miércoles, 27 de junio de 2012
Epitafio (verboluz)
(Este poema pequeño conforma "verboluz" con esta fotografía de ayer. Hasta esta tarde no me he dado cuenta.)
Epitafio
Las postrimerías del gozo,
La jornada inexcusable,
La sintomática caricia de la noche
Y el lento retorno de la analogía
Entre los leves seres.
Todos los hombres fueron buenos.
Sofía Serra (De La exploradora)
(escrito el 20 de junio de 2012)
¡Cuanta felicidad!
¡Cuánta felicidad!
La crisis fatal acabará pronto.
Percibo algunos quarcks top
de cordura en la sociedad española.
Los gluones ya tienen trabajo.
Soy cuánticamente feliz,
y por fin dich(os)a.
Sofía Serra
La crisis fatal acabará pronto.
Percibo algunos quarcks top
de cordura en la sociedad española.
Los gluones ya tienen trabajo.
Soy cuánticamente feliz,
y por fin dich(os)a.
Sofía Serra
Man©ga
Man©ga
Donde habitemos mientras
Reduzcan las jornadas
De ocio y esparcimiento de los brazos
Morenos y sueltos
Apartando las ramas de los perales
Yo a horcajadas de mi viento
Y de esa burra, burrita linda y noble
Que sin conocerme de nada
Me llevaba en su lomo, tan feliz
Era yo, tan feliz, ya menos inocente
Y tan torpe como ahora.
¿Por qué no frenaste, burrita?
Me hubieras barrido para adentro,
Aunque la embocadura
Habría encontrado otra avenida.
Y no es que reniegue, no,
Pero tal vez, sólo tal vez,
No habría resultado tan estrecha
Esta calle, y yo menos ancha,
Más ya cerrada, sí, menos débil,
Más lista, más lista, más lista,
Más lisa la terrera
Por donde cabalgar a lomos
De tu columna blanca
A lo largo del valle del señor.
Y entonces
Ahora sería tierna
Flor del peral
Futurible fruto
Y no rama no parte
De nada ni siquiera
De mis brazos. Que aparto.
Sofía Serra (De La exploradora)
A un paisaje de castaños
Donde habitemos mientras
Reduzcan las jornadas
De ocio y esparcimiento de los brazos
Morenos y sueltos
Apartando las ramas de los perales
Yo a horcajadas de mi viento
Y de esa burra, burrita linda y noble
Que sin conocerme de nada
Me llevaba en su lomo, tan feliz
Era yo, tan feliz, ya menos inocente
Y tan torpe como ahora.
¿Por qué no frenaste, burrita?
Me hubieras barrido para adentro,
Aunque la embocadura
Habría encontrado otra avenida.
Y no es que reniegue, no,
Pero tal vez, sólo tal vez,
No habría resultado tan estrecha
Esta calle, y yo menos ancha,
Más ya cerrada, sí, menos débil,
Más lista, más lista, más lista,
Más lisa la terrera
Por donde cabalgar a lomos
De tu columna blanca
A lo largo del valle del señor.
Y entonces
Ahora sería tierna
Flor del peral
Futurible fruto
Y no rama no parte
De nada ni siquiera
De mis brazos. Que aparto.
Sofía Serra (De La exploradora)
martes, 26 de junio de 2012
Un símil de paz
Un símil de paz
Una leyenda y un sostuvo el hierro.
Un símil de paz y la macilenta piel
se avino ajada al sondeo del tacto.
Un susurro anegado
de aplomo devuelve
aire a sus comisuras y un no resisto
rebate la urgencia al trasluz,
la dulce respuesta combativa
destila saliva de sienes.
¿Qué prende en el
iluminado sauce que llora
agua sobre el verde lecho de fuego,
vertiente en crisis
o nevada calcárea
sobre el valle?
Las mesnadas de estos umbrales
conviven quejumbrosas
con la silueta firme y enhiesta
del solícito amante:
Ella quiere estar sola en este mundo de dioses.
