a una depresión sin motivo plausible, a una tristeza yerma, y aún menos transmitirla. Se escribe para transmitir, no sólo para dejar huella para el futuro, yo al menos, y hoy sé, tras 11 o 12  años de escritura sin pausa, que uno de los motivos fundamentales por el que lo hago es el de intentar embellecer y alegrar este mundo, o al menos tratar de moverlo para que los demás abrieran los ojos a lo que hacíamos mal para, así, poder hacerlo mejor, no el de tornarlo aún más sórdido y cruel de lo que es o recrearme en su pesadilla.
Ésta es mi rebelión. 
Y ésa era mi rebelión.)

sábado, 2 de febrero de 2013

El sauce llorón

El sauce llorón

Porque escribir puede que sirva para los futuros,
pero de nuestro presente, ¿quién va a hacerse cargo sino nosotros?

si escribo nombro futuro.
me pregunto quién
puede escribir nuestro
presente sino
para él escribir
en su pasado.

En presente inacabado
registro para mañana
leer un futuro que aún
no ha comenzado.

Densa y lúcida simiente
de algas sobre la sombra,
así el sauce peina el aire
cayendo sobre la yerba.

Que el árbol me señale
dónde y cuándo.
El qué y cómo,
el agua los rehace.

su cauce.

Gemir hasta reventar.
Gemir
hasta hacer
estallar el cauce.
Como el sauce
llorando manando
verdes sobre el suelo.

Sofía Serra (De La clave está en los árboles)

Tres eran y son tres tus hermanas





Querido hermano Carlos, como tú aún no habías nacido, ya sabes que llegaste cuando Margarita tenía 10 años y mamá no esperaba tener ningún embarazo más ¡y mucho menos de varón!, porque el médico le dijo que no le "cuajaban", me ha saltado hoy, cumpleaños de tu Elena,  la necesidad poética de dedicarte ese poemario tan especial para mí, Los cabezos amarillos. Así te hago allí en un tiempo sin tiempo y con lugar. Y le enseño a Elena a sus tres hermanas cuando eran casi como sus niñas (bueno, un poquito más crecidas). Feliz cumpleaños, querida Elena.

La soberbia costra

La soberbia costra

Extrañamente seda
venero y exclamo
el tragaluz de tu ceguera,
diosa de la envidia
jubilosa. Porque si el tronco
te atraviesa, ¿a santo
de qué construir
pozos artesianos?

Sofía Serra (De La clave está en los árboles)

viernes, 1 de febrero de 2013

dicta-dura nuestra boca blanda

dicta-dura nuestra boca blanda

los hombres tienen sed
y no doy abasto (el río)

Los todos mordemos
con firmes dentaduras:
                                        aprehender
duras aguas al beber el llanto
de todo cristal gozoso
verde o negro
estallado por el viento inasible
de la iniquidad, la vesania
y la hambrienta injusticia.
Sus cristales se nos clavan
en la lengua antes de            pronunciar
una reseca ignorancia más.

Aprendemos a masticar
con las llagas,
nadie nos emboca bajo
el puente de la libertad:
Sed de maestros, sed
de vosotros mismos.
                                        Perteneceos.

Sofía Serra (De Suroeste)

jueves, 31 de enero de 2013

El perdón

El perdón

aun
sin poder
     contar
              con
     saber
si
sobre
tu boca pasean los galgos
liberados del miedo del invierno,
los alcatraces recorren veloces
las plumas de la nieve tundra
callando en el mar.
me pregunto si la sal
derrite las menudas pestañas
que te separan del alumbre.

servicio de mensajería externa,
¿a qué con-vida el recurso de tu boca?

Sofía Serra (De Suroeste)

miércoles, 30 de enero de 2013

la diosa del coto

la diosa del coto

por co-regir,
viviremos bajo el puente.
selectas endoscopias
nos revelan la patria
que me urge.
A veces cantan los cómplices,
si es que los hubiera, en señal
caleidoscópica de tan venerables
agua verde y azules remos,
siesta endeble regida
por la suerte de sucederse
no se sabe si hasta el sol
o hasta que la marea se estrelle contra los pinos,
paisaje tan envidiable hasta para las garzas.
me hundo y atabico
en este limo caliente
de tu ingle alambicada
en mis pulgares entrelazados
entre tus patas de ave acuática,
¿para cuándo los pelícanos?
me pregunta el límite de tus ojos
rojos y tímidos
como dos grandes copas
de mi futura
porque siempre abierta
en ráfaga de silos
siempre agua blanda
y vino remanente
y cerámica taciturna
y bordados nocturnos, siempre
juvenal la blanda rosa pura
franca de turnos
imprecisos e inolvidables
por los sueños de los hombres
es tu mente de hembra erecta
que abandona la espalda
para abrazar a un dios
que sólo quiere hombres.

