Mostrando entradas con la etiqueta El paraíso imperdible. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El paraíso imperdible. Mostrar todas las entradas

jueves, 28 de agosto de 2014

La perla negra (poema para un cumpleaños I)

La perla negra

Pensar en ti, fríamente,
más que intento, logro
aunque no se crea, me transpone.
Fermenta en el filo de mi razón
el humus de mi anido,
un no sé qué yo que me confunde.
Tanto, que no encuentro medida
donde encajarte, a menos
que contemple el arrobo de la bonhomía.
Tal vez por eso te amo,
porque no sé arquitrabarte,
ni con las otras, ni con las que nombro como mías,
las cajas circunspectas, los ataúdes
que no claveteo ni te encierran...
Mas, como curiosa soy, y amada tuya,
por entrever tu esencia me transparento, y así,
soslayo la opaca materia que nos construye
filamentándonos en moléculas de osada y roja agua.
U hormonas, sólo verbales estructuras
de nuestra conquistada vida.
Y así, de nuevo,
creo que me fundo en tu carne,
como confundida... Aunque es la invisible
naturaleza la que se muestra
encontrando en el Uno
los cuatro elementos que nos hacen.

(Sofía Serra, 2009. De "El paraíso imperdible")

martes, 21 de enero de 2014

Soy la mujer más rica del mundo

El más GRANDE alimento que da este planeta, y el fundamental, me brota hasta en los felpudos. O sea, hasta donde pisoteo. Hojas de hierba para los pies alados.

martes, 12 de marzo de 2013

Aparte

APARTE

[...] bajarlo del pedestal sólo significa contemplar su humanidad. Contemplándola, puro barro del barro,  puede valorarse su grandeza.
El artista (léase siempre poeta en cualquier lenguaje) como la herramienta inútil sobre esta costra dura de la nomenclatura. Herramienta inútil porque para nada sirve en ella más que para horadarla. Ésa es su negación, su renuncia, y lo que en el fondo nunca se le perdona: la rebeldía. El artista consumido en su propio gesto rebelde, que es el favorecedor de lo que consigue, hacer directo, directo porque gesticula a través de diversos estados estratales hasta llegar al núcleo. Podría haberse decidido por quedarse arriba; pero no fue así. Algo lo impulsó a escarbar. Algo. ¡¿Que es ese algo?, ¿qué?!, el no hay remedio?, la esperanza?, la misma desesperanza, el sin perdón… el detectar, el atisbar, el barruntar… Una vez atisbado resulta imposible, naturalmente imposible, que no necesite lograr trasladarlo a sus semejantes, los seres humanos. El artista es el ser más social que existe. La necesidad de soledad no tiene nada que ver con una insociabilidad…
el arte como veneno
o esencia paradisíaca
la contradicción perpetua
el conflicto
digno de conmiseración
y admiración
siempre valorable
ni por encima ni por abajo,

aparte.
Alma-r-gen

volvemos a lo mismo. No hay pedestal pero sí la linde, el límite, el limes. siempre en el filo del abismo, sin traspasar y traspasando, trayendo, siempre trayendo,
un pie
allí
otro
ahí.
El artista no tiene sitio. Todo lo contrario a la teoría del arte posicionado. Su sitio es el sin lugar pero allá tampoco. Ha de vivir, comer, alimentar el cuerpo para poder sobrevivir físicamente.
Pagado. Debe estar pagado a la vez que resulta contranatural que lo sea.
Solo, siempre la soledad más absoluta, ¿cómo no va a construir torres de marfil?, ¡cómo no va a construir mil casas por cada lugar que vaya si ninguna tiene?, ¿cómo no va abandonarlas constantemente? ¡cómo no va a refugiarse en el calor de las tribus aunque sea de vez en cuando?... ¡cómo, cómo? Pues no, haciéndolo organiza su existencia de poeta, se posiciona, se defiende del abismo, cae en la trampa del miedo, de la comodidad, de la suplantación (humano es), del fraude. En definitiva, de la mentira, el lugar justo opuesto al desde donde parte lo único que le da carta de naturaleza a su ridículo trabajo, horadar, horadar hasta llegar a lo verdadero, llevarlo a, hacer el hueco para la luz, para hacer e-vidente lo invisible.
La capacidad, capaz cualquiera, capaz no cualquiera, la decisión, la voluntad, el esfuerzo y el tendón, el nervio que lo obliga, lo seduce. No hay droga. O el sentido es la razón, la droga, el motivo, el porqué. La ética sin costumbre. No es necesidad. Es instinto. Fuerza natural. Desinercia. Imposible negarse a ella. No existe la nomenclatura “posibilidad”. Ni su negación.
Quien la sigue ha comprado parcela en el infierno. Sin saberlo.
Lo nacieron.

