viernes, 28 de diciembre de 2012

Vuelve este lugar

La crisis ha sido de órdago, a punto de la catástrofe. Como mínimo ha conllevado que este blog se quede sin fotografías (problemas con una de las cuentas). No voy a quemarme en reponerlas, además de esfuerzo ingrato, no tiene sentido. Trabajar en este medio presupone la asunción de estas limitaciones. Son muchos años ya como para no tenerlo asumido. El grafos en internet es tan volátil como el alcohol de 90º.
La única huella que me importa verdaderamente es la que dejamos impresa en el alma del otro.



jueves, 27 de diciembre de 2012

Aflorar

Hoy voy a intentar retratarlos, a mis cabezos amarillos, que así comenzaron:

Aflorar

bastando dar se reciben
puñados primeros pétalos
y guardas
de una mujer
joven.
Yo salgo si
tú me besas o me hundo
más bebida
tu fragancia
de generosas
emanaciones.
Huele a flor y nata
de misterio
bajo tus párpados

se me escapa la palabra
por los circuitos fluviales
de mi denso estero,
que también ya huele,
a regaliz.

todo es silencio en este mundo
lleno, tan lleno.
La paz y la última palabra
someten su aleteo universal
al canto de tu ademán
de reyes, munífico
ente diurno y taciturno
hoy, mañana
ya veremos.

(Sofía Serra. De Los cabezos amarillos)


Invernando

Invernando

No durmáis, no desfallezcáis.
Nunca
No viváis.

Sabiéndome pequeña hoy,
hoy aún más que ayer
donde ya supe
que, aun pequeña,
la tierra me recuerda,
sólo me queda desearos grandes.

Mi medida vuestra comienza
en la yerba salvaje
que me esconde
y os atusa las nalgas desnudas.
Acaricio siendo tierra
fui cada uno
de vuestros sentidos
sin número.

Me fallecen las raíces
de las piedras
en las palabras
de la vida.

Sofía Serra

Salomé y la inocencia: el sincretismo como conocimiento o salvación

(Cartel, recorte del lienzo original de Valdés leal))



Aquí está la auténtica Salomé, la inocente hija bailando ante los invitados de su padre sin poder prever (era inocente) que el despliegue de sus dotes, y el consecuente entusiasmo provocado en su progenitor, desencadenara posteriormente la tragedia, el desenlace de la tragedia, ya anticipado por la mente de la soberbia, celosa y frustrada Herodía, su madrastra.
Un cuento con final infeliz, al contrario que los que nacen en la Europa del Norte.
Es la inocencia, si no la que provoca todo el mal, sí el campo idóneo para que la perversión actúe, obtenga sus frutos siempre dañinos, simplemente pervertidores. Tan sólo por este motivo, el hombre ya no puede ser considerado culpable, debe ser eximido de cualquier castigo de infierno al que quieran condenarlo. El hombre, por puro acto conforme a su naturaleza, conoce. El que desea permanecer en la inocencia, además de agente inconsecuente y agente contranatura (resulta un imposible), está actuando contra la progresiva instalación del bien en este mundo.
No hay nada más favorecedor de lo perverso, es decir, de la perversión, que la sostenella y no enmendalla posición de favorecer la inocencia. Como esta jamás llega a existir en el ser humano, sólo puede nombrársela de una forma a posteriori: la ignorancia, ya sea impuesta (tabú), ya sea deseada (molicie). Si deseada, sólo puede ser contemplada como perversión de los instintos más naturales del ser humano: el acto de descubrir, de conocer.

Salomé de Valdés leal es la primera sevillana (andaluza occidental, el “reino de Sevilla” éramos muchos antes de mil ochocientos y algo, momento en el que administrativamente se dividió España en las actuales provincias) representada en la historia del arte, bailando cualquier danza de la época en la que ya se advierten detalles sólo adscribibles a esta zona geográfica, extenso, un suroeste extenso para extenuar sed y algunas sedes, desde la postura de los pies, pasando por la de sus brazos, hasta las castañuelas (crótalos cretenses, griegos, romanos, hispánicos en definitiva, donde adquieren la forma y el toque que hoy conocemos) y , sobre todo, el rojo atrevido pictóricamente hablando, de ese vuelo de faldas, como el que cualquier disparo de cámara fotográfica lanzado a un traje de flamenca que vista cualquier mujer pudiera hoy en día recoger.