…Y qué más da que sólo existan pájaros
de madera si la madera
es todo lo que existe,
es todo lo que quiero.

Sofía Serra (De Suroeste)

martes, 29 de enero de 2013

La huella

La huella

cuando digo o escribo playa
no digo o escribo playa, no
una extensión uniforme
de arena blanca y lisa ni
un mar salado en relieve
de sus pequeñas o grandes olas.
cuando nombro playa
hago así con mi mano
extendida
un todo liso en la arena
de la playa y un todo removido
como en la curva de la ola
todo plano
cuando digo playa
hago esto con mi mano
un algo así que la palma
de mi mano inventa
con las letras de la palabra
playa adheridas a la piel
arena y fuente fiel
de mi mano
que ahora y en este lugar
aliso sobre el agua
del río sin cauce
ni sombra.
Borro.

Sofía Serra ( De "La clave está en los árboles")

lunes, 28 de enero de 2013

El hombre ahora y yo

El hombre ahora y yo

ahora la playa cabecea desierta,
ahora la playa debe sentirse vencida
situándose entre mis hijos,
se agolpa paulatinamente,
paulinos somos nietos
engendrando efebos
de la antigua Grecia,
sus mesnadas sufrientes,
sus mujeres dadas,
las ptolemaicas abstracciones
pasean por ahora la playa
que hierve en salud de sal
ya tan vista, ya tan visto
y tan dado todo
como en el mostrador
de aquella tienda de ultramarinos.

la velocidad se torna puente
y aún no sé si rodarán
mis ámbitos con guardabarros
o sin ellos.
Esta playa, esta abierta playa,
esta hermosa y amplia labia
de mar valiente y sometida,
esta playa, esta supuesta playa
gimosa, lateral a la medida
de unas cuantas curvas
como el sol te doblega el perfil
cuando miras el horizonte flexible
con verbales respuestas
que se desarman, o se desaman,
en el entrecejo entrecomillado
de las altas luces.
Te regalo el mar para que duermas
en los brazos de la odalisca
siempre numantina ante la vejez,
tu vejez

sonreía con las ruinas de tu nombre
paseando por las mejillas.
Era tal la blandura.
Túnica y mente quisieron
beber de ellas algunas lágrimas,
y sólo separaron tu sed de su alivio
y se calmó la tormenta del vaso
del cristal de tus ojos.
Qué solos se estremecen, temblaron
las hojas sobre la ingenua superficie del mar
tan lisa y caliente como el descanso.

ni nematodo ni platelminto.
sólo tan primitivo una luciérnaga
de las que planeaban suspenderse
del salvaje cielo pleistocénico sin afán
por querellarse contra las eras
que la transformaron en insecto
de algún centímetro apenas.

¡ah!, qué pena, qué pena
pendiente de tus cebollas
y tus mensajeros, qué pena
tus pendientes en las orejas
de escarceo entre los cuerdos y tensos
cuernos de la embestida adusta,
qué pena y solitario magnífico
paseas lamiendo la tierna carne
de las gustosas anémonas virginales,
tan cándidas y primeras
como el ciclamen de invierno,
qué pena tu alba blanca de sacerdote
ungido por la cabellera del arroyuelo,
qué pena que no te merezcas,
qué pena ese sol en la puesta de poniente
que sólo sabe iluminarte a contraluz.
Los negros te hacen flaca justicia.
Aunque te alimentes de la gorda:
la abundancia.

Tendré que aprender a reconocerte.
No tienes carne ni huesos,
tu mano imaginada me sabe a hueco
y sobras de algún aire
lejano tan impreciso,
y sin embargo me hinchas el vientre
con las domeñadas de tu abrigo,
las insurrectas,
tendré que reconocerlo algún día
de esos que no existen, cuando la noche
se haya ido y la mañana no asome
pero todo sea luz o blanca nube,
tal vez nieve en los adoquines del sur
o la mialgia de amarte
—qué solo te encontré en la esquina
entre los barracones de feria
sentado sobre el barril de madera
de mi alma hueca—
que esperábamos ser llenados
o desarmados para volver
al naufragio que se durmió
sobre la orilla de, ahora,
nuestra playa.

Sofía Serra (De Suroeste)
 
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