El artista como ente abstracto personificado en un ser humano. el verbo hecho carne. el dios en la tierra.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Guerrera del arco iris




Guerrera del arco iris

Tras visionar el documental "Tierra"


Voy envejeciendo a ojos vista
de nariz para adentro.
Mi alma me parece la misma,
terca y rebelde para el con todo
por sí misma, como si ya no me perteneciera,
como si hubiera cobrado existencia
impropia.
Puedo observarla aun sin encontrarla,
Como si la luz sólo iluminara las partes viejas,
ésas que ya no se asombran ni ante la belleza.


Muda en mi silencio quedo
como la nube blanda que combate
el muro torpe y seco de la presuntuosidad
como medida de nuestro ego.


¿Qué será de mí si no puedo disfrutarte más?
¿Qué será de mi ser humano
si no puedo volver a emocionarme con tus fundamentos?
¿En qué orbita pasearé esta noble vida que me fue regalada?
...Azul,
planeta de todos,
juramento preciso sobre la fraternidad,
equidistancia exacta entre los océanos y la pléyade con inteligencia.
¿Hasta cuándo asomaremos sólo nuestro riñón, oficiante de excreciones,
al baile conjunto del universo palpitante?


Intrépida premura de la que nacen las cosas quietas
suspendidas sobre el aire
como gárgolas domésticas habituadas al no devenir de la lluvia.
A la sequía.
A la ingrata adolescencia de las atmósferas con perfil de entelequia humana.


Inestimable cohabitante:
¿Qué será de mi ser humano si no estás?
Mas… ¿qué importa eso?
¿Qué será de ella si, siendo otra, ya no puede alimentarnos, ni habilitar nuestro sobresalto, o nuestra injusticia, nuestra vida, porque su risa habrá muerto con otro nombre? ¿Qué será de nuestros ojos si el azul arbolado de su manto se convierte en transparente tumba de nuestros hermanos? ¿Cómo podremos mirar si no existen ya los otros páramos, los inocentes? ¿A qué mirada responderemos, tú y yo, si no nos perdemos en el mar salado de las no-lágrimas?


Albura como la nada,
semejante paraíso inconcebible hasta para mi agente.
Orden de animal alegre y vivo,
orden de sustancia en nuestro beneficio,
orden sin intenciones.
¿A qué me asomaré sino a la ruina
cuando tus columnas se inclinen
dejando caer el templo de tu audacia,
cansada ya por la distancia,
enorme distancia,
que separa con nuestra culpa
tu agua de tu agonía?


Inestimable madre elefanta:
Bordo un arco iris para ti y para tu cría,
que el arco iris se tiende
con hilos de color verde.


Sofía Serra (2009, El paraíso imperdible)

martes, 1 de marzo de 2011

Soliloquio del poeta (revisado)

