Entereza
A medias
no me sueltes
porque estoy
muriendo como
si a mi muerte le importara
que tú o cualquier otro
me sujetase.
El bar, la media copa media
tu postura sentada
a medias sobre medias piernas
tuyas, o sea, tus muslos
tan oferentes como tu boca
abierta a la ventana o yo
y la copa de agua
que medio sostenías
con tu alma no me sueltes,
repetía
el espejo sobre la barra
reflejándote corrí
escaleras abajo
hacia el infierno:
la calle tan estrecha
era el mundo sin ti
las fuentes y las luces,
la noche, doméstica
poesía de la memoria
de nosotros siempre
a medias.
el amor es entero
porque significa
y dignifica sin
nada ni nadie
que lo medie.
(Sofía Serra, De Los cabezos amarillos)
martes, 1 de enero de 2013
Respuesta a un correo felicitación de año nuevo
En el que se citaban tres versos míos y la palabra "desolación"
con respecto al estado de las cosas en este país.
XXXXXXX, en serio, te hablo muy en serio, por muy grave que esté todo, pienso que se "exagera" en el sentido de que:
uno, aún esto es un país democrático.
dos, que la desolación llegue o no depende de cada uno de nosotros.
tres, hundirse en la depresión sólo sirve para claudicar.
A mí nunca me quedan fuerzas, pero siempre las saco no sé de dónde (esto es parte de ese cuerpo extraño del poema)
Yo me quedé sin estado de derecho hace muchos años, sin estado de derecho y en la pobreza y en la soledad total con respecto al resto de mis conciudadanos. La solidaridad, e incluso el apoyo moral o caritativo o de simple cariño se nos negó, a mí y a mi familia. Pude caer en la depresión más horrible, de hecho caí, (hasta pensé en "suicidarnos" a los tres, ya imaginas) a mi estilo, es decir, no claudicando. Salí a flote por mí misma.
No creo en las negatividades, no creo en la ironía, no creo en los sarcasmos, no creo en los olvidos, ni de lo bueno, para saber alegrarnos, ni de lo malo, para poder asumirlo si no tiene arreglo, para poder arreglarlo si es que lo tiene. Sobre todo creo en que teniendo dos pies y dos manos, aunque estén amarrados y hasta cortados como a mí me los dejaron, se puede seguir luchando, con mucho esfuerzo y dolor, eso sí, porque lo bueno llegue, porque la desolación sólo signifique una tierra en barbecho aireándose para poder volver a sembrar. Eso es en lo que creo, o al menos ese es el único y gran sentido que le veo a la vida aunque sepa a ciencia cierta que al final morimos (eso es lo de menos).
Si lo paso mal ahora, te aseguro que es, aparte de porque los hechos políticos me afecten mucho, por la actitud que veo en "los otros": depresión, muertos en vida, vaciedad absoluta, recreo en la mierda, sarcasmo, ironía, no hay, no encuentro ni un solo corazón inteligente con fuerza de voluntad suficiente para trabajar, luchar por hacer bien o mejor.
Si España está tan mal lo lógico sería sacar las armas y montar una guerra, hacer desaparecer al 50% de la población y volver a comenzar. Pero sé bien que el derramamiento de sangre sólo trae más problemas a la conciencia de los pueblos y del ser humano.
Sé positivamente que lo malo, sea lo que sea, sólo se arregla con voluntad y capacidad para subvertir lo malo en bueno, lo feo en hermoso.
Esto, esta actitud o psicología mía es lo que ha crecido torcido dentro mí, torcido respecto al resto de los seres humanos o la sociedad que me ha tocado vivir. Ese es mi dolor nada más. Soy ajena, soy extraña a todo. Y a la vez tremendamente afectiva, o tremendamente creyente en la capacidad del ser humano. Este es mi único conflicto.
Espero que con todo esto que te digo te quede algo más claro cómo soy, y por qué, y lógicamente, aparezco cansada muchas veces, todos los finales de día.