Algo difícilmente verbalizable me hizo dejar las clases de flamenco el año pasado, además de algunos imponderables: no encontré en él mi raíz. Se han empeñado en hacerlo heredero, al flamenco, de tan solo una herencia gitana y hasta mahgrebí. Apenas renombran las raíces puramente ibéricas y clásicas (romanas, griegas, tartésicas, fenicias!)). Y es cierto que de aquellas culturas bebe. Pero en el flamenco, en el flamenco de este suroeste hay algo más, algo que en mi sentir sobre él, porque a mí se me van los pies al escuchar un ritmo flamenco aunque luego no partan hacia el viaje, relaciono con la misma tendencia que, por ejemplo, durante el desarrollo de un soporte barroco por excelencia como es la imaginería sevillana de aquel siglo (XVII), se manifestó. Jamás encontraremos imágenes de cuerpos sangrantes o deformados por el dolor o la muerte en la imaginería sureña. Esa se reserva para la imaginería castellana. Aquí los cristos son verdaderos efebos, cuerpos con rostros dulces y tan bellos como los de cualquier escultura de la Grecia clásica. Perfectos hombres bellos y juvenilmente maduros los cristos crucificados de este sur. Las dolorosas, igualmente, manifiestan o rostros jóvenes representativos de una belleza arquetípica de la zona, son afroditas madres llorando (afrodita-madre-llorando). Difícil, aunque alguno exista, encontrar rostros trastornados en su armonía por el efecto del llanto o del dolor. Es decir, la tradición de este suroeste bebe de un gusto por la expresión equilibrada y no “patho”-lógica de las cosas que hasta en los tendones que unen mis tobillos reconozco. Mi flamenco, y como el mío sé que el de muchos, manifiesta, bebe del agua de un pozo claro que hoy en día tan sólo puedo identificar con el agua cristalina de los cabezos (porque escribo ese poemario), o por tal vez el gusto de cuando fuimos musulmanes (pelirrojos, morenos y rubios) con la correntía del agua llegando por las acequias de los ladrillos hasta los naranjos.

Y quien dice naranjos, dice encinas. U olivos.

La mesura, que no es más que medida, la necesidad y el gusto por el equilibrio, la armonía. En definitiva: la búsqueda de la Belleza.

La pérdida de ella nos retrotrae a la sinrazón que algunas, muchas veces, hace acto de presencia en este mundo. La pérdida de la medida humana de las cosas.

Este medio es fiel exponente de ello, de la pérdida de la medida humana.

Esta es una comarca privilegiada, este Suroeste. Su situación geográfica, inalterable a menos que nos remontemos a los tiempos del Pangea, es la variable, sin embargo, que ha hecho posible la asunción del sincretismo como seña de identidad.
Desde mi punto de vista, en un sincretismo, las variables no son las culturas que llegan. En un sincretismo, en el de este sur al menos, resulta el lugar el depositador siempre de la variabilidad, el matiz, el elemento de la ecuación que favorecerá que determinada cultura adviniente adopte los matices, las inclinaciones oportunas que posteriormente la harán ser considerada como ineludible en el desarrollo histórico, si no de la humanidad, sí de una gran parte de la historia de sus civilizaciones.

Salomé de eso nada sabía, claro. Más se acercó Valdés Leal al pintarla, al retratarla como una joven andaluza, con todas las comillas, de buena posición. No obstante en la leyenda bíblica es la hija del rey, y en la pintura de Valdés leal simplemente una muchacha, lujosa pero discretamente ataviada, bailando una danza propia de la época y de su lugar, una danza que curiosamente me recuerda al baile del son conocido como “sevillana”.

Entre el estereotipo desgarrador del flamenco y esta pintura se abre el gran abismo. Para mí el mismo que me separa, “pero me une”, al tópico del flamenco, no ya actual sino hasta el conocido como cante jondo, por más que todos me transmitan. Es la belleza del sincretismo, de los que nacemos bajo su signo. Las raíces que él mismo despliega bajo la costra dura de la nomenclatura nos hace a los humanos que en él vivimos receptores, apercibidores de mil signos diferentes de tantísimos devenires culturales.
Y quien dice culturales, dice humanos.



por Sofía Serra (sagesse)

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Amanecer (el suceso)



Amanecer (el suceso)

no es el tiempo,
es el lugar el que acude
a nuestro encuentro la luz
nos señala.

Y se habitúa el día
a la medida en nuestras sienes
gozosa la perpleja
se abre de mundo
a su hambre de vida
mata sucediéndose.

besa el beso
que imagino doble
salto vital
en secuencia es

energía del momento
porque vive
el beso el lugar
sobre tus ojeras,
así como unos pequeños
y luminosos páramos
comparados con el desierto
y su ausencia,
tan repletos de ti.

Sofía Serra

martes, 25 de diciembre de 2012

Rosa de Alejandría

Rosa de Alejandría

en el tiempo justo
de momento en su estallido
la obcecación en el justo
tiempo de la bifurcación               comienza
por desandar lo aprendido.

Manifiéstate como una rosa,
sálvame de Alejandría
y su biblioteca en llamas.
O mejor, quémame
como si yo tu
manifiesto fuera
en blanco.