Se trata de un poema que pertenece a "El paraíso imperdible", uno de los poemarios que tengo publicados en blogs. Siguiendo con el experimento que he ido haciendo con "Canto para esta era" lo he revisado y re-hecho acortando sus versos. Conocida es la permanente discusión sobre el valor o no del corte en el verso cuando la métrica y la medida son, digamos que sólo dependientes del libre albedrío ovarial en este caso, de la que escribe. Unas veces se usa como arma arrojadiza contra la supuesta calidad de la factura poética (por algunos falsos eruditos) y otras como referente de inutilidad (por los menos avezados).
Me decidí a reversionar los versos de "Canto para esta era" movida por la respuesta que me dieron en una editorial hace muy pocas semanas: tus versos son muy largos, Sofía, no nos caben en las maquetas que tenemos preparadas.
Sin comentarios respondí, pero sí con acto. La supuesta inadaptibilidad del ego narcisus del poeta es para mí otro tópico fruto del malentendido y la ignorancia.
También resulta recurrente el casi permanente desconocimiento sobre la alteridad que el hecho del impulso poético, voz poética, requiere y a la vez facilita. Hoy he recordado este término al leer un post de un querido amigo en facebook, que curiosamente y ahora que lo pienso,  fue quien prologó este pequeño poemario cuando lo subí al blog, Óleo Bogart. "Alteridad", del "alter" latino, del "alien" del mismo idioma, del ajeno, en definitiva, del otro. La alteridad como bien dice Óleo es la facultad de alternar, o sea, de ponerse en el lugar del otro, unas veces , y desde la perspectiva del íntimo yo, desembocando en el encuentro con el yo o no poético o poético, habilitando una especie de conversación interna en el propio ser humano que  es el autor del poema, posibilitando de esta forma  la trascendencia, en el sentido traspaso, tras pasar la barrera, el límite preciso que aparentemente separa a un individuo de otro logrando así la COMUNICACIÓN, devolviendo en definitiva  lo que la voz poética ha recibido para también poder construirse, la empatía que aunque en primera instancia provenga tal vez de la disponibilidad del yo resulta de cajón suponer que sin "otro" no sería posible.
De ahí parte también el consabido afán  por parte del individuo que se siente o se sabe o cree sentirse o saberse poeta o artista. Éste es el que me trae de cabeza siempre pues por cierta forma de ser que ni a mi peor enemigo deseo, lo convierto en deber: si canto porque tú existes, si fotografío porque hay algo que fotografiar, algo más que yo, ¿cómo no devolverlo? Éste es, no otro, el fundamento de mis reiteradas alusiones al concepto de fuente tanto en fotografía como en poemas.
Algún día debería poder quedar claro algo, sobre todo ahora que disponemos de este medio que facilita permanente contacto con el autor, que ya el autor no queda encerrado o elevado sobre el pedestal en el que, como siempre,  ciertos juegos por equivocaciones, por desencuentro con esta estructura de las etiquetas que entre todos hacemos posibles favorecieron allá por los albores de este concepto manido del artista o poeta como cierta especie de  semi-dios inaccesible, durante el siglo XIX, concepto hábilmente esgrimido por el corpus de "doctores" en economía y estructura, en definitiva, los que ostentan el poder de una forma u otra que son los que hacen posible, junto con la aquiescencia que implica la ignorancia, esta estructura, o costra dura de la nomenclatura,  sobre la que caminamos y que es la que a todos nos trae de cabeza por los siglos de los siglos, sin amén. Algún día debería poder quedar claro que una cosa es el autor y otra su obra.
Fue lo primero que aprendí allá por mi juventud cuando me inicié en el estudio de la historia del Arte. No recuerdo que viniera escrito en ningún libro ni pronunciado expresamente por ningún profesor. Pero es que hay cosas a las que se llega tan sólo por la facultad que distingue al cerebro humano del de los animales, esto es, la capacidad para abstraer.
Dejo el poema versionado, y aquí el enlace a la otra versión:

http://elparaisoimperdible.blogspot.com/2010/05/soliloquio-del-poeta.html


Soliloquio del Poeta

Contemplar el mundo desde sin ti.
Solventar la aritmética que me construye
traspasar el umbral de la propia osadía.
Construir el subterfugio que te justifique, oh, mundo,
hasta quebrar la supuesta agonía del no Hombre.
Justificar, sobre el orbe líquido,
la presencia de este sólido compuesto.
Disfrutar de la propia aventura del ser sobre la nada,
como alba sin pausa,
sin tiempo extendido sobre las copas de los árboles,
sin luz sobre la vertical de las fachadas que se desvelan.
Contribuir, sin el desasosiego de tu misma causa, al devenir transparentado.
Resolver, como en el despertar,
la pesadilla que mantea con negras y onerosas alas
sobre el bendito sueño del descanso oportuno.
Cimentar, para que no decaiga, este haz de luz,
esta suprema carga
que a los otros revela
y a mí me vuelve ciega.

...¡Ya está bien!

Mientras no despierten,
qué sentido otorgar al canto del mirlo,
al balido de la oveja,
al ultrasónico retumbar de las rocas bajo la vida.
¿Cómo cantar cuando todos duermen?

¿A qué oídos navegarán los verbos henchidos de contenido cuando la negrura de la noche enturbie el límpido cristal de los astros iluminados por otros astros más bellos y aún más brillantes?/
O… ¿y si es que soy yo la que duerme?
Ya se conoce una,
ya se amortiguan los vacíos resueltos por la presión de los dedos
sobre este cuerpo,
tan presto siempre a nacer, renacer, sobre el descanso obligado.
Ya la quietud alegre sé que vuelve,
ya sé que sólo el dormir, dicen, te rehace:
Voz quebrada, voz rota, voz ausente…

¡Ya sé!