Me dicen:
la poesía te va a matar.
Y yo digo:
tenéis razón y luz.
Este vacío repleto
cercena.
Connive con las nubes
y el cielo de media vuelta
que camina solo. Sin mí,
que ya me ausenté de su mano.
Sofía Serra (De El muriente, correcciones)
Una leyenda y un sostuvo el hierro.
Un símil de paz y la macilenta piel
se avino ajada al sondeo del tacto.
Un susurro anegado
de aplomo devuelve
aire a sus comisuras y un no resisto
rebate la urgencia al trasluz,
la dulce respuesta combativa
destila saliva de sienes.
¿Qué prende en el
iluminado sauce que llora
agua sobre el verde lecho de fuego,
vertiente en crisis
o nevada calcárea
sobre el valle?
Las mesnadas de estos umbrales
conviven quejumbrosas
con la silueta firme y enhiesta
del solícito amante:
Ella quiere estar sola en este mundo de dioses.
Me dicen:
la poesía te va a matar.
Y yo digo:
tenéis razón y luz.
Este vacío repleto
cercena.
Connive con las nubes
y el cielo de media vuelta
que camina solo. Sin mí,
que ya me ausenté de su mano.
Sofía Serra (De El muriente, correcciones)
La permanencia I (variaciones)
La permanencia I (variaciones)
Amanecer nostálgico (variación I)
Qué solas se quedaron las estrellas
Cuando te fuiste junto al día,
Sol de Levante.
Amanecer con noctalgia (variación II)
Qué solas y frías
Se quedaron las estrellas
Cuando abandonaste su noche,
Sol de Levante.
Sofía Serra (De La exploradora)
Amanecer nostálgico (variación I)
Qué solas se quedaron las estrellas
Cuando te fuiste junto al día,
Sol de Levante.
Amanecer con noctalgia (variación II)
Qué solas y frías
Se quedaron las estrellas
Cuando abandonaste su noche,
Sol de Levante.
Sofía Serra (De La exploradora)
lunes, 25 de junio de 2012
Working
Working
En el entresuelo entre
La cerca y el cielo de goma
Hablando con su rabo
Nocturno y balbuceante
Entre los cajones y los paños
Y las pipas de girasol
Y mis ojazos,
Mi hermana, la sibila
De los adioses, la vespertina
Visitante, la suministradora,
La compañera,
La leal habitante:
La rata
Y su cola y su madriguera
De vetustas y pavesas cáscaras,
La habladora,
La angio
Esperma
Retirada
Del mundanal oficio
Del ser, la ontológica
Corporación. Junio y rosas
Las adelfas no duermen
Nunca en los laureles.
Sofía Serra (De La exploradora)
Si no quiero ya descubrir
Dónde te escondes.
Estaba allí,En el entresuelo entre
La cerca y el cielo de goma
Hablando con su rabo
Nocturno y balbuceante
Entre los cajones y los paños
Y las pipas de girasol
Y mis ojazos,
Mi hermana, la sibila
De los adioses, la vespertina
Visitante, la suministradora,
La compañera,
La leal habitante:
La rata
Y su cola y su madriguera
De vetustas y pavesas cáscaras,
La habladora,
La angio
Esperma
Retirada
Del mundanal oficio
Del ser, la ontológica
Corporación. Junio y rosas
Las adelfas no duermen
Nunca en los laureles.
Sofía Serra (De La exploradora)
domingo, 24 de junio de 2012
Maitines II
Maitines II
Mejor sin nombre
Y dulce estalla.
*
La línea me separa
De dios a dios
Gracias así
No lloraré
Al morir
De nueva.
*
Me he encontrado
Con el hombre
Perpetuo.
*
Todavía hay quienes confunden la sombra con la oscuridad.
Debe ser
Que no son
Como yo
De otro sur.
*
Cetina me ha influido
Enormemente Cetina
Ha mayusculado mis
Comienzos
Más pequeños
Serán final
Y su caída.