Un beso, XXXXXXX.
lunes, 31 de diciembre de 2012
El círculo y el cuadrado
Me despierto casi sobresaltada. Las cuatro y media.
Insomnio de madrugada. Desde ayer algo alterada, las mariposas del estómago han debido volar hasta mi cerebro, y ya se sabe que una mariposa aletea hasta dormida. Conclusión: insomnio como si tuviera que preparar cena esta noche para un hotel entero, cuando seremos siete, y dos se irán tras las uvas.
A la vez que se hace la carne en el horno aprovecho para intentar hacer avanzar las correcciones de el hombre cuadrado. Digo aprovecho porque me pesa ya como una losa. El poemario final de uno de tres, o una trilogía, o tres en uno.
La carne ya se ha hecho.
Acabo de terminar de corregir. ¡Lo he conseguido! Por fin han encajado esos malditos poemas tan extraños. Por fin he podido firmar final. Un año menos cinco días. Terminado de escribir 5 de Enero de 2012/ terminado de corregir 31 de diciembre del mismo año. 360 días-grados!, ¡círculo cerrado!
Sorpresa y paz.
Por fin puedo comenzar con las correcciones del ciclo de suroeste, ese que me gusta tanto. Este de el muriente, la dosis y la desmedida y el hombre cuadrado ha resultado agotador. Claro, a quien se le ocurre, me escaqueo del mundanal ruido por cuanto me chirría, me escondo en la poesía y voy y me da por ponerme a pelear encima de la costra dura de la nomenclatura a través del verso. Así he acabado, o así han resultado todos estos meses, como si librara una batalla con espadas y hasta armadura: agotadores.
Tenía que hacerlo, tenía que poder reconciliarme con el hombre cuadrado, el que vive aquí encima, el mismo que yo misma soy. Aunque salió sin pretenderlo.
Todos mis poemarios terminan o en blanco o con “final feliz”. No lo hago adrede, salen así. Recuerdo cuando estaba en foros de fotografía que Joseba me decía algo parecido, que siempre en mis fotos hay un punto de salida, una zona de luz como abertura en la esquina casi más oculta. Y es cierto. No tolero la imposición del imposible, del no, de la cerrazón, del final a oscuras, del final sin posibilidad de seguir.
Siempre un camino más, siempre una puerta abierta cuando otra se cierra. Siempre la oportunidad. Siempre.
No creo en otra cosa. ¿Para qué si no estamos en el mundo? Pues para vivir ¿Y cómo se vive? Pues andando, continuando, no quedándonos de brazos cruzados.
Siempre una puerta abierta, siempre. Nunca el imposible.
Nunca cierro los botes de gel, ni casi las puertas de los armarios de la ropa, siempre puertas abiertas, siempre el bolso abierto cuando salgo a la calle. Nunca me han robado nada de él a pesar de tantos avisos. No sé ir con el bolso cerrado.
Ni quiero aprender.
Me ha entrado hambre, por cierto. Pero la carne es para la noche. Me conformo con una tortita de arroz y un buen té con nube de leche de soja, el segundo desde las cuatro y media.
No está mal, carne cocinada y tri-poemario terminado de corregir.
Sí. Hoy sí me sentaré en el sofá a ver una peli tras la hora del “almuerzo”. No almuerzo pero la situación doméstica parecida, picoteo. Seguro que se me cierran los ojos con el croché en las manos. Sonrío: así podré recibir al año nuevo como es debido. Tiene un número bonito, me gustan los impares, aunque sume seis yo sólo veo el cinco, que es el más bonito de todos. 3+2=5, y el 10 al revés en medio que es el doble de cinco. Composición numérica/visual armónica y equilibrada, como un perfecto lienzo de Leonardo.
A por el té. La nube es de leche.
domingo, 30 de diciembre de 2012
Chance (Poema de Javier Sánchez Menéndez)
Chance
Llevo toda la vida mirando las estrellas
y ahora que puedo disponer de tiempo
dedico más espacio al corazón ajeno
que a la suerte.
Y nunca amo por fe, puede entenderse:
la pasión es una verdad tan grande
como una estrella.