La depositaré en las otras bocas,
cumpliremos así con el sutil sortilegio
del italiano escondido que nos acecha
como sabio durmiente, como nuestra conciencia.
Traspasaremos nuestros ventanales haciendo añicos el velo cristalino,
volaremos sobre el paisaje ruidoso y cuadriculado,
y, de nuevo así,
sortearemos el inane afán que nos pervierte,
el ensimismamiento continuo
sobre la abeja, la flor y la agonía.

Arenga, perversa armonía de la suerte.
¡Arenga, que tu vida es corta!
Ilumina, faz derretida del sol bajo las adelfas.
¡Llueve!, gentil encina trotamundos,
culmina tu tarea de taladradora de la tierra dura
y navega ya por los mares inciertos de la belleza ajena,
diana precisa de la poesía como arma del poeta.

¡Ah, este gran escaparate que entre todos hacemos posible!
¡Ay, este ataúd lleno de cosas vivas!
¡Ay, qué candidez del alma humana
 que para conquistar territorios se disfraza de ser humano consabido,
 nulo navegante por el mar de las presencias!…
¡Ah, qué injustificada sodomía,
qué incruenta y sangrienta batalla
entre las cosas dichas y las cosas quietas,
entre la justicia y la delicada parsimonia de los silentes!
…¡Qué arrobada locura!
¡Ay, Shakespeare, si levantaras la cabeza!

Sofía Serra, Mayo 2008

domingo, 12 de diciembre de 2010

Verdadero afán (republicación)

Entrada publicada en este blog el 24 de junio de 2009

(Título de la fotografía : Hermanas adelfas)


Adelfas hermanas de la vida


Qué mentiroso afán se descubre en el porvenir de las huellas quietas,
las sin paso, las fósiles, las abocadas al silencio transmutado,
al agorero desencanto,
que no son las nubes culpas yertas de nuestras futuras agonías,
sino ejército sublime de la bondad manifiesta.
El cielo, afanado en su cultivo, perfila a las adelfas;
las adelfas, las organizadas hermanas de las humedades reservadas,
las hábiles súplicas de las piedras que abastecen al azul henchido de florido albor,
la sempiterna juventud de la tierra en su plena madurez de tierra quemada y vida oculta,
señalada,
habituada yo, ya, a nuestra ceguera.
¿No veis cómo el cielo habla?
¿No se contempla la señal manifiesta de vida?
¿No es evidente que, en gentil pareja, el blanco y el verde concuerdan con el orden de la tierra
herida, la gallarda pleitesía que nuestra existencia justifica sobre al azul profundo, culmen
del Ser Valiente?
…Qué inoportunos, hueros e inútiles resultan los nombres que me disteis,
depositando en mis manos cestos que para nada sirven,
sombreritos de paja que ni para el sol, ni para el agua,
desposándome con ellos, amarrándome a estúpidos sortilegios, cuando,
efectivo ejemplo es que lo contemplado
requiere más pertinencia que lo razonado.
Puesto que azul profundo adviertes, no desdeñes la espera en redoblada alegría,
que las adelfas se nombran con lengua antigua de fraternidad,
que son ellas las que vivifican nuestros desiertos muertos y agostados,
aquéllos que sólo la chicharra sostiene.
Yo digo que sí, que los milagros existen, y que ellos son porque los creamos.
Y con ello y por ello, amenazo:
adelfa significa hermana, y yo, que verazmente deseo la muerte de la rata con humana forma,
hermana de la muerte soy.
Con febril, y humana, valentía.


(Sofía Jesús Serra Giráldez, Junio 2009)

martes, 8 de junio de 2010

Madreselvas en flor

Ya me queda menos para poder abrir el blog donde voy a publicar ese pequeño poemario que tanto significa para mí titulado "El Paraíso imperdible". Hoy dejo este poema, que tal vez no sea de los mejores, recitado. Casi cincuenta intentos me ha costado lograr una versión medio decente, dos días. No sé a quién se le puede ocurrir escribir en versos tan larguísimos, ¡por dios!. Digo yo que si lo dividiera en versos de menos palabras el poemario contaría con más páginas, ¿no?...:)


Título de la fotografía: Madreselvas en flor



Madreselvas en flor

He contemplado cómo se abandonaba al Hijo dejándolo a la intemperie helada de la vida./