(Sofía Serra)

Platón y yo (pandemia)


(de borrador a publicada)

El vocablo "pandemia" no significa "enfermedad que afecte a todo el mundo", me da igual lo que diga el DRAE, sino exactamente "todo el pueblo"; pan, todos, demo, pueblo, gente, población, nosotros. Y mi afrodita es la unión de la Pandémica, la de todos, masculino y femenino, y la Urania, la terrena, la engendradora y la pura por el cielo engendrada, las dos.
Aunque ni yo misma lo supiera, siempre va saliendo.
Supongo que es natural, no le perdono muchas cosas a Platón.
O a sus interpretadores (en esto me sucede como con el jazz)
Pobre Platón que sobre sus espaldas todo lleva. (Creo que es la segunda vez en este blog que emito la cierta lástima o compasión que me produce su figura.)

Siempre he considerado a Platón como el gran carcelero de occidente, por muy idealista que pueda saberse su concepto o o por muy platónica que yo me considere ( o me consideren). Tengo en contra de la caverna que nadie mire a sus espaldas, en contra de Saramago (a "mi" Saramago)  volver a usarla como casi le hubiera disparado la fotografía, un vaciado como esos de Pompeya de la condena de nuestra conciencia... Platón, Saramago, espíritus con los que me identifico pero contra los que  mi sustancia verdadera lucha. Siempre acabo agotada. No termino de poder situarme en sus tesituras, ¿por qué condenados a tan solo ver las sombras?...Jamás, ahí es donde siempre estoy, desde ahí reniego de cualquier idealismo. Porque creo que la prueba de que verdaeramente existen las ideas es el impulso que nos nace y consigue que nos levantemos de delante  de la candela, nos demos  la vuelta y busquemos el origen, la verdad.
Ya,  amarrados... ¿qué cómo y de cuándo?... Eso no se lo cree ni el más "pintao".
Además, si estamos muy cansados, o muy acomodados, siempre podemos entretenernos en estudiar las sombras.
Platón no fue mujer (quién sabe, en aquella Grecia ¡cualquiera se hubiera trevido a serlo! Reivindico mi forma hetero y mi capacidad procreadora, que sin el gameto masculino de nada sirve, necesito y amo al varón, lo deseo, me importa un pimiento que luego le guste meterla en otros lares más "homo"géneos con su figura. Mi varón de dolores, ay, que castrado lo dejamos... me voy a volver loca.
Reniego de toda esta civilización y de quienes continúan sustentándola, este medio incluido.

Platón no fue fotógrafo (no pudo), por mucho que muchos fotógrafos se lo adueñen.


Autorretrato con medio siglo

24/Diciembre/2012. Nikon D7000
Ya es mi cámara. Hacerme el autorretrato que llevo disparando desde creo recordar que los 18 años era esencial para que se sintiera en su casa, mis manos. El reflejo con las palmeras, recién podadas, del Palacio de las Dueñas, el cielo, cipreses, los pináculos de cerámica azul y blanca, los tejados. El interior con el perfil de mi madre, la funda de sus gafas. Hasta se vislumbra el lomo de "Signos cantores". Uno de los óleos que más me gustan de entre todos los que pinté sobre el campo, el espejo biselado y la lámpara de mi abuela, la reproducción de los amantes de Picasso, las macetas de mi hermana ( o de mi padre o de mi otra hermana o hasta mías, herencia de mi abuelo el gusto por ellas). Hasta la bolsa rosa con el regalo que mi madre me había comprado por mi cumpleaños, el pijama que hoy no quiero quitarme. La silla vacía, blanca. Curioso, como las del campo, como las que siempre retrataba percibiendo las ausencias. Esta vez puede representar a mi padre, ahí, enfrente de mi madre, como si estuvieran juntos, y yo un poco en medio, como siempre, lo mismo cuando discutían y sufría y peleaba porque no lo hicieran, como cuando intentaban dormir o se reían. Y el papa noel de "cristal", transparente. Navidad. Mi cumpleaños. Algo especial este autorretrato. Retrata a una mujer de 50 años que mira como cuando tenía 18. Sé bien que de eso se trata.

Dejo que los blancos se quemen.

Esta cámara es un portento comparada con la D-80. Las habrá más profesionales, pero no necesito más. A mí me viene de maravilla la multiplicación de sus megapíxeles. Siempre fuerzo las luces. No me importa el ruido que aparece al hacerlo, incluso aplico filtros que lo potencian a la vez que hipersaturan. La cámara aparece ante mis ojos como como capaz del triple de nitidez que la otra. No sé cómo califican al objetivo. Normalmente hay críticas negativas sobre uno de tan amplio rango, pero yo lo percibo como magnífico. Y creí que me iba a resultar más pesado en comparación con el otro. Pero no. Ya me he habituado, en 50 o 60 disparos ya no me pesa la cámara.
Una joya, una verdadera joya esta D7000.
Gracias a todos vosotros.