Toda una vida para conocerme
y ya ves:
estoy aquí,
cansado del destino
y de la muerte.
(Javier Sánchez Menéndez. Una aproximación al desconcierto, 2011)
Generaciones equis y año nuevo
Generaciones equis y año nuevo
Acabo de cumplir cincuenta años. Desde mis veinte casi exactos oigo hablar de ella, de la generación “x”, de la generación perdida. Era la nuestra. Para nosotros. Salíamos al pairo del paro que llevaba décadas azotando España con nuestro título universitario bajo el brazo. En cuarto de carrera tuve conciencia de hacia donde me abocaba mi elección en la vida como estudiante: sólo había dos salidas por entonces, ni por tierra, mar o aire. O las puñeteras oposiciones para profesora o al paro, paro en el que la mayoría llevábamos apuntados desde que cursamos los antiguos niveles secundarios, en mi caso desde los 15 años (tercero de bup). Por aquel entonces era legal trabajar a esas edades, como la mayoría hacíamos a la vez que estudiábamos.
Pero ni por esas. Toda nuestra adrenalina cargada de utopía de la que nos alimentamos algo descompasadamente (el 68 francés no era nuestro ni por ser de nuestros padres, porque a ellos no perteneció, eran mayores; sólo y quizás podían sentirla como directamente heredada esos que tenían la suerte de tener hermano "muy mayor") la apostamos en la lucha por esta democracia que hoy, y gracias a unos pseudo-utopistas sin dos dedos de frente, que solo han conseguido confundir aún más al personal, más el consiguiente desgaste de aquellas generaciones sesenteras una vez bien asentados en el poder en las pasadas décadas, está casi herida de muerte.
No me lo creo.
Lo de herida de muerte.
Generación equis. Sonrío muy irónicamente. Generación perdida la de nuestros padres, hijos de una guerra. Sin embargo tuvieron los arrestos necesarios para seguir adelante cuando sobre ellos sólo planeaba el vuelo de una dictadura de verdad, una dictadura que no permitía casi ni pensar, y de la que algunos cerebros, más o menos privilegiados, prefirieron escapar. Un sistema bajo el cual, acercarse a una biblioteca pública estaba no bien visto, una generación en la que mientras unos tuvieron que dejar estudios por sacar a su familia paternal adelante, otros tuvieron que criarse bajo el secreto de la orfandad. Entonces no existía ni el paro, ni casi seguridad social. Ellos, ellos fueron la verdadera generación equis. Y de ella hace ya más de cincuenta años.
Pero a todos nosotros nos parieron, y con nosotros a los que detrás siguieron llegando bajo un país con una democracia instaurada por referéndum popular, sufragio universal. De todos los españoles. Todos.
Este país, cuyos ciudadanos al parecer sólo se caracterizan por estar preparados para el acto del a ver quién mejor los pone sobre la mesa o bajo ella (o verdugo o víctima), necesita dosis de racionalidad para saber asumir papeles en la historia, dejarse de victimismos absurdos y ponerse a trabajar con las dos pelotas que normalmente sólo sabemos echar a la banda (tan dados somos que cuando la poseemos en vez de balón vemos dos cubos exactamente cuadrados e insusceptibles de salir rodando), cuando una, aunque ya no suele divertirse viendo el fútbol, sabe que la única forma de meter el gol es no perdiendo el dominio del esférico y llegar a puerta antes que los otros hayan armado su defensa.
Y es que en este país sucede como cuando la selección española perdía todos los partidos en los mundiales o en los partidos internacionales que solía ver con mi padre: en cuanto marcaba el primero, ya se sentaba en la poltrona, equipo al completo, con lo cual solía terminar perdiendo. Claro que peor sucedía cuando no conseguía marcar al principio: no había quien sacara del agujero de la depresión al equipo. Mi padre y yo jugábamos apostar a cuánto quedaba España, normalmente siempre alegrándonos de la victoria del equipo extranjero.