He vislumbrado la osadía de las manos humanas ensangrentadas con el real líquido de la estirpe,
para luego morir víctimas de su propia locura./


He comprobado la resurrección del verbo hecho carne bendita a través del propio ser de ser humano, y el triunfo de la vida izado a los altares del merecimiento con el baile de los brazos omnipotentes del amor./


He organizado justas lentas y humildes, gallardas lozanías esculpidas mediante la alegría y la ingenuidad del bien amado como soldados del ejército que deseaba./


He sido corresponsal denunciante de la guerra entre hermanos, reportero entre dos fuegos enemigos alzando lienzo blanco cuando sólo el hambriento puño cerraba sus fauces./


He sido testigo combativo del ultraje al anciano, carne de mi carne, a la vez que el anciano me quebrantaba./


He visto rasgarse las cortinas del inframundo horrorizada ante la ignorancia de las propias garras que provocaban su apertura y, con ella, la avenida sobre mi carne del fuego abrasador, la tortura esculpida con dedos vestidos de cristales ciegos,/


cuchillos de obscena y afilada obsidiana, asfalto, automóvil y desley y el depósito de la descreencia sobre mis hombros enlutados, cuando yo, rezaba./


Por mi alma, por mi pérdida./


Con un crédulo rosario en mis manos que a su vez tuvieron que educarte en el dolor, para extraer de tu lívido semblante el rubor de la vida con esperanza./


He soportado el peso de la marmórea losa y de la infinitud de la tierra plena./


He gastado mis uñas hasta traspasar las paredes del ataúd en el que me enterraron viva a la vez que hacía emerger cipreses de sus tablas./


He patentado la fertilidad del dolor abonando al mismo suelo que me torturaba, y logré extraer sus risas floridas que, como ángeles, me acompañaron./


He vivido en la soledad del inentendido, ajena a las banderas que los demás ondean como libertades, intentando dibujarles los sudarios con los que se amortajaban./


He dejado crecer tantas ortigas como para desplagar los jardines colgantes de Babilonia, aunque en mi delicada y fina piel producen urticaria./


He sembrado tantos árboles que bastarían para alimentar los pulmones de cien criaturas que hubieran depositado en mis brazos para amamantarlos con los pechos de una jardinera nodriza, a ellos, que estorban para el prestigio enmarañado de madres alopécicas./


He llegado al límite de la vida, entre la tierra y el ser vivo, extirpando el barro cocido por el estío de las delicadas bocas de los ángeles. Para que no se asfixiaran, ellas, las sonrisas de la tierra, las encinas./


He reconstruido murallas de piedras ciclópeas derrumbadas por la osadía de los temporales invernales, cuando mis manos, muy pequeñas, sólo pueden abarcar los guijarros que el cauce leve del arroyo moldea./


He abierto caminos sobre el desierto a la vez que verdeaba sus lindes, para que la presencia del jilguero, y de la abubilla, ornara con sus voces el aire vacío del abandono humano./


He matado con mis zapatos de rosas a los devoradores del verde a la vez que habilitaba el criadero de sus crías entre las aspidistras de mis años infantiles (he convertido serpientes mortíferas en amas de cría)./


He dejado derramadas a mis entrañas en la boca negra de la serrana noche camino de su aprendizaje para que pudieran acoger al esperpento de la soledad y la valentía humanas./


Te he amado, renunciando a mi lustre para que otros pudieran necesitarte, y así, tú, amarte./


He entregado y he contemplado mis manos no sólo vacías, sino convertidas en caricatura de sí mismas cuando la muerte nos habilita como sólo recordatorio de hombre, estructura ósea ya imposibilitada para la caricia./


He arado, he cimentado, he sanado alas, extraído sus huevos para alimentarnos mientras construía jaulas para sintéticos voladores, por no quebrar el diseño natural del orbe y poder levantar el mío desde el mismo suelo./


He ayudado a la tierra en su vital ciclo del agua. He sido nube y océano. Sol y helada matutina./


Me he visto llorar, he visto morir, he matado, he realizado obstetricias, he contemplado tu insurrección, he soportado la venganza, he vengado, he muerto ante la envidia, he temblado de dolor ante la sevicia, he sucumbido ante el discurso de las lenguas huecas, he hablado cuando todos callaban, he convertido mis versos en palabras de judicatura, he amado cuando todos se auto-amaban, he resucitado por mí misma…/