*
Nada por saber
Y poco que decir
A estas bajuras.
*
De pronto esto es
Todo hasta que mueras
O vivas.
*
Puedo esperar la eternidad
Si Ella lo dicta, si Ella me dicta
Puedo por no hacerla esperar.
*
Los papeles se desvanecen
En cierto estado de luces.
*
Sé que no poseo casa.
Por eso no lloro.
*
B(i)endecir
Hasta que cese.
Sofía Serra (De La exploradora)
Mejor sin nombre
Y dulce estalla.
*
La línea me separa
De dios a dios
Gracias así
No lloraré
Al morir
De nueva.
*
Me he encontrado
Con el hombre
Perpetuo.
*
Todavía hay quienes confunden la sombra con la oscuridad.
Debe ser
Que no son
Como yo
De otro sur.
*
Cetina me ha influido
Enormemente Cetina
Ha mayusculado mis
Comienzos
Más pequeños
Serán final
Y su caída.
*
Nada por saber
Y poco que decir
A estas bajuras.
*
De pronto esto es
Todo hasta que mueras
O vivas.
*
Puedo esperar la eternidad
Si Ella lo dicta, si Ella me dicta
Puedo por no hacerla esperar.
*
Los papeles se desvanecen
En cierto estado de luces.
*
Sé que no poseo casa.
Por eso no lloro.
*
B(i)endecir
Hasta que cese.
Sofía Serra (De La exploradora)
sábado, 23 de junio de 2012
Coyunturales espacios
Coyunturales espacios
La playa es como el campo,
la pampa es como el campo,
orilla,
el mar azul,
las marismas resecas,
las humedades a sotavento,
los sueños sol-ventados,
ya estoy dentro sin que nada salga.
Vaho zigzagueante,
tumulto de labios incandescentes,
soldado en “¡descansen armas!”,
miliciano perpetuo
de tanto equilátero triángulo
que todo funde,
todo liba todo abrasa todo llega
a este centro imantado.
Playa soy y yo te vengo,
campo eres y tú me vienes.
En un sueño de aullido, uno de esos
en los que yo te veo,
combate la roja sangre
con la blanca aurora,
de su centelleante estela
hilo madeja a madeja
plena de potencia y recia y tuya.
Y no sé quien gana,
nunca sé quien gana.
Ciega estoy de tanta
mansedumbre de luz salvaje.
Drenan,
bardas,
pulcras,
curiosas por las rendijas
de la luna de levante.
Golpe,
sean,
bárbaras
en vértebras y domésticos juncales,
la luz y un bien
quebrar no el hilo,
desmadejar el laberinto de muros de aire.
Beber,
y otra vez tú.
tú ya lo sabes.
Sofía Serra (De El muriente)
La playa es como el campo,
la pampa es como el campo,
orilla,
el mar azul,
las marismas resecas,
las humedades a sotavento,
los sueños sol-ventados,
ya estoy dentro sin que nada salga.
Vaho zigzagueante,
tumulto de labios incandescentes,
soldado en “¡descansen armas!”,
miliciano perpetuo
de tanto equilátero triángulo
que todo funde,
todo liba todo abrasa todo llega
a este centro imantado.
Playa soy y yo te vengo,
campo eres y tú me vienes.
En un sueño de aullido, uno de esos
en los que yo te veo,
combate la roja sangre
con la blanca aurora,
de su centelleante estela
hilo madeja a madeja
plena de potencia y recia y tuya.
Y no sé quien gana,
nunca sé quien gana.
Ciega estoy de tanta
mansedumbre de luz salvaje.
Drenan,
bardas,
pulcras,
curiosas por las rendijas
de la luna de levante.
Golpe,
sean,
bárbaras
en vértebras y domésticos juncales,
la luz y un bien
quebrar no el hilo,
desmadejar el laberinto de muros de aire.
Beber,
y otra vez tú.
tú ya lo sabes.