(Sofía Serra)

La conciencia del siendo del otro


La conciencia del siendo del otro

Completamente depresiva. Disimulo, protesto, gimo, intento cantar, pero el dolor de espalda no desaparece. No descanso. Tampoco sé por dónde camino. Me faltan las fuerzas o el percibirme. Ya no me hallo. Todo lo pierdo. Conforme construyo casas, las derribo, así lo he hecho siempre. Es mi comportamiento salvaje conmigo misma. De nada me sirve lo ya construido. No me compensa el atesorar.
El nivel virtual del horizonte, dicen en el manual de la nueva cámara. Pero no hablan de cuando no se ve ese horizonte. Existe un término en psicología que me describe perfectamente la situación: proyección. Es fruto de la labor del profesional. El paciente habla y habla, transmite sus padeceres al psicólogo que lo atiende. Al final se libera de ellos porque ha conseguido proyectarlos en el profesional. Normalmente aquí acaba el proceso y el paciente sale sano por la puerta del despacho el último día de sesiones.  Yo no soy profesional de la psicología pero sí especialista en asumir y asimilar los problemas o padeceres de otro. Así, sin más, sin que me cuenten, tan sólo por “apercibimiento”. Este es el sufrimiento que me produce este medio. Percibir tanto y sobre tantísimos seres humanos y no poder manejarme en sus padeceres porque me faltan todos los datos. Percibir y percibir. Asimilar. Asumir cuando puedo. Por eso necesito conocer, por mi propia salud emocional. Si asumes, sales airoso. Si se conocen los porqués, se puede asumir. No hay depresión. Racionalizas y la emoción de abatimiento desaparece. En una ocasión llegué a hacer mío el hecho de matar a una persona tan sólo porque el otro asimilara su derecho a ser feliz a pesar de haber contravenido las normas morales de su propio espíritu a causa de un cortocircuito mental. Estaba preparada emocional, humana y psicológicamente para ello. El hecho de matar a otro ser humano es completamente natural dentro de nuestra naturaleza. Por eso mismo las más antiguas normas que nos autoimpusimos tuvieron que prohibirlo. Si no, no habríamos podido sobrevivir, convertirnos en especie pobladora. Esa es la única causa: mera economía de especie. Después se justificó mediante procesos morales/religiosos, pero en esencia, en origen, nace como pura pauta a seguir para no autoextinguirnos. La conciencia del otro como necesaria para nuestra propia vida. Todos somos necesarios para el buen desenvolvimiento de la tribu. El bien de cada otro resulta vital para la progresión del grupo.
Lo primero que aprendí con el estudio de la Historia, de la vida del ser humano en este planeta, o antes de que comenzara a adentrarme en él. Quizás.
Sin embargo, ESTO, no sé cómo asimilarlo. No hay porqués, me está vedado su conocimiento. Aún así. Apercibo y asimilo. Soy una pura esponja. Todo lo acojo. Todo lo del otro lo hago mío. Mi capacidad de empatía me resulta insana para mí misma. Pero aún hoy no sé cómo dominar esa tendencia de mi espíritu, ni creo que puedo dominarla nunca.
No me sirven las lecciones sobre estrategia. Un resorte interno me impide contemplar al otro como enemigo, como “objeto” al que tengo que vencer.

La depresión me abate en un día de Navidad cuyo nivel de horizonte virtual está equilibrado. Sin embargo, yo lo percibo inclinado hacia la derecha. No me sirve lo que me diga una máquina. Soy incapaz de disparar su fotografía.
La conciencia del otro como necesaria para nuestra propia vida.
La conciencia del siendo del otro como necesaria para nuestro propio estar siendo.


por Sofía Serra (sagesse)

lunes, 24 de diciembre de 2012

Atardecer de nochebuena


Atardecer de nochebuena

esto es un cansando espejos
que sucumben ensimismados
en sus consabidos reflejos de brillos
y despintados y serenos soles
reflejados sobre el pétalo de la rosa.
¿Habrá quien atestigue tanta osadía,
tanta simiente reflectada que se ajusta
al horario ya sin anclas?: Bella la muerte
de no importa ya qué modo de luz.

Sobre el patio se tumban cansados
los brazos extensos del atardecer
y el son del invierno mísero
—es tan bonita la palabra—
y tan cálido invierno
como las rosas que asoman
por tu boca o tus labios
o tus dos gajos de mandarina,
que también se tumban
uno sobre el otro,
ambos sobre el patio con su gesto
de manos juntas en paz
con los colores de tu piel,
también naranja y rosa,
que vuelven el cielo a su envés
o a la muerte de la pálida
y lúcida guía
en el mundo curvo y teniente
de mis muslos sobre
también tus labios,
que ya canta uno
noche de paz
deseo para ti.


por Sofía Serra (sagesse)
 
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