He creado casi de la misma nada./


Que nadie diga que el mundo no ha hablado a través de mí,/
que no soy poeta,/
que mi yo ha pertenecido al mundo y al mundo vuelve a través de mi fuente cubierta de madreselvas, sembradas por mí, que purifican, con su vivificante aroma, el aire envilecido de la molicie y la estulticia humanas./

Sofía Serra, Junio 2009 ( De "El paraíso imperdible")

martes, 1 de junio de 2010

Guerrera del Arco iris

Hoy recupero un poema que ya he publicado en este blog, hace un año aproximadamente, con su fotografía. Sé que muchos amigos lo conocen ya. Como sigo preparando el blog donde irá su respectivo poemario, me ha sobrevenido el gusto por recitarlo, y sobre todo, volver manifestar su espíritu, con la idea de que a todos lso que más o menos les pueda llegar este espacio, los inunde.
Fuerza, conciencia y arco iris por un ser humano a mejor siempre. 
Animo a leer la leyenda de los guerreros del arco iris, que lamentablemente ahora mismo no consigo encontrar por internet, porque es preciosa.
Se puede luchar por aquello en lo que creemos desde cualquier posición que hayamos elegido o las incómodas etiquetas con las que las superestructuras  que a muchos seres humanos gustan tanto, nos amarran. No hace falta incluirse en ninguna categoría para poder realizar aquello a lo que en conciencia nos debemos, nos hace o nos surte. Es en todo caso, al contrario, como se consigue. Sólo de nuestra conciencia depende nuestra libertad.
El poema lo compuse tras el visionado del  famoso documental titulado "Tierra".



Título de la fotografía: The Rainbows warrior






Guerrera del arco iris

Voy envejeciendo a ojos vista de nariz para adentro./
Mi alma me aparece la misma,/
terca y rebelde para el “con todo”,/
por sí misma, como si ya no me perteneciera,/
como si no fuera la misma alma./
Como si hubiera cobrado existencia impropia./
Puedo observarla aun sin encontrarla,/
…como si no me perteneciera, de nuevo./
Como si la luz sólo iluminara mis partes viejas, ésas que ya no se asombran ni ante la belleza./

Muda en mi silencio quedo/
como la nube blanda que combate el muro torpe y seco,/
quieto,/
de la presuntuosidad como medida de nuestro ego./

¿Qué será de mí si no puedo disfrutarte más?/
¿Qué será de mi ser humano sino puedo volver a emocionarme con tus fundamentos?/
¿En qué orbita pasearé esta noble vida que me fue regalada?/
...Azul,/
planeta de todos,/
juramento preciso sobre la fraternidad,/
equidistancia exacta entre los océanos y nuestra pléyade con inteligencia./
¿Hasta cuándo asomaremos sólo nuestro riñón, oficiante de excreciones,/
al baile conjunto del universo palpitante?/

Intrépida premura de la que nacen las cosas quietas/
suspendidas sobre el aire sin materia aparente,/
como gárgolas domésticas habituadas al no devenir de la lluvia./
A la sequía./
A la ingrata adolescencia de las atmósferas con perfil de entelequia humana./

Inestimable cohabitante:/
¿Qué será de mi ser humano, nuestro,/
si no estás?/
Mas… ¿qué importa eso?/
¿Qué será de ella si, siendo otra, ya no puede alimentarnos, ni habilitar nuestro sobresalto, o nuestra injusticia, nuestra vida, porque su risa habrá muerto con otro nombre?/
¿Qué será de nuestros ojos si el azul arbolado de su manto se convierte en transparente tumba de nuestros hermanos?/
¿Cómo podremos mirar si no existen ya los otros páramos, los inocentes?/
¿A qué mirada responderemos, tú y yo, si no nos perdemos en el mar salado de las no-lágrimas?/

Albura, como la nada,/
semejante paraíso inconcebible hasta para mi agente./
Orden de animal alegre y vivo, orden de sustancia en nuestro beneficio, orden sin intenciones./
¿A qué me asomaré sino a la ruina cuando tus columnas/
se inclinen dejando caer el templo de tu audacia,/
cansada ya por la distancia,/
enorme distancia,/
que separa con nuestra culpa/
tu agua de tu agonía?/

Inestimable madre elefanta:/
Bordo un arco iris para ti, y para tu cría,/
que el arco iris se borda con hilos de color verde./

Sofía Serra, Junio 2009 (del poemario "El paraíso imperdible")