Sofía Serra (De El muriente)
viernes, 22 de junio de 2012
Letanía afrodisíaca
Letanía afrodisíaca
Afrodita–mente I
Afrodita, la de huesos perennes
y salud de hierro y carnes tiernas.
Afrodita, la hacedora de sienes.
Afrodita–mente II
Afrodita, la de cuerpo como estrella.
Afrodita, la de los ojos grandes.
Afrodita, la desmembrada y ojerosa.
Sofía Serra ( De La exploradora)
Afrodita… dadora de vida
(Empédocles)
Afrodita–mente I
Afrodita, la de huesos perennes
y salud de hierro y carnes tiernas.
Afrodita, la hacedora de sienes.
Afrodita–mente II
Afrodita, la de cuerpo como estrella.
Afrodita, la de los ojos grandes.
Afrodita, la desmembrada y ojerosa.
Sofía Serra ( De La exploradora)
jueves, 21 de junio de 2012
El ocaso de los dioses
El ocaso de los dioses
Separado en semántica sección
de tu abrupto y cavernícola segmento
huyes de las palabras
de tu misma osamenta,
y así, cuando desbrozas, queda
al desnudo tu abuso sobre escleróticas
sanciones, los argumentos solapados
con grapas de cobre, tu venérea boca
no articula el son con lo que te corroe,
te desarma.
Pobre hombre muerto de sí.
El mundo se deshace y tú das
oídos a la música.
Se te han adherido a la piel todas
las mieles posibles a ellas las moscas
y las pupilas azules de la muñeca
te señalan con bajeza de contrabajo
desafinado por el tiempo que hacía
que tus dedos no acariciaban
los tendones del hueco y el vacío,
la caja de resonancia sirvió de nido
a los ratones y ahora las pavesas
de las bolsas de plástico
se esparcen cayendo de tu estómago
a tus manos,
a tus manos que te miran,
a tus manos que te hunden.
Y nieva tras tu ventana en pleno mayo.
Qué pena de música fatua.
nunca sabrá que
ya no concluye
ni el día atardece
la caída de tus párpados
tanto echármelos a la espalda
está arrasando
con la belleza de las puestas de sol,
allí,
a media tarde,
cuando la montaña las impedía,
donde yo era infeliz
como tú, pobre hombre muerto
de hambre de gloria de amor
que no te devuelven.
Contemplar el ocaso de un dios.
Delinquir contra la alegría de la mañana.
Sofía Serra (Correcciones de La dosis y la desmedida)
Separado en semántica sección
de tu abrupto y cavernícola segmento
huyes de las palabras
de tu misma osamenta,
y así, cuando desbrozas, queda
al desnudo tu abuso sobre escleróticas
sanciones, los argumentos solapados
con grapas de cobre, tu venérea boca
no articula el son con lo que te corroe,
te desarma.
Pobre hombre muerto de sí.
El mundo se deshace y tú das
oídos a la música.
Se te han adherido a la piel todas
las mieles posibles a ellas las moscas
y las pupilas azules de la muñeca
te señalan con bajeza de contrabajo
desafinado por el tiempo que hacía
que tus dedos no acariciaban
los tendones del hueco y el vacío,
la caja de resonancia sirvió de nido
a los ratones y ahora las pavesas
de las bolsas de plástico
se esparcen cayendo de tu estómago
a tus manos,
a tus manos que te miran,
a tus manos que te hunden.
Y nieva tras tu ventana en pleno mayo.
Qué pena de música fatua.
nunca sabrá que
ya no concluye
ni el día atardece
la caída de tus párpados
tanto echármelos a la espalda
está arrasando
con la belleza de las puestas de sol,
allí,
a media tarde,
cuando la montaña las impedía,
donde yo era infeliz
como tú, pobre hombre muerto
de hambre de gloria de amor
que no te devuelven.
Contemplar el ocaso de un dios.
Delinquir contra la alegría de la mañana.
Sofía Serra (Correcciones de La dosis y la desmedida)
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