Y es que no hay nada mas desagradable ni humanamente incongruente que desear que gane quien va de víctima, quien escoge ese papel allá en el reparto. Resulta mucho más cómodo sentarse a descansar que pelear por ganar, o al menos, intentar quedar como el nivel real de juego que se tenga. No hay mayor injusticia ni mayor descalabro que apostar por perder.
Y así nos va.
Y así nos ha ido desde hace siglos.
Y así seguirá siendo por los siglos de los siglos a menos que nazca (rezo para que ya lo haya hecho) la generación sin complejos de haber nacido en España, o como mínimo en esta Península Ibérica (una revolución de los claveles, ¿habrá nombre más hermoso para una revolución?, y una transición ejemplar, sí, ejemplar, nos contemplan).
Pero eso sólo dependerá de la educación que las distintas generaciones equis (al parecer en eso sí somos los campeones) demos a los que vayan llegando. Como siempre.
Como siempre.
sábado, 29 de diciembre de 2012
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Atónitos paseantes
de la heredada,
¿de qué se compone un hueco
blanco y seco
aludido por la inerte
cuando mesura intacta,
sin roce posible,
su-primida
fe-haciente
comu-nicada
Victoria en los humedales
con el agujero de metal
por el que se va la vida
litúrgica, mitológica
y soterrada,
y el sofá, de quimiogénesis extendida
como si goma suntuosa fuera,
como si las paredes chorrearan
oro y esmaltes derretidos,
licuados metales preciosos
deviniendo en los mágicos
colores de la lluvia, el sol,
la yerba, los insectos, las flores
y la naturaleza de todo año
y geografía imaginable
desde el desierto cálido o helado
hasta estos lodos…
para estar hechos de barro,
resultamos poco moldeables,
y, aún menos, fundibles
armónica, lumínica,
humanamente
fusibles
somos.
(Sofía Serra. De El hombre cuadrado)
Atónitos paseantes
de la heredada,
¿de qué se compone un hueco
blanco y seco
aludido por la inerte
cuando mesura intacta,
sin roce posible,
su-primida
fe-haciente
comu-nicada
Victoria en los humedales
con el agujero de metal
por el que se va la vida
litúrgica, mitológica
y soterrada,
y el sofá, de quimiogénesis extendida
como si goma suntuosa fuera,
como si las paredes chorrearan
oro y esmaltes derretidos,
licuados metales preciosos
deviniendo en los mágicos
colores de la lluvia, el sol,
la yerba, los insectos, las flores
y la naturaleza de todo año
y geografía imaginable
desde el desierto cálido o helado
hasta estos lodos…
para estar hechos de barro,
resultamos poco moldeables,
y, aún menos, fundibles
armónica, lumínica,
humanamente
fusibles
somos.
(Sofía Serra. De El hombre cuadrado)
El diente de león y la acacia
El diente de león y la acacia
No vestir nunca en otoño,
desnudar en todo acaso
lo que nos distingue en vana diferencia,
como cada coquina
que desenterré en aquella playa.
Mis pies se arropan
sordos como la llave sorda
abre la casa sorda como
el hueco y el ave sorda
pero cantora.
Que no existe.
Berenjenar y subsistir, quemar
banderas y palos de arte mayor
y que el cruel castigo del látigo lacere
tu espalda herrumbrosa como vigilia vejada
por las nocturnas estrellas,
vender viento a manos llenas
hasta dormir desnuda.
Se aploma el disfraz
para el que nunca muere,
para el que permanece
sobre el manto memoroso.
Beber de los meados del ñú
y escupir mierda sobre los girasoles,
los quema y los aja
como si las nubes
evacuaran ácida lluvia:
el desurco de la farsa,
la guadaña del falsete siega
y nutre tu ábaco cejiblanco
con la cuenta de tus andrajos
de seda y mi sombrero cornucopia
colmado de gargajos
y soles nutrientes de clorofila
que el agua escupe.
Abrevarán otros dioses
ahorcados por bufandas
de rayas como el payaso
se iracunda cada vez que se pisa
el pie con el zapato del segundo
colgado de tu rama.