(pido disculpas por "sonidos domésticos" que se han colado en la grabación, :), centrifugado de lavadora. Cada audio normalmente está intentado unas 10 ó 12 veces. Tengo que ir pensando en hacerme con unos estudios en..¿Abbey road?..creo que sí, mi amor por los Beatles desde jovencita seguro que hace me hagan una rebajita en el alquiler, ;))

jueves, 7 de enero de 2010

Reyes y otros imperdibles

Título de la fotografía: El paraíso imperdible


Inocente: Libre de culpa...más algunas de todos conocidas y 6. Fig. y fam. Ignorante, que no conoce.
Ingenuo: Del latín ingenuo, candoroso, sin doblez. 2. desus. Der. Que nació libre y no ha perdido su libertad.

Tantas veces consultado el diccionario y nunca había querido hacerlo en torno al vocablo ingenuo. Ahora, de alguna forma veo que no me equivoqué al convertirlo, inesperadamente, en base ontológica de mi autonombramiento como poeta (suena horriblemente transcendental, pero a ver, así son las cosas, ver aquí). Bendita sea la poesía que nos lleva al encuentro con lo verdadero sin nosotros preverlo siquiera. Ella, sólo ella. Las bocas de donde emerge conforman únicamente su altavoz, su forma de hacerse inmanente ante esta realidad, des-inocente que todos habitamos y construimos.

"Día de reyes" en este país ayer. Seres inocentes se prepararon para ver colmados sus deseos. Recuerdo cuando una amiga “me abrió” los ojos. Las dos, caminando hacia el colegio por la calle Sor Ángela de la cruz, siete años, calculo. Para colmo mi amiga se llamaba Ana Reyes, y para colmo de casualidades habíamos dejado atrás una estatua que en la esquina de la misma calle con la otra llamada Imagen (¿otra casualidad?) se levanta como homenaje a esa querida monja sevillana. Siendo más pequeña aún, en la zona de la calle situada justo enfrente hacia donde se asoma el pequeño jardín que la rodea, solía yo ver la cabalgata de los reyes magos acompañada, imagino, porque no consigo recordarlo, de mis padres y abuelos. Pero sí no se me olvida algo. Una imagen-recuerdo, un engrama tal vez, una fotografía “disparada” por un ser de dos o tres años , revelada y hasta titulada, aunque no hubiera cogido aún una cámara en la vida. Desde ese lugar, topos, y ante la vista de algo que se me asemejaba a una supuesta “virgen” en la iconografía cristiana, siempre desde entonces quedó identificada para mí esa estatua de la monjita como “la estatua de La virgen de los reyes” (para el no sevillano debo aclarar que la Virgen de los reyes, “la otra”, la talla fernandina, es radicalmente distinta en fisonomía y activos iconográficos. Sedente, vestida y madre, es decir, con niño en brazos), por, evidente, asimilación de vocablos (Reyes : del nombre de la virgen sevillana. Reyes: del nombre de “los reyes magos”)

El caso es que recuerdo la insistencia de mi amiga para convencerme de algo que supuestamente podría desbaratar mi inocencia. ¡Qué sí, Sofía, que yo te lo digo, que los reyes son los padres! Hasta que me harté, o hasta que pude armar mi respuesta, quién sabe, y le contesté: pero Ana Reyes, ¿tú estás loca?, ¿cómo van a ser los reyes los padres?, porque ¿no comprendes que los padres no tienen tantísimo dinero?, ¡¿qué jamás por mucho que quisieran podrían gastarse tanto dinero en los juguetes?!

Y ahí me quedé, ya no recuerdo más. Ni horrible ni malo, ningún trauma ni desilusión. Después, como era la mayor, ayudaba mis padres a disponer sobre la mesa y sobre los sillones de mimbre los juguetes que a la mañana siguiente nos iluminarían las caritas. Sí recuerdo que cuando iban a colocar lo que a mí me correspondía, me echaban fuera de la habitación, así que, de alguna forma, sabiendo yo lo que a cada una de mis hermanas le habían comprado, mi ilusión seguía siendo la misma, o mayor aún, si cabe, pues en la pre-visión de lo que mis padres hubieran elegido como regalo para la mayor, es decir, yo, podría, aun sin pretenderlo, ir adquiriendo datos sobre lo que tal vez iba necesitando por mi edad, o tal vez, iban esperando ellos de mí, y ese mismo conocimiento me suministraba datos sobre mis queridos seres que eran mis padres. Es lo de menos, o lo “de más”, porque todos nos va haciendo, pero sí recuerdo que nunca viví aquello como ninguna desilusión o trauma en la vida.

Mi estrategia racional de niña para intentar anular la muerte de lo que se entiende por aquella ilusión, es decir, el conocimiento de que los reyes magos no existen como tales , me permitió sustituir a la ilusión perdida por la ilusión de “saber” que eran mis propios padres los que se molestaban en regalarnos los juguetes, con lo cual, mi cariño y admiración por ellos aumentó, además de la consabida fuente de salud emocional que consiste en tener “datos” o más “pruebas” sobre el hecho de sentirse queridos.
Más aún, y valga como mera anécdota, me sirvió posteriormente para alimentar algún año más a la infantil ilusión de mi hijo, con notable éxito, por otro lado.

Hoy sé que sólo hay un camino tras la desaparición de la inocencia, es decir, de la adquisición del conocimiento. Éste es: seguir permaneciendo fieles a lo que somos en esencia, y si lo que somos resulta que se conoce por “humanos”, es decir seres con autoconsciencia, con visión de futuro, de vida por hacer, de conocimientos por adquirir y hasta enseñar, sólo existe algo que nos pueda hacer merecedores de tales privilegios. El esfuerzo, la voluntad en querer seguir siéndolo, poniendo para ello todos nuestras posibilidades, nuestra capacidad racional, nuestra capacidad emocional, en definitiva, nuestra inteligencia, que es la que nos lleva al gusto por conocer, para, aun sabiendo, lograr permanecer siempre en ese cuasi místérico umbral del conocimiento, por mucho que lo hayamos traspasado. Siendo ingenuos, libres, accesibles al agua y merecedores de ella, de nuestra propia labor de humanos, para que nunca nos coja desprovistos “la muerte de nada”, pues aunque la conozcamos, y por ello mismo, podemos ser capaces de hacer emerger flores de las tumbas de la inocencia, que ellas no son más que posibles jardines para el “crescendo” del ser humano.

La fotografía, una glorieta del Parque de Maria Luisa de Sevilla, con su fuente, que me servirá de ilustración para la portada de mi último poemario recién dado por corregido.

miércoles, 24 de junio de 2009

Verdadero afán

(Título de la fotografía : Hermanas adelfas)


Adelfas hermanas de la vida


Qué mentiroso afán se descubre en el porvenir de las huellas quietas,
las sin paso, las fósiles, las abocadas al silencio transmutado,
al agorero desencanto,
que no son las nubes culpas yertas de nuestras futuras agonías,
sino ejército sublime de la bondad manifiesta.
El cielo, afanado en su cultivo, perfila a las adelfas;
las adelfas, las organizadas hermanas de las humedades reservadas,
las hábiles súplicas de las piedras que abastecen al azul henchido de florido albor,
la sempiterna juventud de la tierra en su plena madurez de tierra quemada y vida oculta,
señalada,
habituada yo, ya, a nuestra ceguera.
¿No veis cómo el cielo habla?
¿No se contempla la señal manifiesta de vida?
¿No es evidente que, en gentil pareja, el blanco y el verde concuerdan con el orden de la tierra
herida, la gallarda pleitesía que nuestra existencia justifica sobre al azul profundo, culmen
del Ser Valiente?
…Qué inoportunos, hueros e inútiles resultan los nombres que me disteis,
depositando en mis manos cestos que para nada sirven,
sombreritos de paja que ni para el sol, ni para el agua,
desposándome con ellos, amarrándome a estúpidos sortilegios, cuando,
efectivo ejemplo es que lo contemplado
requiere más pertinencia que lo razonado.
Puesto que azul profundo adviertes, no desdeñes la espera en redoblada alegría,
que las adelfas se nombran con lengua antigua de fraternidad,
que son ellas las que vivifican nuestros desiertos muertos y agostados,
aquéllos que sólo la chicharra sostiene.
Yo digo que sí, que los milagros existen, y que ellos son porque los creamos.
Y con ello y por ello, amenazo:
adelfa significa hermana, y yo, que verazmente deseo la muerte de la rata con forma humana,
hermana de la muerte soy.
Con febril, y humana, valentía.


(Sofía Jesús Serra Giráldez, Junio 2009)
 
Creative Commons License
El cuarto claro by Sofía Serra Giráldez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial 3.0 España License.