No quiero sino venderme
ante el paisaje extraño.
Su corteza con agujas,
mis semillas como plumas,
—¿por qué tú, justicia,
no apuñalas mandíbulas
de vez en cuando?—
Volvamos al trueque:
cambiaría mi reino
de diente de león
por tu recreo de árbol
fiero e integrado.
Llevamos, ¿cuánto tiempo
acaeciendo juntos?
(Sofía Serra. De El hombre cuadrado)
No vestir nunca en otoño,
desnudar en todo acaso
lo que nos distingue en vana diferencia,
como cada coquina
que desenterré en aquella playa.
Mis pies se arropan
sordos como la llave sorda
abre la casa sorda como
el hueco y el ave sorda
pero cantora.
Que no existe.
Berenjenar y subsistir, quemar
banderas y palos de arte mayor
y que el cruel castigo del látigo lacere
tu espalda herrumbrosa como vigilia vejada
por las nocturnas estrellas,
vender viento a manos llenas
hasta dormir desnuda.
Se aploma el disfraz
para el que nunca muere,
para el que permanece
sobre el manto memoroso.
Beber de los meados del ñú
y escupir mierda sobre los girasoles,
los quema y los aja
como si las nubes
evacuaran ácida lluvia:
el desurco de la farsa,
la guadaña del falsete siega
y nutre tu ábaco cejiblanco
con la cuenta de tus andrajos
de seda y mi sombrero cornucopia
colmado de gargajos
y soles nutrientes de clorofila
que el agua escupe.
Abrevarán otros dioses
ahorcados por bufandas
de rayas como el payaso
se iracunda cada vez que se pisa
el pie con el zapato del segundo
colgado de tu rama.
No quiero sino venderme
ante el paisaje extraño.
Su corteza con agujas,
mis semillas como plumas,
—¿por qué tú, justicia,
no apuñalas mandíbulas
de vez en cuando?—
Volvamos al trueque:
cambiaría mi reino
de diente de león
por tu recreo de árbol
fiero e integrado.
Llevamos, ¿cuánto tiempo
acaeciendo juntos?
(Sofía Serra. De El hombre cuadrado)
viernes, 28 de diciembre de 2012
Llegó el día
Llegó el día
Ya no siento que me aboga la nostalgia
Y me encuentro cansado de llorar.
Ya no me importará más quien gane
Y no quiero de esta fuerza escapar
Volaré por las estrellas una a una
En el brillo de tu cara y tu mirar.
Pediré al sol que toda mi fortuna
Sea un rayo perdido en alta mar.
Sin saber que no me vale
Sin saber que no me sirve.
Ahora siento que llegó el día
Que tengo ganas de vivir,
de atravesar lo muros y ruinas
que aunque pase el tiempo están ahí
y florecer como un hombre nuevo
sin miedo a las tragedias por venir.
Regalarle a la vida todo el fuego
De tus ojos y tus ansias de vivir.
Iba vestida la aurora
Con rayos de sol
Y en los cabellos prendida
Llevaba una flor
(Jesús de la Rosa. Triana)
El proceso
El proceso
Si eres aire, seré águila,
con tu calor me elevaré,
con tu frío descenderé.
Si eres agua, seré pez.
tu oxígeno me alimenta
a través del aleteo
de mis rojas agallas.
Si eres tierra, seré semilla
que germinaré y crezco
mullida en tu caliente lecho.
Si fuego eres, yo soy oxígeno.
La ceniza del tercero
ahuecará la tierra,
que se aireará.
(Sofía Serra)
Si eres aire, seré águila,
con tu calor me elevaré,
con tu frío descenderé.
Si eres agua, seré pez.
tu oxígeno me alimenta
a través del aleteo
de mis rojas agallas.
Si eres tierra, seré semilla
que germinaré y crezco
mullida en tu caliente lecho.
Si fuego eres, yo soy oxígeno.
La ceniza del tercero
ahuecará la tierra,
que se aireará.
(Sofía Serra)
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